La batalla había iniciado y todos habían sido evacuados a sus respectivos hogares. Después de todo, el combate se daba en las cercanías del rio. Cuando Ladybug llegó se sorprendió de ver al monstruo. O quizás no tanto. Una chica, más bien Marinette como le había dicho Claude antes de escapar, con una piel extraña, que se movía a cada cierto tiempo como si siguiera el pulso del corazón. Ojos morados y su cabello negro, moviéndose libre, como si estuviera moviéndose bajo el agua. El akuma apodado Heartless no buscaba nada más que destruir a los héroes de París. Nada novedoso. El problema es que absorbía todos los malos sentimientos para crear armas cada vez más peligrosas. Eso los dejo fuera de combate a ambos. Los héroes se veían, planeaban nuevas tácticas pero nada estaba dando resultados. Se sentían inútiles y tenían miedo de fallarles a París.

-Deja el cuerpo de la chica, Hawk Moth- decía Ladybug, quien se encontraba mal herida. La batalla se estaba alargando demasiado y el lucky charm había sido inútil, dado que no mostró nada ¿A qué se refiera la magia? ¿Es que ya nadie la podía detener? Bridgette no entendía, todo ese odio que tenía su prima la estaba destruyendo, si no la detenía, Marinette podía desaparecer al igual que todo París. Adrien seguía atacando, intentando con todas sus fuerzas hacerle entrar en razón, pero nada. Su piel oscura que cada cierto tiempo se volvía puntiaguda, como si aquel cambio de textura tuviera un ritmo. Sus ojos azules no estaban, tan sólo podía ver unos brillos morados y además de que su piel salía unas armas o poderes tan siniestros. No tenían idea en donde podría estar aquel akuma. No obstante, él no se rendiría, entendía el dolor de ver como alguien preciado se fuera de tu lado, pero ¿a quién quería Marinette?

No hace mucho, Alya le había contado que la azabache se encontraba colada por su persona, pero que de un día para otro lo dejaba ir. Sin embargo, él vio que había otra persona, un hombre mayor, cuya identidad era desconocida. ¿Será ese hombre el responsable del dolor de Marinette? Podía sospechar que sí. Si el rubio supiera que una suma de dolores y todo empezó con él.

Heartless cansada de la absurda situación, viendo que tanto Chat Noir y Ladybug se encontraban devastados, que perfectamente con ataque los podría asesinar y así conseguir los Miraculous que tanto quería Hawk Moth. Sin embargo, no se le apetecía, no ahora. Porque ella tan sólo quería estar con Félix. Otra vez los divisó, el héroe se acercaba con su báculo y con un simple movimiento de manos, lo mandó a volar hasta al otro lado del rio Sena. Ahora se dirigió hasta Ladybug, quien estaba toda la sangre acumulada, podía dar por hecho de que sus costillas estaban rotas. Y puede que una que otra herida a otros órganos, pero sintió un escalofrío al sentir que su prima se acercaba con una lentitud aterradora. Morir en manos de tu prima, que lindo. Era lo único que pensaba en esos instantes.

-¿Qué haces? Dejaste ir al otro Miraculous-

-No te preocupes, conozco a los portadores- sonrió, mientras hablaba con Hawk Moth. Ahora Bridgette se levantó lo más rápido que pudo, colocándose en posición de ataque ¿Era posible que ella supiera quién era? Gracias al movimiento brusco, se hizo más daño del que tenía.

-Te ves muy mal, Brid- y ahí estaba ese tono de voz de su pequeña prima, esa inocencia que no tenía.

