El copyright y la Marca Registrada del nombre del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como símbolos y elementos relacionados, son propiedad de Warner Bros., 2000. A excepción de sucesos no relacionados con lo antes mencionado.


ENTRE SERPIENTES Y LEONES

~*Pacto entre una Slytherin y una Gryffindor *~

Mi vista estaba sobre aquella mano, respingaba hondamente debatiéndome entre desperdiciar energía necesaria o darle mi tiempo aquella persona que claramente no tenía algo mejor que hacer. Lo pensé otras dos veces más concluyendo en que si no lo miraba y le preguntaba qué demonios quería nunca se iría y me haría perder más tiempo, así que lo hice.

Mis ojos se toparon con una mirada tan fría como el glacial, tan venenosa como un basilisco, tan cínica, soberbia que alguna vez en mi vida y hasta la fecha hubiera visto. Sentí como un escalofrío recorría toda mi columna vertebral haciéndome perder mi cordura. Mi mirada dejó de reflejar aquel aire superior que me caracterizaba, aquella indiferencia y monotonía con la que miraba al mundo como si todos estuvieran debajo de mis pies, como si fueran cucarachas a las cuales me gustaba pisotear. El aludido me sonrió cínicamente. Sentí una rabia carcomerme puesto que por fin alguien me había desenmascarado con una mirada. Sentía que si seguía mirándome podía dar con aquella persona que vivía oculta, una persona a la cual había enterrado para moldear lo que ahora soy. Quise mantenerme a la altura como si fuera otra cucaracha. Le dirigí la mirada con altos rangos de veneno en el, forme mi glacial más grueso que alguna vez hubiera creando, fruncí los labios, tensé la mirada pero aquel rubio no dejaba de sonreír.

Entonces recordé las palabras de la pelirroja y supe de quien se trataba.

— Mi nombre es Scorpius Malfoy —me tendió la otra mano que no tenía ocupada. Desvié mi vista de sus ojos a su mano y la devolví con más ponzoña hacia donde estaba. Rió con regocijo desabrido.

— ¿Disculpa? —recuerdo que su nombre me pareció de lo más estúpido y vulgar. ¿Qué clase de madre se atreve a llamar a su hijo Escorpión? Una madre claramente que no tiene buen gusto ni decencia. Solté una risa de la misma manera de la que él había reído. Pronto vi como tensó la quijada, no fue ninguna gracia que o me burlara de su nombre, un nombre que llevaba con mucho orgullo. Además que él hecho de que cualquier otra persona se chasqueara con su nombre o su persona lo enfurecía como la serpiente venenosa que es y siempre será.

» ¿Cómo dijiste que te llamabas? —Quería escucharlo una vez más, era más cómico cuando le agregaba ese característico arrastre de palabras que todo Malfoy tenía. Me fulminó con la mirada—. Está bien, no me lo repitas —solté una bocanada de aire y dirigí mi vista hacia la mano que AUN no quitaba—. ¿Te molestaría quitar tu mano? No sé si te has dado cuenta pero estorba —él rubio apartó su mano tal como le dije. Suspiré con cansancio y continué con lo antes interrumpido. Oí un arrastre de una silla. Aquel rubio no se iba a dar por vencido, una vez empezada la batalla ya era muy difícil terminarla. El chico me miraba, era una mirada que no podía seguir soportando, sus ojos grises eran como dagas clavándose sobre mí de manera molesta e incómoda. Cerré el libro de golpe para mirarlo con desdén.

— ¿Se puede saber que quieres? —le exigí. Sí me iba a hacer perder mi tiempo que lo hiciera de una maldita buena vez y que no estuviera fastidiando.

— Es Lógico que hablar —hablar o tratar de conseguir lo muchas veces ya había conseguido en chicas.

— Bien. Entonces empieza —dije secamente. Me sonrió con autosuficiencia.

— Lamentablemente yo no estaba cuando nuestra prefecta llegó a presentarte, así, que para comenzar nuestra amistad, deberíamos contarnos cosas, no sé ¿Qué te gusta? Tu pasamiento, etc., etc. —alcé las cejas.

— Por muy tentadora que sea tú oferta, no gracias. Estoy bien —me volvió a sonreír cínicamente.

