Continúa la maratón

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Capítulo 12.

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Definitivamente necesitaba ayuda, concluyó Astrid.

Después de haber sido atendida en servicios sociales y que estos le dijeran la mala noticia acerca de su hijo, empezó a sentir pánico, una inmensa necesidad de buscarlo por todos partes y extrañamente la ansiedad de tocar música.

Pero no podía hacerlo sola, necesitaba ayuda extra para buscar a su hijo, y el único que creyó que podía ayudarla, si es que no la detestaba, era Hiccup. Así que fue en camino a donde recordaba estaba su casa, en una colonia a las afueras de la ciudad, donde vivía con su hermano y madre.

Le sorprendió ver el barrio tan cambiado, no en balde habían pasado 10 l años; aun así logró reconocer la casa (gracias al número y calle que aun recordaba), estaba se veía en buen estado, por lo que concluyó que aún había gente viviendo ahí.

Tomando un gran respiro, tocó la puerta. Aun no la abrían cuando se empezó a escuchar el escándalo de un niño y un bebé. Eso le dio mala espina, más cuando la persona que abrió la puerta era una mujer pelirroja de más o menos su edad y realmente hermosa.

— ¿Hola...? —Saludó la mujer arrullando al bebé que cargaba en brazos, luego otro niño de aproximadamente 5 años se asomó por la puerta.

—Ah... lo siento. —dijo atónita. —Creo que me equivoqué. —Su mente le empezó a hacer una mala jugada.

— ¿A quién buscaba? —preguntó esta con recelo.

—Eh... no yo...—bajó la cabeza apenada, si esa chica resultaba ser la esposa de Hiccup, su corazón se partiría en mil pedazos, pero tenía que cerciorarse. —Lo siento, ¿vive aquí Hiccup Haddock?

—No. —contestó la chica confundida, más cuando Astrid dio un respiro de alivio y sonrió ampliamente. —Entonces si me equivoqué... no fue mi intención molestar. —Se disculpó con respeto dispuesta a retirarse.

—¡Un momento, espera! —detuvo la chica. —¿Dijiste Haddock verdad?

—Eh... sí.

—Creo que así se apellidaban los antiguos propietarios, ellos me vendieron la casa hace 7 años.

—Oh... ya veo, ¿sabe a dónde se fueron?

—No sabría decirte, sólo sé que se mudaron porque el hijo se casó, el mismo que me vendió la casa.

El corazón de Astrid se oprimió ante aquella información, se golpeó mentalmente al pensar que Hiccup se hubiera quedado soltero si era tan buen partido.

—Pero no se llamaba Hiccup. —siguió contando la señora, eso renovó de nuevo la fe en la exasperada Astrid. —Se llamaba Ta... To...

—¡Tannlos! —exclamó feliz la chica.

—Sí ese. —recordó la chica. —Él fue el que me vendió la casa, es lo único que te puedo decir.

—Es más que suficiente señora. —agradeció la sonriente Astrid.

Después de tremendo susto, no le quedó de otra más que seguir buscando, no sólo a su hijo sino también a Hiccup, el cual sentía que seguía esperándola, un sentimiento que se combinaba con su ansiedad de tocar música.

Pero ¿Por dónde empezar? Y como si los dioses estuvieran a su favor, su teléfono sonó.

¡ASTRID! —saludó Heather gritando.

— ¡¿Qué pasó?! No me asustes así

Lo siento, pero me sorprendió regresar y ver que te habías ido. ¿No te dije que te ayudaría a buscar a tu hijo?

La chica no respondió, sólo sonrió ampliamente.

Spinel y hasta Dagur están dispuestos a ayudar, estamos en Berk... así que alcánzanos, debemos poner manos a la obra.

El corazón de la violinista saltó por la emoción, tenía el mejor apoyo de todos, pero aún había algo más, su instinto musical.

—Gracias Heather... hay algo más...que siento que debo hacer, ¿me podrías ayudar?

¿Qué es?

—Contacta a la filarmónica del instituto... diles que quiero volver a tocar con ellos...

En lo más profundo de su corazón sintió que si tocaba música, su hijo y Hiccup la escucharían.

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Hikke estaba harto, desde que Viggo le había quitado la guitarra no se la había devuelto, la nueva política era que no tocaría a menos que ganara algo a cambio.

—Anda chico... ese Viggo es igual con todos. —trató de confortar Gustav, empezaba a sentir lastima por su explotado compañero.

—Pero no puedo tocar y si no lo hago ellos no me escucharán.

— ¿Tus padres?

El chico se sorbió las mucosidades para aguantar el llanto y asintió levemente. Gustav quería aconsejarlo, ya que con Viggo no se podía jugar; sin embargo unos abruptos golpes en el exterior del teatro abandonado lo alertó, al igual que al castaño.

— ¡Policía! —gritó uno de los niños

De inmediatamente Viggo salió de sus aposentos y advirtió a los demás niños huir a "donde ya sabían", ya que los hombres que entraron eran policías enviados por servicios sociales.

—¡Vamos! —gritó Gustav tomando a Hikke de la camisa. —Si nos atrapan ¡se acabó!, nos mandarán a un orfanato.

Esas palabras alertaron al castaño, no podía permitirlo, había avanzado demasiado como para volver al lugar de dónde había escapado.

