Holaaaaaa! Por favor no bajen sin antes haber leído esto… Pido mil disculpas por mi larga ausencia, lo siento, de veras, pero he tenido serios problemas, no en la Universidad pues tengo vacaciones, si no a nivel personal, eh tenido muchas pérdidas y eso me ha quitado tiempo, inspiración, emociones, autoestima, todo lo que puedan imaginarse, pero gracias a Dios ya estoy de regreso, en serio gracias a mis lectores, ustedes son la vida de esta historia, por ustedes es que se actualizan los capítulos… Gracias por su paciencia…

Gracias a Mimato bombon Kou, Pao696, Faby Sama, Angelica, Jade, Minako, Guest, Flemie, littelCurly21, damalunaely, Serenity Usagi, Springtopain, y a todos aquellos lectores silenciosos… Gracias por la espera…

Capítulo 14 "¿SOY O NO SOY LA REENCARNACIÓN DE KIKYO?"

El sol despuntaba en el cielo al amanecer indicando el comienzo de un nuevo día en la época feudal… En una de las habitaciones del palacio, cierta pareja se encontraba discutiendo, realmente es increíble como empiezan su día…

-Ya te dije que no iras –el ambarino la mantenía sujeta a su lado, pero estaba sonoramente molesto.

-¿Por qué no? Me parece una grosería de mi parte no aparecerme por allá, ellos son mis amigos, seguramente se encuentran preocupados por mí –estaba molesta e intentaba zafarse de su abrazo.

-Ellos seguramente saben que estás conmigo a salvo –fruncía el ceño.

-Necesito saber de Rin y Shippo, estoy preocupada por ellos, deben pensar lo peor, sabes muy bien que son unos niños y deben de estar sufriendo –realmente su prioridad por volver a la aldea eran ellos.

-A rin ya la eh mandado a traer con Jaken, y por el Kitsune no te preocupes, seguro la exterminadora y el monje lo cuidan –su tono de voz le congelo la cara a la miko…

-¿Qué no me preocupe? Sesshomaru yo adoro a Shippo y lo lamento pero no te estoy pidiendo permiso para verlo ni permiso para ir a la aldea, solo te lo estoy comunicando, si no quieres llevarme iré yo sola –se zafo de sus brazos y se levantó de la cama mientras se colocaba una yukata.

-Está bien, vamos, báñate yo te llevo –suspiro un poco, casi invisible, esa mujer sí que le hacía perder la paciencia, pero es que era tan testaruda y decidida…

-Gracias –dijo la azabache triunfante y acercándose para darle un suave beso –También quería pedir tu opinión con respecto a un asunto que nos incumbe a ambos –hablaba tímidamente, el asintió en señal de que prosiguiera, que era escuchada –Mi amor, sabes que yo no pertenezco a esta época, estoy embarazada, lógicamente tendré que dar a luz a los bebes aquí pues serán hanyous y en mi época serán vistos como fenómenos… Yo quisiera que mi mamá este conmigo en el periodo de mi embarazo, sé que no estará a la hora del parto, así que quiero pasar con mi familia en mi época todo el periodo de gestación. –sus ojos se miraban tristes, él entendió que no era algo que podía discutir con su mujer.

-Tranquila Onna, estarás con tu familia, yo te llegare a ver diariamente, ahora que Naraku está muerto, no tengo más que mis responsabilidades como lord.

-Gracias… –lo abrazo y empezó a llenarlo de besos.

Después de desayunar partieron a la aldea de la anciana Kaede… Sesshomaru estaba preocupado, no lo mostraba, pero le inquietaba cuál sería la reacción de lord Tokugo al saber de la marca de Wikka…

A pesar del poco tiempo que llevaban juntos, la sacerdotisa había aprendido a conocer sus sentimientos, reacciones y posiblemente adivinar sus pensamientos, ella sabía que él estaba preocupado, sabía que tenía que ver con el asunto de Wikka, no quiso mortificarlo con preguntas y decidió quedarse callada… Sería lo mejor.