—… Podríamos ir al lago, a Hogsmeade, a estudiar para nuestros T.I. —acentuó la última frase. Era un maldito bastardo de lo peor, y dolor de cabeza.

— Acabo de ir al lago, Hogsmeade ya tengo planeado con quién pasarla y los T.I.M.O.s es algo que prefiero hacerlo en la privacidad de mi alcoba —le escruté mi sonrisa.

— Es Domingo, mañana empiezan las clases... Tal vez prefieras un tour por la escuela, Hogwarts es inmenso ¿Sabes? —quería aventarle el libro de 600 páginas en su anguloso rostro.

— Ya he quedando con alguien para que me dé un tour —dije lacónicamente. El rostro del rubio perdió toda sonrisa. Alguien ya se había adelantado.

— ¿Quién? —sonreí. No le iba a decir que se trataba de Rose Weasley, solamente de su primo.

— Ese chico que está sentado por la chimenea leyendo —este dirigió sus ojos a donde señalaba para encontrarse con Albus Potter.

— Potter —dijo ácidamente.

— Sí te sirve de algo, con él iré a Hogsmeade. Después de todo quieres conocerme como amigos —enfaticé la última notoriamente. Rose Weasley tenía razón acerca de éste chico, tenía razón acerca de su mala reputación con la chicas lo obsesionado que era con el sexo opuesto y que no dudaría en coquetearme.

— Estoy seguro que a él no le importaría —en perspectiva sería divertido salir con aquel dolor de cabeza, no, no me malinterpretes, no me iba a doblegar y ni a besarle los pies como miles de chicas ya habían hecho. Tal vez yo tenía que ser la que lo pusiera en su lugar, a enseñarles a todas esas chicas lo que es tener dignidad. Sonreí amargamente.

— ¿Sí digo que sí te irás y dejarás de molestarme? —inquirí. Éste alzó una ceja con engreimiento.

— En efecto, aunque yo no estaría tan seguro que eso es lo que quieres —y en mis adentros sí lo quería, quería que dejara de joder la vida de otros, que dejará de joder mi vida o la de Rose, sobre todo a Rose.

Me limité a contestarle. Sí lo hacía encontraría cualquier otro contraataque y nunca se iría. Lo mejor fue quedarme callada, bajar mi vista a mi libro y que el silencio se lo llevara. Y Así fue, cuando estuvo satisfecho de creer lo que había conseguido se fue, y lo hiso con ese chico Albus seguramente para preguntarle lo que recién le había dicho. Oí sus murmullos pero como toda serpiente que ve una oportunidad no la desaprovecha, eso por eso que Potter le dijo que sí, que si era cierto que iríamos a Hogsmeade juntos. Y así fue.

Mientras yo me planteaba los Pros y los Contras de tal aberración, sí aberración. Sabía que iba a ser divertido, ver la cara de aquel rubio suplicándome sería gracioso. Alguien tenía que enseñarle a respetar a las mujeres y lo haría yo. Me molesta de verdad que una mujer no de el lugar que merece, nosotras somos las que tenemos que doblegarlos, hacerlos respetarnos porque si nosotras ellos son simplemente nada. Nosotras somos las que engendramos, nosotras somos la clave fundamental para el inicio de una familia, nosotras no somos su diversión, ni sus juguetes; y ese Malfoy nos veía como su pasatiempo favorito y me sentía terriblemente insultada.

Asqueroso depravado. Lo quería destruir hasta que no quedara nada de su patético ego que cargaba con orgullo, quería verlo sufrir por simple placer, humillarlo hasta la ruina.

En día acabó con muchos eventos de los más incómodos a frustrantes. Conocía a mis compañeras de cuarto. Las chicas son ordenadas e impecables, no tengo ningún problema en eso, también sabe una inmensidad de chismes de lo más interesantes y ocurrentes. Por supuesto, todos con una pizca de veneno inyectados sobre ellos —no pienses que son fanática de eso de crear rumores y chismes, solamente me gusta escuchar. Me divierte pensar en la maldad de las personas—. Comparto habitación con cuatro chicas, en total somos cinco contando a Higgs. Más tarde te las presentaré.

