El copyright y la Marca Registrada del nombre del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como símbolos y elementos relacionados, son propiedad de Warner Bros., 2000. A excepción de sucesos no relacionados con lo antes mencionado.
ENTRE SERPIENTES Y LEONES
~*Lily Luna Potter*~
Vaya este sí que era un lunes muy pesado, La primera clase de la mañana fue transformaciones y McGonagall nos llenó con tareas, tareas y más tareas que requerían de mí arduas horas en la biblioteca… oh, gran aburrición. Después Cuidado de Criaturas Mágicas con ¡Hagrid! Ay… como me cae bien ese semi-gigante, es tan simpático que no se enoja con mis bromillas, es el primero en soltar la carcajada… no como McGonagalll, ella si me descuenta puntos ¡Y es la jefa de mi casa! Y me pone en detención a limpiar las aulas o hacer algún ensayo extra que me obliga a pasar más horas en la biblioteca… a continuación la más y aburrida materia de todo Hogwarts ¡Ta, ta, ra ra…! ¡Historia de la Magia! Es aburrida y más por la voz tan monótona del Profesor o fantasma Binns… me gusta cuando tocamos temas de la segunda guerra mágica pero no se toca mucho por respeto a los alumnos quienes perdieron familiares, etc. Y créeme que tener esa materia una hora antes del almuerzo pone a cualquiera de mal humor, ansioso, desesperado y más cuando tu estomago no dejar de gritar que tiene hambre en medio de la clase.
La comida es un tema muy delicado para cualquier estomago Weasley. Y Hugo y yo no teníamos las mejores caras.
La gracia de Merlín nos sonrió, desperté a Hugo quien muy descarado de había dormido… yo también lo hubiera hecho pero el hambre era poder ante todo. Ah, como te iba diciendo, desperté a Hugo para salir a marcha veloz al comedor, él rápidamente asió todas sus cosas hacia su mochila sin siquiera molestarse en revisar si sus tinteros estaban abiertos o si sus pergaminos nuevos se maltrataban porque ¡Ni siquiera los había utilizado! y los pergaminos eran lo de menos. Me reí de él y tan rápido como una Saeta de Fuego recién comprada y encerada ya estábamos sentados en la mesa del Gran Comedor, yo estaba con Rosie mi querida come libros… o era mi imaginación o a Rosie le llegó al visita de Andrés. Picaba con tanta furia un delicioso filete de carne con su cuchillo como si se tratara de Malfoy, respiraba hondamente que cualquiera pensaría que estaba intentando una nueva forma de comer través de sus fosas nasales —una carcajada y después la fría mirada de Rosalie sobre mí—, después apartó su mirada para seguir clavándola profundamente sobre mi hermano, así como susurraba o maldecía en voz baja cosas como: Maldito… Traidor… Tarado… Hombres.
— Luces muy enfadada, Rosalie —comenté como quien no le importa la cosa, pero si me importaba. Ay, me tuve que morder la lengua para no reírme… Rose traía un humor del mil, doscientos mil, demonios.
— No me llames Ro-sa-lie —¡Y picó más fuerte el filete! ¡Lo machacó y lo trituró! Sí esa fuera la Señora Norris… sería maravilloso… Ay esa gata insoportable, ¿Por qué siempre está en las cocinas?
Sueño dorado de cualquier estudiante: Darle una buena patada a la gata.
James me dijo que lo hizo y que se sintió genial.
Qué envidia…
— Está bien. ¿Qué sucede Rose? luces sublevada —me llevé las manos a mis mejillas aparentado dramatismo, sentí la patada de Rose en mi pierna—. Auch.
— Me cae mal —entonces seguí su vista que ahora iba esa chica francesa que tanto le había gustado a James o más bien atraído.
— No he hablado con ella —y me llevé una gran cucharada de puré de papas a los labios… oh, maravilloso placer, una explosión de sabores, mi solecillos brotando sobre mi paladar.
Y Rosie hablaba y hablaba pero se me olvidó escucharla, estaba tan concentrada en mi comida hasta que me di cuenta de lo que hacía por lo que pude captar las últimas palabras.
