Sigue la maratón.

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Capítulo 9

El pasar de los días no pasaba en balde, cada vez que Hikke rasgaba las cuerdas de la guitarra más experto se hacía; sin la ayuda de nadie, tocaba y componía melodías que en su interior eran como pequeños mensajes que enviaban a sus padres desaparecidos, siempre con una actitud positiva de que algún día ellos lo escucharían.

Viggo, utilizando los anhelos y aspiraciones del niño, lo utilizó para que tocara en el parque donde antes solía estar Gustav, cuyo puesto se redujo a su asistente. Le quitó a fanghook para dársela a Hikke, sólo por el simple hecho de que si no era eficiente esas serían las consecuencias, pues le había confiado su lugar de años atrás y Gustav no rindió como él o como Hikke que no hacía más que triplicar las ganancias cada día.

El chico no ocultaba su molestia y celos, y lo único que deseaba es que Hikke se encontrara con sus padres rápido para que el fuera de nuevo el favorito de Viggo.

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Luk tuk

A pesar de haber aceptado a salir con Wendy, Hiccup seguía siendo el mismo. Ignorando a todo el mundo, sólo enfocándose en los negocios.

—Perdemos terreno, no los dejes ir. —exigía hablando desde su teléfono celular.

Con prisa, se metió al carro que contrató con todo y chofer para moverse ese día en la ciudad; se encontraría con unos clientes de suma importancia que ofrecían un buen negocio, aunado a eso, tenía a la desesperada novia en la otra línea, que insistía en saber si comerían juntos. Se regañaba a sí mismo por haberse dejado embaucar y sobretodo tener que soportarla.

—No podré ir lo siento... tengo mucho trabajo.

—Entonces ¿te veo en tu departamento?

Respiró hondo, no importaba que excusa inventara, su novia se las ingeniaba para verse al menos una vez al día. Lo sofocaba demasiado, su compañía no era para nada como la de Astrid, con quien hubiera podido estar 24 horas al día a su disponibilidad.

—Está bien, nos vemos. —colgó con cansancio.

— ¿Un día pesado? ¿Puedo ayudarle en algo?

—Sí, ¿tienes aspirinas? o mejor ¿Conoces a un asesino que me dé un tiro? —Pidió sobando sus sienes, pronto le daría jaqueca debido al estrés.

—Hay un remedio mejor para eso. —rio el chofer. —Tengo contacto con personas que eran cantantes y músicos.

Hiccup reaccionó de inmediato, no lo había notado pero esa voz era familiar.

— ¿Snotlout? —preguntó con una incrédula sonrisa.

—El mismo amigo.

—¡Qué sorpresa! Pero ¿qué haces aquí?

—Trabajando tonto, ¿qué parece? Debo seguir pagando cuentas.

Hiccup se relajó en el asiento trasero, era bueno tener a un conocido cerca de por medio.

— ¿Aun sales con Ruffnut?

—Salir... mmmm, más bien vivimos en unión libre, junto con su hermano.

—¿Y... has visto a los demás chicos? —preguntó cómo no queriendo.

—Todos estamos en contacto, incluido Tannlos. —Respondió viéndolo por el retrovisor.

El castaño guardó silencio, extrañaba a su hermano tanto como extrañaba a Astrid.

—¿Sigues tocando? —preguntó Jorgenson para cambiar un poco el tema.

—No.

—¿Por qué? Además de la pierna ¿se te cayeron los dedos de las manos? —Bromeó burlonamente

—¡ah!...Los chistes de la pierna, como olvidarlos. —respondió Hiccup con sarcasmo.

—Por cierto tonto, hoy es mi cumpleaños, mi chica me hará una fiesta,¿ porqué no vienes y trae a tu novia?

—Lo pensaré.

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Por la noche, Hiccup aunque no quería tuvo que recibir a Wendy, le contó sobre su día y su encuentro con Snotlout y la invitación a la fiesta.

—Vamos mi amor, es hora de que te reúnas con tu familia. —insistió la sonriente chica.

Y por una vez, en los días que llevaban de relación, le dio la razón, tal vez era tiempo de ver hacia adelante.

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La fiesta se realizó a las afueras de la ciudad, para cansancio de Hiccup, quien estaba sumamente nervioso de encontrarse con sus conocidos. Al llegar al lugar, fueron directamente al sótano donde sería el festejo.

—Que horror. —exclamó Wendy con asco al oler todos los aromas concentrados en el sótano. —¿Las fiestas de por aquí son así?

—Sí. —Contestó Hiccup totalmente ido, pues en el fondo del sótano proyectaba un concierto donde a quien grabaron principalmente fue él, quien cantaba la canción que dedicó especialmente a Astrid después de que desapareciera.

—¡Hiccup, viniste! —festejó Snotlout ruidosamente.

El mencionado se dio cuenta que no estaba solo, ahí estaban los gemelos, Fishlegs, Stormfly y... su hermano Tannlos.

—Diviértanse chicos. —ofreció Ruffnut una cerveza a cada uno.

Pero Hiccup no reaccionaba, sólo veía a su burlón hermano, que lo miraba con un expresión de: ¡Miren quién se digno a venir! Mientras que Wendy estaba atenta al la filmación de la pantalla.

—Oh, dioses. ¿Hiccup eres tú? —preguntó asombrada. —¿Por qué no me dijiste que eras un rock star?

—Eso... no...—se cohibió. Lo primero que pensó fue querer huir de ahí como lo había hecho en los últimos años.

—Supongo que no te ha contado muchas cosas, preciosa. —Se burló Tannlos al ver que su hermano mayor pretendía irse. —Por ejemplo, sobre la persona a que le dedicó esa canción.