Siempre me ha gustado levantarme temprano, una de las razones principales es que no iba a esperar horas hasta que me tocara en baño. Todos los días a las 5:30 y fines de semana 6:30. Es bueno además de relajante. Puedo tardar cuantas horas quiera duchándome sin que nadie me moleste, puedo arreglarme en privacidad y mucho menos que vean o toquen mis cosas.

Siempre salía y ellas seguían durmiendo. Así que bajaba sola al gran comedor. Cuando bajé de los dormitorios me encontré con ese chico rubio leyendo. Eché un vistazo a mi reloj y marcaban las 7:00. La primera impresión que me llevé de aquel rubio es que además de ser una arrogante, mujeriego eran de aquellos que les gusta que todo se lo hagan por él, de aquellos que tienen guardaespaldas, un holgazán, y sobre todo: un estúpido. Me imaginaba que sus notas no iban más que un Aceptable. Más no, él chico era inteligente, no se metía horas en la biblioteca, era inteligente por naturaleza. No necesitaba pasar horas y horas estudiando y aprendiéndose un capítulo entero para aprobar, con una clase y un leve repaso de sus notas le bastaba… y presumía de eso. Más yo me pasaba horas en la biblioteca porque me gustaba, pero no era ese gusto por amor a la literatura y al conocimiento, yo lo hacía porque quería probarles a los demás que sabía más que ellos, y siempre lo hacía humillándolos, aprovechándome de su falta de inteligencia, astucia, era por simple placer de hacerlos sentir mal. Malfoy y yo compartíamos eso y muchas cosas más. A ambos nos gustaba ser alardeados, nos gustaba humillar, sentirnos superiores, que todo lo que hacíamos tenía un precio y muy alto para ser precisos; mirábamos al mundo con asco, frialdad e indiferencia, sonreíamos del mismo modo, con cinismo y nuestras palabras estaban roseadas con veneno. Hay una frase Muggle que dice: Los opuestos se atraen. Él era como mi igual, Rose también lo era. Esa es una de las razones por la cual actualmente me odia y Malfoy se burla de mí.

¿Qué si Malfoy está enamorado? La respuesta es: No lo sé. Malfoy es una persona imprecisa, su mente es impenetrable. Él guarda todo para sí mismo, jamás revela nada. Todo lo que le asusta, entristece, lo guarda en un lugar oscuro, vacuo, casi como una alhajero. Sus emociones son la bailarina danzante de vestido rosa sonriente; la música estruendosa, tétricamente feliz es lo que le asusta. Malfoy jamás dejó que esa caja se abriera, le selló tanto que ni él mismo podía abrirla aunque lo intentara; él mismo mató lo que otros desean, mató su misma felicidad y la remplazó por sentimientos negativos, disfrazó su felicidad con el placer de sentirse superior, con su arrogancia y se alimentó de los halagos que recibía. Por eso salía con muchas chicas. Por eso entró al equipo de Quiddicth, porque sabía que era el mejor; era prefecto, tenía notas altas sin tener que esforzarse, era apuesto y lo sabía, tenía millones, era sangre pura, su padre tenía un alto cargo en el ministerio, una mansión enorme de la cual disfrutar; más no sabía si estaba orgulloso que su abuelos y su padre hubieran sido Mortífagos. Malfoy era muchas cosas, era un misterio. Nadie podía ser así, y yo lo sabía porque lo mismo que él hacía yo lo hacía. No era porque intentaba copiarlo, no así era yo antes de conocerlo más mi personalidad se fue forjando más con los años en Hogwarts. Aprendí que había más gente como yo, que no todos eran tan ingenuos ni idiotas, por eso yo tenía que resanar mi muralla, tapar todas esas rajaduras que se fueron formando con el tiempo, reforzarla con frialdad, crueldad, arrogancia, indiferencia. Me esmeré tanto en perfeccionarla que no me di cuenta que estaba dañando a las personas que me importaban ¿Por qué? Porque todo el tiempo era yo, yo, y yo; nunca ellos. Por eso consideraba a Malfoy como mi igual, escondíamos todo aquello que no queríamos que los demás viéramos, nos saciábamos de la humillación, dolor, pena, y sufrimiento ajeno; creíamos que demostrar sentimientos era de débiles y la debilidad es para idiotas. ¿Qué nos destruye? No obtener con que saciarnos, no ser halagados, que alguien sea superior, que alguien se atreva a encararnos y decirnos nuestras verdades. Rose lo hiso y acabó conmigo.