Por fin aterrizaban justo en la entrada de la aldea, como era de esperarse la sacerdotisa fue muy bien recibida por sus amigos y el resto de la población, entre risas, abrazos y reverencias le demostraban el agradecimiento que tenían por haber derrotado a ese demonio que tanto mal les había causado…

Sesshomaru había decidido volver al palacio de la luna, quería saber la respuesta de Lord Tokugo con respecto a la marca… Así que dejo a la azabache con sus amigos y se despidió.

Cuando ya estuvo dentro se dirigió de inmediato al despacho de su madre, está se encontraba de pie, viendo por la ventana un punto en específico…

-Veo que volviste de inmediato, acaso no toleras al resto de humanos que se llevan bien con tu mujer? –su tono de voz no era el mismo de siempre, llevaba preocupación arrastrada en cada palabra que salía de su boca, y seguía viendo por la ventana sin inmutarse por su hijo que recién había entrado.

-Eso no importa madre, mejor explícame que te dijo Tokugo, ¿hablaste con él?

-El territorio del sur está en guerra con el norte –se voltio de inmediato quedando frente a su hijo –Sabes que eso significa que no podrás hablar con él en años...

-¡Maldita sea! Yo no puedo seguir con Wikka, ella está ocupando un lugar que no le pertenece –había interrumpido a su madre y golpeado el escritorio con fuerza.

Cuando dos territorios entraban en guerra, caía el que al final quedaba en ruinas, a veces esas contiendas duraban años, especialmente las que se daban entre territorios poderosos… Era bien sabido que ambas regiones siempre se habían llevado muy mal y sus guerras eran cuentos viejos, pero la verdad es que nunca habían durado menos de dos años… Esa situación para la pareja si sería frustrante pues en esas condiciones el Lord Tokugo estaba en el deber de rechazar cualquier propuesta ya que podía haber demonios y personas que podrían aprovechar una situación tan vulnerable como esa para su beneficio.

-Dime una cosa cachorro –su actitud era bien sería, su hijo la miro de reojo para que ella prosiguiera –¿Ya te acostaste con Wikka? –el rostro de Sesshomaru se desfiguro por sorpresa –Oh, ya veo que si –dijo Irasue simple y seria, se acercó un poco a él – ¿Cuántas veces?

-¿Por qué te interesa madre? –le preocupaban sus preguntas.

-Sabes cómo se hacen los bebes no? –dijo sarcástica –Lo que tu hiciste con ella, también lo hiciste con la mujer que supuestamente amas.

-No es suposición Irasue, es una verdad –esta vez él y su bestia hablaban al mismo tiempo.

Su madre solo sonrió de lado y se dirigió a la puerta…

-Si Wikka está en cinta, tu situación se complica cachorro, será más difícil romper la unión, pues el vínculo con ella ya no solo sería la marca si no también los hijos –dio una última mirada a su hijo que yacía estático en la estancia y salió del despacho…

En la aldea, cierta azabache se encontraba comiendo todo lo que sus amigos, hijos y aldeanos le habían regalado "En serio se los agradezco, pero el hecho de estar embarazada no quiere decir que este con hambre todo el tiempo" –pensaba graciosa...

Las horas pasaron divertidas y la noche había caído muy rápido, se quedaría en la aldea y partiría al día siguiente temprano, se moría por comer helado, dormir en su cama, darse un baño en su ducha, relajarse… Sus dos hijos yacían dormidos, supuso que Sesshomaru llegaría al día siguiente así que no sería necesario esperarlo despierta…

A pesar de todo, Kagome había notado que Inuyasha no estaba en la aldea y ella quería hablar con él…

Se acercó a Sango y pregunto por el hanyou, ni ella ni Miroku supieron decirle nada, solo le informaron que casi no llegaba a la aldea desde que ella no estaba… "Seguro y está en el árbol sagrado" –pensó para sí misma.

