Hinata y Sasuke e ¿Ino?
Ya era oficial Hinata era toda mía y yo todo suyo, durante la ceremonia al escucharla decir un si acepto fui el hombre más feliz de esta tierra, y ahora que la fiesta había llegado a su fin era tiempo de probarla por primera vez como mi esposa y estaba muy ansioso por eso. Entramos a la casa entre besos y tropezones por solo poner atención a nosotros, antes de entrar a NUESTRA habitación Hinata se deslizo de mis brazos a lo que yo proteste con un gruñido, ella sonrió de forma picara e inocente, nunca he sabido como puede lograr expresiones como esa.
-Espera dentro, voy en un momento.
Obedecí después de darle un beso lleno de lujuria.
Me desvestí dejando solamente mis bóxer y después de unos minutos entro usando una diminuta bata negra de ceda, apago la luz, me hizo recostarme en la cama, si ella quería llevar el control de nuestra primer noche como marido y mujer yo no me opondría, se sentó rozando mi pene con su intimidad y con una deliciosa pierna a cada lado mío; comenzó a moverse con un vaivén suave que me volvía loco, mis manos buscaron la piel de sus piernas, comencé a acariciarla cuando la encontré.
-¿Quieres ver que nos obsequio Ino?
¿Obsequios? ¿A quién le importaba eso ahora? Y luego nombrando a esa horrible mujer en nuestro mejor momento de la noche.
Rio suavemente ante mi confusión, llevo sus manos a la atadura de la bata y la deshizo lentamente, la fue abriendo y yo simplemente perdía ante tal atuendo, pasó la bata a sus hombros y por arte de magia la tela se fue deslizando por la suave piel de mi esposa para dejar ver a un pedazo de tela que no podría ser llamado atuendo a esa ropa de tela delgada, suave y negra que transparentaba la exquisita piel de mi diosa. Se sostenía de dos delgados tirantes en sus hombros se ajustaba a sus pechos de tal forma que juraba eran más grandes y tenía dos agujeros en forma de corazón por donde asomaban sus pezones algo erguidos gracias al frio de la noche para luego caer libremente hasta su cadera en donde mi vista siguió bajando para encontrar una tanga con algo de encaje. No lo soporte más y gire para que quedara abajo de mi, restregué con energía mi excitado miembro en ella y ataque directamente a sus pezones con mi boca y una de mis manos, la escuche llegar a su primer orgasmo de la noche solo con eso, volvería a hacer que viniera varias veces más pero se libero de mi prisión.
-Siéntate esposo mío- su voz agitada con ese tono dulce y lujurioso me sentía apunto de eyacular.
Obedecí su petición y me senté al borde de la cama, saco mi pene y se lo metió a la boca, pocas veces Hinata me daba sexo oral y valla que yo lo disfrutaba al máximo, su pequeña boquita succionando y chupando mi mástil para luego lamerlo mientras me mira con sus hipnóticos ojos y luego lo vuelve a tragar, no logre contenerme a esa imagen y vacié mi semen en sus boca, no era su vagina pero seguía estando dentro de ella ¿no?
La tome de los hombros y la senté en mi regazo, ella hizo lo suyo moviendo su cadera contra mi miembro desnudo, con mi pene sentía la piel de sus nalgas y la humedad de su intimidad, se había mojado bastante con solo unos pocos roses, lamia, chupaba y mordía sus pezones con suavidad, ella puso sus manos en mi rostro y me hizo besarla a lo que no me negué, nuestras lenguas jugueteaban deliciosamente.
La recosté en la cama y fui quitando su diminuta tanga llena de sus jugos la succioné para probarla, ya habría otra ocasión de lamerle sus labios inferiores como era debido, me quite completamente el bóxer y me adentre en ella con una estocada demandante y profunda.
-¡AH!- nunca había gritado tan alto cuando la penetraba por primera vez y ahora no estaría conforme con escucharla en otro volumen menor a ese, la bese de nuevo mientras mis manos subían el pedazo de tela restante hasta dejar a mi hermosa diosa desnuda. Sin salir de ella subí sus piernas haciendo que sus pies llegarán arriba de sus hombros, mi esposa entendió la posición y sujeto sus piernas por detrás de sus rodillas, me sostuve de la cabecera y con mis pies me impulsaba para entrar y salir de ella, sus gritos de placer si que me satisfacían y con esta posición llegaba bastante profundo en su vagina, solo fueron unas cuantas penetración antes de corrernos. Me eche atrás recostándome en la cama, Hinata gateo hasta quedar recostada en mi pecho.
-¿Te gusto el obsequio?- sonreí para ella.
-¿Solo era uno?- ella rio levemente y beso mis labios con la única dulzura que me gustaba.
-Hagámoslo otra vez- pidió suplicante con voz muy sensual besando mi pecho.
-¿Pensaste que ya habíamos acabado mi señora Uchiha?
-Estoy a su merced mi señor Uchiha.
Con eso la hice mía hasta quedar exhaustos.
Puede que si Hinata tenía a Ino como amiga no fuera tan malo, siempre que haya obsequios como estos de su parte.
Fin