—…ni de alardear —picó de nuevo su filete y esta vez sí me imaginé a la gata.
— Ignórala —fue lo primero que se me vino a la mente, no era mala opción, yo lo hacía con Rosie cuando me hablaba de sus ensayos o me recitaba todo el libro de Historia de la Magia.
— Te reto a que pases por lo menos 30 minutos enseguida de ella —Sonreí… como me gustan los retos. Es inevitable decir no.
— Ahora no, ella es Slytherin y no iré a su mesa a sentarme —esta vez fue ella quién me sonrió ¡Pero MAQUIAVELICAMENTE!
— No estoy diciendo que ahora, después de comer tenemos hora libre y creo que tú también —dejé mi comida a un lado, de pronto se me apeteció menos, lo de Rose era un claro reto que no podía decir que no, me pareció tan atractiva la idea que se me olvidó decirle que tenía detención a esa hora.
— Trato —después ninguna de las dos habló. Ella estaba distraída y yo pensaba en centenares de bromas haciéndome reírme sola.
Cuando la vi en la madriguera mi primer pensamiento fue que si le jugaba una buena broma como de esas que solíamos jugarle a Albus cuando estaba cortante, tal vez así se le quitaba esa expresión de enfado o superioridad, o como la abuela de Malfoy miraba a todos ¡Cómo si tuviera mierda debajo de la nariz!
La abuela de Malfoy es divertida en el punto de que es tan refinada y aristocrática y de que no es divertida. Oh, sarcasmo.
Después me dieron ganas de reír a carcajada limpia al sólo imaginarme lo que estaría haciendo James en este instante. Tuve que morderme la lengua porque su imagen venía en mi cabeza de forma tan exagerada, ya sabes James con las gafas a medio colgar de la punta de nariz, ojos fijos de forma perturbadora, acosadora, como si fuera una escoba nueva, la boca tan abierta que en ella podría caber con tanta facilidad un huevo de dragón además caía casi hasta sus pies mientras litros y litros de saliva se desbordaban sobre un balde de agua como manantiales, oh… esa era la imagen que rondaba en mi cabeza, tenía que voltear a comprobar si era cierta mi visión, tenía que hacerlo, pero no quería, pero debía, pero no era correcto ¡Por Merlín! ¡Lo hice! Volteé y una carcajada para nada disimulada brotó de mis labios como margaritas en plena primavera ¡James sí estaba babeando por la chica quien estaba cruzada de brazos enseguida de la abuela Molly quien nos sonreía amablemente pasándose a retirar… que mujer tan más amable —suspiro dramático.
Sentí su mirada fulminante sobre mí, como la de un jabalí enojado o hipogrifo, pero yo seguí riendo, ella se olvidó de mi tan rápido para enfocar su mirada hacia James para también fruncirle el ceño, luego se concentró en los gemelos que peleaban por el control de nuestro GRAN Y MAJESTUOSO aparato televisivo por cable ¡Gran invento Muggles! ¡Hasta en tercera dimensión ya tienen!
Luego llegó Victoire a presentarla de nuevo… Rachaèl… ugh, que flojera me daba su nombre y más tenerlo que pronunciar en francés, ¡Ugh! Luego la presentó formalmente con Rosie. La cara de mi prima era todo un poema, traía esa mirada defensiva que siempre usaba para jugar al Quiddicth. Pero me olvidé de ella tan pronto como Hugo me habló.
Y es que ella no tenía nada de interesante para mí, una amargada claramente desconocedora de lo que una buena broma es… mi pobre hermano James no durará con ella mucho, se cansaría y terminaría irritado por lo que podía ver, tal vez para Albus resulte una monada, él es aburrido, bueno, cuando jugamos Quiddicth es una competencia también un vengativo de primera, Ay Albus de verdad es apetecible para bromas.
Entonces yo me levanté dándome cuenta que Rose ya no estaba conmigo y ni la francesa tampoco lo estaba en el Gran Comedor, sólo Hugo quedaba de mis primos y James.
