También maratón para esta XDD, espero les guste. tómense su tiempo
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Capítulo 7
El que a buen árbol se arrima buena sombra le acobija
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Tal como lo había planeado Valka, se dirigía al encuentro de Mildew en la carretera para salvarlo de su infortunado accidente; sin embargo no esperaba que ella también saliera afectada de su plan; Astrid no había retirado la malla con los clavos y terminó chocando con el auto de Mildew que a su vez había dañado el de un tercero.
Con su encantos, un extraño acento y un golpe en la cabeza, convenció a Mildew de ir a un hospital; para cuando terminó la consulta y dejaron al viejo internado, no por el accidente, si no por encontrarle daños en los pulmones a causa de tanto tabaco, volvió al cuarto de hotel y era demasiado tarde, su hija ya estaba dormida, por lo que se había salvado de la reprimenda por su fallo.
Ahora se encontraba preparándose frente al cuarto del hospital del viejo para seguir el juego de seducirlo. Al entrar a la habitación, no paso por desapercibido que este estaba fumando ya que olía el tabaco y además que escondió el cigarrillo por debajo de las sabanas para evitar que lo vieran y terminó quemándose.
—Ah, es usted...—saludó Mildew amargamente.
—Me alegrra verrrlo bien señorrr. —hablaba pronunciando demasiado la "R" simulando una acento ruso.
—Pensé que era una de esas enfermeras molestas que no me deja fumar, madame.
—Oh, clarrro que no... soy Valeska, y este encuentrro no es más que una coincidencia, al parrecerr me lo estoy encontrrando porr todos lados. Tal vez sea obrra del destino.
Se sentó a un lado de su cama con elegancia y metió la mano debajo de las sabanas para tomar aquello tan especial para el viejo: su cajetilla de cigarros.
Mildew se sorprendió por la destreza de la mujer y más le encantó cuando Valka le encendió un cigarrillo y le permitió fumarlo; era la primera vez que una mujer hacía eso por él y quedó maravillado.
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Mientras tanto muy lejos de la playa de Berk, el deprimido Stoick seguía reprochándose por haber sido un imbécil con su amada Valeska, que para amenizar sus penas se la pasaba en el bar del pueblo.
—Si tanto te gusta, ve por ella, convéncela y has que vuelva contigo. —aconsejó su mejor amigo Gobber.
— ¡Es cierto! —golpeó el hombre la mesa como un rudo macho. —Le rogaré que me perdone y regrese conmigo.
— ¡Ese es mi amigo! —celebró el otro alzando su cerveza, viendo como su imponente amigo salía del bar de donde últimamente no salía y aluzado por el brillo del sol se dirigió a un lugar desconocido en busca de su amor verdadero
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A diferencia de lo que había creído, Astrid no la estaba pasando del todo bien, pensaba que al estar Berk, iba a estar rodeada de millonarios que se pelearan por ella, ¿pero qué había conseguido hasta el momento? ¡Nada! Más que unos besos con un molesto cantinero que por desgracia tenía que volver a verlo.
Después del sermón de su madre por haber fallado con la de la malla de clavos se dio cuenta que de nuevo había olvidado su bolso y que sabía que probablemente él lo tenía.
Entró al bar, empujando las puertas con violencia y más al ver al escuálido pero atractivo cantinero secando unos vasos.
— ¡Devuélveme mi bolsa, pedazo de estiércol de troll!
—Oye, oye... ¿por qué mejor no entras otra vez y por primera vez en tu vida dices algo agradable? —reprendió Hiccup con molestia.
—Déjate de idioteces y devuélvela si no quieres que mi tacón de 11 centímetros entre por tu trasero.
— ¡Ay, dioses! Eso suena fuerte. —dijo con sarcasmo. — ¡loca! Yo fui y te la dejé, que se te haya olvidado de nuevo por tratar de violarme no es mi culpa. —Hiccup sacó la bolsa de entre los estantes interior de la barra y se la arrojó en la cara.
— ¿Violarte? ¡Ja! No me digas que pasó por tu mente que yo podría siquiera considerarte para tener sexo. Enfócate niño, estoy fuera de tú liga.
—Me alegra saberlo, ahora no me hagas perder el tiempo.
Hiccup bufó, estaba enojado desde antes que llegara y escuchar las presunciones de la princesa aquella no era algo que quisiera por el momento, así que la dejó hacer sus berrinches, no tenía humor para burlarse de ella y ponerse al tú por tú.
