Sigue la maratón

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Capítulo 5

Para Hikke, el ruido de la ciudad se le hizo increíble, melodías y combinaciones se crearon en su cabeza en un instante, pero hasta el más grande compositor debía estar atento a su alrededor.

— ¡Niño tonto, quítate si no quieres que te aplaste!

Hike despertó en un sobresalto, se había dejado llevar por la música que cruzó la calle sin darse cuenta que venía un auto. Mulch lo había dejado en la plaza, indicándole que alguien pasaría por él, le dio algo de dinero y le pidió que se quedara en donde estaba, aunque estuvo claro que no lo hizo al curiosear todos aquellos sonidos, que lo llevaron a aquella situación.

Se disculpó amablemente con el hombre del auto y terminó de cruzar la calle, otro sonido lo llamaba: una guitarra y un niño que cantaba.

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10 años atrás.

Por bravo mar navegaré... ahogarme yo no temo... y sortearé la tempestad... si eres para mí.

Astrid se acarició su abultado vientre de 6 meses, se mecía en una mecedora y cantaba a su hijo la canción que su padre había compuesto para ella.

Ni ardiente sol... ni frio atroz... me harán... dejar de amarlo. —susurró.

— ¡Astrid!

El Sr. Hofferson entró de golpe a la habitación, la mencionada rápidamente se ajustó su abrigo para cubrir su vientre, evitando de esa manera que este la viera con su típica repulsión.

—Se acabó el descanso, ve a los ensayos.

Obediente, se puso de pie con pesadez y con la cabeza baja pasó a un lado de su padre, este sólo resopló, después de meses aún no se hacía a la idea de que pronto sería abuelo de un bastardo; y no sólo eso, ese bebé estaba arruinando a su hija, pues obviamente se preocupaba más por él que por los ensayos y conciertos, pronto acapararía todo su tiempo. Sus clientes ya conocían los detalles y sabían que no podían exigirle demasiado a una mujer embarazada por lo que terminaron las relaciones antes de lo previsto ocasionándole un disgusto al Sr. Hofferson quien tuvo una significante pérdida económica.

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—Estarás contenta, fue nuestro último concierto.

—Lo siento papá, pero tal vez sea lo mejor. —Dijo Astrid sin tomarle mucha importancia al asunto. —Volvamos a Berk, quiero que Hikke nazca allá.

— ¿Hikke? —Repitió con desconcierto—¡Que nombre tan ridículo!... y por supuesto que no volveremos.

—Por favor papá, no quiero que mi hijo sea un Berserker, y por supuesto que no es un nombre ridículo...—Dijo sonriendo pues ese nombre era un derivado de Hiccup en otro idioma.

—Creo que lo mejor es que nos deshiciéramos de él.

— ¡¿Qué dices?!

— ¡La verdad! Puedes darlo en adopción.

— ¡Papá! —Gruñó Astrid.

— ¡Ay, ya cálmate!... tienes razón, es mejor que nazca en Berk, así los tramites serían más fáciles.

— ¿Trámites de qué?

—Olvídalo, ordena que empaquen todo, volveremos.

Astrid sonrió y acarició su vientre, estando allá todo se le haría más fácil, una vez que su hijo naciera se independizaría de su padre, después, buscaría a Hiccup.

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Para la banda las cosas no estaban saliendo bien, seguían siendo rechazados por los grandes, lo que los llevaba a cantar en bares, dejaron su estudio de práctica para volver aun sótano; cuando pegó la crisis financiera, los integrantes se vieron obligados a conseguir trabajos de medio turno para subsistir.

Aunado a su mala suerte, el problema yacía también en el vocalista principal.

—Vamos Hiccup, no te rindas. —Pidió Tannlos.

—Estoy tan harto. —murmuró este apoyado en el micrófono.

—Si no ensayas ¡a todos nos irá mal! —Regañó Ruffnut.

— ¿Qué caso tiene cantar? Ella no me escuchará.

Y con su ya típica depresión, Hiccup abandonó el sótano, dejando a todos a medias con el ensayo.

—¡Ya no lo tolero más! Mejor me iré a mi otro trabajo. —Se quejó Snotlout tomando su chaqueta.

—Necesitamos algo grande, Fishlegs, ¿has conseguido algo? —Preguntó Tannlos a su representante.