Ya le hablaría otro día si no es que más tarde… ¿Pero que ganaba? ¿El hecho de poder comprobarle a Rosie que yo puedo ser más irritante que ella? O ¿Qué nadie puede hacerme irritar, ni siquiera Malfoy? O diablos… no había nada interesante, creo que fue más que por orgullo que nada, mi orgullo era lo más importante, por nada me negaba a un reto, apuesta o lo que se le pareciera.
— Tengo que hablarle a la francesa porque a Rosie le parece irritante —le dije a Hugo— y me retó —sonrió de lado.
— ¿La que vino a la Madriguera? —asentí con diversión— eso, eso quiero verlo.
— Oh, entonces acompáñame, te mandaré un aviso cuando la encuentre y así podrás oír la charla… quien sabe dónde se metió… ¿Cómo dices que se llama?
— No tengo ni idea.
— Rachaèl —respondió James dejando la charla de sus amigos— y tiene sangre de Veela.
— Eso lo explica todo. A Rosie no le cae bien —expliqué con aire divertido— ¿Me acompañarás a verme hablar con ella? —el alzó la ceja.
— ¿Para qué? Si yo no voy a ser el que hable con ella, no tiene sentido —roló los ojos.
— Porque Rose me ha retado a aguantarla por más de 30 minutos y tú sabes cómo suelo ser en las charlas. Si ella es irritante es porque no ha conocido a nadie más que no sea yo. Lo soy hasta Malfoy, ¿Recuerdas lo que me dijo en segundo? —Hugo se tapó la boca con las manos evitando estallar una gran y estruendosa carcajada.
— ¿Asquerosa insufrible pelirroja dolor de culo? —Ambos nos partimos en carcajadas limpias tomándonos de la barriga donde los espasmos pronto surgirían. Las lágrimas se nos vinieron a los ojos al recordar su cara.
— Por eso, James, te pregunto si vienes. Será divertido —éste se lo repasó por unos segundos para luego sonreírme como si de un reto se tratara—. Hecho.
— Les avisaré mediante monedas donde estaré —suspiré dramáticamente—, Ay, Rosie me lo agradecerá.
— Bueno, chicos, yo ya me voy, tengo que estar con McGonagall a las 2 —dijo James victoriosamente.
— Entonces te veré ahí mismo —James me dedicó una sonrisa— a mí también me castigó —Hugo roló los ojos.
— Tenían que ser Potters —dijo uno de los amigos de James. Este se encogió de hombros fingiendo modestia.
— Que se puede decir. Vamos Lily, tenemos una laaaaaaaaarga, tarde con Maggy —que igualdad se cargaba James.
Él me rodeó por el hombro, le dedicó a sus compañeros una gran sonrisa como un actor Muggle a sus fans para así abandonar en gran comedor como un guerrero entra a la batalla. Ay James es tan dramático y gracioso… Albus tiene que ser más simpático y no tan gruñón.
Nos desviamos un par de veces por culpa de James quien se entretenía con alguien por los pasillos, con algún maestro que le hacía algún reclamo o recordatorio, un guiño de ojo alguna chica y yo venía divertida ante todo esto. Nos tropezamos con Albus quién traía su escoba, un libro y venía vestido de Quidditch.
— ¡Cómo te va hermanito! —dijo James revolviéndole el cabello, Albus intentó quitárselo de encima con manotazos.
— ¡Hey! —refunfuñó malhumorado.
— Hola Albus —dije radiante con una sonrisa— ¿Vas a la biblioteca? O ¿al campo de Quiddicth? O ¿A tú sala común? o… —me interrumpió el muy malhumorado.
— Campo de Quiddicth.
— ¡Pero no puedes sacar los libros del colegio!
— Lo que pasa es que Albis se está volviendo todo un rebelde ¡Eh, eh, eh! Ya me enteré ¡DON JUAN! —Envolvió a Albus entre sus brazos para restregarle el puño sobre la cabeza. Yo me incluí lanzándole una sonrisa ante el pícaro comportamiento de mi hermano.