Camino lentamente, dejando que la brisa nocturna jugara con sus cabellos y su piel… Cuando estuvo cerca sintió la presencia del hanyou, sonrió un poco y al llegar noto que se escondía…

-Inuyasha, sé que estas aquí, así que sal de tu escondite y ven a saludarme –hablaba sonriente –Me escuchas verdad? –Preguntó –Acaso no piensas saludarme? –Estaba perdiendo la paciencia –No me obligues a sacarte a la fuerza –sonreía –Ok, tu así lo quisiste, conste que te lo advertí, contare a tres y bajaras… Uno… –sonrió –Dos... –Suspiró –Esto me duele más a mí que a ti… ¡ABAJO! –fruncía el ceño.

El estruendo de ramas quebrarse y el sonoro golpe que se dio Inuyasha contra el suelo la asusto un poco…

–¡Kyaa! Tonta, ¿por qué me estampas? –dijo furioso el hanyou.

-Sonrió un poco –Hola Inuyasha –se agachó a su altura y lo ayudo a levantarse –Ya que no me fuiste a saludar yo vine a hacerlo.

La miro un poco sonrojado –Acaso te interesa mi saludo?

-Claro que si, eres mi mejor amigo y te quiero mucho –lo miraba sonriente.

-Todavía estas con el idiota de Sesshomaru? –su mirada había cambiado un poco.

-Si, hemos tenido problemas, pero no van a lograr separarnos –lo miraba apenada –Yo quería agradecerte, ya que si no hubiese sido por ti, este amor no existiría.

-Yo no soy tan bueno como crees, perdóname Kagome, te hice mucho daño –miraba al suelo –No te protegí, moriste en manos de Naraku, hice algo de lo que me arrepiento, yo no soy bueno, ni tampoco tu amigo.

-No seas tonto –su sonrisa no desaparecía –Jamás podría odiarte y mucho menos alejarte, formas parte de mi vida, eres muy especial para mí –suspiró –No tengo nada que perdonarte, olvídate de todo lo malo, mejor dame un abrazo.

Dudoso, se acercó a ella y la abrazo tiernamente, su alma se sentía aliviada y temerosa, ella estaba viva pero tenía temor de que se alejase si supiera que él fue uno de los causantes de los problemas con su medio hermano. Apartándose un poco de su abrazo la miro a los ojos…

-¿Eres feliz al lado de él?

-Claro que sí, sé que todo esto fue muy rápido pero, el amor es así, nos hace cometer locuras, errores, equivocarnos, pero estoy segura de mi amor por Sesshomaru, sé que él también me ama, y, nuestros hijos fortalecerán este amor –lo miró seria –Espero que algún día tú también seas feliz Inuyasha.

Él asintió con la cabeza y sonrió…

A la mañana siguiente Kagome se encontraba impaciente ya era casi medio día y Sesshomaru no aparecía… "no tengo más que mis responsabilidades como lord". Esa frase la asustaba, tenía miedo, ¿Y si el asunto de la marca no se resolvía? ¿Y si Sesshomaru algún día se enamora de Wikka? ¿Y si se olvida de ella y de sus hijos? Las responsabilidades como Lord también abarcaban comportarse como padre de familia y eso implicaba cumplirle a Wikka pues ella era la Lady del Oeste, ella tendría que gobernar al lado de Sesshomaru… ¿Y si la noche anterior estuvo con ella?... Sacudió su cabeza para disipar sus ideas, tenía que confiar en él, confiar en que todo saldría bien…

-Tranquila, él vendrá –Inuyasha hablaba mientras descendía de un árbol… Una esfera de luz se puso frente a ellos –Khé, te lo dije, olía a peste.

-Sesshomaru, ¿qué paso? Llegas tarde –se acercaba a su macho un poco triste.

-Ya estoy aquí tranquila –dirigió su vista a su medio hermano –Tú que haces aquí.

-Aquí vivo idiota.

