Primerizos
Capítulo 37
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Esme lo sabía.
Era una madre, obvio que lo sabía. Lo sentía ahí, como en el estómago. Lo miraba y lo sabía. Y lo que no comprendía era si quería llorar o reír. O ambas.
- ¿Qué? – preguntó Edward. Ella le arrugó el entrecejo – Perdón ¿Qué pasa, mami?
Así, muy bien. Ella no había criado a un mal educado. Su hijo la miraba extrañado. Estaba sentado en la mesa de su estudio haciendo sus tareas mientras ella buscaba en sus muestrarios las telas para poder mandar a hacer las cortinas para la oficina que estaba decorando. El problema era que no había avanzado nada y solo se había dedicado a mirar a su hijo y suspirar.
- Nada cariño, solo estoy un poco melancólica – dijo dándole a su pequeño de cabellos cobrizos una pequeña sonrisa. Su hijo solo le devolvió la sonrisa con una de las suyas, que eran torcidas, como las de su padre.
Desvió su mirada mientras su bebe continuaba haciendo sus deberes. Omitió otra vez el suspiro que quería salir. Su hijo, su pequeño bebe estaba enamorado. Y solo tenía quince.
¿Por qué el tiempo pasaba tan rápido? Parecía que fue ayer cuando tenía a su bebe en sus brazos y le cantaba mientras lo paseaba por el jardín. O ayer el día que su adorado bebe la perseguía gateando por la casa. Pero ya no era así. Edward incluso ahora era más alto que ella. Su voz era grave y aterciopelada y era bello. Y no lo pensaba porque fuera su hijo, habría que haber estado ciega para no notarlo. Media docena de chicas suspiraban tras él.
Pero él estaba enamorado. Ella lo sabía porque tenía esa mirada. Esa misma mirada verde que colocaba ella cuando miraba a Carlisle. Y sabía que había algo hace tiempo, pero solo hoy pudo notarlo.
Y sabía quien era la culpable de esa mirada en su hijo.
Bella.
Esa pequeña de cabellos caobas y ojos café. Era un poco más baja que ella y muy, muy delgada. No era una chica de grandes curvas ¡pero tenía solo quince! Esme adivinaba que tendría un físico envidiable. Y era adorable como una caja llena de gatitos o cachorritos. Vez que iba a casa no podía dejar de darle cosas de comer porque al verla tan delgada sentía que no se alimentaba bien. Había llegado hace ya un poco más de un año a Forks, ya que había venido a vivir con su padre, el jefe Swan. No pasó mucho para que se hiciera amiga de su hijo ya que compartían algunas clases. Alice la adoraba y se divertía tratándola como una muñeca, Emmett la había adoptado como una nueva hermana y para Jasper era otra amiga con la que discutir sobre libros. Pero para Edward era distinto.
- En serio mamá, me estás preocupando. Llevas como diez minutos mirando ese trozo de tela – dijo Edward levantándose y acercándose. Cuando llegó a ella se sentó en el sofá a su lado mientras le tomó la mano – ¿Quieres que llame a papá?
Esme lo miró y sonrió.
- ¿La amas? – preguntó ya sin poder contenerse.
Edward se puso levemente pálido, para después sonrojarse.
- ¿Qué? No se de que hablas, mamá – se miró las manos, porque si su mamá veía sus ojos lo sabría.
- Te pregunto si estás enamorado de Bella, cariño – lo miró a los ojos y sonrió. En unos meses Bella se había transformado en otra más de la familia.
- Yo, yo no, mamá – tartamudeo el cobrizo – si.
Hace años Edward había aprendido que intentar ocultarle algo a Esme Cullen no tenía sentido. Esme sonrió, aunque no estaba segura sobre como sentirse.
- ¿Son novios? – preguntó un poco nerviosa. Tenía solo quince, su pequeño bebe. Tendría que decirle a Carlisle que hablara con él, le gustaría ser abuela, pero no tan pronto.
- No – dijo su hijo un poco apesadumbrado – Ella no sabe mis sentimientos hacia ella.
- ¿Por qué? Yo he visto como te mira, Edward, se que no te es indiferente.
