Me encontraba caminando por las calles de París, en mi memoria aun la veía, a aquella muchacha hija de panaderos, la escuela en donde estudiamos tanto tiempo. Fueron tiempos de cambios, en dónde ninguno supo que hacer. Y yo soy una de las personas que más me arrepiento de mis acciones.
"Oye Adrien, ¿sabes por qué Marinette actúa tan distante últimamente?"
Solté un suspiro, de haber sabido sus problemas. De haber sabido que ella ve las cosas de otra manera, siente de manera más intensa, vivió de manera más intensa. Me siento responsable de su destino, aunque ella haya dicho que fue su decisión.
"Yo acabaré con lo que empecé"
Me coloque de mejor manera esa bufanda que me tejió, Plagg me había comentado que ese día haría más frío de lo normal. Quizás un akuma podría aparecer, pero lo dudaba. Ya que Ladybug tampoco estaba, era tan sólo una sombra del pasado. Observe el cielo que me pronosticaba que pronto vendría una nevada. Definitivamente es uno de os días nostálgicos, en que todos perdimos algo más de lo físico. Y todos estábamos involucrados en la peligrosa tela de araña de nuestro egoísmo. La vibración de mi teléfono me despertó de mis memorias.
-Hola, Fé [...] Sí, los pasaré ver en la tarde [...] ¿Chocolates? Ok, los llevaré [...] ¿Crees que esté embarazada? [...] No te preocupes, tómatelo con calma, respira-
No era nada desconocido que Félix estuviera en medio de una crisis, era algo normal después de ese día.
Ambos se levantaron rápidamente de la cama, mientras que Marinette se cubría con las sabanas. Félix estaba buscando las palabras de responder mi pregunta. Nunca me enteré de que ellos tenían esa relación, me sentía realmente confundido. Nunca pensé que Marinette fuera ese tipo de persona. Hasta que volví a ver a mi hermano nuevamente, era él, era él el hombre que acompañaba a Marinette ese día, él era su tan preciado secreto.
-Tengo que decirle a Brid- me fui tan rápido de la habitación como pude. Me detuve al inicio de las escaleras para escuchar como ambos se vestían para alcanzarme. Sabía que en cualquier momento Mari liberaría el akuma, era una cuestión de tiempo. Y ahí los vi, con las mejillas arreboladas a causa de las acciones.
-¡Adrien, detente!- me gritaba mi hermano, pero comencé nuevamente a bajar las escaleras, aunque me perturbo la mirada de Marinette, era oscura y siniestra, tal y como sospechaba.
-¡Ah!- grito al caer de sentón al piso, había chocado con alguien, y ese alguien era Bridgette. Ahora que la tenía en frente no podía contarle la verdad, se sentía pequeño, temeroso. Porque sabía que traería malas consecuencias.
-Adrien, que bueno que te veo ¿Has visto tu hermano? Tengo que hablar ciertas cosas con él-
-Sí, estaba en la habitación... Por cierto Brid, quería saber si...-
-Si preguntas por Mari, no la he visto. La busque por todos lados y no sé dónde estará-
Escuche los pasos rápido por la escaleras y como pronto doblarían hacia nosotros. El primero en entrar a nuestro campo de visión es mi hermano, el cual al ver a su novia o ex novia, ya no sé cuál sería el estado de su relación, de todas formas, su piel se colocó muy pálida. Era como ver a su pesadilla en persona. Hizo un movimiento con los brazos, de seguro para que Marinette se detuviera antes de que Brid la alcanzara ver.
-Félix, ¿Qué sucede? ¿Por qué ese rostro?-
Mi hermano me veía de reojo a medida que se acercaba a Brid, de seguro se la llevaría a otro lado, al final le ocultaría sus acciones. Lo encontraba injusto, pero Plagg me dijo que no metiera las narices donde no me llamaban, que muchas veces también fui la persona que engaño mi hermano. Y la culpa aparecía en mi mente, muchas veces nos habíamos besado con Brid. Era un tonto pensando que algún día me iba corresponder, ella... Nunca supe si jugó conmigo o alguna vez le interese. Pero al verla irse junto a Félix, supe que tenía que decirse la verdad.
