Primerizos 10

Esme acurrucaba a su bebe en sus brazos. Tenía otitis y no dejaba de llorar. Estaba muy decaído, y cuando él lo estaba pareciera que la casa lo hiciera con él. Las plantas no brillaban, los pajaritos no cantaban, y "Guau", su perro, no jugaba. Habían pasado mala noche, Edward no dejaba de llorar y estaba muy inquieto, además que no quería comer. Carlisle le había administrado antiinflamatorios y antibióticos, pero parecían no hacer efecto, y se encontraban muy nerviosos. Era la primera vez que Edward estaba tan enfermo, solo había sufrido uno que otro resfriado sn complicaciones y los cólicos normales de los bebes.

- Tranquilo mi amor, papá ya va a llegar – dijo Esme mirando con lastima a su bebe que tenia sus ojitos rojos de llorar y chupaba su chupete sin ganas. Carlisle había salido hace una hora a la farmacia y ya debía estar llegando a casa. En momentos como este no le gustaba vivir lejos del pueblo.

Minutos después se oyó como la puerta de enfrente se abría y luego de oír pasos apresurados vio como la puerta de su habitación se abría dejando ver a su marido que venia agitado con una bolsa de la farmacia en su mano.

- Llamé a Eleazar y me dijo que le diera este jarabe y le aplicara estas gotas en su oído, son calmantes y ayudaran a que se desinflame su oído más rápido – dijo mientras se sacaba su chaqueta e iba al baño a lavarse las manos – Y también añadió que no entráramos en pánico, que la otitis era algo de lo mas normal.

Le sonreía mientras veía como se acomodaba frente a mí.

- Edward – susurro Carlisle. El pequeño giro su rostro para mirar a su papá, y levanto sus brazos para que lo cargara. Carlisle besó su frentecita que se notaba caliente por la fiebre, que gracias a Dios no era alta – Te pondré algo en la orejita que te duele – De inmediato el pequeño coloco su manito en su oreja izquierda y botando el chupete dijo "Papá, lele".

Esme sintió como su corazón se oprimió, a su bebito le dolía algo y se sentía tan impotente de no poder aliviar su molestia.

- Por eso Edward, con esto no te dolerá más – Carlisle reclino a Edward que extrañamente se quedo quieto y le aplico cinco gotas – Muy bien mi niño – lo felicito por su buen comportamiento – Ahora ¿Quieres un avioncito?

El pequeño esbozó una leve sonrisa, era bueno que ahora los jarabes infantiles vinieran con aplicadores de motivos como aviones, autos, cohetes, y cosa por el estilo. Además de sabores de frutas por que o si no, no abría caso que Edward tomara su jarabe.

Minutos después el pequeño angelito dormía en medio de la cama, con ambos padres a sus lados.

- Espero que esto funcione – dijo Esme acariciando el rostro de su hijo.

- Son los mejores que hay, probablemente mañana amanezca mejor, pero deberá consumir los remedios durante una semana más o menos. Mañana lo llevaremos con Eleazar para que descarte alguna otra infección.

Se durmieron rápidamente, cuando Edward se enfermaba era un caos en la casa, ninguno de sus padres se separaba de él. Era su pequeño milagro, su bebito y no permitirían que le sucediera nada malo.

Carlisle despertó con un molesto dolor en sus ojos, era como si alguien lo estuviera picando. Abrió sus ojos para encontrar dos orbes verdes mirándolo curioso. Las dos manitos de Edward se colocaron en las mejillas de su papa y luego lo miró regalándole una hermosa sonrisa, donde se podían apreciar sus pequeños dientecitos blancos (que solo eran tres).

- Veo que estás mejor campeón – dijo feliz su papá mientras reía feliz, todo estaba en calma otra vez. Lo tomo en sus brazos y comenzó a besar su carita mientras su hijo reía feliz, era un niño muy consentido.

