Disclaimer: Los personajes de CCS no me pertenecen, sino a las talentosisimas CLAMP yo solo tomo prestado a sus personajespara esta historia y formar la pareja que muchos nos quedamos con ganas de ver, así que a sabiendas que esto lo hago sin ánimos de lucro, disfrútenla.

Capitulo sexto

El mes posterior a su partida de Starlight había transcurrido con dolorosa lentitud, pensó Eriol mientras se relajaba en el asiento de piel del coche. Veintiséis días y noches habían parecido veintiséis años.
Los asuntos navieros y las inversiones financieras habían mantenido sus días llenos de actividad. Las noches habían pasado despacio, en particular esos momentos en que sólo estaba con sus pensamientos.
Había evitado a su anterior amante y se había quedado en casa o había salido a tomar una copa o a jugar una partida de cartas con Tsasaki Yamasaki, su mejor amigo, en el White's Gentlemen's Club.
¿Su súbita partida de la Mansión Starlight había aliviado o decepcionado a Tomoyo? Aunque hacía apenas unas semanas que la conocía, estar lejos de ella hacía que sintiera como si a su vida le faltara algo de valor. ¿Podía un hombre vincularse emocionalmente con una mujer en tan corto período de tiempo, o solo se trataba de una atracción física? Su beso había sido de una seducción dulce, muy distinta de aquellos correspondientes a sus sofisticadas aventuras de Londres.
Sonrió. Seguro que el pobre Winstonse había visto sometido a llevar lazos desde su marcha. Y encima rosas.
El coche se detuvo delante del número 10 de Berkeley Square, el lugar donde se alzaba el elegante hogar de Kaho Mitzuki, la condesa de Foxtar, su antigua amante. Perdió la sonrisa al darse cuenta de que había llegado a su destino.
Se preguntó qué diablos sería tan urgente. Tenía varias cosas que hacer antes de que Tomoyo llegara a Londres a última hora de aquel día. Esperaba que Kaho no le hiciera difícil la vida a Tomoyo.

Golpeó con fuerza la aldaba. Unos momentos más tarde el mayordomo de Mitzuki abrió la puerta y lo hizo pasar.
—Buenas tardes, milord —lo saludó.
— ¿Dónde está lady Mitzuki? —preguntó al entrar en el vestíbulo, con demasiada prisa para intercambiar amabilidades con el criado.
—Mi lady sigue en sus aposentos —respondió el mayordomo.
—Dile que he llegado —ordenó, dirigiéndose hacia la escalera—. Esperaré en el salón.
—Lady Mitzuki me ordenó que os dijera que fuerais directamente a sus aposentos.
Eriol asintió y comenzó a subir los escalones. Típico de Kaho que le ordenara ir a verla a su dormitorio, como una reina concediendo una entrevista a un cortesano. Para empeorar las cosas, era obvio que los criados sabían que lo iba a recibir en su cámara. ¿Es que no tenía el suficiente sentido común para darse cuenta de que los criados de una casa chismorreaban con los de las otras?
De pie ante la puerta de la habitación de la segunda planta alzó la mano hacia el pomo, pero titubeó. Decidió llamar primero.
—Pasa —dijo una voz ronca.
Santo cielo, pensó al entrar en el aposento. Lo esperaba en la cama, peliroja de ojos cafes y voluptuosa, Kaho Mitzuki parecía una cortesana tendida lánguidamente bajo un fino cobertor. Su desnudez resultaba aparente.
—Pensé que no ibas a llegar nunca —susurró jadeante, con la evidente intención de provocarlo.
— ¿Qué es tan urgente? —preguntó él mirándola.
—Te echaba de menos —manifestó con un bonito mohín.
— ¿Y por eso me llamaste? —no había modo de confundir la incredulidad irritada de su voz.
—Quiero hablar algo contigo —replicó ella.
Eriol alzó la bata negra de encaje que había al pie de la cama y se la arrojó ordenando.
