Primerizos

Capítulo 38

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- Deberías hablar con él – dijo Esme mientras acariciaba lentamente mi pecho. Era de madrugada y estábamos teniendo tiempo de calidad de pareja. Que gran metáfora. Debería ser escritor.

- ¿Y de qué quieres que hable con Ed? – le pregunté un poco soñoliento. Para ser sincero yo era de esas personas que después de hacer el amor dormía o dormitaba mientras mi mujer me acariciaba y consentía por un rato.

- ¿Cómo que de qué? – de inmediato su mano se detuvo y su cabeza se levantó de mi hombro para mirarme con el seño fruncido. Todos decían que Edward era una copia mía pero con los ojos de su madre. La realidad era que simplemente era como Esme, dulce y tranquilo, hasta que enojaba y regalaba esa aterradora mirada que mi esposa me estaba dando ahora mismo. El cabello era un misterio, supongo que era mezcla entre el color caramelo de mi Esme y mi rubio.

- ¿De qué, amor? Con mi hijo hablamos sobre muchas cosas, ciertamente no se a cuál en específico te refieres – respondí esperando que se relajara. Esme molesta era realmente algo que no tenía ganas de ver hoy. Menos ahora.

- Quiero que hables de sexo con Edward – dijo mientras volvía a recostar su cabeza en mi hombro – Las clases de educación sexual la dan el próximo año y él tiene una novia ahora, no quiero que corran algún susto, son aún muy jóvenes.

Mi hijo teniendo sexo. Ciertamente era algo extraño. Unas ganas enormes entre palmearle la espalda y gritarle "hijo de tigre" y otra de encerrarlo porque mi niñito no podía estar teniendo sexo aún, era mi bebe.

- No creo que pase nada entre él y Bella aún. Soy muy jóvenes y solo llevan un par de semanas juntos – dije volviendo a mi relajo. Hasta que un peñisco en mi pezón derecho me hizo abrir los ojos por el dolor – ¡Esme!

- ¿Qué? Estás comportándote como un gran idiota Carlisle. Se que estás cansado y quieres dormir, pero te estoy hablando de un tema de suma importancia – La mirada de Esme denotaba tanta furia que el hombre prefirió mantenerse en silencio – Se que nuestro es inteligente y que será responsable, pero ambos somos jóvenes y sabemos que las hormonas a veces te vuelven locas y obnubilan tu pensamiento, y por mucho que adore a los bebes no creo que ser abuela sea algo bueno si eso trunca los sueños de mi hijo y los de Bella.

- Hablaré con él cariño, aunque realmente no se que esperas, dudo que se acuerde de algo en esos momentos en que las hormonas lo gobiernen.

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- No se, pero no creo que meterme al quipo de basquet sea la solución. En realidad entre la banda, los estudios y Bella no tengo tiempo para más cosas aunque el profe de deportes insista – parloteaba Edward mientras lo seguía a su despacho. Habían tenido una maravillosa cena y cuando le había dicho a su hijo que quería conversar con él este se había levantado de la silla y lo había seguido tranquilamente mientras le contaba que tenía un profesor por incluirlo en el equipo del colegio.

- Tal vez sea bueno, muchas Universidades entregan becas a los deportistas – comentó apaciblemente. No que su hijo necesitara una beca, ya que su familia tenía mucho dinero y su padre, Aro, continuamente decía que si era necesario construiría una universidad para su nieto. De todas formas, Carlisle agradecía que, a pesar de todos los beneficios económicos que tenía su hijo, el nunca hacía alarde y siempre se esforzaba para ganarse las cosas.

- Pero ni siquiera me gusta el basket, papá – lo miró enarcando una ceja mientras sus verdes ojos le daban aquella mirada del mal heredada de su esposa. Prefirió quedarse callado y terminar el camino en paz. Su hijo era demasiado testarudo para su bien.

Entraron al despacho y tomaron sus puestos habituales. Era bastante común que pasaran tiempo juntos allí, solo conversando. Incluso cuando Edward era mas pequeño muchas veces iba a hacer sus tareas junto a él, o a dibujar. Solo para estar con papá. Extrañaba esos tiempos donde su hijo era un pequeño de un metro que soñaba con ser 'como papi' cuando grande.

- Hijo, creo que tenemos que hablar – dijo más solemne de lo que esperaba. Edward lo miro un poco preocupado.

- ¿Qué pasa? ¿Te ocurre algo, papá? ¿Le pasa algo a mami? ¿A mi abu? ¿A mis nonos? – el rostro del joven cada vez se iba poniendo más pálido así que Carlisle decidió intervenir. Edward solía ser un tanto alarmista.

- No hijo, tranquilo – le sonrió para que se tranquilizara y comprendiera que lo que hablarían no era algo grave – sucede que debemos tener una charla, que aunque hayamos hablado temas como este antes ahora es necesario volver a tratarlos y de forma más profunda, porque bueno…ahora tienes novia.

Carlisle pudo ver casi en cámara lenta como su hijo iba comprendiendo que se trataría la reunión y luego de que sus ojos se abrieran hasta casi lo imposible y un adorable rubor cubriera sus mejillas, decidió que era hora de hablar.

- Hijo, se que tienes claro todo el concepto técnico del sexo. Y tengo muy claro también que te has enterado de muchas cosas no por mi, si no que por tus amigos, la Internet y los libros. Realmente, no te daré una charla sobre sexualidad, si no que sobre responsabilidad – dio un hondo suspiro – Espero que antes de tomar la decisión de mantener relaciones con Bella visiten un ginecólogo, se realicen las pruebas pertinentes y comiencen a utilizar algún método anticonceptivo que sea cómo para ambos.

- Papá…no creo que sea necesario hablar de esto, son cosas que ya sabemos – respondió el joven cobrizo totalmente azorado.

- Lo se hijo, pero a veces hay que repetir las cosas para que no se olviden. En los momentos de pasión te aseguro que el condón se olvida, por eso, ya que son una pareja estable supongo que sería mejor un método como pastillas o inyección.

- Papá, Bella es virgen.

- Que sea virgen no evitará que se embarace, hijo.

- Lo se, pero no creo que se sienta muy cómoda yendo a un ginecólogo.

- Pero lo debe hacer si no quiere quedar embarazada a los quince.

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- ¿Cómo fue la charla? – preguntó Esme mientras peinaba su cabello en el tocador.

- Bien, aunque creo que Edward estaba muy avergonzado. Y por lo que se, ambos aún se mantienen vírgenes.

- Lo se, solo creo que no se mantendrán así por mucho tiempo – terminó Esme dando esa mirada de madre que todo lo sabe.

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