-Félix, ¿has visto a Marinette?- le pregunte, ambos se detuvieron y Bridgette ahora le miraba con saber la misma respuesta. La espalda de mi hermano estaba tensa.
-Es cierto, cariño ¿no la has visto?-
-Aquí estoy- le respondió con una sonrisa cínica. Si hubiera sido Bridgette quizás le hubiera golpeado antes de preguntar.
-¿Qué haces con la ropa de Félix?-
Marinette se encontraba con la camisa de mi hermano y sus pantalones. Félix suspiro y camino hacia ella, mientras los gritos comenzaban a repartirse entre ellos el porqué del estado de Marinette. Estaba harto de todo.
-¡Ella se acostó con Félix!- al momento que dije esas palabras, todos se quedaron en silencio. Silencio que interrumpió Bridgette.
-Es broma ¿cierto?-
-No lo es- le contesto Félix junto a Marinette. Al menos iban asumir sus errores, pero ¿y los nuestros? ¿Cuándo Bridgette?
-¡Te acostaste con Marinette, eres un cerdo, pederasta!-
-Baja la voz, Bridgette. Es mi casa, nuestras reglas-
-No me callo, no con un hijo-
-¡Bridgette!- la detuve antes de que dijera algo sobre nuestra madre, ella no tenía la culpa.
-Bridgette, mi querida prima. Dudo que esto cuente como abuso, porque yo di mi consentimiento, además, no sé qué tanto lo acusas. Y tu Adrien, lanzando la primera piedra, cuando yo debería golpearte con una-
-¿A qué te refieres Marinette?- le dijo esta vez Félix. Ella tan sólo me miro, esperando que yo contestase, volteé a ver a Bridgette, que negaba con su cabeza, no quería que contara nuestros encuentros. Si bien es cierto que no llegamos al extremo de acostarnos, si llegamos a muchos límites. Suspire, era ahora o nunca.
-Yo y Bridgette nos hemos besado muchas veces, no tuvimos sexo, pero si estuvimos cerca. Fue durante un año y sí, lo ocultamos durante mucho tiempo-
Ahora eran Félix y Bridgette que se encontraban anonadados, ella siempre confió que nunca soltaría nada. Que siempre la iba defender, pero ahora me doy cuenta que lo único que logre fue lastimar a mi familia.
-¿Sabías de esto, Marinette?-
-No del todo- respondió quedo. Mi hermano se veía sumamente molesto.
-Quiero que te vayas-
-¡¿Qué?!-
-Tengo que hablar a solas, con Brid. Además tú también me engañaste, ¿te acóstate conmigo por lastima? ¿Todo esto fue juego de todos?-
Marinette le iba a contestar, pero mi hermano tan sólo la tomo del brazo para sacarla a la calle. Yo seguí a Marinette, ya vería como nos arreglaríamos mi hermano y yo. Brid y él tenían que solucionar sus problemas y yo tengo que terminar con el akuma.
Pasé cerca de la florería favorita de Marinette, o eso quería pensar. Nunca hablé lo suficiente con ella para saber cuál era sus flores favoritas o saber si gustaba de las flores. Siempre fue así, llenar un vacío ignorancia con posibles gustos que nunca podría saber. A lo lejos vio las begonias blancas, le encantaban el su significado.
-Me llevaré un ramo de estas- le comento a la florista que rápidamente me entregó a cambio de unos euros. Inspire el olor de las flores para luego retirarme a la panadería de los padres de Marinette, quería comer de sus dulces favoritos.
-Oh, señores Cheng, es gustos verlos- los veos a los ojos, llenos de desesperación pero con un toque de esperanza. A veces los veo y me siento débil, cobarde. Nunca me he atrevido a contar los hechos de ese día, aquellos que sólo siguen en mi memoria, perturbándome hasta lo más profundo.