Tal vez nunca debí usar una máscara, tal vez debí usar una alhajero como Malfoy. Los alhajeros pueden cerrarse con candados y encantamientos; una máscara puede caerse con tanta facilidad, el resorte puede reventarse; y una muralla puede derribarse con grandes piedras, catapultas, hechizos, etc., etc.… Es sorprendente como una pequeña cosa puede ser a la vez tan grande

Pasé a su lado cuando éste llamó mi atención. Alcé la ceja y fruncí un poco el entrecejo como si lo que oliera apestara. Malfoy se acercó a mí con tanta elegancia en su paso. Y me sonrió con prepotencia.

— Buenos días, Jolie —algo que había notado también en los Slytherin que nunca te llaman por tu nombre de pila al menos que seas tan allegados a ellos. Los de las demás casas solamente no llamaban así a los de Slytherin, nos desprestigiaban, nos odiaban y nosotros disfrutábamos de ellos, sabíamos que éramos el terror para los pequeños, nos divertíamos debatiendo con otros y sobre todo con Gryffindors.

— Hola, Malfoy —lo miré con indiferencia, quería que viera que me estaba haciendo perder el tiempo.

— Supongo que no te molestará que vaya contigo al Gran Comedor —tan arrogante, tan presumido.

— A decir verdad, quedé con Rose Weasley.

— ¿Con Weasley, esa comadreja? —frunció el ceño con asco.

— Su nombre es Rose Weasley, Malfoy. ¿De qué te quejas de su nombre? Al menos ella no tiene de nombre de insecto —el aludido frunció aun más el ceño. Me era placentero verlo enfadar, me hacía sentir bien conmigo misma.

— No entiendo como esa Weasley puede tenerte de amiga. Ella odia a todos los Slytherin, no me sorprendería que esté hablando mal de ti a tus espaldas. Aun que es interesante como es que llegó a ser tu amiga —y siempre poniendo el dedo sobre la llaga. Así era Malfoy, cuando lo atacabas el también lo hacía.

— Ya la conocía. Es prima lejana. Así qué te importa lo demás —me crucé de brazos.

— Las amistades entre Gryffindors y Slytherins deja mucho de desear. Yo puedo ayudarte con tus amistades, sólo tiene que juntarse con las personas correctas y saldrás beneficiada — Solté una carcajada amarga. Sí iba a ejecutar mi plan debía empezar ahora. La situación lo demandaba.

— ¿Quién te crees que eres para decirme con quien juntarme? —le fruncí el ceño. Esta era de las situaciones especiales donde usabas este tipo de expresiones.

— Scorpius Malfoy —dijo con tanta arrogancia— Yo sé lo que te conviene.

— Creo que alguien debería bajarte un poco ese exceso de autoestima que tienes —di una largo suspiro. Me encogí de hombros librando todas esas tensiones. Unos minutos con Malfoy y me sacaba de quicio—. Yo no tengo problema alguno —le sonreí acerbamente.

— Yo tampoco. Ciertamente preferiría que fueras tú. Así podríamos conocernos en diferentes tipos de áreas —Malfoy era cinismo, mala fe en francés, una dolor de cabeza en Hogwarts.

— Tengo dos noticias para ti Malfoy: No estoy interesada y no eres la gran cosa. No te des aires que no tienes —dicho esto me di la media vuelta. Pero yo no lo conocía, yo no sabía lo que era capaz pero ahora sí lo sé. Hay diferentes reglas de cómo tratar a un Malfoy, una de ellas es: Jamás dejarlo con la palabra en la boca. Segunda: Jamás ignorarlo. Tercera: Jamás te sientas superior frente a un Malfoy.

Yo sentí un jalón terriblemente fogoso, enseguida me vi pegada al cuerpo de aquel rubio presuntuoso. Este arqueó la ceja con superioridad y burla; mientras que esa sonrisa de lado que tanto le gusta por hacer me insultaba internamente, me insultaba porque ese rubio estaba consiguiendo lo que quería, y en esos momentos era tocarme. La presión en la muñeca no descendía, forcejeé pero el chico no me soltaba así que mejor lo fulminé con la mirada.

