Primerizos
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Capítulo 29
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Edward había estado llorando por un buen rato. Carlisle lo había llevado a casa y llamado a Esme para que fuera lo más pronto. Tras decirle que su diente se le caería Edward lo había mirado con pánico y luego se largo a llorar. ¡No quería quedarse sin dientes!
- Es normal – decía mientras sobaba con cariño la espaldita de su hijo – Te saldrán unos nuevos que son mejores.
- No quiero – dijo derramando nuevas lágrimas.
Carlisle suspiró. Nunca pensó que su hijo se tomaría la noticia así.
Sintió como la puerta de su casa (a la que había llegado hace unos cuantos minutos) se abría estrepitosamente y el ruido de alguien acercándose lo alertó. Su hermosa mujer entró rápidamente con cara nerviosa y en cuanto vio a su hijo llorando se lo arrebató de los brazos.
- ¿Qué pasa mi vida? – pregunto con preocupación.
- Papi dice que se me saldrá mi diente – sus ojos verdes la miraron llenos de lágrimas. No pudo evitar esbozar una sonrisa.
- Pero esa es una buena noticia mi vida – Edward seguía derramando lágrimas – Ahora tendrás dientes nuevos, más grandes, fuertes y resistentes – Al ver que el pequeño seguía triste añadió – Además, vendrá el Hada de los Dientes.
De inmediato la expresión del niño cambió. Carlisle se golpeó mentalmente por no usar esa carta y Esme se felicitó internamente por haber calmado a su hijo.
- ¿Un Hada?
- Si amor, cuando tu diente se caiga lo guardamos debajo de la almohada y al otro día cuando despiertes el Hada habrá dejado dinero para ti y se habrá llevado el diente – el niño se veía emocionado y curioso, aprovechando que el pequeño estaba distraído pensando, limpio sus lagrimas y le beso la frente. Miró a su marido que la veía con una sonrisa agradecida, probablemente había entrado en pánico cuando Edward se puso a llorar, porque aunque Carlisle fuera médico cuando se trataba de su hijo se volvía completamente nervioso.
- Y ¿podré verla? – preguntó el pequeño.
- No, porque es mágica y muy pequeñita – añadió Carlisle abrazándolos a ambos.
- Y ¿para qué quiere dientes, papi? – El niño ya había olvidado el miedo de perder sus dientes de leche y probablemente ahora estaría ansioso de que se cayeran.
- Porque – pensó por unos instantes que responder a un niño de solo cinco años y tan curioso como Edward – Los dientes de leche los tienes de bebe y tienen muuuucha leche especial que dan las mamás a los niños cuando aún son bebes…entonces – Vaya, era difícil tratar de inventar historia para un niño.
- Las hadas necesitan esa leche para mantenerse fuertes y poder hacer magia en los bosques – terminó Esme mirándolo con una sonrisa. Edward se veía bastante conforme con lo que le habían dicho así que solo preguntó cuando se saldría su diente. Le dijeron que tenía que ser paciente y esperar porque a veces se demoraba en caer.
Los primeros días Edward había estado totalmente pendiente de su diente y que de en que momento iba a caer, pero después lo olvidó y siguió haciendo su vida tal cual.
Resultó que el diente estaba medianamente suelto, así que demoraría bastante en caer. Dos semanas después el niño llegó contando que a Mike Newton se le había salido un diente y Tyler tenía uno suelto, lo que logró que el quisiera que el suyo se saliera pronto.
- Ahora déjalo debajo de la almohada – terminó de decir Carlisle. Esme sonrió y arropó a su pequeño. Hoy en la tarde su diente se había salido mientras él comía un pastel. Primero se había asustado un poco, pero después se emocionó. En cuanto llegó Carlisle corrió a contarle a su padre que su primer diente de leche había caído. Ambos padres estaban emocionados, su bebe ya estaba tan grande…y también les daba un poco de nostalgia.
Ambos conversaron con él, le leyeron un cuento y en cuanto se durmió, Carlisle sacó con cuidado el diente y lo cambió por un billete de cinco dólares.
Al otro día unos saltitos en su cama despertaron a ambos padres mientras su sonriente y emocionado hijo les contaba que la Hada lo había visitado, y que el había visto un brillito azul salir por la ventana.
Elizabeth había hecho un montón de fotos a su nieto, quería retratarlo ahora que ya le faltaban ¡Dos dientes! Nunca había visto a un niño más adorable. Renata había hecho un viaje Express, dejando solo a su esposo Aro, solo para visitar a su nieto y se marcho luego de pasar el fin de semana con él, prometiendo que volvería pronto y traería al "Abu Aro" con ella.
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N/A: espero les guste el capítulo. Espero los reviews con tomatazos ahaha. Es cortito porque es una especie de continuación del cap anterior