—Cúbrete.
La expresión de ella reflejó su sorpresa. En vez de observar cómo se levantaba desnuda del lecho, Eriol atravesó la estancia y se puso a mirar por la ventana que daba al jardín.
Kaho se situó a su espalda, enlazó el brazo con el suyo y rozó el pecho contra él.
— ¿Recuerdas la noche que subiste por el roble? —Preguntó con encendida diversión—Jamás olvidaré lo mucho que me alegró que me persuadieras de no talarlo. —Él asintió, pero se negó a regalarle una mirada— Solías ser tan romántico —suspiró Kaho— aunque no me has tocado desde que falleció mi amado Rupert. Eso fue... déjame pensar... hace seis meses.
—Estás de luto —indicó él.
—Voy vestida de negro.
A pesar de su irritación, Eriol no pudo reprimir una sonrisa. La idea de la bata negra de encaje como un atuendo apropiado para el luto era sencillamente demasiado absurda. La descarada no había derramado ni una lágrima por la muerte de su marido. Bueno, supuso que así era el mundo cuando una mujer joven se casaba con un anciano.
—Te he escoltado a la ópera y a diversas actividades —se defendió él—. Lo cual, podría añadir, provocó un pequeño revuelo, ya que el luto recomienda no salir a acontecimientos sociales.
—Sí, pero no me has visitado desde que regresaste de Starlight. A propósito, me encontré con un conocido tuyo en la soiréeque anoche ofreció lady Chester.
Su tono de voz indiferente puso en alerta a Eriol. Se volvió para mirarla.
— ¿Quién podría ser?
—Lord Aidan Briggs, de Starlight.
—Lord Briggs es un trepador y un bufón social —repuso con sonrisa sarcástica— El hombre no es capaz de distinguir su codo izquierdo de su trasero.
—Creo que lo subestimas —contradijo Kaho.
— ¿Por qué lo dices?
—Me pareció un hombre inteligente y decidido. —Se encogió de hombros. Subió la mano por la extensión de su brazo y añadió—.Anunciemos nuestro compromiso, pondré fin a mi período de luto y podremos casamos en unos meses.
—Querida, jamás has observado luto alguno —afirmó con sequedad.
El comentario impertinente la enfureció, pero se recobró antes de ofenderlo.
—Hablo en serio Eriol necesitas a una esposa sofisticada que te dé herederos. ¿Qué mejor elección que yo?
—No necesito a nadie —repuso, separándose de ella.
—Quién es Tomoyo Daidouji? —inquirió Kaho.
—Veo que Briggs ha sido una fuente útil de información. —Eriol inclinó la cabeza.
Al observar su expresión enfadada decidió que había llegado el momento de la verdad. La mejor política sería quitarse de encima la escena desagradable antes de que Tomoyo arribara a Londres. Por otro lado, Kaho podía ser especialmente malévola, y no quería que Tomoyo sufriera. Quizá fuera capaz de edulcorar la verdad.
—Siéntate aquí —pidió Eriol obediente, Kaho se sentó ante su tocador. El se quedó de pie junto a la ventana—. Tomoyo y Sakura Daidouji han perdido hace poco a su padre, el conde de...
—Me han contado que se suicidó —interrumpió Kaho.
— ¿Qué más te dijo Briggs? —sondeó.
—Las dos jóvenes son bastardas adoptadas.
Esa información lo sorprendió. Habría jurado que el Barón quería de verdad a Tomoyo. ¿Qué clase de hombre denunciaría como bastarda a la mujer que amaba?
—Mi tío Charles es albacea del testamento del difunto Conde —continuó, soslayando su comentario acerca de la bastardía— Por el momento yo me ocuparé de los bienes de los Daidouji. De acuerdo con los deseos del difunto Conde, harán su presentación en sociedad esta temporada.
— ¿Así que eres una especie de custodio? —Kaho se iluminó.
—No precisamente —replicó Eriol—. De niños, Tomoyo Daidouji y yo fuimos prometidos.