Astrid se desconcertó por su trato, aunque no consideraba que le hubiera dicho algo tan ofensivo para que tuviera esa actitud, pero daba igual, ya tenía lo que quería con ella y ya nunca lo vería.
—Hey, no te lo tomes a mal, el jefe no suele tratar tan mal a las personas, eso te incluye a ti. —escuchó decir a la chica de mechas azules que en ese momento se encontraba limpiando junto con el otro chico de cabello negro que estaba a lo lejos trapeando el piso.
— ¿El jefe?
—Sí, sé que es muy joven, pero él es el dueño de todo esto incluyendo la privada de la playa, estaba molesto por que unos tipos le insisten demasiado para que las venda, le están ofreciendo diez millones de dólares por todas las tierras, incluyendo el bar.
Astrid quedó boquiabierta, y de nuevo se sintió tonta. Pues el muchacho aunque no fuera un millonario excéntrico como Fishlegs tenía más dinero que el que ella tenía en su congelada cuenta bancaria.
"Muy bien, Astrid, lo volviste a arruinar" Se reprochó a sí misma, pero encontraría la manera de volver a conquistarlo, cambió de planes y Hiccup Haddock sería su nuevo objetivo.
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—Vaya mamá, te ves muy bien. —admiró Astrid a su madre Valka, la cual se había puesto un elegante vestido negro de strapple que acompañaría con chal de felpa color azul.
—Saldrre con Mildew a cenarr.
—Madre no seas ridícula y deja ese acento.
—Ay, está bien, sólo quería bromear. ¿y tú qué harás?
—Ah... nada, tal vez hacer tontos un poco más a los gerentes del hotel, pediré servicio al cuarto y veré televisión.
—Suena divertido, bien entonces me voy.
—Bye madre... diviértete. —deseó Astrid con una falsa sonrisita, pues en cuanto se fue Valka se quitó la pijama y se puso el mejor, atrevido y pequeño vestido que tenía.
Este era demasiado apretado que no podía siquiera comer, ni que decir de sus amigas las bubis, se las resaltaba, pero a base de apretarlas demasiado, se puso unos tacones y salió a cazar a su presa.
Fue a espiarlo en su lugar de trabajo, por suerte el bar no abría esa noche, por lo que sólo esperaba que Hiccup saliera a algún lado, si es que tenía vida social.
Al parecer si lo tenía, pues Hiccup salió de su bungalow, el cual estaba a un lado del bar y subió a su jeep, ya reparado, y manejó hasta una playa desolada; en todo aquel tiempo, Astrid lo siguió, hasta que este se detuvo en una zona y se introdujo a la selva a pie.
La chica llegó después de él, dudó en entrar, pero era su única oportunidad de enmendar su error, así que con todo y tacones se metió a la selva, sin saber siquiera a dónde dirigirse, pues le perdió la pista al castaño rápidamente. Se guio por donde podía escuchar las olas del mar, pero un paso en falso y quedó atrapada en el fango pegajoso, su precioso tacón estaba atascado, peleó para sacarlo, pero la naturaleza le ganó y terminó cayendo y hundiéndose más, manchando su seductor vestido.
— ¡Que asco!
Escuchó unos ruidos de entre la hierba, guardó silencio en caso de que fuera algún malhechor pero de esta salió Hiccup.
— ¿Qué haces? —preguntó desconcertado al ver a la chica en el fango.
—No te me quedes viendo. ¡Ayúdame! —pidió desesperada alzando su mano.
Hiccup la miró por todos lados y evitó reírse aunque era casi inevitable, era hora de la venganza.
— ¿Ese es el tacón que ibas a meter en mi trasero?
— ¡No! —gruñó la rubia tratando de controlar su ira, se trataba de atraerlo no de alejarlo. —Este es de 7 centímetros, anda, lo siento... ¿me ayudas, sí? —rogó con una sonrisita.
—Nop, hasta que me digas qué estabas haciendo, ¡o déjame adivinar! ¿Eres de esas chicas que pelean en el fango?
—¡No! Soy... una ambientalista que está estudiando la flora de la selva para detectar los problemas actuales y buscar soluciones.
—Pues no sabía que las ambientalistas se vistieran tan sexys. —Hiccup le ofreció su mano para alzarla y sacarla del fango.
—Bueno, no hay una regla que diga que no se puede salvar al mundo con glamur. —se justificó rápidamente la chica. —Ahora dime, ¿por qué me estás siguiendo? —preguntó con vanidad, aunque por dentro era fastidiar al muchacho.
