Capítulo 2

Edward tenía dos meses la primera vez que enfermo. Y fue algo absolutamente terrible.

El primer mes del bebe Carlisle estaba de vacaciones por lo que estaba siempre con su esposa y su hijo recién nacido. Además de que los abuelos del pequeño se quedaron con ellos durante las dos primeras semanas, las abuelas dandole consejos a Esme para el cuidado del bebe y los abuelos planeando la construcción de una pequeña cancha de fútbol, una de fútbol americano, tenis, ¡Hasta quizás un salón que pudiera ser utilizado como disco! para que su nieto pudiera hacer conquistas. Pero despúes del primer mes, todos debían comenzar a la normalidad y Esme se quedó sola con su bebe.

Al principio, se pasaba horas mirandolo, ver hacer esas pequeñas muecas la llenaba de emoción, y cuando dormía sonreía. Pero también debía hacer mucho, habiendo un bebe en casa debía estar todo impecable, además de que Edward demandaba mucha atención, no le gustaba estar solo y ahora pasaba cada vez más tiempo despierto. Así que Esme, o estaba con él o hacia el aseo o lavaba su ropita, que, como al ser de bebe debía estar lavada con detergentes especiales y con muchos suavizantes para que su delicada piel no se irritara. Pero un día,Edward empezó a llorar. Le dió de comer, cambió su pañal, lo cargó por horas cantándole, pero su pequeño ángel no se tranquilizaba y, aunque ahora no lloraba, estaba entre los brazos de su madre con sus verdes ojos anegados en lágrimas y mirándola como pidiendole ayuda. Y Esme quería darsela, estaba realmente desesperada ¡Cómo podía ser tan mala madre y no saber que era lo que necesitaba su hijo! Así que totalmente desesperada llamó a su esposo.

- ¡Carlisle! algo le pasa a Edward, no deja de llorar. no se que hacer - dijo casi gritando por el teléfono, con el bebe en sus brazos.

- Amor, primero calmate, voy ahora mismo para allá y lo reviso - dijo Carlisle totalmente preocupado, pero tratando de mantener la calma para no asustar más a su mujer. Habó con su secretaria en el Hospital y se fue rápidamente.

Cuando llegó encontró a su mujer sentada en el living con el bebe en brazos y los ojos llenos de lágrimas. Se acercó a ella rápidamente y pudo ver su pequeño bebe con sus ojitos llenos de lágrimas y con una expresión tortuosa que hizo que el alma le doliera.

- Esme, entrégame a Edward para revisarlo - dijo con calma de doctor y un miedo terrible a que su hijo estuviese enfermo que disimulo bastante mal.

Su esposa obedeció en silencio y vió como habilmente su esposo sacaba el estetoscopio y oscultaba a su bebito que estaba extrañamente quieto. Luego colocó un termómetro para revisar la temperatura, aparentemente todo estaba bién. Fue ahí cuando recordó el malestar típico que aquejaba a todos los bebes pequeños.

- Tiene cólicos - dijo con una sonrisa - es algo totalmente normal cariño, pero es mejor que lo llevemos a su pediatra y ahí el podrá decirnos que hacer.

Fueron al hospital aún nerviosos y Esme en silencio total ¿Cómo una madre no podía comprender a su hijo? ¿Y si un día estaba realmente enfermo y ella no se daba cuenta? ¿Por qué era tan mala madre?.

Eleazar, el pediatra de Edward y amigo de la familia dictaminó que eran cólicos y que era absolutamente normal.

- No soy partidario de darle medicamentos siendo aún tan pequeño, es mejor darle aguas de hierbas y hacerle masajes en su pequeña panzita y quizás, si continúa con cólicos veremos la posibilidad de dejar de amantarlo y empezar a darle fórmula especial para que no siga alterando a sus papis - dijo todo eso mientras acariciaba el blanquisimo vientre de Edward delicádamente totalmente embobado mientras Edward esbozaba pequeñas sonrisas, estaba mucho más complacido ahora.

Más tarde, en la noche, Edward dormía cómodamente entre sus padres, calentito y cómodo.

- Esme, por favor, es normal ¡Nadie nace sabiéndo! - insistía Carlisle ante la expresión torturada de su esposa.

- No sabía que hacer ¿Qué pasa si un día le ocurre algo grave? - explicó mientras una lágrima corría por su mejilla.

- Cariño, nuestro bebe no venía con un manual, además son situaciones normales.

- Es difícil, me da tanto miedo perderlo, lo esperé tanto, lo amo tanto - ambos lo miraron dormir. Sonreía tenuemente, como si tuviera un sueño apacible y realmente bonito.

- No puedes dejarte ver, Esme. Tienes que ser fuerte, por él, por nuestro angelito. Y por mi también. - dijo tomando su mano.

- Te amo - dijo Esme con una tenue sonrisa, acariciando levemente la mano de su esposo. Él tenía razón, Edward era la única oportunidad de ser madre que tenía y estaba muy feliz por ello. Y su angelito debía enseñarle a ser madre y ella le enseñaría como ser un gran hombre, junto a su esposo, el amor de su vida.