-¿Acaso Quieres morir imbécil? –Lo miraba amenazante…

Después de una típica pelea entre hermanos, Kagome se despidió de todos los presentes, prometió volver cumplidos los nueve meses de su embarazo, pidió a Rin y Shippo portarse bien… Abrazo a cada uno de sus amigos, sintió los ojos asesinos de Sesshomaru al abrazar a Miroku, Inuyasha y Jaken, este último se dejó abrazar a regaña dientes… De esa manera atravesó el pozo seguida de Sesshomaru…

Una vez que tocó tierra en la época actual los nervios la invadieron, pues lo más difícil se acercaba, decirle a su familia lo de su embarazo sería algo estresante… Afortunadamente Sesshomaru fue quien hablo con ellos y aclaro algunos puntos como que era un demonio y un lord etc…

La madre de la azabache respondió de manera agradable igual que Souta quien quedo un poco traumado al imaginarse a sus sobrinos, el que estaba dudoso era el abuelo ya que no soltaba pergaminos sagrados.

El tiempo paso, el ambarino llegaba todos los días a visitarla, se quedaba con ella en las noches y partía al día siguiente muy temprano.

A los tres meses de embarazo Kagome iría a su primera cita médica, el ambarino la acompañaría… Eran aproximadamente las diez de la mañana, la miko bajaba lista para su chequeo, llevaba puesto un vestido verde con mangas descubiertas a los hombros, ceñido de los senos y suelto hasta la mitad de sus muslos, unas sandalias blancas y su cabello suelto en hondas.

Sesshomaru en cambio había sido convencido por la madre de Kagome para cambiarse de ropa al salir, llevaba puesto unos pantalones jeans , una camisa manga tres cuartas, y unas zapatillas de color café… Parecían una pareja de famosos paseando por las calles de Tokyo…

Luego de salir de la cita médica, Kagome convenció a Sesshomaru de pasear un poco, él renuente, aceptó…

-No sé porque te vistes de esa manera mujer exhibicionista –bufo un poco molesto.

-¿Acaso me veo fea? –pregunto desilusionada.

-Estas preciosa –la beso suave – Pero me molesta de sobre manera como te ven estos malditos humanos –escupió –Tú eres mía, y solo yo puedo verte con lujuria.

-Estamos iguales –él la miro confundido –Las chicas quedan embobadas contigo, son unas descaradas, mira que verte de esa forma, si pudiera les saco los ojos y les arrancó la lengu… -no articulo ninguna palabra más ya que unos fuertes brazos la rodearon y unos suaves labios la atraparon.

-Espérame allá sentado –señalo a una de las bancas cercanas mientras sonreía como tonta por el beso –Voy por algo de comer.

Se dirigió a una tienda en una esquina, compró dos tortas y dos refrescos, luego de que se los empacaran se giró sonriente, lástima que la sonrisa le duro muy poco…

-Hola, soy Kasumi, me preguntaba si quisieras intercambiar nuestros móviles – se había acercado al peli plata al verlo solo, era una pelirroja muy linda, con un cuerpo trabajado, vestía una camisa de tirantes y un overol azul con zapatos deportivos muy casual, Sesshomaru no se inmuto, ni siquiera volvió a verla.

Kagome caminaba furiosa, caminaba demasiado rápido para su condición de humana…

-Puedo sentarme a tu lado? –pregunto mientras tocaba el hombro del chico, fue en ese momento que él volteo, Iba a hablarle pero…

-Hola –la azabache intentaba calmar su ira.

-¿Quién eres? –pregunto seca y arrogante Kasumi.

-Soy la esposa del hombre al que le coqueteas –dijo con un tip nervioso en su ojo izquierdo por el enojo.

-¿Esposa? –preguntó confundida, se levantó al instante y empezó a mover sus manos de un lado a otro en señal de negación –Lo lamento, yo no sabía no es lo que parece…

-Largo –ordenó la miko.

Al ver que la chica se había ido, suspiró y miró a su esposo.

-No volverás a salir conmigo, eres un peligro –sonrió y lo beso tiernamente.

