Adrien se encontraba mirando a lo lejos a la azabache menor, devolviendo su mirada a sus manos en un suspiro. Se sentía hecho un manojo de nervios, quería acercarse a ella, ver a aquella jovencita interesante y embriagante de la noche anterior. Pero no podía, no quería tampoco. Él sospechaba que si se acercaba a ella con ese regalo pensaría que estaría comprando su silencio y no quería aquello.
-Viejo, siento que en cualquier momento te dará un infarto-
-¿Tan mal luzco?-
-Como si hubieras vivido una masacre-
-Estoy un... tanto nervioso- vacilaba en un momento de sinceridad.
La carcajada en forma de representar su burla y sarcasmo, es decir, Adrien Agreste nervioso por entregar una simple invitación del evento más grande de su padre.
-Nino- comenzó a farfullar, cosa que provocó otra ola de risas.
-Lo siento- dijo una vez de haber vuelto a su compostura -Es que son pocas las veces que puedo verte de ésta manera-
-Gracias-
-Mira, viejo, sé que ella ahora te odia, no sé qué le hiciste, pero si quieres volver a ser su amigo, ten el valor para invitarla-
El "valor", aquella palabra impacto de sobremanera en su sistema. De alguna forma u otra, su amigo le había dicho cobarde y lo era, él más que nadie sabía lo cobarde que era, a comparación de su hermano Félix.
Con pasos furiosos, fue en dirección a Marinette, sus ojos destilaban un brillo especial, algo distinto. La ojiazul lo vio acercarse, algo dentro de su ser se revolvió, nunca había visto aquella mirada aparte de Félix. Le dijo algunas cosas a Alya, para luego poder enfrentarlo.
-¿Qué quieres, Adrien? Pensé que lo había dejado más que claro-
-No quiero pelear, Marinette. Entiendo que me odies, pero no lo hagas, me duele perder una amiga-
-Cuando te besaste con Bridgette no te parecía importar-
Frustración, eso demostraba el nuevo semblante de Adrien. Se sentía impotente, odiaba tener que dar explicaciones de aquel enamoramiento ingenuo.
-Mierda ¿es que no te vas a cansar de sacarme eso en cara? Es molesto- dijo con enojo, enojo que desapareció al darse cuenta que no había actuado como Adrien.
Pero se sorprendió que ella soltara un silbido y se riera, para luego mirarlo con burla. En lo más profundo de su ser, la chica aún quería aquel chico principesco. Pero no podía, iba sufrir y ella ya no podía ser feliz, su nueva resolución era hacer feliz a Félix. Pero con el error que había cometido anoche, toda confianza había desaparecido.
-Lo siento... yo-
-No te disculpes, prefiero que muestres quien eres conmigo, mi odio hacia ti disminuye de aquella forma-
Un silencio abrumador quedó entre ellos, que se miraban de una manera extraña. Ella aún lo odiaba, aún tenía aquella voz en la cabeza que le decía que lo hiciera sufrir, a él y a su prima, pero a la vez había otra voz que le decía que en cualquier momento la iba joder. Su mente era un revoltijo de dolor y odio, después de todo estaba a un hilo de ser akumatizada, si es que ya no lo era.
Pero Adrien vio algo distinto, algo que le llamaba la atención. Una Marinette distinta, única, pero fría y distante, que destilaba odio.
-Te quería invitar a la fiesta de mi padre- dijo de la nada.
-¿qué?- la azabache lo había escuchado, pero no podía creerlo. Una fiesta de Gabriel Agreste.
-Es mi ofrenda de paz, para que no me odies. Tampoco es una compra a tu silencio, lo admito, estoy locamente enamorado de Bridgette. Pero eso es mi problema y yo veré como arreglarlo, sin embargo no quiero perder mi amistad contigo-
Se le quedo viendo, analizando la nueva situación. Quizás, en el tiempo que estaba perdidamente embobada por él, hubiera estallado de felicidad. Pero ahora no era novios, amigos o algo, eran más bien cómplices de un amor unilateral por parte del rubio. Pensó en rechazarlo, sin embargo los ojos celeste témpano del mayor de los Agreste se hizo presente. Era la oportunidad perfecta para volver a hablar con Félix, de poder probar nuevamente sus labios.
-Está bien, iré contigo. Y podemos seguir siendo amigos, no tengo problemas- aceptó con una sonrisa cínica, cosa que el rubio no se había percatado.
-Entonces nos vemos el viernes en mi casa, Marinette- Adrien le sonrió para finalizar su conversación y se fue, sin embargo el nerviosismo no quería dejar su cuerpo, no cuando sentía la profunda mirada de la azabache atravesar su cuerpo, como si él reaccionara ante un peligro.
-Debo estar volviéndome loco- se susurró, para luego volver con Nino.
Pero Marinette borro aquella sonrisa, nunca iba dejar de aprovechar los instantes para hacer sufrir el rubio, no lo perdonaría así de la nada.
-Estás cada vez más profundo, querida- dijo su consciencia al oído.
-Pues créeme que no me molesta-
-¿Qué haremos con Adrien?-
-... Pues lo haremos desaparecer-
-¿En la fiesta?-
-En la fiesta-
-¡Marinette, vamos, tenemos que entrar!- su amiga, Alya, le grito desde el segundo piso, para que luego Marinette asintiera y fuera corriendo. Como si aquel momento nunca hubiera existido.
Félix se encontraba hablando por teléfono con su novia, organizando el día del evento de su padre. Después de todo, él iría con Bridgette.
-Entonces nos vemos, cariño- dijo Brid, en modo de despedida.
-Adiós, Brid, nos vemos-.
Lanzó su teléfono lejos, botando todo el aire que quedaba en sus pulmones. Poso sus dedos sobre los labios, intentó rememorar la noche anterior, la calidez de su boca, la suavidad de sus labios, el sabor de su esencia, Marinette era todo aquello y más. No podía creer que había caído tan bajo, había engañado a su novia.
-Sé que hubiera hecho más de no ser por Brid-
El problema no recaía en el beso, si no que él no se arrepentía de haber besado a la menor, se suponía que la consciencia debería estar como loco diciéndole que debía decirle a Brid, pero no. Había actuado como si nada.
-Quiero volver a tenerla-
Y era cierto, una vez entre sus brazos la quería de vuelta.
-Hola, Fél- saludo su hermano, en forma de cortesía.
-Hola Adrien-
-Oye ¿Tienes una corbata que puedas prestar?-
-¿Una corbata? ¿Para qué?-
-Es que invité a Marinette al evento de papá-
El rubio se quedó en silencio, pensando en las maneras de como el destino hacía que estuvieran juntos. Soltó un suspiro y asintió. Adrien rebusco entre los cajones de su hermano par luego agradecerle e irse.
-Ya quiero que sea viernes por la noche- finalizó, mientras se volvía lanzar a su cama.