— ¡Qué demonios crees que estás haciendo, gran idiota! —volví a jalonearme.

— Te lo dejaré pasar por esta vez —por Merlín, que se creía, ¿Señor todo poderoso de todo o qué?— porque eres nueva, pero nadie, nadie, absolutamente nadie me deja con la palabra en la boca y mucho menos me rechazan —abrí desmesuradamente mis ojos. Su arrogancia llegaba a límites más allá de la imaginación. Malfoy era un narcisista superficial de lo peor. Simplemente me sorprendí. Sus advertencias eran estúpidas y ridículas pero las decía con tanta seriedad que cualquiera temblaría, cualquiera menos yo, por supuesto. Así que reí frente a su cara.

— Siempre hay una primera vez —Sonreí jocosamente mientras deslizaba mi dedo por su respingona nariz hasta sus labios en un movimiento suave y levemente rápido. El me soltó ante mi imprevista acción la cual yo no desaproveché para salir de la sala común. Malfoy era tan débil ante del sexo débil. No esa clase de debilidad, solamente cuando tú demuestras ir un paso más adelante que él.

Yo me senté en comedor en mi mesa. Después las lechuzas comenzaron a llegar. Yo miré con monotonía como estas dejaban caer paquetes sobre los lugares de cada uno de los estudiantes, esto sonreía sacando los regalos que sus padres les habían hecho, otras solo cogían el periódico que les dejaban en manos. Yo fui unas de las que les dejaron el periódico, uno francés por cierto. Nunca estaba mal saber de tu tierra natal.

No había nada emocionante. Sólo hablaron de mi madre y mi padre quienes habían sido traslados a Londres con fin de promover Los Deportes Internacionales y Cooperaciones de Magia Internacional entre Francia y dicho país antes mencionado.

Eché un vistazo hacia la mesa de Gryffindor, la pelirroja peleaba con otro pelirrojo, su hermano. Otro de ellos ponía los ojos en blanco. El moreno de la misma mesa, sólo que alejado unos cuantos asientos mas charlaba con sus compañeros para lo que a mí respecta de Quidditch. Ese chico era también arrogante pero no más que Malfoy. Tiene dejes de ser superficial y más cuando alguien le hacía un tonto cumplido sobre lo bien que voló —se pasaba una mano sobre la cabellera para hacer el efecto de recién bajado de la escoba—. Alguien también tenía que bajarlo de esa nube imaginaria de la cual estaba, pero era soportable. Malfoy ese si no tenía perdón y mucho menos era soportable.

Me sorprendió mirándolo y me saludó con altivos. Alejé mi vista sin antes dedicarle una mirada indiferente.

Ser la nueva en un colegio siempre causa novedad y más cuando en ese colegio jamás se haya visto que un alumno entre después de primer curso y muchos menos después de las vacaciones navideñas. Yo era una celebridad por así decirlo. Cuando caminaba la gente volteaba descaradamente sus rostros para sólo mirarme y como ya te he dicho que por mi sangre corren las raíces de una Veela era imposible ignorarme. Las chicas se susurraban entre sí a mí andar, las Gryffindors me fruncían el ceño ¿Por qué? Porque yo era indiferente a toda esta atención, no les hacía caso cuando intentaban hacerme plática, o cuando quería ser amables. Yo no necesitaba de su caridad, yo soy una persona independiente, siempre lo he sido y siempre lo seré; tampoco necesitaba atención la cual me sobraba y ellas no lo entendían. Con mis compañeras de casa la cosa era muy distinta, eran todas unas serpientes a las cuales nos gustaba jodernos entre sí. Higgs por ejemplo, ese era su hobbie y se ensañaba conmigo, claro, yo no podía decirle que no, también me gusta joder.

Vi a la pelirroja levantarse de su asiento junto con su manada de pelirrojos, yo hice lo mismo. Tomé el periódico que la lechuza me había dado lo enrollé y me encaminé a interceptarla. Me reí interiormente, quería conocer su punto de vista más detallado acerca de ese rubio arrogante.