-No dejare que salgas sola, y si lo haces, te vestirás de tal modo que no se vea ninguna parte de tu cuerpo.

Ambos sonrieron y disfrutaron de la tarde en el parque… después regresarían a casa.

Los meses iban pasando y conforme a eso, su vientre crecía, ya estaba en el sexto mes de embarazo, se veía al espejo y se miraba hermosa, su embarazo le hacía ver más linda, joven, radiante, su cabello había crecido mucho más y sus ojos se habían aclarado de manera más intensa…

-Te ves realmente hermosa –una voz masculina la asusto de sobremanera.

-Me asustaste –puso su mano sobre su pecho –Tardaste en venir Sesshomaru –le reprochaba con tristeza.

-Lo lamento Onna, he tenido problemas en el palacio, son tonterías.

-Si son tonterías, ¿Por qué te roban tiempo que me pertenece? –lo miraba con los ojos llorosos, últimamente estaba demasiado sensible.

-No seas tonta, tengo responsabilidades –la tomo del mentón y deposito un beso en sus labios.

La amaba, no sabía cuándo esa mujer se había convertido en el centro de su mundo, como le gustaría que ella fuera lo único en su vida, pero no era así, tenía problemas, serios problemas, y eso, no podía contárselo a Kagome… No por el momento.

-Te amo mucho señor hielito –río mientras besaba sus mejías.

-Yo también te amo mi hermosa Kagome… -la abrazó y la sentó en la cama mientras colocaba sus manos alrededor de sus glúteos y su cabeza en el abultado vientre.

Esa noche dormirían juntos.

Al día siguiente luego de despedirse de Sesshomaru, empezó a tejer, últimamente eso la distraía bastante, ya llevaba una hora haciéndolo y la lana empezó a agotársele…

-Mamá –llamo desde la sala la sacerdotisa.

-Si querida –Naomi se asomaba desde la cocina.

-¿Dónde puedo conseguir más lana? –pregunto sonriente.

-En la bodega hija, tu abuelo la está limpiando.

-Gracias mamá –salió en dirección a la bodega.

Al llegar al almacenamiento saludo a su abuelo y pregunto por la lana que buscaba, él le oriento el lugar donde posiblemente se encontraba, comenzó a buscarlo y encontró en una de tantas cajas un cofre de tamaño medio que le llamo la atención.

-Abuelo, ¿Qué es esto? –pregunto mientras limpiaba el polvo de encima del cofre con sus manos.

-Ah eso –presto atención el anciano –Se dice que dentro guarda el espejo del Dios de la tierra, nunca lo he podido abrir, creo que es porque se cree que solo los descendientes de la deidad pueden hacerlo.

-¿Y por qué tanta seguridad? –estaba curiosa.

-El espejo te muestra lo que desees, y como pertenece a una deidad te muestra solo la verdad de lo que quieras saber.

-Mmm entiendo –su mano traviesa la llevo a la cerradura del cofre, puso sus dedos encima y giro una de las manecillas, al instante el cofre empezó a abrirse sorprendiendo a los dos presentes.

-Pe… pero cómo es posible –tartamudeo su abuelo –Solo los descendientes pueden abrirlo –espeto confundido.

-Tal vez sea porque soy una sacerdotisa –dijo mientras sacaba el espejo que brillaba como oro.

-Tal vez si o tal vez no, prueba si el espejo funciona en ti –se acercó a ella –pídele ver a alguien que está lejos.

Asintió con la cabeza –Quiero ver a Rin y Shippo por favor –pidió.

Al instante el espejo le mostro a sus dos hijos, su cara mostro asombro al presenciar la figura de alguien cerca de ellos…

-¿Wikka? ¿Qué rayos? –estaba impresionada –Por qué esta de esa forma? –su pulso empezó a acelerarse -¿Acaso ella… ? –lo último que vio fue como todo se volvió negro mientras oía las suplicas de su abuelo para que despertara, ahora todo estaba claro.