-Oh, Adrien, ¿vas a visitarla?-
-Sí, es algo que tengo que hacer-
-Me alegra que vayas, a veces veo a Alya o a Nino. También algunos de sus ex compañeros-
No era de extrañar, Marinette era muy querida, de seguro todos se quebraron de cierta manera al enterarse de su condición. Lo único bueno, es que nadie borro de sus memorias a la dulce Marinette, nunca llegaron a ver lo quebrada que estaba, en el horrible estado. Nadie la vio en un momento crítico como yo.
-Ya veo, bueno, quiero algunos croissants-
Ellos asintieron, pensar que los veo envejecer en vez de ella, que ellos me cuiden como los padres amorosos que nunca logre tener. Hay cosas de que me arrepiento sin duda, eso sería negar todo el amor que me dio Félix. Me sentí estúpido, después de ese día, no lo vi más. Luego llego y simplemente se casó con Bridgette. Fue una boda privada y luego ambos desaparecieron, luego de un mes, nos enteramos que compraron una casa en New York y eso fue todo. Ahora sólo los veía por videos llamadas. La señora Sabine me pasó mi pedido, sin embargo me dijo que iba por la cuenta de la casa. Me despedí de ellos con una sonrisa para apurar mi paso. Era un largo viaje a aquel lugar. Pero al ver el rio Sena, me recordó los eventos de ese día. Al parecer sería un día llenos de recuerdos
-Marinette...-
-¡Marinette!- le gritaba, pero esta estaba tan enojada. Parecía que en cualquier momento iba explotar. La piel de su mano comenzaba a tornarse negra y escamosa.
-No me llames así- sus ojos ya no eran azules, eran violetas.
Ya no me importaba que alguien se enteraba de mi identidad, pero tuve que transformarme en ese héroe.
-Plagg, transfórmame- dije de una vez, logrado esquivar un ataque de su parte.
Ambos nos encontramos en las orillas del rio Sena, en el puente que sentía que en cualquier momento se iba a caer. No quería luchar, tampoco lo iba hacer.
-Piensa Heartless, no quieres esto-
-¿Y tú qué sabes?-
-No mucho, pero viendo que gustas de Félix, sé que estas enojada por muchas cosas-
-No lo menciones-
-Lo hago, es mi hermano, sé que te gusta-
-No es un simple me gusta como tus emociones hacia Bridgette, yo lo amo más que a nada-
Entendía el sentimiento, el confiar en ese alguien, abrirte que ese te encontrada con los brazos abiertos, la calidez de su cuerpo te calmara y su sonrisa sanara cada dolor. Entienda ese sentimiento, entendía que era perder a tu amor, perder todo por ese no correspondido.
-Por favor, no deje que te destruya, no destruyas a los demás-
-¿Crees que eso me detendrá? Estás demente-
-No es eso, pero piensa, Heartless, ¿Qué harás cuando termines con tu venganza? Félix no estar feliz de estar con alguien tan turbio como tú. Te odiaría y terminaras sola. Le harás todo el daño que siempre evitaste que sintiera. Él se siente traicionado de ti, Marinette, pero sé que lo olvidara en el nombre del amor que profesas, pero ¿Será capaz de superar un dolor causado directamente de ti?-
La vi dudar, su cuerpo volvía a normalidad mientras rompía en llanto, estaba tan inestable. Me quise acercar, aun no sabía cómo eliminar la mariposa, ni siquiera a sabía dónde estaba.
-¡Aléjate, Adrien, aléjate!- me grito me manera devastadora. No hacía más que sollozar y pelear contra ella misma. Hasta que vi sus intenciones, cada vez más cerca de la orilla, cada vez cerca del rio.
-Marinette, detente en este momento-
-Si te acercas, te hare daño, no quiero, eso lastimaría a Félix-
-¿Cuánto vas arriesgar por él?-
-Todo, hasta que mi cuerpo no pueda más y tan sólo mi alma en pena siga luchando-
Dicho eso, con un grito de dolor agonizante, poso su mano sobre su corazón, a medida que ese sector comenzaba a brillar, tenía miedo, es de esos gritos ahogados, como si alguien te acuchillara sin piedad. Las lágrimas que iban cayendo me hacían saber todo el dolor que estaba viviendo.