— Rose —la llamé. Ella giró el rostro y la vi fruncir el ceño. Resopló un poco irritada y se despidió de sus primos.

— ¿Qué quieres? ¿Es qué siempre tienes que llamarme? —se cruzó de brazos.

— Que genio —ella roló los ojos—. Supongo que esto te interesará —alzó las cejas.

— Así y ¿Qué es? —Enserio, algunas veces quería maldecirla por su mal genio pero otras veces recordaba que él mío era de lo más acido, burlesco e infidente de todos.

— Ya tuve mi encuentro con Malfoy —le sonreí amargamente.

— ¿Debo aplaudirte? —arqueé la ceja. Weasley podía llegar a ser de lo más irritante, era tan terca, tan testaruda y aferrada a ideas absurdas. Era difícil hacerla cambiar de opinión.

— Sí quieres también te puedes unir a mi club de fans, no me molestaría en lo absoluto. ¡Por Merlín Rose, Quieres escuchar y dejar tus sarcasmos!

— Sonaste demasiado Malfoy y eso me desagrada —sí algo había notado es que ella siempre metía a Malfoy en una conversación.

— Hiso lo que dijiste que haría, y hace unos instantes tuve una disputa con él, claro fue de lo más entretenida —ignoré su comentario.

— ¿Y por qué dijiste que me interesaría? —miró hacia las escaleras viendo la oportunidad de que "nuestra" charla terminara prontamente.

— Porque no me gusta. No soporto ese tipo de actitudes —ella arqueó la ceja—. No, no ¡Es diferente porque no soy yo!

— Demasiado arrogante para mí gusto —chasqueó la lengua hastiada.

— Como sea ¡sí te callaras! Gracias. Es diferente, él es el déspota de los cretinos y arrogantes; no voy a soportar mis dos años en Hogwarts lidiando con gente como él, alguien tiene que ponerlo en su lugar así como enseñarles a esas chicas algo de auto-respeto —respingué audiblemente. El semblante de mi lejana prima era todo un poema, sus ojos estaba abiertos al igual que sus labios. Seguro que jamás había oído algo parecido o al menos que alguien lo dijera en serio como yo lo hacía.

— ¿Y piensas ser tú esa persona? —se llevó una mano a sus labios conteniendo claramente lo que era una carcajada.

— Tomando los Pros y los Contras no gano mucho, pero sería divertido verlo humillarse por una persona que en verdad sí le importa además que esas chicas aprenderían a usar su varita para cosas mucho más productivas que los desagradables consejos de aquellas revistas que tanto leen con fascinación —una sonrisa afloró sobre los labios de la pelirroja.

— ¿Tú y Malfoy? ¿Crees que Malfoy enserio se fijaría en ti en cuestiones sentimentales en vez de hormonales? —soltó una sonora carcajada. Estaba en desventaja, no conocía al chico y ella llevaba 5 años viéndole el rostro, pero en ese momento no pensaba, mi cabeza estaba llena de la palabra "Venganza".

— La sangre de una Veela corre por mis venas, Rose —tal cual arrogante soné, la chica me frunció el ceño para después rolar los ojos.

— ¿Podías dejar esa actitud? Es verdaderamente irritante —bufó.

— Es divertido.

— Basta. La cuestión es que estás a punto de cometer una estupidez y no te has dado cuenta. No conoces a Malfoy, no sabes en lo que te estás metiendo, a Malfoy no le importa si lo que quieres es jugar con él, sabrá cómo sacarle partido a lo que le ofreces —refunfuño acalorada aquella Weasley—. Enserio, pensé que tenía algo te intelecto.

— Por supuesto que lo tengo, sólo se necesita mover correctamente las piezas, todo es como un tablero de ajedrez y yo no dejaré que me haga el jaque-mate —esa chica volvió a rolar los ojos. Era irritante, fastidiosa, siempre viendo el lado aburrido, realista-negativo de las cosas, pero era muy divertido hacerla enfadar, entendía porque Malfoy siempre la molestaba.

— Sí tú quieres hacerlo… está bien… —la chica se giró sobre sus talones dispuesta a dejarme con mis desequilibrados pensamientos.

