Primerizos 8

El vaso se había roto en varios pedazos y Edward reía feliz en su sillita. A los once meses de edad él ya era capaz de tomar jugo, bebidas o leche desde un vaso con dos orejas, sin embargo a él le gustaba el té en vaso y su leche en brazos mientras lo mecían. Y como hijo único y por ser un pequeño tan hermoso y adorable sus padres se desvivían por complacerlo.

- ¡Edward! ¡No! – el pequeño de inmediato dejo de reír y miró a su mamá como esperando una explicación de que era lo que había hecho mal – Cariño, no debes botar el vaso – fue la reprimenda suave que le dio Esme. A esta edad era normal que el botara al piso los objetos que ya dejaba de usar, pero esos vasos no eran de goma y siempre terminaban rompiéndose. Suspiro y se dispuso a barrer el desastre ocasionado por su hijo sonriendo.

Edward estaba grande, ya caminaba pero no mucho, ya que prefería hacerlo cuando ella o Carlisle lo tomaban de las manos. Como ya sabía que ella era "mamá" la llamaba gritando por cualquier cosa, para mostrarle una hoja de una planta, una cuchara o alguno de sus juguetes o simplemente para que ella lo tomara en sus brazos y lo regaloneara. También solo dormía si le leían un cuento, adoraba ver los dibujos de este y era feliz cuando reconocía un objeto o un animal, de los cuales ya imitaba sus sonidos siendo su preferido el del gato y el del león que había aprendido viendo "El Rey León" y ahora siempre gruñía moviendo su cabeza haciendo que las personas que lo vieran rieran. Antes de dormir había que pasearlo por su habitación tarareándole alguna canción.

- Ven cariño, mamá debe cambiarte la ropa – le dijo Esme a su pequeño, que de inmediato levantó los brazos para que su mamá lo sacara de su silla. Lo tomó en sus brazos y subió las escaleras mientras su bebe balbuceaba moviendo las manos para explicarse. Había cosas que el ya sabia su nombre pero él les había inventado un nombre propio al no poder decir el de verdad. Le encantaba decir "No" y mover la cabeza aunque quisiera decir sí, cuando tenía hambre decía "ñam" y cuando algo le gustaba mucho aplaudía. En cuando entraron en su cuarto hizo movimientos bruscos hasta que Esme lo dejo en piso, y él, caminando lentamente se dirigió a sus juguetes, escogiendo un perro de peluche y llevándolo donde Esme.

- ¡Guau-guau! – le dijo y la miro sonriendo.

- Si Edward, un guau-guau, pero ven, ahora debo mudarte y cambiarte ropa

- ¡No!

- sí, iremos al parque

- ¡No, no, no! – dijo moviendo su cabeza y agarrando más fuerte al peluche.

- Iremos con papá – añadió Esme mirándolo con diversión ante su expresión de enfado con su seño fruncido haciéndolo ver tan parecido a su padre.

- Ya – dijo mirándola no muy convencido.

Esme lo tomo en brazos rápidamente haciendo que el jadeara asustado, pero luego riera mientras su mamá lo elevaba por sobre su cabeza. Luego lo dirigió hacia el mudador y le cambio el pañal mientras el jugaba con una toallita húmeda pasándola por su cara. Le saco la ropa y lo vistió con su pañal con dibujos de Winnie de Pooh, pantys, calcetines, unos jeans claros y unas zapatillas diminutas pero perfectas para su edad, y arriba con camiseta, polera manga larga y un grueso polerón de algodón.

- Vas abrigado porque afuera hace frío – en cuando dijo esa Edward hizo una especie de tiritón dando a entender que eso era el gesto de frío.