— ¡Ya, ya, ya! —Y nos partimos en carcajadas.
— ¡Qué bárbaro! ¡Eres todo un CA-SA-NO-VA! —Y como pudo se zafó de su agarre para fruncirnos el ceño, wow, no se podían ver sus ojos de lo fruncido que estaba. Me hubiera sorprendido pero era una de sus actitudes, era más que normal.
— Basta ustedes dos —nos señaló con el dedo, luego se acomodó el cabello para marcharse con la nariz apuntando hacia el techo.
— Yo digo que Albus quiere imitarme ¿Viste cómo se acomodó el cabello? O ¿Qué me ganó a la chica? —rolé los ojos con sin quitar la sonrisa de mis labios.
— Ni que lo dudes —dije irónicamente—. Vamos McGonagall nos ahorcará si llegamos más tarde de lo que vamos.
— A Maggy la tengo controlada, no hay nadie quien se le resista al Gran James Sirius Potter —me encogí de hombros y lo seguí hasta el aula de encantamientos.
Al llegar McGonagall nos miraba de manera tan desaprobadora, jamás en todos mis años de Hogwarts la había visto, estaba tan enojada que la sonrisa se me borró del rostro y por primera vez en mi vida estaba decidí mantenerme seria pero no funcionó mucho tiempo porque me dio por mirar a James quién le sonreía tan descaradamente y tan cínicamente como si fuera lo más normal de mundo, luego recordé que James lleva siete años y yo sólo tres así que no era sorpresa suya, pero ¡Sí vieran la sinvergüenza que se cargaba James! ¡Era tanta qué me daba risa!
Y solté la carcajada.
McGonagall me lanzó una mirada como de un halcón fijando su objetivo.
James seguía sonriendo.
Los Labios de McGonagall estaban tan fruncidos como nunca jamás los había visto.
— ¿Le parece gracioso, señorita Potter? ¡James Sirius Potter deje de sonreír! ¡10 minutos, 10 minutos tardes! ¡Esto, esto —la muy pobre no podía terminar la frase de lo indignada y crispada que estaba— les costará 5 puntos a cada uno! —me estremecí con la dureza que le metía a su tono de voz, también me mordí la lengua para no reírme y evité mirar a James de nuevo.
— Profesora, tranquila, tranquila. A su edad no debe hacer muchos corajes… —oh, gran error… me mordí más fuerte la lengua que si seguía así iba a terminar partiéndola en dos.
— ¡POTTER! ¡Qué está usted insinuando! ¡Siga así y no le quedarán muchos fines de semanas libres! —Pero volvió a sonreír.
— Yo no me refería a eso, por favor profesora. Además tengo que mantener en forma al equipo si no Slytherin…
— Muy bien Potter ¡No diga que no se lo advertí! —respiró hondamente mientras daba un ligero masaje en sus cienes. Volví a mirar de reojo a James… que habilidad tenía de zafarse de los problemas así como meterse en ellos—. Saquen sus pergaminos. Hoy me harán un ensayo y por su imprudencia les daré tarea extra… —y más horas en la biblioteca, ay Merlín…
Sacamos nuestros pergaminos, plumas y libros para ponerlos sobre el escritorio de McGonagall, y tan pronto como sacamos todo nos dispusimos a trabajar por la sería mirada que nos enviaba. Pasaron 5 minutos y lo único que se podía escuchar era el ruido de las aves en sus jaulas picoteando las rejas, de uno que otro animal chillando o bostezando y por supuesto el rasgar de nuestras plumas sobre el pergamino.
Eché un vistazo al pergamino de James… entonces comprendí que si volvía a compartir castigo tenía que evitar a toda costa algún contacto visual con lo que sea que James hiciera, porque las carcajadas eran inevitables.
Chisté una carcajada sobre mi garganta que rápido callé al sentir los ojos de Mcgonagall.
