Primerizos
Capítulo 32
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Si Esme hubiera podido, le encantaría ser ella quien sufriera y no su pequeño. Carlisle lo tenía en brazos y aunque Edward no hablaba y ya no sollozaba, las lágrimas seguían saliendo de sus hermosos ojos verdes que ahora lucían tristes.
- El ahora estará bien – dijo mientras le acariciaba el pelo cobrizo del niño. Edward solo asintió levemente y se quedo tranquilo en los brazos de su padre, aunque su expresión seguía siendo de pena.
Hace alrededor de una hora todo se había vuelto un caos. Habían ido a pasar la tarde al parque que estaba cerca de casa ya que había un grandioso sol en Forks. Armaron una cesta con comida, metieron unos cuantos juguetes al auto y junto con Guau emprendieron la marcha para tener un día en familia. Habían comido sentados en el pasto, jugado a la pelota y dado de comer a las palomas entre risas y abrazos, y a estas alturas del día Edward iba a necesitar con urgencia una ducha porque mientras jugaba con su padre se había caído al barro*. Finalmente mientras ella y Carlisle estaban sentados a la sombra de un árbol descansando, un grito ensordecedor los alerto y en seguida buscaron a Edward con la mirada. Cuando encontraron a su hijo el corazón se les contrajo.
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Edward estaba jugando con la pelota que le había regalado su abuelo Aro y era la oficial del Chelsea, su equipo favorito. Sin querer le dio una patada muy fuerte y esta se fue a la calle. Iba a ir a decirle a papá que fuera por ella pero él ya era aun niño grande, tenia ocho y medio así que podía ir solo. Además la pelota solo estaba un poquito en la calle. Guau venía tras él, persiguiéndole como siempre y cuando estaba por tomar la pelota sintió un golpe y después se encontraba en el piso. No le dolía nada y sabía que había sido Guau quien lo había empujado y cuando lo iba a regañar lo vio ahí, tirado sobre el pavimento.
Un caballero se bajo de un auto y le preguntó si estaba bien y trataba de tomarlo, pero él se removió hasta que llegó donde su perro.
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Cuando Carlisle llego donde su hijo se le partió el alma. Edward estaba abrazado al perro y le pedía por favor que no se muriera. No se veía sangre por ninguna parte, pero por como se veía el perro, probablemente tenía alguna hemorragia interna. En cosa de minutos se llevaron a Guau al veterinario mientras Esme en sus brazos trataba de calmar a Edward que solo pedía que su perro se salvara y que por favor no dejara que muriera.
El corazón de Carlisle se apretaba con cada frase de su hijo y su hubiera estado en sus manos le haría salvado la vida al perro. Lamentablemente Guau había sufrido un golpe en la cabeza y el veterinario decía que era imposible que sobreviviera. Dejaron a Edward despedirse de su fiel acompañante por tantos años, ya que el perro estaba un poco conciente.
Edward se acercó y le beso la dorada cabeza, le dijo que lo amaba mucho y que siempre lo iba a querer. Que esperaba que se encontrara con el abuelo Eddie para que tuviera con quien jugar.
Luego lo sacaron de ahí, Esme se lo llevaría a casa, además que tenían que ver si lo iba a enterrar en el jardín de su casa o en el cementerio de mascotas.
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- ¿Te encuentras mejor? – preguntó Esme esa misma noche mientras arropaba a su hijo. Miau parecía triste, al igual que su amo. Iba a ser difícil acostumbrarse a estar sin su compañero, ya que él y Guau eran inseparables. El gato estaba acostado al lado de la almohada de Edward, ofreciendo y pidiendo apoyo.
- No – la voz del pequeño sonaba un poco grave y gangosa por haber llorado tanto. Guau había estado siempre con él y no quería que estuviera muerto. ¿Por qué él? ¿Por qué su perro?
- ¿Quieres dormir con nosotros? – pregntó Esme mientras acariciaba el rostro de su hijo. Sabía que iba a ser un golpe muy fuerte para él. Hasta Carlisle había derramado unas lágrimas con la muerte de Guau, era un miembro más de la familia, era quien movía la cola y ladraba alegre cuando volvían a casa. Y sobre todo era quien hoy había sacrificado su vida para interponerse entre el auto y su hijo. El señor que había atropellado a Guau les había contado que solo vió al niño cuando ya estaba casi encima y aunque frenó, si no hubiera sido porque el perro se interpone, habría sido Edward. El señor no era culpable, ya que el niño había salido a la calle y justo en una curva con difícil viabilidad.
- No – respondió el niño. Así que ella se acostó al lado de su hijo y lo abrazó. Las cosas en la casa iban a cambiar bastante ahora.
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Durante el mes que había pasado, Edward había comenzado a ser un niño feliz de a poco. A veces todavía le daba pena y lloraba porque extrañaba a Guau, pero Miau había sido su más grande aliado y en cuando llegaba a la casa, el gato no se despejaba de él.
Habían enterrado al perro al lado de un árbol, al límite de la propiedad de los Cullen y Su madre, Elizabeth, había plantado algunas flores y estas ya estaban por florecer en la tumba.
Carlisle también había estado muy deprimido porque al final estaba tan encariñado con el perro como cualquiera en la casa y extrañaba salir a trotar con él, pero cuando le habían preguntado a Edward si quería otro perro el solo había dicho que no quería un perro nunca más y se había negado a hablar.
Además, Esme ahora estaba muy aprensiva, si no hubiese sido por su perro, Edward tal vez no estaría aquí. Y eso era algo que la tenía realmente angustiada. Esperaba que este mal trago solo pasara pronto y su niño alegre, feliz y gracioso regresara pronto porque era realmente difícil ver a un angelito como Edward triste.
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N/A: lo estaba escribiendo y me dio pena y lloré todo al rato así que probablemente este super mal escrito. He tenido problemas con fanfiction y no me ha llegado ninguno de los reviews que me han dejado :c espero que ya se haya solucionado el problema y me dejen artos. En caso de emergencia, cualquier cosa al twitter (ladybluevampire)