— ¡No! —la tomé de la muñeca antes de que se fuera. La chica estuvo a punto de gritarme mil improperios pero hablé antes de que pudiera al menos terminar el primero—. Es aquí donde entras. Verás, no me gusta pedir ayuda de nadie pero en este caso eres fundamental.

— ¿Y quién dijo que estaba dispuesta a ayudarte? —me frunció el ceño.

— Sí te callaras nuevamente… Porque sé que lo detestas y quieres vengarte —la acoté poniendo mi pala frente a ella y la mutaba con un "Sh"—. No lo niegues. No hay ser en este planeta que no esté contaminado con venganza y tú no serás la primera. Necesito conocerlo a fondo, ¿Sabes? Y tú eres la más indicada, tengo la sensación que eres un poco allegada a él…

— No hay gran diferencia entre tú y él… —dijo lacónicamente.

— No soy tan mala persona Rose… —le sonreí—. Y nombres de las chicas con las quién ha salido o tenido algún desenlace ¿Podrás hacer eso?

— Repito: Nunca dije que lo haría.

— Tienes que hacerlo. Sé que te mueres de ganas por vengarte así como yo tengo de ponerlo en su lugar —estiré mi brazo esperando a que lo tomara—. ¿Es un trato? —vio mi mano la cual se movía muy tentadora. Sí algo supe de Rose desde que mencionó a ese chico que le desagradaba profundamente, así que se estaba debatiendo entre hacerlo y no hacerlo. Su madre estaría decepcionada de ella si se enterara de su actitud, su padre se enojaría con ella por liarse con un Malfoy pero se estaría satisfecho al ver que su hijita molestó a Malfoy. Y tomó mi mano.

— Acepto. Es totalmente una aberración y va en contra de mis principios: darle importancia a un Malfoy. Así como que creo que es una estupidez. Sólo espero que tú no seas la idiota que se termines liando con él —y no lo hice pero otra chica si lo hiso y salió terriblemente herida porque aquel chico no quiso nada con ella.

N/A:Vaya, en verdad me está gustando este fic, narrar a Rachaèl es muy interesante, también divertido. A veces me río de tanta arrogancia que hay en ella, así como superficialidad. Ella es una chica muy fría, de carácter duro y fuerte, indiferente a las personas, es una chica de verdad muy pesada, burlesca, sarcástica-acida, pero si ves en el fondo de ella o lees entre texto podrás dar con una chica bastante insegura, temerosa de ser humillada, que alguien sea superior, o que no sé le dé el lugar que merece. Es por eso que actúa así, "tras esa mascara o muro" que ella construyó y moldeó. También me gustaría agregar que Rachaèl es una perra. No me lo tomes en ese sentido malo si no en el bueno y es gracioso.

Así también notarán que las personalidades de mi Querida Rachaèl y Malfoy son bastantes parecidas, es por eso que ella lo considera su igual. La personalidad de Malfoy es así por naturaleza, la frialdad e indiferencia corren por sus venas desde muchas generaciones atrás; su padre por ejemplo es igual que él pero es una persona que no pudo disfrutar su infancia como muchos otros, alguien que se vio sometido a ordenes de un Lord a muy temprana edad y su indiferencia era como un escudo que lo ayudaba a repeler todas aquellas mofas, gestos, muecas de otras personas; pero el realidad todo aquello, muy en el fondo eran como puñales . Scorpius? No sé como decírtelo, pero él es así por naturaleza, no tiene una infancia reprimida, es así como todo lo que le han dado y como su padre y su abuelo tienen un carácter parecido y lo que se hereda es la personalidad, Por qué no iba a tenerlo? La personalidad se hereda, el carácter se forma. Existen flemáticos, coléricos, sanguíneos y melancólicos. Yo creo que Malfoy es melancólico, colérico/flemático. Checa en un buscado y puedes hacer un test, son de lo más entretenidos.

Bueno, esa es la reflexión. No necesito describir a Rose, ya lo hice. Además creo que su estereotipo ya es muy usado, es una combinación de Ron y Hermione en el mío y ya dije que no la describiría! ha,ha, ha. Ok. No puse canción porque me dio pereza (:, y ya me vooooy! Reviews? se aceptan de cualquier tipo :) Gracias.

~*Livinginfairytale;