» Entre los temas de transformaciones hay algunos que en lo particular son interesantes, geniales, aburridos y asombrosos, pero del que voy a escribir en este ensayo para mi querida "Maggy" es así como la llamo, además que suena más jovial que: "Minerva" y mucho menos serio que "McGonagall", así que si me permite profesora…
Como iba diciendo… o escribiendo, uno de esos temas es ¿Cómo cambiar la apariencia de un humano en un animal? No hablo de un animago como Maggy lo es, si no como cambias una copa de cristal en un animal o viceversa…
Chillé el nombre de mi hermano en mi mente, era su culpa, por él McGonagall no dejaba de mirarme y lo peor de todo es que mi pluma estaba a dos centímetros del papel con apenas 10 renglones mientras que James seguía y seguía escribiendo tonterías, y mi mente estaba en blanco.
El muy listo sabía que McGonagall no revisaría los pergaminos ahora porque la siguiente hora tenía clase hasta las seis.
Entonces le seguí el juego y comencé a describir lo genial que era hacer transformaciones y lo muy útil que podía ser utilizando palabras repetidas.
» Es muy eficiente porque puedes cambiar la anatomía de las cosas de muchas, muchas, muchas, muchas formas; además que puedes cambiarles la textura, el color, el tamaño, bueno por eso se llama Transformaciones, porque transformas algo en lo que sea que tú quieras.
Me llevé la mano a los labios reprimiendo mi risa.
Cuando terminó la hora entregamos nuestros pergaminos. James se veía muy decidido y serio en respecto a entregarle tal pergamino, yo todavía tuve la decencia de sentirme culpable y no reírme aunque de verdad quería hacerlo cuando le di el mío a McGonagall. Echó una hojeada y agradecí que los primeros 10 renglones hablaran de coherencias, así que no me dijo nada y nos dejó ir como aves en cautiverio.
— Te mismo rompes tu record —le dije todavía pensando en mi pergamino y la cara que pondría al leerlos… lo cual sería cómica pero no dejaba de sentirme culpable.
— Tú no te quedas atrás: y puedes cambiarlos a azul, a verde, a rosa, a naranja como mi cabello, a amarillo como el color de Gryffindor… —me puse roja, todavía me había dignado a mencionar el nombre de mi casa en el pergamino como si tuviera relevancia en la materia.
—… ensayo para mi querida "Maggy" es así como la llamo, además que suena más jovial que: "Minerva" y mucho menos serio que "McGonagall" que descaro James, que descaro —troné la lengua desaprobatoriamente así como negaba con la cabeza. Él se echó a reír.
Han notado como nos reímos mucho. De mis hermanos y mis primos es James con quién me llevo más, ambos nos entendemos tan bien, además de ser yo su consentida y cómplice de sus bromas.
— Bueno, yo ya me voy a mi clase de DCAO, necesito practicar para mis EXTASIS, adiós pequeña —me revolvió el cabello afectuosamente y me encaminé hacia Adivinación. Qué materia tan más divertida pérdida de tiempo.
Llegó mi hora libre, con todos los deberes me dirigí a la biblioteca donde seguro Rosie ya estaría, y sí cuando llegué ahí estaba ella, sentada frente a la sección de Herbología con una gran libro y pergaminos por doquier. Sonreí, ella sintió mi mirada, subió la vista y con una mueca me saludó pero después su mirada de volvió helada, frunció el ceño y me hiso señas para que me acercara tan pronto como fuera posible, cuando lo hice me jaló de la túnica al banco.
— Sí, yo también estoy emocionada por verte —dije sarcásticamente, ella negó con la cabeza.
— Voltea y dime quién está llegando —la obedecí y ahí estaba la francesa, sonreí de lado.
— ¿Quieres que le hable o lo hiciste para que ella no se sentara a lado tuyo?
— Lo segundo pero gracias por acordarme la pequeña apuestita. Prepárate para sufrir la media hora más irritante de tu vida… mejor una hora —sonrió como un tiburón. Metí la mano en mi túnica para sacar el galeón.
La francesa pasó a un lado nuestro y se sentó cuatro filas más atrás que nosotras.