— ¿Qué? —Se levantó de un salto.
—Siéntate —ordenó con firmeza. Ella obedeció con ira en los ojos— Lady Tomoyo se muestra reacia a mantener el trato que hizo su padre tantos años atrás —continuó— Yo le he dado una posibilidad de salida. Si conoce a algún otro caballero apropiado durante la temporada, puede anular nuestro compromiso y casarse con él.
La sonrisa de Kaho fue felina y calculadora.
—De modo que si la joven se enamora de otro, ¿vuestro compromiso queda anulado? Ambos seréis libres para...
El sonido inesperado de voces femeninas en el pasillo atrajo la atención de Eriol. Miró a Kaho, que sonrió con inocencia. En esa fracción de segundo él supo lo que sucedía; Kaho había preparado una situación comprometedora para obligarlo a casarse con ella.
—Bruja taimada —gruñó, lanzándole una mirada mortífera. Abrió la ventana y salió al gigantesco roble para bajar las dos plantas hasta el jardín de abajo.
Ha tenido suerte de que el árbol me ayudara a bajar, pensó Eriol. De lo contrario, Kaho Mitzuki hubiera quedado sumida en el bochorno, pues no tenía intención de casarse con ella. (Nota:,perdón por la intromisión, pero si hubiera quedado aborchonada hubiera sido lo mejor ¬¬ tipa zo…)
Al llegar a la calle, le sorprendió ver a Abdul y a Sagi esperándolo con el coche. Los había dejado ante la puerta principal. Sagi ocupaba el asiento del conductor mientras Abdul le mantenía la puerta abierta

— ¿Cómo lo supisteis? —sonrió.
—Los mejores criados anticipan las necesidades de sus amos, mi príncipe —informó Abdul.
—Vimos la llegada de las damas y supusimos que necesitaríais una huida rápida —indicó Sagi desde donde se sentaba.
—Doy las gracias a Alá por ello, pero debéis recordar siempre llamarme milord.
—Como deseéis, mi príncipe —asintió Abdul.
Eriol se metió en el coche y su guardaespaldas cerró la puerta. Se relajó en el asiento de piel durante los diez minutos que tardaron en llegar a su casa de Park Lane, la calle más de moda de Londres.
Sin aguardar a que Abdul abriera la puerta bajó del coche y subió los escalones de la entrada. Oyó que alguien pronunciaba su nombre y se volvió para ver a Tsasaki Yamasaki el duque de Kinross, bajar de su propio coche.
—Pasa, Yamasaki —le sonrió a su amigo de los días de Eton—. Brindemos por la fuga que acabo de realizar.
— ¿Fuga de qué? —preguntó el otro.
—De la trampa que me puso Kaho —respondió.
Yamasaki rió. Los dos amigos entraron en la casa.
En el vestíbulo había dos hombres. Bajo, de pelo oscuro y rotundo, Razi procedía de Oriente y actuaba como su valet. Higgins, su mayordomo, era alto y de aspecto digno.
—Bienvenido a casa, milord —Razi lo recibió como si llevara ausente dos días y no una hora.
— ¿Ha llegado ya mi tío? —preguntó Eriol.
—No, milord —repuso Higgins con su culto tono de voz— Sus aposentos están preparados.
—Informadme en cuanto llegue —asintió Eriol.
—Sin dilación, amo —prometió Razi, ansioso por complacerlo.
— ¿Amo? —Repitió Yamasaki mientras atravesaban el corredor en dirección al estudio—Mis criados no me muestran ese respeto. ¿Cómo consigues semejante lealtad?
—Razi es un poco anticuado —Se encogió de hombros.
Tsasaki Yamasaki se sentó en el sillón tapizado que había delante del enorme escritorio de roble mientras Eriol servía dos copas de whisky.
—Toda la nobleza prefiere el ébano mientras que tú te aferras al robusto roble —comentó.