- Si pero, somos amigos, mamá – la miró a los ojos con paciencia – No quiero arriesgar nuestra amistad.
- Pero puedes arriesgar tu corazón. Estoy segura que hay muchos chicos detrás de Bella, es muy linda. Y no creo que quieras que ella tenga un novio que no seas tu.
Las mejillas de su hijo se volvieron rojas y bajó su mirada mientras suspiraba.
- Lucha por ella bebe, si de verdad la quieres inténtalo.
La conversación se vio interrumpida cuando la puerta se abrió ligeramente para dejar a entrar a Miau. El gato estaba viejo y su pelaje ya no era el de antes, pero seguía altivo como si fuera un león. De inmediato Edward se levantó para tomarlo en sus brazos. Sabían que pronto llegaría la hora de partir del animal, incluso ya era extraño que viviera tanto, por eso Edward se paseaba a todas partes con el., para que el gato no hiciera ningún esfuerzo.
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- Hija, es algo normal – dijo Elizabeth mientras hacía un pastel. La abuela se dedicaba a malcriar a su nieto siempre haciendo cualquiera de las comidas que eran sus favoritas. Y también malcriando a su yerno, que adoraba el chocolate – Tu padre también colocó esa cara que tienes tú cuando empezaste a salir con Carlisle.
- Si, pero Edward es tan pequeño – habló Esme, suspirando. Se sentó en una de las sillas de la cocina mientras veía a su madre trabajar en un pastel de chocolates y fresas.
- Hay que comprender que los hijos son prestados, y lo único que podemos hacer es guiarlos en el buen camino.
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- Bueno hijo ¿Y qué piensas hacer? – preguntó Carlisle mirando al cobrizo delante de él. Cada día que pasaba se sentía más orgulloso de su pequeño. Ahora era un adolescente y en cierta forma había esperado que su hijo se colocara rebelde, insolente y caótico. Pero no había sido así. A veces quería estar solo y se volvía medio melancólico. Era exagerado y se lo tomaba todo de la forma más grave, pero a parte de eso todo había sido como siempre.
- No lo sé, papá. Me gusta Bella, me gusta mucho. Pero nuestra amistad puede ser dañada si esto no sale bien – respondió el chico. Carlisle agradecía al cielo que su hijo confiara tanto en él y su madre para contarle sus cosas.
- Entiendo. Tal vez deberías ver si te gusta otra chica, eres joven aún. Tal ve Bella quiera salir con otro chico y ustedes pueden seguir siendo amigos – dijo como si nada. La cara de horror que colocó su hijo le indicó todo lo que necesitaba saber.
- Edward, hijo, se que tienes miedo y todo eso, pero de verdad no haces algo el tiempo pasará y Bella no te esperará por siempre. Ya llevan bastante tiempo como amigos, y se que desde el primer momento que la viste sentiste cosas por ellas. Lo se porque yo lo sentí con tu madre, y eso no es algo que siempre ocurra cariño, esa conexión que tu tienes con Bella no la vas a sentir siempre con todas las mujeres, sabes que soy de la idea de aprovechar el momento. Y si no resulta lo sabrás, tendrás la certeza…hijo, siempre hay que correr riesgos.
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- Tengo que decir algo, no quiero que griten – dijo Edward sentándose en la mesa. No todas las noches tenían la fortuna de poder cenar todos juntos, ya que Carlisle a veces tenía que hacer turnos en el Hospital, su madre tenía sus reuniones con su centro de adultos mayores y su hijo a veces salía con sus amigos, tenía ensayos con la banda o simplemente tenía cosas de adolescente que hacer. Entonces Esme agradecía los días que podían cenar todos juntos y poder conversar con su familia.
- ¿Qué ocurre mi niño? – Preguntó Elizabeth mientras se servía ensalada de papa en su plato – ¿Tu banda por fin es famosa?
- No aún abuela, pero tal vez el director nos deje tocar en el baile de primavera – carraspeo un par de veces, luego dirigió la mirada lentamente a su padre, a su abuela y finalmente a ella – Le pedí a Bella que fuera mi novia y aceptó.
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N/A: este año prometo actualizar más seguido, en serio. El capítulo es un poco extraño, pero a veces se necesita un capítulo disperso para mover la trama.