—Nada lamentablemente. Sólo lo usual y pronto se aburrirán si Hiccup no deja de cantar las mismas canciones de siempre o covers.

—Sin tan sólo Astrid estuviera aquí. —Dijo Stormfly con melancolía.

— ¡Pero no está! Ya debería superarla. —Espetó Ruffnut poniéndose de pie para irse junto con su hermano.

—Ruffnut tiene razón. —Siguió el representante. —Esto pronto se acabará.

En la habitación sólo quedaron Tannlos y Stormfly, el primero le daba la razón a sus amigos, pero también se la daba a su hermano, cómo podía decirle que la superara, si Hiccup sentía que debía estar con Astrid forzosamente, siempre le decía que estaban conectados por medio de algo, aunque ni él sabía cómo interpretar aquello.

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Ocho meses sin verla, meses de fracaso como cantante, Hiccup había llegado al límite, quería olvidarse de todo y para empezar de nuevo tenía que dejar la música.

—Dejaré la banda.

— ¡¿Cómo?! ¿Te rindes? —El primero en replicar fue Tannlos, este enfureció tanto que lo tomó por la camisa para zarandearlo. —Tú formaste esta banda, ¡¿Ahora nos dejas?!

—Compréndanme... y lo siento, sé que lo arruiné y por eso mismo quiero acabar con todo esto.

Todos enfurecieron con la decisión de su líder, claramente no pensaba con coherencia y en su depresión se llevaría a todos entre las patas.

— ¡Tannlos, detente! —Pidió Stormfly llegando a tiempo, antes de que su novio golpeara a su propio hermano. —¡Hay algo que debo decirles... o más bien a Hiccup! —dijo con urgencia.

El aludido prestó atención a la chica que se veía sumamente agitada.

—Hiccup, una amiga me habló diciendo que vio a Astrid en aquella cafetería donde iba con su padre... ¡volvió!

Aquellas palabras casi hacen desmayar al castaño, el incrédulo de Tannlos lo ayudó a sostenerse, aunque fue por breves segundos, pues cuando Hiccup se reincorporó salió hecho un rayo. Pronto los demás lo siguieron, necesitaría refuerzos para robarse a la valkyria.

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Su padre la había invitado a comer a la cafetería de siempre, se le hizo extraño porque había sido muy amable, lo que le indicaba que probablemente le pediría algo, creyó que serían algunos contratos para después del parto, sin embargo las verdaderas intenciones de este la dejaron impactada.

—Vas a darlo en adopción, ¡estoy preocupado! ¿Qué va a pasar con nuestro futuro? Quiero ayudarte a deshacerte de este problema.

No supo en qué momento se complicó todo, pero se estaba estresando, su padre no tenía límites.

—Y este tipo... no va estar contigo nunca. ¡Serás la burla de todos si eres madre soltera! Hazme caso Astrid, sólo tienes que firmar estas formas.

El Sr. Hofferson le extendió unos formularios que era para conceder al niño en adopción.

— ¡No, papá! ¡NO! Es mi bebé. —Tomó los papeles y los hizo pedazos frente a él para luego tirarlos desquiciada mente a los demás comensales mirones. —No me desharé de él...

Y con lágrimas en los ojos huyó, estaba desesperada quería alejarse de él estaba tan ida en sus pensamientos que ni siquiera se percató por donde estaba cruzando.

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— ¡Tranquilo hermano!

A todos los demás se le estaba haciendo difícil seguir el paso del entusiasmado Hiccup.

Llegando al punto donde la vio por última vez, detuvo su paso, los demás llegaron jadeantes para ver lo que su amigo miraba.

Del restaurante, Astrid salía envuelta en un enorme abrigo. Una sonrisa se formó en toda la banda, pues la felicidad de su amigo estaba a sólo metros de ellos.

La sonrisa de Hiccup se ensanchó, sin embargo pronto se le borró pues lady en una especie de huida cruzó la calle sin fijarse.

— ¡ASTRiiiiiiID! —gritaron todos para advertirla.

— ¡Oh, Dios mío! —Exclamó Stormfly, la única que pudo articular palabra alguna al ver la tragedia.

La novia de su amigo acababa de ser golpeada por un auto y yacía tendida sobre el pavimento.

Continuará.