—Yo establezco mis propias pautas. —Le pasó el whisky. Se sentó en el sillón detrás de la mesa y alzó la copa en gesto de brindis— Por mí huida de las garras de Kaho.

— ¿Qué hizo esta vez? —preguntó Yamasaki tras beber un sorbo.
—Me engañó para que fuera a su dormitorio con el fin de colocarme en una situación comprometida —con una sonrisa añadió— Escapé por la ventana, y doy gracias a Dios de que estuviera el roble.
Yamasaki soltó una carcajada.
—Pasé por White's anoche. Oficialmente eres la propuesta más encendida en el libro de apuestas. —La apuesta es para ver si Kaho Mitzuki te atrapará en matrimonio.
— ¿Y? —sonrió.
—La opinión popular va contra ti.
— ¿Tú que apostaste? —Miró a su amigo con una ceja enarcada.
—No lo he hecho —respondió Yamasaki—. Con eso daría demasiadas pistas.
—Supongo que tienes razón —Eriol inclinó la cabeza—. ¿Te importa si abrevió nuestra reunión? Espero al príncipe Adolfo en cualquier instante.
Yamasaki asintió y depositó la copa sobre el escritorio. Se levantó.
—Espero conocer a la joven Daidouji tan pronto como sea posible.
—Quiero que tu esposa y tú la conozcáis mañana. —Lo acompañó hasta la puerta—. Te enviaré un mensaje a tu casa.
—Albergo la esperanza de que Chiharu y ella se hagan amigas —reconoció Yamasaki.
—Estoy seguro de que así será —Eriol cerró la puerta detrás de su amigo y se sentó ante el escritorio para ocuparse de papeleo antes de que arribara el Príncipe.
Ese día le resultó imposible dedicarse a los libros de contabilidad. Una imagen en particular desfilaba por su mente y rompía su concentración: unas trenzas oscuras y sedosas que enmarcaban un rostro bello, unos asombrosos ojos amatistas que brillaban con furia, centelleaban de alegría o estaban empañados por lágrimas no vertidas...
Santo cielo, pensó, y dejó la pluma disgustado cuando descubrió que trazaba su imagen en el libro. Para empeorar las cosas, a su boca añadió las palabras Te amo.
¿Cómo iba a poder explicarle eso a su ejército de contables? Sería el hazmerreír de Londres. Ya podía oír a los chismosos: el aristócrata aventurero y fabulosamente rico que había roto unos cuantos corazones había recibido el flechazo de cupido y sido conquistado por una joven poco sofisticada de campo, aunque aristócrata también. The Times se beneficiaría de esos rumores para vender más ejemplares.
Entonces sonrió. En realidad no tenía por qué perder prestigio con sus empleados. Alzó el tintero y vertió la tinta sobre la página borrando (le manera eficaz su debilidad. Ah, bueno, los accidentes a veces pasan y no se podía hacer nada al respecto.
—Adelante —dijo al oír que llamaban a la puerta.
Razi e Higgins entraron a toda velocidad. El pequeño valety el digno mayordomo se lanzaban dagas con los ojos.
—Yo lo presentaré —propuso Razi.
—No, lo haré yo —replicó Higgins—. Soy el mayordomo del Marqués.
—Pero yo soy su valetde confianza.
En vez de discutir, Higgins anunció.
—Su Alteza Real, el príncipe Adolfo, duque de Cambridge, ha llegado.
—Te olvidaste de mencionar conde de Tipperary y barón Culloden añadió Razi enfadado—El Príncipe también es esas cosas.
—Por favor, escoltad al Príncipe hasta aquí —dijo Eriol, levantándose.
—Pasad —llamó Razi al girar.
—Idiota —musitó Higgins dándole un capirote en la nuca.
—No quería ninguna fanfarria —comentó el príncipe Adolfo al entrar en el estudio— pero ellos insistieron.
—Alteza Real, me honra vuestra presencia en mi hogar —saludó Eriol con una sonrisa cuando sus criados se marcharon de la estancia—. Por favor, sentaos.