—Hay que sepáranos. —sugirió Gustav. Empujó a Hikke para se fuera por la salida que daba al callejón trasero mientras el distraía a los policías.

Lo único que alcanzó a ver Hikke fue como su amigo pataleaba a uno de los hombres y se escabullía con agilidad entre los escombros del teatro, mientras que a él, casi lo atrapan, pero salió por una pequeña apertura que daba directo al callejón y corrió por la callejuela hasta perder de vista a todos los que lo seguían; corrió y corrió hasta que entró a un lugar donde nadie lo echaría: Una iglesia.

Ahí, con sigilo se escabulló entre la bancas sin interrumpir a los pocos creyentes que había y se ocultó debajo de una de las bancas y durmió.

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—Hey chico... ¡chico! —sintió que alguien le picoteaba una mejilla. —¡despierta!

Una horrible voz lo hizo levantarse con un sobresalto, que provocó que se golpeara la cabeza.

—¿Sabías que hay un refugio a un lado donde podíamos prestar una cama? —preguntó un enorme hombre rubio y bigotón que lo miraba con curiosidad.

—Lo siento señor, no fue mi intención. —respondió Hikke tallándose los ojos.

—¿Estás perdido? —preguntó con severidad el hombre.

—No, bueno... busco a mis padres. —no podía mentir en una iglesia.

—Entonces dime tu teléfono, los llamaré de inmediato.

—Es que...

De repente, un ruido en la esquina de la iglesia los hizo taparse los oídos, ambos mirando que el causante era un hombre con un extraño sombrero que había tropezado con la batería del coro.

— ¡Bucket! ¿Cuántas veces te he dicho que tengas cuidado con esos instrumentos?

—Lo siento Gobber. —se disculpó tímidamente el hombre.

El llamado Gobber, encargado de la iglesia, sólo resopló y pidió al niño (ya que estaba de holgazán) a ayudar a recoger. Hikke ayudó con gusto, viendo que en todo el desastre que había causado el hombre había también unos papeles regados con extraños símbolos que sólo reconocía de los tatuajes de Viggo.

—Son notas musicales... ¿qué tanto se les ves? ¿Nunca habías visto?

—No así... —señaló impresionado.

La respuesta causó cierta curiosidad a Gobber, dejando de lado su huraña actitud, amablemente le explicó lo que significaba cada una y como se debía leer; sin embargo más impresionado quedó, cuando el muchacho empezó a interpretarlas rápidamente y sin ayuda alguna.

—Wow niño, tienes un don...

—Mis padres me lo dieron. Sé que fueron ellos...—dijo este rozando sus dedos por el enorme piano que era el único instrumento que no había sufrido daño, al hacerlo le carcomía la curiosidad y empezó a oprimir las teclas para saciarla.

En su práctica, contó a Gobber su real situación.

— ¡vaya chico! Eso impresionante. —Dijo Bucket impresionado con la historia del muchacho.

— ¡Tenemos que ayudarte! —se ofreció de inmediato Gobber. —Sé de un lugar donde estarán encantados de tenerte como talento y que pueden ayudarte a expandir la música más allá de lo que te imaginas.

—¿Ah, sí... quienes? —preguntó Hikke temeroso de que se tratara de un orfanatorio

—El instituto nacional de las artes musicales de Berk... la mejor escuela de música de todo el país.

Con sólo escuchar el nombre Hikke se emocionó, definitivamente si aprendía en una escuela su música llegaría aún más lejos. Tan absorto en su nueva meta, se sentó en el banquillo frente al piano para empezar a tocar una melodía que salía directo de su corazón.

"Mamá... papá escúchenme"

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Después de horas de planeación, viajes y reencuentros, los llamados "jinetes de Berk" entraban en acción, en primer instancia, se pusieron de acuerdo para encontrar un lugar decente y grande que los aceptara para hacer una presentación, ahora como una gran equipo no dejaron la tarea sólo a Fishlegs, cada uno de ellos tuvo que ir a buscar las oportunidades.

El que tenía más claro lo que tenía en mente era Hiccup, que se atrevió a ir a unos de los clubes más grandes, ahí solicitó una oportunidad.

—Sólo una canción, si no le gusta me iré...—Pidió al dueño con firmeza.

El dueño del club resopló con fastidio, aun así le dio una oportunidad y ordenó que cantara en a acapella. Hiccup, se dirigió al escenario donde lo único que utilizó fue el micrófono, usaría sólo su voz, lo único que necesitaba en ese momento para mandar el mensaje a la mujer que más quería en el mundo.

"Astrid escúchame... Hijo ayúdame..."

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Por otro lado, Astrid aun no comprendía que había pasado por su mente al aceptar unirse a la filarmónica, no podía concentrarse en tocar sabiendo que su hijo estaba afuera y tal vez en peligro, pero su instinto seguía hablándole y le decía que debía tocar si quería encontrarlo, a él y a Hiccup, cuyos retratos tenía frente a ella para que la inspirara.

Con aquell nueva determinación, tomó el violin y el arco y se posicionó para tocar una melodía que salía de su corazón.

"Hikke, Hiccup... escúchenme"

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Una familia separada, que con la música se unía.

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Continuará

Nota, la canción que en conjunto tocan los tres, pongo la canción de All of me de John Legend & Lindsey Stirling,