Primerizos

Capítulo 46

Esme miró la foto y sonrió con orgullo. En ella, Edward salía sonriendo, vistiendo una amarilla toga junto a su padre. Se notaba a leguas el orgullo en la mirada de su esposo. En otra se veía a su hijo abrazado con Bella en la entrada principal de la Universidad. En la tercera, se veía a Edward con Mike en brazos, mirando por la ventana. Esa la había tomado ella en las pasadas vacaciones de invierno, mientras Edward, distraído, acariciaba el gato mientras miraba la nieve caer.

Su hijo. Un Edward de ya veintiún años. Su bebé, su pequeño, su niño. Que ahora era un adulto. Que a pesar que casi todos los estudiantes de pre medicina demoraban cuatro años, él lo había logrado en dos y medio y ya estaba oficialmente cursando medicina. Su pequeño cobrizo, al que ya le había entregado el anillo de compromiso que le había dado Carlisle (y que a su vez había sido entregado a él por su padre, y había estado en la familia Cullen por años) para que le pidiera matrimonio a Bella. Ellos ya vivían juntos, y Edward ya había hasta hablado con Charlie, solo esperaba el "momento indicado" que probablemente se tradujera a que Bella terminara sus exámenes y él sus prácticas.

Suspiró. Todo había pasado tan rápido. Era como si fuera ayer cuando su pequeño paseaba gateando por la casa, llenando con su infantil risa emocionada de descubrir cosas, todo el espacio. Como si fuera ayer cuando lo único que quería era dormir rodeado de los brazos de sus papis porque afuera, en el patio, había ruidos extraños. Ayer, cuando sonreía sin sus dientes frontales.

- Así es la vida – le dijo Elizabeth entrando luego de sacudirse la tierra de sus manos, luego de estar trabajando en el jardín – Pero todo se arregla con los nietos.

.

.

.

- No sé, papá. Es mejor que le preguntes directamente a Edward – Carlisle rodó los ojos por octava vez durante esa llamada. Su padre, Aro, quería hacerle un regalo especial a su nieto. Si, su hijo se merecía todo, porque para él era el mejor. Pero la idea de regalos de su padre era un tanto exorbitada. Y aunque a Edward probablemente no le molestaría, le había dicho varias veces que en ocasiones sentía que sus logros no eran de él, sino que los tenía por su apellido. – Está bien papá, hablamos luego.

Carlisle suspiró. Era complicado a veces…todo. Su hijo, que ahora estaba tan lejos, forjando su propia vida. Y que a pesar de todo seguía siendo su niño, y que a veces sentía que era él quien más lo comprendía. Que se esforzaba tanto, y que no sabía a veces como explicarle lo orgulloso que se sentía de él. Y que pronto le pediría matrimonio a su novia. Y que tendría su propia casa, sus propios hijos, su propia vida lejos de ellos y era difícil. Pero se sentía feliz. De todo lo que como padre había logrado. Porque nunca era fácil ser padre.

.

.

.

Fin

.

.

.

N/A: llegamos al fin de esta corta historia. El final fue un tanto abrupto, pero ya no notaba el mismo interés de las lectoras ni nada, así que junto a mi falta de inspiración, terminó en esto.