Con cuarenta y dos años, el príncipe Adolfo era un hombre grande que cubría su creciente calvicie con una peluca rubia. Era afable por naturaleza y muy respetado por el público en general. A diferencia de sus hermanos, nunca un escándalo había salpicado su nombre.
Eriol se sentó después del Príncipe.
— ¿Habéis traído los documentos? —inquirió.
—Los tengo aquí —respondió Adolfo metiendo la mano en la chaqueta—. Sí, lo autorizo..., lo autorizo..., lo autorizo.
Eriol sonrió para sus adentros al quitárselos de la mano. De modo que era verdad. Había oído decir que Adolfo era cada vez más excéntrico en su madurez y que incluso había hecho suya la costumbre de su padre de decir a veces las mismas palabras tres veces.
Con rapidez ojeó los documentos que le concedían la custodia de las posesiones de los Daidouji. Luego tomó la pluma para insertar su nombre al final.
—Dios mío, ¿qué le ha pasado a tu libro de contabilidad? —preguntó Adolfo

—Nada —repuso mientras firmaba— Vertí tinta en la página.
—Los accidentes ocurren —asintió el Príncipe— Así es.
—Y ahora, señor, los bienes de los Daidouji se encuentran a salvo Eriol se reclinó en el sillón— ¿Hay algo más?
—Hay mucho más —afirmó Adolfo—. ¿Crees que el pobre Harold se suicidó?
—Sé con certeza que su muerte no fue accidental —se encogió de hombros— y Tomoyo insiste en que su padre jamás se habría quitado la vida.
— ¿Sugieres asesinato? —Adolfo pareció asombrado.
——Tomoyo dice que su padre carecía de enemigos — manifestó Eriol.
— ¿Y tú qué crees?
—Confío en el juicio de Tomoyo acerca del estado mental de su padre —repuso eligiendo con sumo cuidado las palabras— Sin embargo, considero que ella es demasiado inocente para reconocer a un enemigo cuando lo ve. ¿Qué me decís del entierro en suelo consagrado?
—Sigo trabajando en ello —indicó el Príncipe—. Prinny no es uno de los favoritos del clero —enarcó las cejas y añadió—. Ya conoces su estilo de vida. Muy inmoral..., inmoral..., inmoral. Háblame de las hijas.
—Sakura, la menor, tiene el pelo castaño y los ojos verdes —informó Eriol— También es muy dulce y dócil. Creo que Shaoran Li, vizconde de Wolferl, le iría muy bien, y pretendo emparejarlos.
—Li es un buen hombre —Adolfo asintió— ¿Y la otra hermana?
—Tomoyo es todo lo opuesto a Sakura —sonrió—. Posee un pelo negro lilaceo y unos ojos como las amatistas enormes, con un temperamento a la altura de su belleza.
—Suena tan tempestuosa como su madre —Adolfo rió entre dientes— Esa sí que se podría considerar una mujer resuelta. Resuelta... resuelta... resuelta —Eriol sonrió de nuevo—. A propósito, gracias por permitirme invertir en tus negocios —continuó el Príncipe— Han demostrado ser muy lucrativos.
Eriol inclinó la cabeza y cambió de tema.
— ¿Asistiréis a la presentación en sociedad de las jóvenes? Vuestra presencia garantizaría su éxito social.
—Estoy muy en deuda con Harold Daidouji por su generosa amistad y ni por todo el oro del mundo me perdería la presentación en sociedad de sus hijas —afirmó— No, no, no. No sería correcto que lo hiciera. —Se incorporó. Eriol también—. Por el momento, nuestros tratos quedan concluidos —dijo el Príncipe, estrechándole la mano.

—Permitid que os escolte hasta la puerta.
Los dos hombres marcharon por el pasillo hasta el recibidor. Higginsy Razi. Que aún discutían, los vieron acercarse y se pusieron firmes.