- Vamos Edward – Carlisle miraba a su hijo que estaba de pie junto a su cachorro (que ahora llegaba a las caderas de su hijo) y le acariciaba la cabeza. Era increíble la conexión que tenia Edward con su perro, el cachorro lo seguía a todas partes y Edward compartía todo con él.

- Guau – dijo su pequeño mirándolo.

- No Edward, vamos al Hospital, Guau no puede venir – dijo Carlisle un poco molesto. Llevaba unos minutos tratando de explicarle a su niño que los animales no pueden ir al Hospital.

- Si – fue lo único que añadió su hijo con el seño fruncido.

- Carlisle, tómalo en brazos y vamos, no puedes pedirle permiso para hacer las cosas, tu eres el adulto aquí, eres su padre, debes tener autoridad – dijo Esme girando sus ojos. Carlisle no hacia nada que su hijo no quisiera, y eso estaba mal. Carlisle debía ser una figura de respeto. Tampoco la idea era imponerse, pero Edward debía saber que sus mayores había que obedecerlos.

Suspiro y se encaminó a su hijo, lo tomó en brazos mientras el pequeño empezaba a gritar "No" y pataleaba. Carlisle lo metió al auto y se lo entrego a su madre, que lo colocó hábilmente en la silla y lo aseguro.

Edward lloró la mitad del camino, sin tomar en cuenta los regaños o palabras amorosas de Esme, y no miraba a Carlisle.

- Tenemos demasiado caprichoso a Ed, Carlisle, creo que le debimos imponer reglas antes.

- ¡Esme! Solo tiene un año y dos meses

- Lo sé mi amor, pero es mejor cuanto antes se comience.

Carlisle suspiro mientras se estacionaba en el Hospital. Él quería ser amigo de su hijo, no quería que lo viera como un papá autoritario, pero Esme tenia razón. A la única que le obedecía era a ella, y era bueno que Edward conociera límites.

Se dirigieron al área pediátrica y fueron atendidos de inmediato. Edward aun andaba enfurruñado y no hablaba ni balbuceaba nada, ni siquiera quiso caminar, y no dejo que Carlisle lo llevara.

No le gusto esa sensación, de que su hijo estuviera enojado con él.

Lo reviso su pediatra y se encontraba bien, solo era una infección pasajera. Cuando se iban en la recepción Carlisle escuchó unos gritos.

- ¡Dotor Carlile! – grito una dulce vocecita, por lo que de inmediato se dio vuelta y vio a un pequeño niño, de pelo café oscuro y brillantes ojos dorados corriendo hacia el - ¡Mire! ¡Ya me sacaron el yeso!

- Hola Robert, me alegro mucho que estés mejor – ese pequeño lo había atendido hace un mes, y había sido su medico desde entonces. Se había caído tratando de escalar un árbol a pesar de sus cortos cuatro años.

Le había agarrado cariño especial, ya que se imaginaba así a su hijo cuando estuviera más grande. Le acarició el pelo a Robert mientras este sonreía feliz.

- ¡Papá! – escucho el grito de su hijo y se dio vuelta. Edward le estiraba los bracitos impaciente.

- ¿Qué pasa campeón? – le pregunto tomándolo en brazos.

- Papá mío – dijo abrazándose a él con el seño fruncido.

Carlisle se sintió feliz, su hijo lo quería.

- Si Edward, papá tuyo.

- ¿Ese es su hijo dotor Calisle? – pregunto Robert curioso

- Si Rob, es mi bebe – Edward miro a Robert con desconfianza, pero el niño lo miraba con una sonrisa en su cara por lo que Edward también sonrío.

- ¡Hola Bebe! – dijo Robert feliz. Edward solo movió su manito sin despegarse de su papá, como si se lo fueran a quitar. De lejos se oyó la voz de una mujer llamando al pequeño – Me voy, chao dotor, chao bebe – dijo despidiendo y corriendo hacia su mamá.

Carlisle miro a Edward qué seguía apoyado y bien agarrado a él y beso su frente.

N/A: Espero les guste, cuídense! Recuerden dejar sus reviews y pásense por mis otros fics =)