Aquella visita no se la esperaba, realmente no se esperaba verlo tan pronto, no después de los sucesos que habían vivido la noche anterior. Pero recibió ese beso gustosa, no iba negar que se estaba volviendo adicta al muchacho. Aquella calidez, la excitación creciente como si fuese un amor prohibido, cosa que lo era pero no le importaba.
-Alguien está desesperado- le susurró entre los besos.
-No me gusta estar lejos de las personas que me encantan- dijo finalizando los besos, pero manteniendo sus frentes unidas.
El corazón de Marinette se aceleró un poco, sintiendo paz, como si aquel veneno con el que estaba viviendo se alejara. La ilusión de la azabache sintió peligro, no podía marcharse sus planes aún no finalizaban. Trato de que la mariposa que Hawk Moth había enviado entrara aún más en el corazón de Marinette.
Se alejó, aunque no mostraba signo de algo malo en su conducta. Pero la opresión en el pecho le decía que no debía querer tanto al muchacho. Soltó un suspiro y lo miro a sus ojos celestes, que brillaban de una manera particular, sí, como amaba aquellos orbes que le mostraban el brillo más hermoso. Le hacían sentir la felicidad que nunca llego a completar y sobre todo, con esa mirada se sentía amada. Definitivamente Félix Agreste era el hombre perfecto.
-¿Sabes qué? Tenemos que tener nuestra primera cita. Primero cita y luego sexo, o acaso quieres saltarte las reglas de un caballero- le pregunto picara, mientras se alejaban tomados de la mano, sin la preocupación de que alguien los viese. Después de todo, los alumnos ya se habían ido de la institución.
-Pues el hecho de tener sexo antes que nuestra primera cita, es de lleno tu culpa. Señorita Dupain-
-Me declaro culpable, pero también es culpa tuya. Ahora que lo pienso- susurro antes de subir al automóvil del chico. Félix se quedó a su lado, aprontando levemente para que la chica continuara con la oración. Marinette suspiro antes volver a verlos a los ojos -Que sucederá con Bridgette-
Algo en la mente del amor no parecía funcionar o más bien, algo en su pequeña mente se dio cuenta de algo. Cierto, en todo esto estaba Bridgette de por medio. Había echado por el caño los cinco años de relación, todo por una adolescente. No le importaba, quizás si le doliese un poco, pero sabiendo que la felicidad estaba más cerca de Marinette, que todo el amor y las nuevas esperezas estaban con ella, quizás, lo mejor era terminar con Bridgette. Ya no eran la pareja de antes y el amor que le profesaba ya no era igual.
-Te prometo que mañana por la tarde terminare con ella. No quiero que nuestra relación este oculta-
¡Bingo! Era Félix quien le rompería el corazón a su prima. Eso le hizo sonreír antes de ingresar al auto. Las cosas iban mejor de lo que esperaba. Tan sólo al hundir a su prima, Adrien estaría destrozado. Sí, así seria.
Luego de una tarde con su primera cita, ambos muchachos se fueron a sus hogares separados, todo debía permanecer igual que siempre. Todo sería igual hasta mañana. El rubio al llegar a su casa, Natalie lo intercepto en las escaleras, mencionando que Gabriel necesitaba de la presencia de él para hablar algo de suma importancia. Cosa que lo coloco nervioso.
Gabriel se encontraba en su oficina con su cara de pocos amigos, aunque Félix se cuestionaba que el mayor tuviera una sonrisa, no desde que su madre había desaparecido. El rubio menor se sentó en frente de Gabriel.
-¿Qué sucede padre?- le preguntó, con el mismo tono que su padre empleaba con ellos.
-Cómo va tu relación con Bridgette?-
Félix se tensó levemente, sospechaba que su padre supiera que la había engañado. Sí, era cierto, era un maldito infiel, aquellos que tanto odiaba. Pero esa infante lo había seducido, había caído en sus redes gustoso. Aquella tarde iba terminar con Brid, no merecía que la engañase. Y como él era correcto para sus cosas, no veía razón para que estuviesen juntos.
-Bien, supongo- le dijo. Se regañaba por ser un cobarde ante su padre. Algo empezó crecer en su estómago, nervios, miedo, no podía decidir cuál de los dos era más predominante. Su padre le dio una mirada rápida antes de iniciar nuevamente la conversación.
-Bien, entonces necesito que hagan su relación oficial y seria, de manera pública- dijo sin más, volviendo a prestar atención a los diseños. Sintió como la sangre se iba de sus extremidades y una molestia en el pecho comenzó a crecer. Si había escuchado bien y si entendía bien lo que estaba sucediendo. Su padre le estaba sugiriendo "eso".
-¿Quieres que nos comprometamos?- pregunto con temor a la respuesta. No quería oír lo inevitable.
-Sí, es lo que dije. Ya es hora de que Bridgette sea parte de la familia. Es una chica simpática y amorosa. Te hará bien, además la quiero como mi mano derecha-
-¡No puedes hacerme esto!-
-No me grites, además, dijiste que su relación iba bien. Llevan tanto tiempo juntos, que será mejor que empiecen a mirar a futuro, y eso sería su matrimonio. Tan sólo estoy adelantando los hechos que iban a suceder. Un matrimonio no es el fin del mundo-
Aunque Gabriel lo dijese de esa forma, Félix no lo sentía así. Quería terminar con la azabache lo más pronto posible, antes de que todo se saliese de control. Pero nunca podría ser libre, siempre sería el prisionero de su padre. El nunca sería Adrien y esperaba que Adrien nunca fuese como él, que aquel rubio si viera la libertad de la cual estaba alejado.
