Primerizos

Capitulo 12

Carlisle reía a mandíbula batiente mientras Esme tomaba fotos. Su pequeño Edward estaba aferrado a las piernas de su papá y trataba de escalarlo como un monito en un intento para que lo llevara en brazos. Se veía adorable y gracioso.

- Edward no seas flojo, debes caminar un poco – le decía su papá. Sin embargo en cuanto el niño se comenzó a impacientar y se puso a llorar lo tomó entre sus brazos de inmediato y beso su fruncido seño – Está bien cariño, papá está aquí.

- Papi – dijo Edward abrazándose a él. Esme lo miró con una sonrisa.

Edward era muy tímido y se colocaba nervioso cuando había mucha gente, sobre todo ahora que estaban en el vestíbulo del Hotel. Durante el camino se había entretenido caminando detrás del Botones, ya que las llaves que tenia colgada al pantalón tintineaban, en el ascensor Edward se entretuvo mirando los botones cuando brillaban al indicar al piso al que se dirigían. Pero el vestíbulo atiborrado de gente que entraba y salía fue otra cosa, y se puso ansioso por lo que comenzó a estirar sus brazos pero sus papás no lo tomaba, así que trato de subirse por si mismo.

- ¿Salgamos? – pregunto Esme mientras arreglaba la chaqueta del Edward, no quería que se fuera enfermar. No hacia frío, pero el era un niño pequeño.

Tomaron un taxi y se dirigieron al Zoológico. Esme se fue en el camino jugando con Edward, ya que no podían salir sin llevarle un juguete para que él se entretuviera, y su favorito de ahora era un libro de animales, donde al apretar al animal emitía el sonido que este hacia.

Bajaron y dejaron a Edward en el piso, caminaron con el tomado de las dos manos, ya que a él le encantaban los animales y no dudaban que en cuanto los viera se volvería loco.

Compraron los tickets en la entrada y caminaron lentamente, los pasitos de Edward eran cortos, además que se distraía viendo tantos niños por todas partes.

Entraron y caminaron lentamente hacia las orillas de la calle llena de árboles que poseía el zoológico para el mejor desplazamiento de los visitantes. Se acercaron a los grandes ambientes que estaban en la orilla y se maravillaron al ver el oso polar en las aguas nadando tranquilamente, y su hijo observarlo fascinado, con su pequeña boquita abierta.

Siguieron caminando y contemplando los diferentes animales que habían visto, mientras Edward los señalaba.

- ¡Mamá! – grito Edward totalmente emocionado cuando pasaban fuera de la jaula del león que estaba echado en el piso tomando sol. Los apuntaba y gruñía moviendo la cabeza Comcel león de Metro Golden Meyer.

Sus padres rieron y lo tomaron en brazos para que pudiera verlos con mayor claridad.

Adoraban ver a su hijo así, tan feliz y eufórico.

Fueron a la pequeña granja para niños y le permitieron tocar corderos, ovejas, perros, gatos, cerdos y una vaca. Edward hizo un gran escándalo porque había tomado en brazos al gato y se lo quería llevar con él.

Se marcharon con él llorando amargamente porque quería el "Ñau" para él.

- Tranquilo amor, el gatito es de ahí, esa es su casa – decía Esme sobando su espaldita – no podíamos traerlo con nosotros.

- ¿Y si pasamos a una tienda de mascotas a comprarle uno? – dijo Carlisle mirándola angustiado, no soportaba que Edward llorara.

- Carlisle, no podemos consentirlo tanto, si le compramos algo cada vez que llora se acostumbrará a tener todo lo que quiera, será un niño mimado y muy altanero y no quiero eso para él, quiero que mi hijo sea un buen chico, humilde y que se esfuerce por las cosas que quiere.

Su esposo suspiró sabiendo que su mujer tenía la razón, pero ver a su hijo, que aunque había dejado de llorar iba triste y cabizbajo en los brazos de su madre.

Después de la ida al zoológico llevaron a Edward a almorzar a un restauran infantil, donde los meseros iban disfrazados de castores y habían mucho jugos infantiles, en los que subieron a todos a su bebe.

El fin de semana pasó rapidísimo, Edward había mejorado su ánimo, aunque había preguntado por "Guau" reiteradamente. Fueron a muchas tiendas y compraron algunos juguetes didácticos para su bebe, sin embargo lo que llamó la atención de Edward fue otra cosa.

Habían decidido el último día almorzar en restaurante del Hotel, que era bastante elegante, pero sin embargo no tenían problemas con los niños* y vistiéndose ellos y a Edward más formal se fueron a disfrutar de su ultimo día.

Para su pequeño bebe pidieron puré de papas con pescado a la plancha, que desmenuzando en pequeños trozos el niño comió ávidamente. Poco después de terminar el postre y justo antes de que ellos se marcharan un señor subió a un escenario y comenzó a tocar el piano. Edward miraba embelezado al señor, por lo que sus padres decidieron acercarlo a él. Cuando terminó la canción el señor levantó las manos hacia Edward, en gesto de tomarlo en brazos y para sorpresa de sus padres aceptó de inmediato.

- Hola bebe – dijo mirándolo a los ojos – Veo que te gusta la música.

El niño solo sonreía mostrando sus pequeños dientes blancos.

- Es extraño que se dé con personas desconocidas – dijo Esme – debe haberlo cautivado.

- No soy yo, es el piano – fue lo único que dijo el Señor, y sentándolo en sus piernas lo dejo frente a las teclas. Edward las miró y sin poder evitarlo las empujo hacia abajo, notando que producían un sonido. Con ambas manos empezó a tocarlas, admirado de los diferentes sonidos que hacían.

Miro a sus padres con una sonrisa.

- Eso es todo por hoy pequeño – dijo el señor levantándolo de sus piernas – creo que tu algún día serás un gran músico.

Edward le regalo una sonrisa y un aplauso, y sin hacer ninguna rabieta dejo que Esme lo tomara y se lo llevara de ahí.

Cuando llegaron a casa, el domingo por la noche Edward entro gritando "Guau" en cuanto cruzaron la puerta. Cando le dejaron en el piso comenzó a acariciar a su perro y darle abrazos y el perro encantado languetiaba la cara de su amo.

- Eward a miau – le dijo al perro.

- Creo que el asunto del gato no termina todavía – dijo Esme mirando a su esposo.

- Lo sé, pero creo que se distraerá un poco cuando le traiga un teclado de juguete, es muy pequeño para comprarle un piano.

N/A:

* En la mayoría de los Restaurantes elegantes no permiten entrada de niños, porque lloran, gritan, etc. Algo que por lo general molesta a la mayoría de los comensales, es por ello que hay algunos que son "Familiares" y tienen menús especiales para niños.

Espero les guste la continuación del capítulo anterior. El próximo, ya saben, Edward un poquito mas grande.