-Marinette ¿eres consciente de lo que estás haciendo?-

-Marinette aquí, Marinette allá. Marinette deberías ser como tu prima, Marinette me gusta tu prima, Bridgette siempre es muy genial ¡Basta! ¡Me enferma, no sabes cuánto! Claramente soy consciente ¡Llevo con esa maldita mariposa como hace dos semanas y tú de tonta no te has percatado! Mira la estúpida heroína que eres, primita- se acercó para zarandear su cabello, logrando un alarido de dolor por parte de la mayor –Todo este dolor es tu culpa, de Adrien, de mis amigos, de mis padres, de todos. Incluso yo misma soy la culpable. Pero yo lo quise de esta forma y ella también-

-¿Ella?-

-Oh querida, piensas que Marinette sigue en este cuerpo. Pues claro que no, fui yo quien le dijo que me dejara entrar, que la haría sentir mejor. Años encerrada en el fondo de su mente, atormentándola y vienes tú y me ayudas, te lo agradezco. Ahora tan sólo te tengo que matar. Al igual que al otro chico-

-No toques a Chat Noir-

-Llámalo por su nombre, después de todo, no es un secreto que sea Adrien Agreste-

Bridgette quería llorar, gritar, se sentía impotente al saber que todo se le escapaba de las manos. Como el agua que fluía sin cesar, no había fin. Un oscuro pozo sin fin. Balanceo su yo-yo mágico, esperando poder atacarla. Las ideas se veían atascadas. Podría ser el final del Ladybug. Pero llego Chat Noir, muy sigiloso, por la espalda de la muchacha. Se lo había dicho desde un principio, tenía que usar su poder destructor en ella. Era un riesgo que tenían que correr, y si sacrificar a Marinette significaba salvar a París, no había más remedio. Tampoco es que ya a esas alturas quisiera pensar en otro. Esto le hizo sentir mal, que no estaba interesada en salvarle la vida a su prima. Si saber, su corazón se volvió un poco oscuro y los aretes estaban perdiendo la magia. Bridgette estaba siendo despojada de su deber, no aún, pero si seguía con esa línea de pensamientos, lo iba lograr. Miro nuevamente al héroe, que tenía ese cumulo de energía oscura en su mano, ella no lo pensó más y le dio el permiso.

-¡Cataclismo!-

Pero Heartless fue más rápida, y tomó su mano, dándole una escabrosa sonrisa antes de tomar su poder y absorberlo. Sorprendiendo a ambos en el acto. Y luego creo una nueva esfera oscura, lanzándola al piso, y tal como efecto bomba, la explosión los golpeo de lleno a todos. Chat Noir se levantó debilitado, para dirigirse hasta Bridgette, quien se encontraba en un estado de inconsciencia. Golpeo levemente sus mejillas, para ver como abría sus orbes azules. Un tanto desorientada.

-Busca... a Heartless-

-Está bien-

Dado que toda la visión se veía perjudicada por el humo, podría ser un tanto difícil para cualquier persona normal. Pero para él, eso no era nada. Y ahí la vio, tirada en el suelo, pero con su cuerpo normal, sin rastros de haber sido poseída por ese akuma. Se dirigió rápidamente hacia ella, comprobando su pulso vital.

-Por lo menos está estable-

Marinette abrió sus ojos lentamente, viendo a Chat Noir. Suspiro y posó su mano en la cabeza. Como si sintiera que se le olvidara algo.

-Diles que esa mariposa se fue, que no sabes nada- le decía su conciencia.

-¿Qué me paso?- pregunto lo mas desorientada posible.

-Nada, Marinette, nada-

La azabache se apoyó en el hombro del otro, cuando vieron que Ladybug se dirigía hacia ellos.

-¿Dónde está la mariposa?-

-¿Qué mariposa?- pregunto Marinette.

Bridgette se le quedo viendo fijamente, buscando rastro de la akumatizacion. Pero tampoco podría haber opción de que saliera de ese estado y estuviera normal ¿no?

-Chat Noir, debemos ir a buscar la mariposa. No podemos dejar que se multiplique-

-Tienes razón-

Ambos se fueron, pero Chat volteo a verla. Tenía un mal presentimiento. No había razón de que el akuma se acabara consigo mismo. Tendría que vigilar a Marinette de cerca. Cuando Marinette los vio muy lejos, decidió que era hora de visitar a Félix. La luna pronto saldría.


Se sentía extrañado tener la presencia de ella en su habitación, se suponía que había sido akumatizada. Pero no, ahí estaba ella con tierna sonrisa, y sus ojos cerrados. Se acercó para acariciar su mejilla, para ver que no era una ilusión de su mente que anhela que ella estuviera a salvo. Todo era verdad, estaba normal, sin odio en su corazón.

