Primerizos

Capitulo 11

Esme reía viendo como su esposo armaba los juegos en el patio. A pesar del mal clima de Forks, Carlisle se había empeñado en comprar un resbaladilla, un columpio y una caja de arena para Edward, aprovechando que en el verano de Forks no hacia frío a pesar de la ausencia de sol.

Edward estaba cada vez más inteligente, reconocía a sus padres y abuelos en las fotografías y reconocía animales y sonidos característicos de ellos cuando Esme se les mostraba en los libros que le había comprado y en los programas infantiles que daban en la televisión.

Edward reía jugando en la "Habitación de Juegos" que Esme le había hecho para que jugara con "Guau" ahí. El perro estaba más grande, pero definitivamente adoraba a su amo y no se despegaba de él, y ladraba un montón cuando veía que Edward se acercaba a la puerta de salida o la escalera.

- ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mamá! – escucho como su bebe la llamaba y sonriendo se dirigió a la habitación.

- ¿Qué pasa mi vida? – pregunto al entrar y ver a Edward sentado sobre el perro y acariciando su cabeza.

Edward le mostró su dedito, donde tenía un espacio de piel rojo e inflamado. Esme sonrió y acerco y le dio un besito, haciendo que su hijo riera y siguiera jugando como si nada. Ella se sentía feliz, su bebe era la cosita más preciosa que tenia y adoraba que él la necesitara para tantas cosas, le encantaba que se acurrucara junto a su pecho, que en cuanto sentía pena o miedo a la primera persona que llamara fuera a ella. Y también adoraba ver como su hijo interactuaba con su papá, ver como jugaban juntos, como su esposo se desvivía por complacer a su bebe, como reía cuando estaban con el perro (que Carlisle al fin había aceptado) o cómo Carlisle le mostraba libros de medicina y le conversaba asuntos del Hospital como si Edward lo comprendieran.

También amaba ver a sus padres, los abuelos de Edward tan felices y orgullosos de su nieto. Como a pesar de que no se veían tanto como lo desearían, luego de unos minutos de timidez, Edward se entregaba feliz a sus abuelos para que lo consintieran.

- ¡Listo! ¿Vamos Ed? – llego gritando agitado Carlisle.

- Amor, me da un poco de miedo, ¿Seguro armaste bien los juegos? – pregunto Esme preocupada.

- Claro que sí, sabes que no dejaría que le pasara nada malo a Ed.

Edward ya estaba de pie y al lado de su papá mirando atento a sus padres mientras tironeaba el pantalón de su papá.

Los tres salieron, obviamente cuidando que Edward no cayera. El perro salio disparado en cuanto se dio cuenta que iban al patio y se puso a corretear a los pajaritos que había en el jardín.

Carlisle tomo al pequeño y lo subió a uno de los columpios. Como era para bebes, el columpio tenia cinturones de seguridad y su diseño era especial para que el bebe quedara con la espalda bien apoyada. La resbaladilla era baja, pero Carlisle se había empeñado en que fueran juegos grandes por lo que a pesar que la resbaladilla era baja, era bastante larga.

Luego de asegurarlo bien, Carlisle comenzó a empujar levemente el columpio, haciendo que Edward colocara cara de miedo por unos segundos, pero luego empezó a aplaudir.

- Mamá – grito Edward riendo mientras Esme sonreía solo de verlo a él.

- ¡Mira Edward! ¡Estas volando! – le dijo Esme haciendo que Edward moviera sus manitos.

Pasaron horas jugando afuera, al pequeño le encantó la resbaladilla y más aún porque su papá lo subía y su mamá esperaba en el final.

- Vamos Edward, hazlo por papá – decía Carlisle mientras Edward estaba enfurruñado en su silla. El quería estar afuera y tirarse por la resbaladilla pero debía comer, pero era tan cabezota, y Carlisle ya estaba sucumbiendo ante sus encantos.

- Carlisle, ponte firme – le dijo Esme riendo. Era gracioso ver al doctor Cullen, decidido y fuerte…implorando a su bebe que comiera.

- ¡Edward ya basta! Te comerás tu cena y luego iremos a jugar – Edward hizo un puchero – Vamos cariño, está muy rico.

- No papi, allá – dijo apuntando afuera

- No Edward, hay que comer ahora, porque después vamos a ir al zoológico, nos iremos por el fin de semana.

Edward lo miro extrañado, pero también tenia hambre por lo que acepto lo que su papá le ofrecía en una cuchara. Carlisle le hablaba de de animales que verían.

Cuando termino de comer Edward estaba impaciente y se removía en su silla.

- Vamos caballero mío, te cambiaremos de ropa porque pasaremos el fin de semana en Seattle – dijo Carlisle mientras Esme estaba arreglando las maletas. Deseaban pasar un fin de semana en la ciudad y llevar a Edward a pasear y cenar a otras partes, además de poder salir ellos. El perro quedaría a cuidado de "Emmett" que al ser vecino vendría a darle de comer y jugar.

Carlisle lo vistió con una polerita celeste pálido con franjas, unos pantalones cargo cortos de color piedra, y unas zapatillas con velcro.

- ¿Listos mis amores? – pregunto Esme entrando a la habitación de Edward con una maleta para ellos y una para Edward, que aunque fuera uno solo debía llevar mas cosas que ellos dos juntos.

Partieron sonriendo y despidiéndose de "Guau". A mitad del camino Edward se durmió.

Cuando llegaron se dirigieron al Hotel Hilton de Seattle donde habían hecho reservaciones y se dirigieron a su habitación aun con Edward durmiendo. Su pequeño dormiría con ellos porque en un lugar extraño se asustaría.

En cuanto el pequeño despertó sabían que tendrían mucho por hacer, disfrutarían su fin de semana al máximo.

N/A: Continuará este capítulo XD no he estudiado nada, me dedico a leer fics y no avanzo =(

Link de imágenes en mi perfil