-No puede ser- susurré asombrado, mientras veía como las alas de la mariposa de manera lenta asomaba sus alas, aquella mariposa deseosa de salir a infectar a todo lo demás.
-No harás daño, maldito insecto- en un momento pensé que la iba destruir. Nunca lo habíamos hecho, tenía miedo.
Sin embargo, Marinette me seguía sorprendiendo, al abrir sus manos, dejo la mariposa libre. Blanca, pura, como debían ser. Ella había purificado un akuma sin necesidad de Miraculous, ella en si era un milagro. Era algo que nunca podría olvidar, ni lo que paso después.
-Yo acabaré con lo que empecé-
Recuerdo su última mirada, afligida, pero a la vez en paz, ese brillo estaba, una última sonrisa antes de lanzarse al rio. No lo había visto venir. No recuerdo más allá, al parecer logre llamar la ambulancia antes de tirarme al rio al buscarla. Intentos en vanos, porque Marinette estuvo tres meses en hospital. Luego, tan simplemente murió. Esa Marinette nunca más la volví a ver.
Mi mente me atormenta en las noches, pensando tal vez que las cosas pudieron ocurrir de otra forma. Que la vida de mi hermano sería distinta.
Sé que Félix cada vez que ve a los ojos de su hijo Louis, la recuerda, porque su corazón fue unido por ese hilo rojo hacia Marinette, cada vez que ve a Bridgette, se imagina la vida que nunca podrá tener con Marinette. Sé que vive en desgracia, sé que todas las noches llora, y que siempre le escribe cartas, cartas que están guardadas en ese cajón junto a las fotos de ella. Siempre que lo voy a visitar, esa mirada de decepción de él, el estrés de Brid, a ambos lo están matando.
Yo sé que es cuestión de tiempo que ellos se separen, aunque no sé porque en principio siguen juntos. Son secretos de aquel día que nunca serán revelados ante mi persona.
-Terminemos Brid- sentenció Félix, era estúpido que siguieran juntos, después de todas las infidelidades.
-No puedes Fé ¿piensas echar 5 años de relación por esto?- le hacía entrar en razón la azabache.
Ese era el pero de su decisión, el tiempo que había invertido en la relación. La mentira de Marinette, cosas que iban jugando con su mente.
-Si vas con Mari, nunca será feliz, piensa en mí, en ti-
-Basta-
-Es la verdad, Fé. Además, ella está mal mentalmente ¿cómo podrá hacerte feliz? No debemos dejar que esto acabe nuestra relación-
.Bridgette, nuestra relación se murió hace mucho y no por culpa de Marinette-
-¿Me estas culpando?-
-No, no lo hago. Pero no quiero volver, no me quiero casar, tan sólo quiero que me dejen li-
-¡Félix! ¿Qué es este alboroto?-
Gabriel bajaba las escaleras con su porte elegante, mirando a su hijo de manera fría y dura. Le dio una corta sonrisa a su futura nuera, hasta que se percató de algo.
-Mi querida Bridgette, es raro que no traigas esos pendientes ¿Qué les sucedió?- se le notaba bastante curioso.
La chica hizo una mueca, casi imperceptible. A decir verdad, aquella mañana al despertar, no los vio, ni a Tikki. Se sentía asustada, ¿Qué habrá hecho para que le arrebataran a su kwami?
-No lo sé, señor Agreste. No los encontré-
El asintió y los vio por última vez, era una razón obvia por qué nunca iban a poder dejar ese matrimonio, aquel diablo vestido de Armani se los impedía. Era un pequeño castigo de sus desaires, los problemas nunca hablados y los engaños silenciosos. Eran adultos que debían asumir sus errores con la frente en alto. Y dejando a paso la felicidad.