— Por supuesto Rosie. Si me permites —me levanté de mi asiento y caminé una fila atrás de Rose para mandar el mensaje a James y Hugo.
Esto por nada tenían que perdérselo.
Pasaron cinco minutos y ambos llegaron, sus rostros estaban sonrosados del esfuerzo que hicieron al venir aquí corriendo. Hugo estaba más rojo que contrastaba.
— Rosie también está aquí, acérquense sin que la francesa se dé cuenta ¿De acuerdo? —ellos asintieron con burla.
— Hola Rosie ¿Estudiando para tus TIMOs o lista para el espectáculo? —preguntó James, Rosie me envió una mirada un poco sulfurada.
— Ay, será divertido, Rosie. Además todavía tienes como cinco meses para eso —ella gruñó ligeramente. James y Hugo tomaron asiento enseguida de ella.
Me troné los huesos de mis dedos, relajé mis músculos como si fuera a correr todo un maratón, les dirigí un último vistazo y me acerqué a la francesa.
Traté de lucir lo más casual posible, tomé uno un libro que estaba por ahí como si pretendiera estudiar junto a ella.
Entonces dejé caer el pesado tomo sobre la mesa de madera y la chica se estremeció por el ruido. Me miró como si una cucaracha fuera más agradable, me frunció el ceño como McGonagall lo había hecho horas antes y abrió los labios para insultarme, claramente,
— ¿Qué te crees que estás haciendo mocosa? —dio un manotazo al libro. Yo le sonreí.
— Ser amigable —ay que cinismo me estaba cargando, escuché una carcajada de James—. Hola, ¿Cómo estás? ¿Muchos deberes para los Títulos Indispensables de Magia Ordinaria? —me mordí la lengua que por cierto ya me dolía.
— Sé lo que significan, gracias. Y que te importa —volvió su vista a su libro.
— Ay, pues me importa mucho —dije como si la cosa fuera obvia—. Por cierto, Soy Lily Potter —le extendí mi brazo hacia donde su vista apuntaba bloqueando gran parte del texto que leía.
— ¿Qué demonios quieres? —me dio un manotazo en la mano. Vaya, ¿Quién iba a salir irritado aquí?
— ¡Pues si ya te dije! —un "duh" se escapó de mis labios así como rodeé los ojos.
— ¿Todos los Potters son así de insoportables o sólo tú?
— Bueno, todos dicen que tenemos un gran humor de lo más simpático y agradable —todos y hasta Albus se podría decir que lo tenía… lo tenía cuando se dejaba llevar o nos dejaba en claro que nadie como él sabía cómo vengarse.
— Quien te lo dijo seguro que te mintió…
— No creo que toda la escuela lo hiciera… —gruñó.
— Bueno, ¿Qué esperas para largarte? —ahí estaba ese ceño fruncido, tan fruncido como lo que es fruncido.
— Pero no me has dicho tú nombre —casi dejo ir la carcajada.
— ¿Para qué?
— Yo te dije el mío.
— Y yo no te lo pedí.
— Anda dime tú nombre —sonreí. Ella se silenció por unos segundos.
— Rachaèl —respondió a secas.
— ¿Podrías repetirlo? —Ay, ay, ay porque, podía haberme reído pero lo hubiera echado a perder, sin embargo aquellos si se reían, podía escucharlo un poco… seguro estaban usando las orejas entendibles. Ella gimió aunque era más un gruñido.
— Rachaèl.
— ¿Qué?
— Rachaèl.
— Ah… mucho gusto, Rach, ¿Te puedo decir Rach? —alcé las cejas varias veces.
— NO.
— Ay, pero si nadie puede decir eso, Rach, Rach suena… Juvenil —me acordé del ensayo de James y me solté a reír. Ella se paró en seco.
— Muy bien idiota, una burla más y te lanzo una maldición que ni la enfermera podría curar ¿Entendido? —ahora me apuntaba con su varita a la altura del pecho. Yo le sonreía. Que se atreviera a maldecirme frente a Pince o mis primos.
