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Había pasado dos días desde aquel incidente, pero la azabache no podía olvidar aquel iris color celeste, mirándola, tentándola.

-¿Vas a volver a tu casa?- le preguntó la morena en el receso. Y es que la mejor forma de evitar a su prima y a Félix, era quedándose a dormir con Alya. No tenía la suficiente valentía para mirarlos a la cara.

-Tengo que hacerlo, Alya. Mi prima no me va a permitir todas mis salidas- le respondió, comiendo unas galletas.

A lo lejos vio a Adrien. Aún no podía entender como era hermano de Félix, eran totalmente distintos. En carisma y amabilidad ganaba Adrien, pero en belleza ganaba Félix. En su pequeña y retorcida mente no encontraba la explicación de por qué Bridgette estaba con un chico como el témpano de Félix.

-Alya... ¿Tú crees que uno nunca termina de conocer a las personas?-

-Sí, lo creo. Somos humanos en busca de ocultar nuestros defectos, mentiras o incluso nuestra verdad. Es por eso que no hay que dejarse llevar por las apariencias-

-Gracias, supongo- la última palabra fue un susurro. Y volvía a mirar al rubio, preguntándose si conocía su prima sólo por ser la novia de Félix o por algo más.

Félix ya no se sentía tan cómodo para ir a la casa de aquella adolescente. No sabía que había pasado por su mente cuando se le ocurrió tener sexo (sí, sexo. No estaba haciendo el amor, él quería liberarse de aquella tensión acumulada) en la cocina.

-La carne es débil- suspiro frustrado. Y se sentía así por no controlar sus impulsos más irracionales.

-¿Qué sucede amigo?- preguntaba el revoltoso de Claude, mientras leía un libro de física. "Como si un estudio de última hora lo salvaría", pensaba el rubio.

-Nada que te importe- respondió arisco como siempre.

-Problemas en el paraíso con Bridgette- sugirió con un tono demasiado sugestivo para el Agreste.

-Bueno... -no podía guardarse aquel secreto. Que mientras tenía sexo con su novia, había pillado in fraganti a la menor de la casa. Sin embargo el no hizo el amago de que se marchará, no. Incluso se le quedo viendo, como si un gato estuviera a punto de cazar a su presa - Hace unos días atrás, estaba manteniendo relaciones con Bridgette en la cocina-

-Sí que son salvajes- le comentó burlón. Ganándose unas mejillas sonrosadas por parte del rubio.

-La cosa es que... La cocina estaba en la casa de la prima de Bridgette, ¿Mariana? ¿Marianne? ¿Mari...? ¡Marinette! Ella- ni siquiera se acordaba del nombre de la pequeña.

-Y los vio- el castaño ya había dejado de lado el libro, lo que le estaba contando su amigo era mucho mejor.

-Si- afirmó el chico, después de todo no ganaba nada con ocultar la verdad.

-Ya veo, ¿Y qué? ¿Después se fue rápidamente, sonrojada?- Claude pensaba en el comportamiento de una cría de diez años. Abrió sus ojos azules sorprendidos al ver que el rubio negaba -¿No? ¿Se les quedo viendo?-

-Exacto. La muy tonta se quedó ahí, sin hacer nada-

-¿Cuántos años tiene?-

-Quince-.

Claude se le quedó viendo atentamente, buscando algo que lo contradijera. Pero no, la prima de Bridgette estaba en la plena adolescencia.

-Bueno... es normal a esa edad tener curiosidad- le daba el beneficio de la duda el castaño.

-Y también pudor- rebatió el rubio.

-Entonces ¿Por qué no te detuviste? ¿Por qué no la encaraste? ¿Por qué no se lo dijiste a Brid?-

-No sé... Es por eso que no quiero ir a su casa. Los últimos dos días no ha estado, pero estoy seguro de que va volver y será muy incómodo-

-Ya veo, bueno, no es un gran problema. Por cierto, hay algo que me ha estado matando por saber-

-¿Qué quieres saber?-

-¿Cómo es la tal "Marinette"? ¿Es linda?-

Félix comenzó a pensar en la azabache menor. Una chica de cabello azabache corto y se veía bastante suave, sus pestañas espesas que ocultaban los bellos zafiros que tenía por ojos. Sus labios delgados y ligeramente rosados, como si estuvieran en busca de algún contacto. Su piel ligeramente blanquecina, en donde podría asegurar que al más ligero toque dejaría una marca. Sus senos no eran grandes, pero a través de la polera se veían firmes y podía asegurar que sus pezones eran rosados, como unas cerezas en una tarta, los cuales debían ser muy sensibles. Su cuerpo esbelto, delicado pero trabajado. Sus piernas esbeltas y largas. Era demasiado bella para su edad, un espejismo en el desierto. La perdición de los hombres.