— Aprecio todo lo que estás haciendo, hijo —dijo Adolfo y le estrechó otra vez la mano.
Eriol inclinó la cabeza.
—Es un placer seros de servicio, señor.
—Unos criados notables esos dos —añadió el príncipe al darse la vuelta a para marcharse— Si alguna vez se atreven a dejar de trabajar para ti me encantaría invitarlos a hacerlo para mí. Me encantaría... me encantaría... me encantaría. —Entonces se marchó.
Eriol miró a su mayordomo y a su valet. Ambos se erguían con orgullo, satisfechos por el cumplido del príncipe.
—¿Algún mensaje? —preguntó.
Higgins fue el primero en hablar.
—El duque de Clow y su séquito...
—han llegado a Grosvenor Square —interrumpió Razi, ganándose una mirada iracunda del mayordomo.
—Que Abdul y Sagi traigan otra vez el coche hasta la entrada —instruyó.
De inmediato, milord —repuso Higgins.
—Yo lo haré —afirmó Razi y avanzó a toda velocidad por el pasillo. Como un colegial rival reacio a darle ventaja a su adversario, Hliggins persiguió al pequeño valet.
—Su Excelencia me dijo a mí que lo hiciera, pequeño sapo — Mientras Eriol recorría en coche la breve distancia que lo separada de la casa que sus tíos tenían en Grosvenor Square.

Tomoyo bajaba por la estrecha escalera hasta el vestíbulo y se sentaba en un banco tapizado. Diez minutos antes Forbes se había llevado a Winstona la zona ajardinada y no tardaría en regresar.
Tomoyo tocó el broche que le había dado Eriol. Se preguntó si notaría que lo llevaba. Como si sus pensamientos lo hubieran invocado, en ese momento el Marqués entró en el recibidor.
Verlo por primera vez en casi un mes hizo que se le acelerara el corazón. A pesar del inaceptable atrevimiento que mostraba con ella, la Mansión Starlight había parecido vacía sin él. Nunca se había sentido tan viva como cuando estaban juntos, aunque discutieran.
—Gracias, Baxter —dijo Eriol, pasándole la capa al mayordomo.
—De nada, milord. —El hombre inclinó la cabeza.
Eriol se volvió y la vio; entonces cruzó el recibidor hasta donde se hallaba sentada. Se inclinó con gesto cortés sobre su mano y le regaló una sonrisa seductora que hizo que ella pensara que tenía mariposas en el estómago.
—Lleváis el broche —comentó, Tomoyo sonrió, complacida de que se diera cuenta en el acto— Os he echado de menos —añadió él— ¿Vos me echasteis de menos?
—Ya os dije hace un mes que os echaría de menos tanto como a mi último dolor de muelas —repuso con una sonrisa.
—Seguís llevando luto —observó.
—Aún estoy de luto. —Dejó de sonreír.
— ¿Por qué estáis sentada aquí sola? —preguntó, pasando por alto su comentario.
—Espero que Forbes vuelva con Winston.
— ¿Habéis traído a Forbes y a Winstona Londres? —repitió él sorprendido.
—Si hubiera dejado a Winstonsin duda me habría extrañado. Forbes ha venido también para poder ver a su primo, Baxter.
Eriol se volvió despacio para observar asombrado al mayordomo de su tía. En respuesta, el hombre puso los ojos en blanco con gesto de sufrimiento.
—Forbes desciende del lado desafortunado de la familia —explicó Baxter— En los treinta minutos que lleva aquí, he recordado por qué limitaba nuestra comunicación a una carta al año.
Eriol esbozó una sonrisa ladeada, pero Tomoyo no se mostró tan divertida.
—No es muy amable de tu parte —amonestó— Él habló muy bien de ti durante el viaje.
—Mis disculpas, milady; por supuesto que mi primo es bien recibido aquí —dijo Baxter.
— ¿Dónde está todo el mundo? —le preguntó Eriol a Tomoyo.
