También maratón para esta XDD, espero les guste. tómense su tiempo
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Capítulo 5
Boca cerrada y ojo abierto, no hizo jamás un desconcierto
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Después de que se decidiera al afortunado ganador para la estafa, Valka y Astrid pusieron manos a la obra, durante el siguiente día se encargaron de espiar minuciosamente a su nueva presa. Cabe decir que Mildew no sólo era asquerosamente millonario, sino que tenía asquerosos hábitos, el hombre parecía una chimenea humana, siempre se le veía con un cigarrillo en la boca de aquí para allá, le hablaba a las personas y no le importaba escupirles el humo en la cara. Conocieron que también podía tener una lado coleccionista, eso concluyeron cuando vieron que el hombre se presentaría a una lujosa subasta de reliquias y artesanías.
—No puede ser tan malo. —se dijo Valka a si misma cuando lo vio salir de su auto (todo lleno de humo) empezaba a dudar si era buen candidato.
—Sólo velo, es asqueroso. —observó Astrid antes de salir al auto. —Aún es tiempo para que te arrepientas.
—No, lo haré... ya me tengo que ir... ya sabes qué hacer. —ordenó Valka, colocándose la peluca de cabello negro que ahora usaría.
—Sí, sí lo sé... dah. —se quejó a rubia antes de abandonar a su madre.
Se acomodó a sus chicas (busto) y se ajustó el mini vestido color celeste; caminó coquetamente hacia donde estaba el ballet parking. Este era sólo jovencillo que no debía pasar de los 17 años, Gustav, leyó en su gafete, sería demasiado fácil conquistarlo.
— ¿Tienes fuego? —preguntó sacando un cigarrillo.
El chico sin poder quitar sus ojos de los ojos de ella (los de arriba) rápidamente se levantó para atenderla, por suerte siempre llevaba una cajetilla de cerillos con él. Astrid encendió coquetamente el cigarrillo y arrojó el cerillo ardiendo en el bote de basura del chico, le siguió sonriendo hasta que detectó que había suficiente fuego en el ambiente.
—Tu bote de basura se incendia.
Gustav tardó en reaccionar, y para cuando lo hizo, las flamas ya se salían del bote, presuroso trató de apagar el incendio, sin notar que Astrid había tomado una de las llaves que custodiaba y se internó a área de los autos estacionados. No le fue difícil encontrar el auto de Mildew, este parecía una carroza funeraria, le hizo algunas cosillas, desconecto otras y descompuso el celular que tenía guardado en el interior y con eso parte de su tarea estaba terminada, sólo debía esperar la otra señal de su madre, pero en lo que esperaba ella ya tenía sus propios planes.
Conquistar a Fishlegs Ingerman.
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Valka entró a la subasta como una mujer presuntuosa, se haría llamar Valhamara y sería de origen ruso, por lo que utilizaría una extraño acento, se las ingenió para entrar en la misma fila donde Mildew estaría; el hombre al verla le sonrió con su humo y caballerosidad, concediéndole el pasar primero, Valka, entrando en su actuación, lo miró con desprecio y por supuesto pasó primero sentándose a dos asientos lejos de él.
Empezando la subasta, haría un papel competitivo, haría creer a Mildew que quería lo mismo que él.
—Está hermosa réplica del David es una joya invaluable. —ofrecía el subastador.
—10,000 dólares. —ofreció Mildew hablando entre dientes para no soltar el cigarrillo.
—20,000 dólares. —ofreció Valka.
El anciano miró con desconcierto a tan presuntuosa mujer, quien sólo lo miró de reojo.
—30,0000 dólares.
—40,000 dólares.
De diez mil en diez mil fue aumentando el precio del David hasta que alcanzó los 120,000 dólares.
—Ciento... treinta... mil...—ofreció Mildew empezando a sentir los efectos del humo de cigarro en su garganta.
—140,000 dólares. —dijo Valka como si nada... esperaría la siguiente oferta del hombre y ahí se detendría, sin embargo...
—Ciento... ciento...—Mildew empezó a ahogarse y carraspear asquerosamente.
La gente no le tomaba importancia, el subastador seguía preguntando si alguien quería ofertar más pero nadie hablaba.
— ¿Alguien ofrece más? A la 1 a las 2
Valka se asustó, estaba en problemas, Mildew hasta ya se había casi desmayado de tanto humo. —Creo que él quiere...—trató de interceder por él pero...
—Vendido a la mujer insistente. —terminó el subastador antes de darle tiempo de hablar.
La mujer quedó boquiabierta, ¿Había gastado 140,000 dólares en una estúpida estatua?
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Mientras tanto, Astrid se dirigía hacia un bar a las afueras del centro turístico de Berk, había logrado sacar un auto en renta a muy buen precio para moverse; además de la información sobre dónde localizar a Fishlegs, había fingido ser un conocido del buen doctor para sacarle la información a la mucama, quien le indicó que iría a tal bar.
Cuando dio con el lugar, vio que no era nada ostentoso, al contrario se veía como para gente "normal", miró alrededor notando que el doctor aun no llegaba sólo había unos cuantos idiotas en la barra que se le quedaron viendo, como era de costumbre, no le tomó importancia y tomó asiento en una de las mesas para esperar a Fishlegs; se molestó por no encontrar rápido al doctor y por estar en un lugar donde generalmente se topaba con un montón de patanes de baja categoría.
Mientras tanto, los jóvenes que la habían visto llegar, un chico de cabello castaño, otro de cabello negro y una chica rubia con mechones azules del otro lado de la barra, le hicieron señas al primero para que fuera con ella. Este aceptó y se acercó con una sonrisa a la mesa de la chica.
—Hola, mi nombre es Hiccup. ¿Puedo ofrecerte algo de beber? —ofreció a la distraída chica.
Esta se giró con molestia, viendo al escuálido muchacho que bien podría ser un poco mayor que ella, pero que era igual a los demás estúpidos hombres que conocía.
— ¡Vaya, que original! Nunca había escuchado esa... se ve que poco a poco se les acaba la creatividad.
El castaño se desconcertó, tanto que incluso dudó que se lo estuviera diciendo a él que se fijó hacia atrás para saber si había alguien detrás de él, pero no, sí se lo estaba diciendo a él.
—Bueno... yo
—Bueno yo...—arremedó Astrid despectivamente. — ¡En serio! ¿En qué piensan ustedes? ¿Por lo menos podrías ponerte a pensar en quién soy yo? Podría ser el mismo anticristo o tener el IQ de un perezoso, pero claro, a ustedes no les importa eso sólo se dejan guiar por lo que les dice su amigo el pene...
El muchacho sólo alzó una ceja, esa chica era bastante rara y hasta divertida se le hizo.
—Ahora dime... ¿por qué cruzaste todo el bar sólo para ofrecerme una bebida?
—Porque soy el bar tender. —explicó él con simpleza.
La arrogancia se borró del rostro de Astrid, más estúpida no podía sentirse, ¿por qué precisamente se tenía que equivocar en ese momento? Eso le enseñaría a no hablar de más, mientras tanto, el bar tender esperaba que le hiciera algún pedido.
—Martini seco. —dijo rendida.
—En un momento señorita. —se despidió el chico sin molestia alguna después de haber sido juzgado precipitadamente.
"Que tipo tan raro" pensó la rubia al verlo marcharse.
Continuará-