-¿Cómo lograste entrar?-

-¿Acaso no existen las puertas?-

-Es raro que te hayan dejado pasar-

-Tienes razón, nadie me detuvo-

La menor abrió sus ojos, para mirarlo de cerca, con una pena encerrada. Necesitaba que le explicara que fue todo eso que ocurrió en la tarde ¿por qué existía un matrimonio? ¿Es que acaso ya no le quería?

-Félix- sus manos buscaban la del otro, necesita la calidez que calmaba a su corazón -¿Por qué le pediste matrimonio a Bridgette? Sé sincero, no me mientas por favor, que eso me hará más daño-

El rubio se acercó, agachándose para esta a su altura y tomar su rostro con delicadeza entre sus manos, acareado nuevamente sus mejillas, siempre tan suaves, tiernas y rosadas. Inocencia, era lo que siempre pensaba.

-Fui obligado, Marinette. Mi padre desea ese matrimonio, no yo. No obstante, no lo puedo desobedecer-

-No puedo creer que nos tengamos que separar, eso me rompe el corazón-

-Nadie te lo romperá, Marinette, yo me asegurare de mantenerlo firme, siempre vivo-

-¿Lo prometes?-

-Lo prometo-

Y con deseo frustrado, sellaron sus labios en la promesa de su verdadero amor, mientras se encerraban entre sus brazos, creando una nueva sensación. Los movimientos lentos y firmes de sus labios, como si quisieran dejar en marcas que tan sólo ellos iban a recordar. La azabache coloco sus manos bajó la camisa de Félix, provocando un jadeo en éste, el contraste de la temperatura corporal y de las manos distaban demasiado, pero le excitaba de cierta manera.

Con pasos torpes, y con ansiedad, se dirigieron a la cama que estaba en la habitación, quedando de espalda hacia la cama el muchacho. Marinette rápidamente se colocó arriba, mientras besaba su cuello con desesperación, dejando una que otra marca.

-Marinette, para- le dijo, con su voz más grave de lo normal. La muchacha levanto su mirada, aunque tenía una mueca.

-¿Qué sucede? No quieres-

-No es eso, pequeña. Sin embargo esto es apresurado-

-¿A qué te refieres? Está bien, es sólo sexo-

-He ahí el problema, Marinette. Yo no quiero tener sexo contigo, quiero que hagamos el amor-

-No le veo el amor el hecho de tener un pene entre mis piernas quizás de forma más cariñosa y palabras lindas-

-No es tan sólo eso- se levantó para luego sentarse al borde de la cama, tomando la mano de la menor, besando su dorso –Quizás tengas un poco de razón en eso, una visión muy fría a decir verdad, pero a la vez, tiene que ver con una conexión de manera más íntima-

Marinette le miro y suspiro, haría lo que él proponía, pero seguía sin ver la diferencia de sus palabras con los actos futuros. Otra vez se volvieron a besar, ahora de manera más lenta, disfrutando del tiempo. Las caricias en su cintura le provocaban otro tipo de placer, algo más interesante que cuando tuvieron el encuentro en la biblioteca. Con lentitud, sus manos viajaron desde la espalda del rubio hasta la parte posterior de su cuello, jugando con los mechones rubios que estaban ligeramente más largos. Sintiéndose más cómodo con ese ambiente, Félix la recostó en la cama nuevamente. Besando su rostro, provocando ciertas cosquillas, creando hermosas sonrisas en la menor. Así la quería recordar, con una sonrisa, porque ambos sabían que su destino no era estar juntos, pero si tan sólo podían ser uno esa noche, tan sólo un simple deseo a la luna que los iluminaba, podrían ser felices, intentarían sobrellevar esa situación.

La ropa ya no era necesaria, y como si fuese la primera vez que se vieron desnudos, Félix quitaba cada prenda con cuidado, observándola, paseando sus manos por su cuerpo, como si fuese el cuerpo más frágil que había visto en toda su vida. Cada suspiro de Marinette le llenaba de placer, pasando sus labios en aquel cuerpo que tan sólo él había profanado, llegando más lejos, más profundo. Marinette se estaba desesperando, así que volvió a tomar su rostro y besarlo con más pasión, saboreando su lengua sin vergüenza, amarrando sus piernas a la espalda de Félix, quedando sus parte intimas demasiado cerca. Cercanía que rompió el mayor al empezar a restregarse.