—Tannlos, basta. —trató de detener su ahora esposa Stormfly.

Pero este no hizo caso, y fue a encarar a su hermano. —¿Por qué no se lo dices Hiccup?

Wendy no sabía que pasaba, sólo sintió un abrumador ambiente ente los hermanos.

—Tannlos ¡cállate.!

—¿Por qué? ¿Para que no se entere que nunca la vas a querer como a ella, que dejaste ir a quién realmente amabas porque no supiste manejar la situación después de que perdieron a su hijo?

—¿Ella? ¿Un hijo? —susurró Wendy confundida.

—He dicho que te CALLES. —exigió Hiccup empezando a empujarlo.

—A mí también me da gusto verte hermano. —empujó este de la misma manera.

—¡¿quieres decir más?!¡Dilo! ¡DILO! —siguió empujando con más fuerza.

—¡YA REACCIONA! —propinó Tannlos una buena bofetada que hizo caer a Hiccup encima de la pantalla.

Stormfly sólo negaba con su cabeza no creyendo que lo hubieran hecho de nuevo, mientras que a Wendy se le caía la venda de los ojos, descubría que su príncipe no era para nada lo que había creído.

—Que gusto verte de nuevo hermano. —Ofreció el menor su mano y le sonrió.

Hiccup se limpió la sangre del labio y sonrió de igual manera, agradecía a su hermano hacerlo despertar después de tanto. Todos aplaudieron la extraña reconciliación de los hermanos, a excepción de Wendy, que huyó horrorizada de la fiesta.

—Espera Wendy. —trató Hiccup de detenerla, no tanto para retenerla, pero si para disculparse por haberla hecho perder el tiempo.

—Basta Hiccup... no puedo tolerar esto... no eres lo que creí.

—Lo sé, y te debo una disculpa, no debí empezar con esto. fue mi error.

—Por supuesto, sólo obsérvate eres un caso perdido. —dijo tratando de despreciarlo. —Quiero volver a casa, dame las llaves de tu auto. —exigió demandante. —Lo dejaré en tu estacionamiento.

—Ten. — se las proporcionó lanzándosela. —Y perdón nuevamente.

—Ya cállate, hipócrita.

Y llevándose el auto de Hiccup, Wendy se marchó. Hiccup se dejó caer agotado sobre la acera de la calle, se sentía mal por la chica pero había sido lo mejor.

—Vaya, qué chica... supongo que buscaba al príncipe azul que la complaciera en todo. —se burló Tannlos dándole un trago a su cerveza.

—¿Qué he hecho con mi vida hermano? —se lamentó Hiccup.

—Puras tonterías, pero siempre puede volver al camino correcto.

Hiccup sonrió, como siempre, su hermano menor tenía razón, era tiempo de enmendarse y buscar lo que realmente quería y eso eran dos cosas: Astrid y la música.

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Stavanger.

—Me alegra que hayas aceptado a salir conmigo.

Astrid bajó el enorme menú que utilizaba para evadir a su cita, Eret, un hombre que Heather le presentó el día de su boda. Aceptó salir con él, pues era preferible a escuchar que se uniera a la filarmónica, además de que estaba sola en casa ya que su amiga se había ido de luna de miel.

—Gracias por invitarme. —contestó con falsa cortesía, no tenía nada contra el tipo, era sólo que, no era Hiccup.

El mesero tomó el pedido de ambos y lamentablemente para ella se llevó el menú con el que se protegía.

—Heather me contado mucho de ti.

— ¿ah, sí? ¿y qué dijo? —preguntó tratando de no mostrar su seño fruncido y que su tamboreo de dedos en la mesa no fuera de lo más obvio.

—Mucho, me había dicho que eras bonita, pero el día de la boda ¡wow! Vi que eras muy hermosa. —Eret detuvo su tamboreo poniendo su mano encima de la de ella. Moviendo sus cejas coquetamente por atraerla.

—¡Wow! No pierdes el tiempo. —dijo con sarcasmo, tratando de zafarse.

—Me gustas.

—Pero si nos conocemos desde hace 5 minutos, en teoría, haberte visto un segundo en la boda no cuenta.

—bueno, fue amor a primera vista.

Astrid contuvo las ganas de reírse, sintió lástima por él y más por ella misma al haber caído de nuevo en el juego de Heather.

—Eret, eres muy amable pero...—se zafó su agarre.

—Ya tienes a alguien a quién amar...—completó este.

Astrid asintió con pena, a pesar de los años que habían pasado no podía olvidar a Hiccup, y a pesar de que su hijo no estuviera, siempre estarían unidos por medio de ese pequeño que no alcanzó siquiera a ver la luz del día.

—Pff... por lo menos déjame invitarte la cena. —pidió Eret respetuosamente.

Volvió a sonreír, al menos la cita no era tan mala.

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Regresó a casa caminando después de la experiencia de una buena cita, necesitaba reflexionar algunas cuantas cosas, entre ellas la pregunta de Heather. ¿Hasta cuándo? Pero no podía evitarlo, cada vez que salía con un chico lo único en lo que pensaba era en Hiccup; y en cada niño que enseñaba veía a su hijo. Aquel niño que aunque no estuviera en el mundo podía escuchar en sueños, como si este le hablara en susurros que le provocaban desvelos.

Se tiró en la cama, arrojando bolso, zapatos y demás, se dormiría con la ropa puesta, sólo quería dormir y escuchar la melodía que salía sin querer de su interior.

Y de repente el teléfono sonó.

Se espantó al escucharlo sonar, era media noche y generalmente que el teléfono sonara a esa suponía que eran malas noticias.

No se equivocó, eran del hospital. Su padre había sufrido de un infarto.

Continuará.