Sigue la maratón.

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Capítulo 10

La noticia de su padre la tomó por sorpresa, tenía sentimientos divididos, recuerdos de la infancia donde ella y él eran felices y muy unidos después de que su madre muriera; el como la motivo a no abandonar sus sueños musicales, un gusto que ambos compartían.

¿Cuándo cambió todo eso?

Cuando llegó el momento de crecer.

El enamorarse de Hiccup le abrió las puertas a un mundo diferente, amigos, diversión, amor, alegría, sentimientos sanos y que eran tan iguales a los gratos momentos que pasaba con su padre, pero a la vez tan diferentes pues el amor que sentía por Hiccup no se comparaba con el de él.

No le había gustado cómo había terminado todo, después de que huyó y se fue a vivir con Heather estuvo escondiéndose, tiempo después él dio con ella, y cuando le suplicó que regresara a casa ella le dio un rotundo "No" y se negó a verlo, aun así su padre se mudó a la misma ciudad, no tan cerca para darle su espacio y le hablaba de vez en cuando, de la música, ya no le volvió a insistir; a raíz de la perdida de sus bebé también hubo una separación entre ellos, una relación rota que no podía arreglarse.

—Por aquí señorita Hofferson. —indicó la enfermera hacia la puerta donde reposaba su padre.

Con cuidado, la rubia entró, viendo a su progenitor descansando en la cama, pálido y débil. Le dolió verlo así, era su sangre después de todo.

—Astrid. —susurró este al verla en el umbral. —Viniste...

—Tranquilo. —con pequeños pasos se acercó a él.

—Mi testamento... está en el cajón del escritorio... aunque de seguro sabes que todo te lo dejé a ti...

—Papá... no digas eso... no te rindas. —pidió sentándose en la cama.

—No hija, es lo que me merezco. —gimoteó. —Lo que te hice...

—Ya todo pasó. —trató de confortarlo a pesar de que aún no podía olvidar el pasado.

—Es que... ese bebé...

El que lo mencionara le acongojó el corazón. —No sigas.

—No, es importante que lo sepas. —insistió el Sr. Hofferson. —Ese bebé te pudo hacer daño... por eso es que tomé una decisión por los dos.

El comentario desconcertó a la rubia. — ¿Qué?

—Hice lo que pensé que era correcto, eras tan joven, ese muchacho... el padre, no quería que terminaras con un vago como él y el bebé sólo te haría recordarlo y te quitaría muchas oportunidades, el mundo que siempre soñé para ti.

— ¿Papá?... ¿qué estás tratando de decirme? —Preguntó recelosa.

—Lo siento Astrid... di al bebé en adopción.

La noticia le cayó como un balde de agua frio. ¿Su hijo? ¿Aquel pequeño al que llevaba llorándole 10 años estaba vivo? ¿Lejos de ella? ¿Su propio padre se lo había arrebatado? Llevó una mano a su pecho pues pensó que se le saldría de tan rápido que latía, luego miró a los ojos al causante de todo el dolor que la acompañaba desde hace muchos años.

— ¿Cómo? —preguntó incrédula.

—Estuviste adormecida después del parto... sólo llené las formas y... falsifiqué tu firma... además que unos contactos me ayudaron.

—Papá. —suspiró entre lágrimas tratando de contener todos los sentimientos que se acumulaban en ella. — ¿dónde está?

—AA..astrid.

— ¡ ¿DÓNDE ESTÁ?! —exigió mostrando todo el dolor que sentía. El señor Hofferson enmudeció hasta ese momento era consciente del dolor que le había causado a su hija. —Papá... me estás matando... ¡¿Dime, dónde está?! —suplicó con lágrimas en los ojos

—No... no lo sé. —contestó el exhausto anciano, cuya ritmo cardiaco empezó a aumentar. —Sólo supe... que servicio social se lo llevó a un orfanato a las afueras de Berk.

Padre e hija se empezaron a agitar, mucho más al primero que pensó que no le quedaría mucho tiempo.

—Le puse... como querías...—dijo con dificultad con la respiración entre cortada.

