Marinette había llegado a su hogar un poco más temprano ese día, tenía que terminar los últimos detalles de su vestido. Bridgette, por ser la nuera querida de Gabriel, éste le regalo un vestido negro, el cual llevaría esa noche. La azabache mayor estaba nerviosa, mientras se colocaba los aretes, sentía que algo malo iba pasar.
-Brid, tienes que estar pendiente de tu prima-
-¿También la sientes... rara?-
-Algo así, no me gusta sus acciones, es como si estuviera akumatizada-
-Tengo miedo de que sea por mi culpa-
-No lo creo, además no es seguro-
La azabache tan sólo asintió.
Marinette por otro lado se colocó el vestido rojo vaporoso, que parecía tan voluble al moverse, era largo con una gran abertura en su espalda. Se pintó los labios rosados y un maquillaje más llamativo en sus ojos para resaltar el azul cielo que poseía. Su cabello corto, estaba ondulado, un estilo más retro.
-Si que lo quieres impresionar- dijo su conciencia, sentada en el diván.
-¿A quién?-
-A Félix, es obvio que quieres más-
-Tan sólo quiero empezar seguro. Además, tenemos que encontrar la forma de deshacernos de él-
-Engatusalo-
-Ni loca-
-Pues ya lo estás, pero no veo otra forma. Lo engatusas, te lo llevas lejos y lo matas. Simple, rápido-
La oji azul le quedo viendo, y le sonrió. Era una buena idea. Terminó de arreglarse cuando vio la limusina de los Agreste llegar fuera de la panadería.
Adrien estaba ansioso, veía como las luces se iban apagando. La puerta se abrió y vio a Bridgette, con el vestido negro ajustado, con un escote moderado. Su corazón se aceleró y una sonrisa se posó en sus labios.
-Dichosos sean los ojos que te vean, My Lady- le comentó mientras le tendía su mano y le daba la vuelta. La chica tan sólo soltó una risa coqueta.
-Me pregunto cuándo será el día que te veré una novia-
-Tu sabes sobre mis sentimientos-
-Adrien, otra vez con eso- Bridgette tenía una mueca en su rostro.
El rubio iba a responder, pero sintió su corazón detenerse. Verla en aquel traje rojo, y su semblante sereno, unos ojos cautivantes, hizo que su algo en su ser fallara.
-Marinette, te ves hermosa-
-Supongo que gracias- dijo mirándole a los ojos. Después pasó de largo para ingresar a la limusina.
Buscaba con la mirada a Félix, pero no estaba. De seguro la estaba evitando. Durante todo el trayecto escuchó como Adrien y su prima hablaban de temas estúpidos. Su vista tan sólo se tornó ansiosa al ver la mansión Agreste.
El bullicio, el leve olor a alcohol combinado con el tabaco. Las risas falsas y algún otro susurro envolvía el ambiente. Félix se encontraba hablando con un empresario holandés cuando sintió un poco de presión en su brazo. Al dirigir su vista hacia abajo, vio a su novia con una sonrisa.
-Hola Brid- le saludó de manera distante. Cosa que le molestó a la azabache, lo miro bien en busca de un akuma, pero nada.
-¿Qué sucede?- le preguntó en forma de susurro. Ella sabía como mediar con un Félix irritado.
-Nada, sólo que no me gusta el ambiente-
-¿Y si vamos a tu biblioteca?- le animó.
-No, no. Tú sabes como se pondría mi padre si me alejo-
-Ya veo, ¿vamos con Adrien y Mari?- ella no quería estar cerca de su prima, pero se veía algo distinta, un aire tóxico cerca de ella. Se preocupaba por Adrien, así que prefería tenerlos cercas.
Marinette se encontraba hablando de temas triviales con Adrien, incluso se burlaba de él. Aunque siempre le preguntaba sobre los sectores más privados de la mansión.
-La biblioteca de Félix es el lugar más silencioso. Es bastante tenebroso-
-Yo quiero verlo ¿vamos?- le ofreció su mano, como una viuda negra.
-A papá no le gusta ese lugar-comentó mientras miraba la mano de la chica con duda.
-¿Qué tiene ese lugar?-
-Hay un balcón, sin refuerzos. Papá piensa que me puedo caer-
-Con lo tonto que eres, también me podría preocupar-
-¡Oye!-
-Además también alguien te puede empujar-
-Y esa sería tú- Marinette se quedó helada ante aquel comentario, pensando que el rubio leía mentes -Es broma, no te coloques tensa-
-No es gracioso. De todas ¿por qué no vamos?
-¿Ir a dónde?- aquella voz la conocía muy bien.
-Queremos ir a la biblioteca tuya, Félix- le dijo Adrien.
-Hmm... No lo sé, no me gusta aquella idea- comentó Bridgette -Por cierto, iré a saludar a tu padre, ya vuelvo-
-Si me disculpan, me voy a retirar un momento- Adrien se fue corriendo por la dirección opuesta de Bridgette.
Un silencio un tanto incómodo entre ellos se hizo presente. Pero Félix sabía algo, y la única persona que le podía ayudar, era Marinette.
-Si quieres, yo te puedo llevar a la biblioteca-
-¿Hablas en serio?-
-Sí-
Miro a su alrededor y nadie parecía notar la presencia de ambos.