— No era burla, se llama: sentido del humor, cosa que por lo que veo tienes un poco estropeado —suspiré—, bueno Rach, hasta pronto un gusto conocerte. Dime a qué horas vienes por aquí para darme una paseada —me lanzó una mirada envenenada llena de furia.
— Largo.
— Por cierto, dice James que si cuando estás libre, le gustaría tener alguna cita contigo uno de estos días ¡Ay, ya está bien me voy! —me di la vuelta victoriosa de mi logro, la chica tenía un gran problema de falta de humor.
Caminé hacia donde Rosie estaba sentada, me reposé sobre uno de los estantes de libros orgullosa de mi trabajo. Rosie me sonreía, creo que lo que quería no era que yo me molestara aguantándola sino hacerla desesperar conmigo, que astuta. Supongo que así ha de caerle mal la chica.
— ¿Y bien Rosie? —alcé las cejas con presunción.
— Que has ganado —se rió.
— Te pasas —dijo James con una sonrisa imborrable de su rostro, orgullo claramente—, lo último fue lo mejor, gracias por promocionarme —me guiñó el ojo.
— De nada. Vieron, estuvo a punto de maldecirme —James se jactó de risa.
— ¡Y lo hiciste genial! ¡No cabe duda que en la sangre de todo Potter hay humor! —me rodeó con el brazo y me hizo exactamente lo que le hizo a Albus horas antes—. Me enorgulleces, sigue así y llegarás lejos; no escuches a Maggy, sólo lo dice porque tiene que hacerlo —Rosie abrió los ojos como la boca.
— ¿¡Maggy!
— ¿Qué?
— ¡Es Profesora McGonagall! ¡Tú superior no igual! —Rosie era tan como tía Hermione.
— A ella le gusta.
Y al día siguiente McGonagall nos volvió a castigar por nuestros horrorosos ensayos, regañó a James por llamarla "Maggy", que para él era nada más y nada menos que Profesora McGonagall, a mí porque claramente copié la idea de mi hermano, que estaba disgustada porque mi ensayo había comenzado bien y había terminado como menos Trol o una calificación más baja que eso, nos dio toda una semana de detención, más menos 10 puntos y envió lechuzas a nuestros padres con nuestros ensayos adjuntos.
Mi madre sería quien estallaría, mi padre lo tomaría más relajado pero mi madre era como mi abuela. Y eso daba miedo.
Mi madre era la única quién podía controlar a James.
N/A: Creo que este fic necesitaba un poco de humor, bueno la categoría es humor así que tenía que respetarla.
Me ha encantado ponerme en los pies de Lily, espero que encuetres divertido este cápitulo y me dejes un review diciendome tú opinión o si he cometido un error de ortografía, de verdad que la chequé.
Te preguntarás... que tiene que ver este capitulo con la historia, bueno la parte de la biblioteca más que nada. sí, ahora no sale Malfoy, pero de verdad tiene que hacerlo todo el tiempo?
Espero que las personalidades de mis personajes te hayan quedado mas claras, a mí me gusta dejar eso en claro, porque pienso que la personalidad de personaje influye mucho en la historia, tienes que saber porque actua así, etc, etc.
James tambíen me ha gustado mucho ponerme en su zapatos.
se me hace más sencillo, como lo he dicho, ponerme en el lugar de Albus, Lily, James.
Rose y Rachaèl son un poco más complicadas, Jolie por las reacciones que tiene de que está narrando lo que le pasó y los tiempos y todo eso, Rose es como que la quiero hacer Ron/Hermione.
Malfoy SE ME COMPLICA MUCHO, bueno no en ese punto, si no en pensar: Qué diría él, ya sabes todo lo que dice un Malfoy siempre es dando en los puntos débiles de las personas, de forma astuta y ciertamente inteligente.
Bien, eso es todo.
Si quieren imaginarse a los personajes mejor, te dire que Rachaèl se me figura a Mèlanie Laurent, y los demás son iguales a los personajes del epilogo excepto un poco James pues lo menciono que tiene gafas.
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