Las enfermeras entraron al recibir la señal del aparato cardiaco, pero el Sr. Hofferson no se dejó atender hasta decirle todo a su hija que lloraba, pero no por él si no por su nieto, el mismo que él abandonó a su suerte sólo por ambición.

—Hikke...

Astrid empujó a las enfermeras y tomó la mano de su padre delicadeza, este estaba a punto de expirar, pero necesitaba escuchar más.

—Dime más... por favor.

—Hikke... como su padre... —empezó el hombre a perder el conocimiento. —él también le... hice...daño... te buscó... búscalo... pe- perdóname... —empezó a llorar y cada vez más perdía el aire.

Astrid apretó su mano con fuerza, su padre sufría, ¿acaso era una especie de castigo por lo que le había hecho? Separarlo de su hijo y de su novio. ¿Cómo perdonarlo?

—Te perdonó...—susurró con dolor.

Un largo "Bip" se escuchó en el aparato cardiaco, la habitación del hospital se silenció cuando el Sr. Hofferson dio su último respiro de vida.

Su padre había fallecido, de acuerdo a su voluntad quería ser cremado de inmediato y que sus cenizas fueran puestas en la cripta familiar, Astrid no objetó con su voluntad, hizo los trámites en ese mismo momento, todo de manera neutral, ordenó al abogado llevar la cenizas a la cripta pues ella estaba demasiado cohibida para hacerlo.

Al salir del hospital, caminó totalmente ida por el parque que quedaba por su casa, necesitaba hablar con alguien, así que se acercó al primero teléfono público que vio y lo utilizó.

¿Diga?

—¡HEATHER! YO- YO-YO...—las palabras se atoraron en su garganta, entre lágrimas empezó a reír.

Astrid.. ¿Qué tienes? me asustas.

—¡YO LO SABÍA...!—gritó con emoción. —ÉL ESTÁ VIVO... SIEMPRE LO SENTÍ...

— ¿De quién hablas?

—¡DE... MI HIJO, ESTÁ VIVO!

—Pero... pero... espera... no entiendo.

—¡ESTÁ VIVO! ESAS NOCHES SIN DORMIR... ERA PORQUE LO SENTÍA ¡A ÉL! Y AHORA ME LO PUEDO IMAGINAR CON CLARIDAD... PEQUEÑO, CON ENORMES OJOS VERDES COMO LOS DE SU PADRE...¡HEATHER! TENGO QUE ENCONTRARLO. —explicaba con lágrimas y risas, con una emoción incontenible.

—Ok... Astrid, esto es... ¡impactante! Pero creo que deberías calmarte.

— ¡NO ME PUEDO CALMAR! —golpeó la cabina del teléfono. —He estado calmada estos 10 años, no más.

—Entiendo, pero tranquilízate primero o entonces perderás la cabeza, Astrid.

—Pues ya me había tardado. —contestó con más tranquilidad.

—Sí lo sé, mira, regresaré de Luna de miel en dos días, espérame y te ayudaré...

—Lo siento, pero no puedo esperar más... sólo quería que supieras que regresaré a Berk. Tengo que encontrar a mi hijo.

—¿Qué hay de Hiccup? ¿Por qué no lo contactas?

Astrid abrió los ojos de par en par, después de la confesión de su padre cayó en cuenta que no sólo a ella la había herido, también a él. ¿Cómo podría siquiera verlo a los ojos y decirle que por culpa de su progenitor el hijo de ambos estaba perdido?

—No... no puedo, no tengo el valor suficiente

—Él merece saberlo. —aconsejó su amiga.

—Lo sé, pero para eso tengo que encontrar a mi hijo... me odiará...

Astrid...

—Lo siento... tengo que colgar, Adiós.

Y sin darle oportunidad de despedirse colgó con brusquedad el teléfono, se quedó encerrada en la cabina por unos momentos, pensando detenidamente en si debía contactar a su amado, pero ¿y si él ya había hecho su vida y tenía familia? No quería importunarlo, era lo mejor, decidió. Y si su hijo también era feliz con otra familia, también lo dejaría ir.

continuará