-Está bien, supongo que se hará en un evento-
-Así es, mañana en la tarde. A las tres para ser más exacto. No faltes-
-Ahí estaré-
Al salir, vio a su hermano llegar. Pero tan sólo le dio un corto saludo para irse de ahí. Necesitaba que su amigo Claude le ayudara a distraer a Marinette, no quería que se enterara por los medios televisivos. Sería él quien le diera la noticia, aunque tendría que ser después. Además, le iba hacer la promesa de que pronto estarían juntos y esa unión de anillos no simbolizaba nada.
-Sí que es raro que me llames, Félix-
-Necesito tu ayuda-
-Que sucedió-
-Muchas cosas-
Después de explicar todo lo sucedido, no tenía ganas de ir a ver a Bridgette, ni siquiera a Marinette. Tan sólo necesitaba un momento de paz en su tormentosa vida. Pero eso no significaba que cierto gato no saliese, es más, la vida gatuna era nocturna, cosa que Chat Noir podría aprovechar. Le gustaba y sobre todo, quería visitar una vez más a Marinette, con curiosidad avasalladora, después de haberla visto ir con un hombre, cuyo rostro no pudo ver, quería saber quién era el chico por el cual la azabache se decantaba. Sí, lo admitía, tenía una pequeña obsesión por su compañera de clases, pero eso no llegaba más allá que un simple gusto. Pues si le gustara en forma de amor, las cosas serían distintas.
-Marinette, abre tu ventana- le gritaba, mientras golpeaba el vidrio, provocando un horrible chirrido. Cosa que despertó a Bridgette. La azabache mayor sacó su cabeza para ver la situación y soltó una risita para volver a dormir. Después de todo, había recibido un mensaje por parte de su novio de que debían verse mañana por la tarde, y que debía ir bien vestida. No tenía ni la menor idea de lo que planeaba el rubio, pero estaba ansiosa.
-No esperes muchas cosas, Brid- le advirtió Tikki.
-No hay de qué preocuparse, siempre me ha salido todo bien- y con eso en mente, volvió a dormir.
Por otro lado, Marinette tenía miedo de lo que estaba sucediendo, muchas alucinaciones, una peor que la otra. Su otro yo en una esquina observando con una sonrisa. Y su corazón era lo que más le dolía, desde que se despidió de Félix, se encontraba así. Un ruido fue el que la despertó de su subconsciente. Ahogando un grito y tomando cuánto aire fuese posible. Una vez más calmada, se dirigió a la ventana.
-Esto parece una molestia, Chat Noir-
-Me parece una falta de respeto que trates así, Marinette-
-Pues, no me importa mucho-
El chico vio su frente perlada, pero se encontraba pálida y unas horribles ojeras eran dueñas de sus ojos. Al parecer no estaba teniendo días fáciles.
-¿Te sientes bien?- le preguntó una vez que se sentó en sofá.
-Lo suficiente para saber que eres molesto-
Soltó una carcajada limpia, al parecer no iba cambiar. Sin importar los problemas. Le sonrió de manera sincera y otra vez posó su mirada sobre Marinette. Sí, le hubiera gustado que su corazón la hubiese escogido a ella y no ha Bridgette, estaba seguro de que podría ser feliz con ella.
-Por cierto Marinette, no sabía que tenías una predilección por hombres mayores-
-¿A qué te refieres?-
-Es que hoy en la tarde te vi entrar al auto de hombre, aunque no lo pude ver-
-Así que cierto gatito estudia en mi colegio... veamos rubio de ojos verdes... quien podrá ser- decía con voz burlona al ver como el chico se colocaba nervioso -podrá ser Adrien Agreste-.
El héroe se sintió estúpido al comentar eso. Pero al ver que Marinette tan sólo se reía y decía algo como "imposible", soltó un suspiro imperceptible para la fémina. Mejor probaría preguntar de otra forma.
-Me gustaría saber quién es- dijo de manera casual, mientras miraba el diseño de la chica.
-Por qué tanto interés, gatito ¿acaso te gusto?- le respondió con una pregunta, aunque lo decía en broma.
-Ni creas, sólo curiosidad-
-La curiosidad mato al gato-
-Pero yo no soy un gato-
-Sin embargo, de todas formas puedes morir- la forma en que lo dijo, su voz aterciopelada, con un toque de maldad, provoco escalofríos en el chico. Miedo, aquello sintió, sus alarmas se activaron y le decían que debía huir rápidamente de ahí.
-Vamos, estamos en confianza, somos amigos-
-Pues tú me consideras amiga, pero yo no soy nada tuyo. Y para que te calles, es secreto. Nadie lo sabe-
-¿Ni tu prima?-
-¿Cómo conoces a mi prima?-
-Eh... Bueno, fue un gusto verte, Marinette, pero tengo asuntos que resolver-
Antes de que se pudiera marchar, la azabache le tomo del brazo, provocado que ambas miradas se interceptaran. Con distintas intenciones y sentimientos. Con nervios, el rubio se volvió a soltar para marcharse de ahí.
-Crees lo mismo que yo- susurró su otro yo.
-Sí, aunque me parece una broma de mal gusto- soltó de manera colérica.
-Calma, que todo pronto se solucionará, a partir de mañana- dijo para sí misma, antes de volver a la oscuridad de la habitación.
La ansiedad estaba ante todos, distintos motivos por el cual todos estarán unidos. Por el cual todos iban a sufrir. Un compromiso, aquella unión que los separaría a todos, para siempre.