-No es tan bella como Bridgette- dijo Félix finalmente. Sacando una gran risotada a su amigo.

-Como tú digas-.

Marinette volvía a la comodidad de su hogar, aunque se llevó una sorpresa.

-Por fin llegaste, Mari- le dijo sonriente su prima. Marinette miro con cuidado todo el perímetro, relajándose de no encontrar al rubio.

-Sí, no podría vivir con Alya todo este mes. Además, no puedo dejar que quemes mi casa- le dijo con burla. Agradecía desde el fondo de su corazón que su prima fuera bastante despistada.

-La cena pronto va a estar. Así que toma una ducha-

-Está bien-.

Félix había recibido el mensaje de su novia, que fuera a la casa de la menor. Con pocos ánimos se acercó al lugar. Cuando estaba frente a la puerta, meditaba entre huir o entrar.

-No seas cobarde- se animó a sí mismo, mientras abría la puerta.

-Hola Brid- se acercó para abrazarla por la espalda.

-Hola Fé- la azabache apagó la llama de la cocina para poder darle un beso -¿puedes hacerme un favor?-

-¿Qué quieres?-

-En la habitación de mis tíos hay una llave que necesito, ¿la puedes ir a buscar?-

-Está bien, ya vuelvo-.

Subió las escaleras rápidamente, sin embargo cuando llegó cerca del baño, salió Marinette de la nada, provocando que ambos chocaran. La azabache un poco perdida levantó su mirada, quedando pasmada.

Félix bajo su mirada, encontrándose con unos ojos puros, que gritaban inocencia. Una inocencia bastante peligrosa, una inocencia que ocultaba una pasión desenfrenada. Luego recordó que la chica no era más que una niña estúpida.

-Fíjate por donde vas- le comentó antes de marcharse.

Marinette soltó un suspiro y bajo a comer, regañándose de ser tan tímida. No podía comportarse de esa forma a esas alturas de la vida.

Cuando la cena se llevó a cabo, se dispuso en un ambiente bastante tenso. No había conversación de no ser por Bridgette. Cuando acabaron toda la comida, la universitaria se propuso en ver una película. Pero el sonido de unas explosiones la alertaron.

-Más akumas- dijo Marinette, viendo desde la ventana el desastre.

-Yo... - empezó Bridgette -Yo... debo ir a buscar un cuaderno que se me quedo. Félix cuida a Marinette- dijo atropelladamente, para luego irse sin más.

Marinette sintió la mirada celeste sobre su cuerpo. No estaba lista para hablar las razones del por qué se había quedado viendo sus relaciones, ni ella sabía.

-Veré una película- dijo de la nada, colocando la primera cosa que saliera en la televisión. Félix en silencio se sentó a su lado, a una distancia prudente.

Llevaban veinte minutos observando la película, sin ni siquiera cruzar alguna palabra.

-John, hazme tuya-

-No está bien, nos puede descubrir mi primo-

-No me importa-

Los protagonistas de la película se acercaron para darse un beso apasionado, tocándose como si fuera una necesidad. Félix vio de soslayo como la azabache miraba atentamente la escena. Recordando las palabras de su amigo "es normal a esa edad tener curiosidad".

Ah! ¡Sí! ¡Más adentro!- decía con una voz un tanto exagerada, siendo el único sonido en aquella casa. Marinette trago sonoramente saliva. Para ver de reojo al rubio, quien veía aquella escena con un poco de aburrimiento.

Más duro! ¡A... así!- Félix se encontraba viendo un poco incómodo hacia otro lado, hasta que el sonido de los cuerpos chocando le llamó la atención. Fue ahí cuando frunció el ceño, la escena subida de tono se estaba realizando en la cocina. Recordando el evento de hace dos noches.

-Amy... me voy a... venir-

Marinette, quien se encontraba con la mirada baja, levantó su vista para ver a Félix. El cual también le dirigió la mirada después de un instante. Ambos se quedaron viendo fijamente, tan sólo el sonido de la televisión era el que irrumpía el silencio de hogar. Marinette comenzó a removerse incómoda al sentir la humedad en su parte íntima y Félix sentía como su miembro se comenzaba a colocar más duro. Hasta que el orgasmo de los protagonistas llegó, provocando unos escalofríos en ambos y gimieran por lo bajó. Ambas respiraciones eran agitadas.

-Yo... ¡Buenas noches!- la azabache ya no aguantaba más, así que huyó rápidamente en dirección a la habitación. Con una mano en su pecho, para bajar su ritmo cardíaco.

Félix escucho el azote de la puerta y soltó un suspiro por lo bajó, mientras despeinaba su cabello.

-Buenas noches- apagó la televisión y se fue a dormir a la habitación de su novia. Esperando que la noche no fuera lo suficientemente larga.