-¡Ahg!- gimió la menor, separándose del beso para seguir gritando se la forma que quisiera. Se sentía húmeda, tenía ganas de que fuera más rápido, le importaba muy poco el romanticismo, sabía que Félix la haría sentir completa.

-Por favor, por favor, quiero sentirte- le dijo casi rogando. Provocando un jadeo en el rubio. Sin más espera se bajó los pantalones apurado, su erección le dolía demasiado para dejarlo bajo el bóxer, mientras que Marinette se quitaba las prendas que quedaban. El rubio fue hasta el velador que estaba al lado de su cama para buscar la caja de condones que tenía guardado para colocarse uno. Cuando ya estuvo listo, se posicionó entre las piernas de la menor, otra vez haciendo un recorrido de besos acompañados de los jadeos de la menor para terminar sobre sus labios.

-¿Estás cien por ciento segura?-

-Félix, si te preocupa llevarte mi virginidad, créeme que eso no es un problema. Porque no es algo que me interese ni con quien. Lo único que voy a recordar, es la primera vez que hice el amor y no simple sexo-

Ya con las palabras dichas, entro de la manera más lenta. Aunque eso no evitaba que le molestara a la menor. Era doloroso, pero no lo suficiente para llorar, tan sólo afirmo su agarre a Félix.

-Estás tensa, sólo relájate- le susurró al oído, mientras volvía a besar su cuello.

La muchacha comenzó a pensar en la sensación de tener el pene del chico dentro suyo. Ella nunca antes se había tocado y realmente se sentía perdida, se recriminaba mentalmente por ser una tonta. Pero como si su cuerpo actuara por instinto, saber que necesitaba moverse para conseguir más placer que dolor, así que comenzó a mover sus caderas, provocando que Félix le siguiera el ritmo, cada vez más rápido, más profundo, con sus respiraciones agitadas y gemidos cada vez más agudos.

Se sentían un poco sofocados por el calor y la humedad que los rodeaba, querían más, deseaban más. Así que el rubio, sabiendo que pronto alcanzaría el orgasmo, hizo sus embestidas más rápido.

-No te detengas- dijo con dificultad la chica, que sentía contracciones a cada segundo, no sentía sus extremidades y nueva sensación en el vientre bajo.

-¡Agh! Marinette- se había venido antes que ella, y sabiendo que no podía dejar a la chica a mitad del orgasmo, se separó para que sus manos terminaran el trabajo.

-Ah, sí... Félix- arqueo su espalda, mientras apretaba las sabanas con sus manos, sintiendo que se liberaba por completo y a la vez como si la respiración volviera a ella. Sentía pequeños espasmos por llegar al máximo placer nunca antes sentido, acompañado de un agudo dolor. Se sentó en la cama, mientras que Félix se quedaba acostado a su lado, acariciando su espalda.

-Lo siento, manché tu cama- dijo al ver una pequeña mancha de sangre.

-No importa, mejor acostémonos- le respondió, mientras abría sus brazos para que Marinette se recostara en su pecho. Quedándose dormida bajo el ritmo cardiaco del otro.

A la mañana siguiente Adrien se encontraba agotado y bastante adolorido, dado que ninguna de sus heridas se lograron sanar. Comenzaba a pensar que Marinette los estaba engañando a todos. Así que fue advertirle a Félix que cuidara de Bridgette. Pero se llevó una sorpresa de mal gusto.

-¡Marinette! ¡¿Qué haces acá?!- les grito sin cuidado, bastante enojado. Le recriminaba a él que había cometido un pecado al besar la novia de su hermano y ¿Qué era ella? ¿Una zorra que se acostó con el novio de su prima? Más bien, prometido.

-Mierda- susurro Félix, pensando que esa palabra se estaba convirtiendo en su favorita.