-Está bien- le contestó.
Ambos fueron caminando en silencio, subiendo las molestas escaleras. Sin embargo, llegaron muy rápido al lugar. Cuando Marinette lo vio por primera vez, se impresionó de ver tantos libros. Pero era Félix de quien se trataba.
-Tienen una gran colección- dijo la azabache, observando la gran biblioteca, maravillada de que el rubio compartiera algo más íntimo con ella.
-Sí, son libros que mi madre me regalaba. Siempre tuve una afición hacia los libros extensos-
-Ya lo creo-
Félix veía con cautela a la azabache, guardando los pequeños detalles que la hacían ver más bella. Aquella tela tan grácil, moldeabdo una figura que ya se la había imaginado, el cabello cayendo por su espalda. La cual estaba totalmente descubierto, dejando ver su preciosa piel como porcelana.
Vio como Marinette intentaba alcanzar un libro, pero su altura le impedía. Se acercó, posicionadose detrás de ella, alcanzandole el libro. La azabache sorprendida de tenerlo tan cerca como la otra noche, se dio la vuelta.
-Félix- susurró su nombre, y el mencionado bajo la vista, perdiéndose en los zafiros. Se agachó un poco más.
-Estoy loco, pero me volveré demente si no te tengo-.
Junto sus labios con un poco de desesperación, acercando lo más posible sus cuerpos, como si la tela no fuera impedimento. Marinette levantó sus manos, jugando con las hebras doradas, mientras abría sus labios para dejar pasar la lengua del mayor. Jadeó al sentirlo de aquella forma.
Félix comenzaba a delinear la figura de la chica con sus manos. Acariciando su cintura y luego su espalda, sabía que a la menor le gustaba, lo demostraba con cada gemido de aprobación.
-Félix, por favor, no te detengas- lo deseaba, lo podía sentir en su corazón, lo quería a él. No le importaba que fuera una biblioteca.
-Créeme que no lo voy a hacer- le respondió mientras bajaba sus besos por el cuello, los suspiros de la muchacha no tardaron en llegar y sentir aquel cosquilleo en el vientre bajo. Sus respiraciones se hacían cada vez menos estables.
-¡Ah!- grito de sorpresa al sentir como su clavícula era mordida. Aquel grito incentivo aún más al rubio para seguir con sus deseos. Sus manos traviesas viajaron hasta busto de Marinette, maseajando lentamente sus senos.
-Mmgh- sentía sus extremidades más débiles, en cualquier momento de derrumburia de placer. Félix bajo sus manos hasta el corte de la tela, pasándola por debajo, levantandole las piernas. Sus intimidades estaban cada vez más cercas.
Marinette, cansada de que todo lo hiciera Félix, comenzó a mover sus caderas de forma ascendente. Un gruñido por parte del rubio provocó una sonrisa de suficiencia de la azabache.
Félix por su parte, comenzó a quitar la parte superior del vestido, Marinette le quitó la corbata, a medida que abría su camisa.
-Ya me imaginaba que eras perfecta- dijo una vez que que tuvo una vista completa desnuda del torso de la menor.
-¿Me imaginabas desnuda?- pregunto bastante sorprendida.
-Supieras cuanto- le susurró con un tono de voz más grave de lo normal.
Con delicadeza, bajo sus manos desde el cuello hasta el Valle de sus senos, como si fuera algo desconocido. Los pasó por el seno derecho, mientras el pulgar giraba levemente en el pezón. Se deleitó de la suavidad de estos, de lo receptivos que eran. De lo dispuesta que estaba la muchacha, experimentando con él, dejándose guiar con él, tomando algunas veces la iniciativa. Marinette en cierto sentido, era todo lo que Bridgette no era. Era delicada, dulce, novata, sensible. Era perfecta para él.
Marinette bajo sus manos hasta el cinturón del muchacho y en busca de la bragueta. Sabía que Félix aún no estaba completamente listo, su miembro estaba medio erecto, lo podía sentir con sus manos.
El ruido de la bragueta abriéndose, el momento en que ambos tragaron saliva con profundidad, porque ambos sabían que no había vuelta atrás.
-¡Félix! ¡¿estás ahí?! ¡¿Marinette está contigo?!-
Ambos se separaron con una rapidez impresionante, mientras veían preocupados con el pestillo de la puerta se movía sin lograr abrirla.
Marinette miro preocupado al rubio, lo último que quería hacer, era que el sufriera. Lo miro con miedo de que él se haya arrepentido.
Pero Félix la sorprendió con un beso cálido en su frente, mientras acariciaba sus mejillas.
-Tranquila, que no me arrepiento de nada-.
Le dijo que él saldría primero y ella tendría que salir después de diez minutos. Al terminar la fiesta, todo había sido un éxito, nadie se dio cuenta de lo que pudo haber sucedido.
-¿Cómo encontraste la fiesta?- le pregunto con curiosidad su prima.
-La más maravillosa y placentera noche, prima- dijo con una sonrisa sincera por primera vez en el mes.
Lo siento, sé que me demoro en subir esto. Pero fanfiction me debería dejar escribir del teléfono. Muchas gracias los comentarios, fav's, seguidos y si tan sólo leen. Un abrazo enorme y cariño, porque yo estoy sufriendo. Sin más, adiós.