Luego de estar arreglados y guardar una pelota y el peluche del perro en el auto lo sentó en su sillita y colocó música. Edward se movía en su asiento como si bailara y Esme reía feliz. No podía creer lo rápido que pasaba el tiempo, casi un año y medio atrás no pensó que quedaría embarazada ni que tendría a tan hermoso y consentido bebe, aunque ahora era un tema que l preocupaba, ya que Edward se estaba volviendo muy mañoso y hacia berrinches cuando no se hacia lo que él quería. Era entendible, sus abuelos sabrían que él sería su único nieto y lo mimaban demasiado cuando viajaban, cumpliendo cada uno de sus caprichos y demandas, y Carlisle era otro punto…a él le encantaba el lado tan curioso de Edward, que quería tomar todo, tocar todo y tirar al piso todo. Era su método de conocimiento.

Cuando llegaron al Hospital, Carlisle los estaba esperando a fuera y rápidamente camino hacia donde su esposa se estaciono y abrió la puerta trasera rápidamente.

- ¡Hola mi pequeña sabandija! – dijo alegremente besando la frente de Edward que reía fuertemente y gritaba "apa" ya que aun no podía decir "papá" pero como iba encaminado lo diría pronto.

Carlisle rió y dejo su maletín al lado de la sillita de Edward y este comenzó a jugar con la manilla. Se sentó en el asiento de copiloto y le robó un beso bastante a apasionado a su esposa. Entre risas y conversaciones se dirigieron a Seattle donde pasarían el resto del día, ya que aún era temprano.

Más tarde, luego de haber almorzado en el centro se encontraban con Edward en un parque que estaba entretenidísimo persiguiendo la pelota que Carlisle le lanzaba hasta que pasó un perro.

Edward miró con los ojos muy abiertos a sus padres, luego en especial a Carlisle.

- ¡Papá a guau! – dijo con voz de sorpresa mientras señalaba con un dedo el pequeño perro que estaba cerca de ellos.

Carlisle quedo sorprendido, su hijo le había dicho "papá" esa palabra que en un momento pensó no escuchar nunca y que ahora le decía una de sus razones para vivir. A Esme se le llenaron los ojos de lágrimas por la emoción, abrazó a Carlisle que se encontraba como en shock.

- Tu hijo te habla, papá – le dijo suavemente.

Edward seguía ajeno a lo que ocurría, apuntaba al perro y movía su mano para que el perro se acercara a él, sin embargo el perro estaba olfateando el pasto sin tomar en cuenta al pequeño niño.

- ¿Cómo me llamaste, Ed? – dijo Carlisle con voz ahogada. Edward volvió a mirar a su papá y dando los pasos más rápidos que pudo se acerco a él y lo tomó del pantalón mientras Carlisle lo miraba atento.

- ¡A guau papá! – dijo mientras apuntaba al perro un poco desesperado ¿Nadie entendía que el quería al perro? - ¡Papá! – volvió a gritar, ya con sus ojitos llenándose de lagrimas. ¡Era primera vez que veía un perro de cerca y quería tocarlo!

- Pequeño – murmuró Carlisle con la voz entrecortada tomándolo en sus brazos y abrazándolo mientras Edward pasaba los brazos por su cuello para afirmarse mientras seguía hablando sobre el "guau".

Esme se acerco y beso su cabecita, pero ahí fue donde Edward explotó y se puso a llorar, el quería tocar al perro, saber como era y sus papás no lo dejaban.

- Tranquilo campeón, iremos a ver al perrito – dijo Carlisle aun con los ojos llenos de lágrimas.

- ¡Tiiii! – gritó Edward feliz al notar como su padre se acercaba al perro Labrador dorado y se agachaba para que Edward estuviera cerca de él.

- ¡cuidado Carlisle! No vaya ese perro morder a Edward – gritó su madre un poco más lejos.

El perro levanto la vista y miró al niño, luego lamió la mano que el pequeño extendía hacia él.

- ¡Ah! – Grito feliz Edward – Papá a guau – dijo el pequeño mirando al Carlisle. Quien reía de felicidad, no solo de ver a su pequeño tan feliz, sino que también porque le había dicho papá, y ahora él era el hombre más feliz del mundo.

N/A: Espero les guste, perdón por la tardanza! Pásense por mis otros fics! Espero sus Reviews con sus recomendaciones y opiniones. Como saben, como siempre me informe del crecimiento de los bebes a esta edad.