Vi el inmaculado edificio de tres pisos a lo más, con un gran jardín frontal. Los arboles aún tenían las hojas verdes, maravillosas. Me baje de la motocicleta y tome el ramo de flores, mientras me abría paso al lugar. Al cruzar aquella sala blanca, con las enfermeras especializadas dando vueltas de aquí para allá. Me saludaron otra vez, no era nada raro que me vieran dando vueltas por allí.
-Oh, Adrien, vienes a verla-
-Sí, quería entregarle estas hermosas flores-
Vi otra vez el ramo de flores que llevaba. Todas las personas ahí me miraban con lástima, pero ellos no entendían y nunca iban a entender.
-Pasa, ya le dieron el medicamento-
-Muchas gracias-
Mis pasos retumban por los pasillos. La luz blanca me impactaba de manera directa, como si estuviera en un túnel. Llegué a la última habitación, abriendo la puerta, donde estaba ella, con su cabello recogido en un rodete mal hecho, sus delicadas manos se movían ágil sobre los papeles. Sus ojos azules perdidos, su rostro enfermizo. Y sus labios resecos, otra vez estuvo llorando.
-Hola Marinette- la saludé. Ella detuvo sus actividades para dedicarme una corta sonrisa.
-Hola- era rara las veces en que me dirigía las palabras. Siempre hablaba con su mente, tan sólo se dedicaba a escucharme hablar por horas. Me gustaba eso, me gustaba ver como su mirada se volvía intensa al hablar de Alya y como le estaba yendo en el extranjero. O como Nino ganaba mucho dinero en las fiestas de Estados Unidos. A veces su mirada se volvía nostálgica al hablar de Félix y Brid.
-¿Algo bueno sucedió?- quizás me quería comentar su felicidad. O esperaba que fuera eso.
-Nada en especial- vio las flores en mi mano y yo se las tendí. Tan sólo tomó una del montón y las otras las coloque en el jarrón.
-Me comentaron que... bueno-
-Estoy más loca. No te preocupes en decirlo-
-Pensé que estarías mejorando-
-No me importa- siguió dibujando, pensé que daría terminada la conversación, no obstante, continuó -Sabes, la nueva voz es distinta-
-¿De qué manera?-
-Es secreto-
Sonreí, todo en su mente era secreto. Secretos tan oscuros, profundos y confusos que nunca iba entender. Decían que la esquizofrenia era algo difícil de tratar, pero cuando veía a Marinette lo entendía. Ellos veían todo tan distinto que era imposible seguirles el ritmo.
-Entonces ¿qué te dijo?-
-Poderes, una magia antigua, buena suerte, cosas así. Siento que este tratamiento no funciona-
-Sin embargo no te ves triste de escuchar una nueva voz-
-Me agrada esa voz, me muestra cosas-
-¿Qué cosas?-
-Lo veo a él, y un niño, los veo en Niza. También estoy yo, estamos con una sonrisa. Estamos en un festival, me siento feliz-
-Ya veo, entonces sigue soñando, Marinette-
-Gracias Adrien-
Era la primera vez en cinco años que me dedico una sonrisa. Pero otra vez se volvió a perder en su mente. Después de los eventos, en el hospital le declararon esquizofrenia y la internaron en el sanatorio. Estaba muy lejos de la ciudad. Llevaba cinco años acá, cinco años separada de su verdadero amor. Lo único que me alegraba, es en sus sueños podía estar junto a él. Podían estar felices juntos. Era en dónde su mente si funcionaba y se abría ante el mundo. Era una Marinette que nunca íbamos a poder ver.
Le hable de Louis, y que de seguro estarían esperando otro hijo. Le hablé sobre mi semana en la Universidad y que mi padre me dejó libre del trabajo de modelaje. Así era nuestros encuentros, yo hablando y ella escuchando. Yo dándole nuevos recuerdos y ella atrapada en los suyos. Yo intentando que viviera y ellas con ganas de morir. Sonrisas, llantos, gritos y golpes. Todos encerrados en esa habitación, en ese sanatorio en dónde siempre estaría Marinette anhelando una vez más poder estar junto a Félix.