— ¡Yo no te estoy siguiendo!
— ¿Entonces qué haces aquí?
Hiccup bufó
—Ven y te mostraré.
Le ofreció su mano pero Astrid dudó en tomarla, las películas de terror le habían enseñado bien lo que no debía hacer.
— ¿No mataste estudiantes y estás enterrando sus cadáveres, o sí?
—Bueno, le arrojaron huevos a mi auto. —bromeó. —Sólo ven.
Tomó su mano y la condujo entre las hierbas hasta que por fin salieron a la playa, donde esperaba un telescopio.
—¿Y estás haciendo qué...?
—Fotografío estrellas. —contestó Hiccup.
—Oye, el que sean famosos y millonarios no quiere decir que no quieran algo de privacidad. —señaló Astrid pues en el mar estaba el yate del millonario Snotlout Jorgenson. — ¿Con cuantas está ese Don Juan? —preguntó asomándose por el lente para curiosear.
—eh... me refiero a las estrellas del cielo. —corrigió Hiccup desconcertando a la chica.
— ¿Quieres decir que vienes hasta aquí sólo para observar el cielo y esas cosas?
—Así es.
— ¿Por qué?
—Bueno, me gusta... el explorar el cielo y sus misterios es uno de mis pasatiempos. Por ejemplo mira, este es una nebulosa. —ajustó su telescopio de tal manera que la chica pudiera ver.
Astrid observó por la lente y quedó fascinada. —Dioses, es hermoso, tiene los colores del zafiro que siempre he querido. — apreció unos colores extravagantes, hasta ese momento nunca le había importado nada más que ella misma y el dinero, pero empezaba a ver que había algo más grande fuera de la tierra.
—Eh... bueno, ahora te mostraré un cumulo de estrellas.
—No sé si quiera ver eso, suena a una película porno. —dijo Astrid con una mueca de asco.
—Para nada. —rio Hiccup. —anda, observa.
La chica se volvió a asomar por la lente y observó varios puntos blancos reunidos en un solo lugar, sonrió, eso de observar el cielo y sus encantos le empezó a gustar; sin embargo no podía olvidar su plan inicial.
—Ahora... creo que también se puede ver...
—No, no, déjame ver a ese cumulo de estrellas más, por favor. —pidió sin quitar su ojo de la lente y tomando sutilmente la mano del muchacho, observó unos segundos más y luego se reincorporó quedando muy cerca de él.
—Ya. —dijo coquetamente.
Hiccup tragó saliva, la chica a pesar de su carácter era muy atractiva y admitía que pelear con ella era divertido, y que apreciará su hobbie era un plus, y esos labios eran demasiados tentadores, la playa, la arena, el mar, la luna, las estrellas se le hizo el paisaje perfecto para besarla y se inclinó hacia ella para darle un pequeño beso.
—Ah... lo siento, es que...
—No te disculpes. —dijo Astrid con una risita era momento de atacar y lo abrazó por el cuello y le dio otro beso.
El muchacho le correspondió y la tomó de la cintura con delicadeza, al igual que sus labios que procuraban besar lento para no arruinar el momento.
Mientras tanto, Astrid sonrió, ya lo tenía en sus manos, ¿o él a ella?, ya que el muchacho no era desesperado como otros que había conocido, la estaba tratando con delicadeza cuando muchos ya hubieran tocado su trasero y sus pechos, pero él, sólo se enfocaba en sus labios.
¿Por qué era tan raro? Se seguía cuestionando. ¿Acaso él no era como los demás?
— ¿Cómo te llamas? —susurró Hiccup entre besos.
—Astrid. —suspiró esta recibiéndolos.
En ese momento la magia terminó, Astrid abrió los ojos como platos y se separó de Hiccup al darse cuenta que se había dejado llevar y cometió un error grave, le había dicho su verdadero nombre.
—Hey, tranquila...¿te parece si mejor llevamos las cosas con calma? —ofreció este al notar extraña a su compañera, pensó que tal vez se estaban precipitando, ya la había besado dos veces y apenas había preguntado su nombre.
—Ah... sí.
Hiccup la invitó a sentarse en la arena para seguir observando el cielo y empezar de nuevo, comenzando por lo primero, el conversar. Astrid aceptó la invitación, pero su mente le repetía una y otra vez que no debía perder el juego que ella misma acababa de comenzar; Hiccup era sólo un objetivo y nada más.
Continuará.
