Primerizos

Capítulo 11

Edward estaba sentado en la alfombra mientras jugaba con su piano de juguete. Tocaba las teclas de a una, no como los demás niños que colocan una mano entera sobre las teclas. Escuchaba el sonido y luego apretaba otra, a veces estaba horas así. Le encantaba que colocaran música y bailaba entretenido. También le gustaba dar paseos, mirar las hormigas del jardín, jugar al doctor con Guau, correr con un hilito para que Miau lo siguiera, hacer que Carlisle lo persiguiera por la casa, sacar las ollas de Esme y aporrearlas con el cucharón, tirar la pelota a Guau para que la persiguiera, acariciar a Miau para que hiciera ese ruidito extraño o simplemente, después de comer su fruta permitir que Guau y Miau lo lamieran y él reír como loco por las cosquillas.

Esme sonrió y se acercó a él.

- ¿Quieres hacer pipí? – le preguntó. Ya iba al baño solo, pero había que recordárselo ya que cuando jugaba se le olvidaba.

- No mami – dijo con una sonrisa.

Esme asintió y se sentó cerca de él y comenzó a leer una revista. Ahora el pequeño estaba calmado, pero podía fácilmente salir corriendo y caer por las escaleras del patio o cualquier cosa, los niños pequeños tenían un don para desaparecer.

- Mami, teno hambe de un cholate – dijo Edward seriamente. Esme rió ¿Cómo podía un niño de dos años y seis meses hablar tan seriamente?

- No quedan chocolates – Edward frunció el seño – tendríamos que ir a comprar.

- Ya ¡Mañana! – gritó. Aun se confundía con el tiempo, el pensaba que mañana era todos los días, lo que significaba que tendría que llevarlo al Supermercado.

- Hoy, mi amorcito, hoy. Entonces ¿iremos al supermercado? – le pregunto mientras lo levantaba. Definitivamente hoy era el día calmado de Edward, solo había tenido que cambiarlo de ropa dos veces, una porque después de almuerzo se lleno de fruta la ropa y la segunda porque decidió esconderse de ella entre las flores recién regadas, por lo que había barro*.

- Si Mami, no teno nada duce – dijo haciendo un puchero. A él le encantaba el chocolate, pero Esme solo le daba un pequeño trocito todos los días, pero lo había acostumbrado a chocolate con alto porcentaje en cacao, que era el saludable. Los demás dulces no le gustaban mucho, prefería las frutas ya que tenían juguito.

Esme lo tomó en brazos y luego de sentarlo en la sillita partieron rumbo al supermercado. Colocó música de la radio y Edward se entretuvo mirando el paisaje.

- Edward, llegamos – anuncio Esme, a su pequeño le gustaba saber todo lo que hacían además, Eleazar, pediatra del pequeño, había recomendado que le hablaran como si fuera un adulto, ya que así el aprendía a hablar bien desde un principio y evitaban problemas del lenguaje.

Bajaron y mientras Esme se ajustaba la cartera, Edward salio corriendo hacia la entrada.

- ¡Edward Cullen, detente! – gritó. Sin embargo Edward no se detuvo hasta que estuvo frente a un Elefante mecánico para niños y lo miraba con admiración. Esme agitó la cabeza con resignación, su pequeño adoraba ese elefante que se movía lentamente con una alegre y pegajosa canción. En cuanto llego donde su hijo lo reprendió.

- ¡Edward! No puedes irte así corriendo – le dijo mirándolo con el seño fruncido – Si te portas mal te llevaré a casa y sin ningún chocolate.

Edward miro sus zapatillas, a él no le gustaba hacer enojar a mami, pero le gustaba mucho mirar el elefante.

Esme lo tomo de la mano y entraron al Supermercado.

- ¿Quieres subirte a un carrito? – preguntó.

Edward solo agito la cabeza en negación, a él le gustaba más caminar con mamá y ayudarla a echar muchas cosas al carro.

Iban por los pasillos y varia de la gente de Forks se detenía a saludarlos. Edward solo miraba y se abrazaba a las piernas de su mami, ya que era un poco tímido.

Cuando llegaron al pasillo de mascotas el pequeño hizo reír a su mamá, ya que solo quiso llevar un alimento de perros que tenia a un labrador retriever al frente, ya que según Edward esa era de "Guau".

- Mami ¡un datón! – dijo el pequeño mostrándole un ratón de juguete.

- Cariño, Miau no persigue esos juguetes – dijo sonriéndole.

- Si, gato come datón – replico el pequeño como si fuera lo más obvio del mundo.

Esme solo asintió y ayudo a que Edward lo echara al carrito ya que no alcanzaba. A ello no les complicaba comprarle cosas ya que tenían bastante dinero, pero lo maravilloso era que Edward siempre escogía cosas para Miau, para Guau, para papá, para mamá, para los abelos o para Ali y Emy, a el le gustaba más dar, que recibir.

Luego de comprar la leche, verduras frutas de Edward, compraron chocolate, helados y shampoo de bebe terminaron las compras. Esme le pago a uno de los empaques* que le llevara las cosas al auto, ya que Edward estaba cansado y queria que lo llevaran en brazos.

- Mami ¿polemosid donde falante?* - sus ojitos verdes brillaban de emoción y su mamá no fue capaz de negarse.

Luego de darle la propina al joven se dirigió al elefante mecánico mientras Edward se agitaba ansioso. Luego de sentarlo y decirle que se afirmara de las orejas del elefante, metió la moneda y apretó el botón verde. Comenzó la música y el elefante se empezó a mecer lentamente. Edward se reía y Esme solo podía agradecer poder hacer feliz a su hijo.

N/A: capítulo dedicado a oriana21, no estoy segura si fue a este fic al que le dejo review, pero siempre me escribe. Agradezco a mis pacientes lectoras =) espero les guste el capítulo y sus comentarios.