—Nuestras tías y mi hermana han subido a descansar antes de tomar el té —informó— El tío Charles se ha retirado al estudio.
— ¿Vamos a verlo? —Preguntó Eriol ofreciéndole la mano—. El príncipe Adolfo me ha visitado hoy, y puedo compartir los detalles con los dos.
Ansiosa de obtener noticias nuevas, Tomoyo no necesitó una segunda invitación. Se levantó del banco y enlazó el brazo con el de Eriol como si fuera lo más natural del mundo.
Al entrar en el estudio, el tío Charles se levantó del sillón delante de la chimenea. Los dos hombres se estrecharon las manos y Tomoyo ocupó el sillón libre junto al del Duque.

Eriol le indicó a su tío que volviera a sentarse y luego extrajo el documento de la chaqueta.
—El príncipe Adolfo me ha entregado esto hoy —Le pasó el título de custodia a su tío, que ojeó su contenido. Tomoyo se inclinó para leerlo también.
—Bien, los bienes de Harold ya están a salvo —asintió el tío Charles— Con tu astucia para los negocios, sin duda se incrementarán, y no te hará falta molestamos a Mei o a mí para que firmemos algo cada vez que realices alguna inversión o gasto.
—¿Y qué pasa con el entierro de mi padre en suelo consagrado? — Quiso saber ella.
—El príncipe sigue en ello —respondió Eriol—. La petición pasa por Prinny, quien, como quizá sepáis, no es tenido en alta estima por la Iglesia.
—Al cuerno la Iglesia —exclamó, provocando una sonrisa en los dos hombres— Mi padre no se suicidó, que su cuerpo esté en ese infernal cruce es una burla grotesca.
—Princesa, coincido con vos —replicó Eriol—. A menos que el príncipe Adolfo consiga una dispensa especial, deberemos investigar las circunstancias de la muerte de vuestro padre.
— ¿Cómo lo haremos?
—Dentro de unos días nos sentaremos a discutir sobre los acontecimientos de aquel día—informó él— Hasta entonces, quiero que empecéis a escribir todo lo que podáis recordar. Empezad desde una semana antes de su muerte y deteneos en el momento en que el tío Charles y yo llegamos a Starlight, no desechéis ningún pequeño detalle. Cuanto más escribáis, más recordaréis.
—Entiendo.
— ¿Vamos a buscar a Forbes y a Winston? —preguntó— Supongo que habrán salido al jardín.
Tomoyo asintió y se volvió hacia el Duque.
—En un rato nos reuniremos en el salón a tomar el té.
Abandonaron el estudio y fueron por el pasillo hacia la parte posterior de la casa. La condujo por unos escalones hasta la planta baja y atravesaron la puerta que conducía a la brumosa zona ajardinada.
—Cuando enero muere, la niebla muere con él —informó Eriol— Noviembre es el peor mes del año.
— ¿De dónde sale tanta niebla? —preguntó Tomoyo, incapaz de ver más de unos pies por delante de ella.
—De los fuegos de carbón.
— ¿Y qué es ese olor tan horrendo?

—Excrementos de caballo —respondió con una sonrisa— Y no me preguntéis de dónde viene.
—Prefiero la limpia campiña, donde los crepúsculos de enero se reflejan en la superficie helada de la nieve. En Starlight marcamos el paso de las estaciones con la naturaleza, no con la densidad de la niebla. ¿Dónde está el perro?
Eriol silbó. Forbes y Winstonse materializaron de entre la bruma procedente del extremo más apartado del jardín. Contento de ver al Marqués, el perro lobo se incorporó y apoyó las patas delanteras en el sólido pecho de Eriol al tiempo que intentaba lamerle la cara.
—Siéntate —ordenó él. Al oír la voz de autoridad, el animal obedeció al instante—Gracias Forbes. Puedes regresar a tus quehaceres —dijo, quitándole el lazo rosa a Winston. Se volvió a Tomoyo, que tenía la vista clavada en la cinta— Los machos no llevan lazos, qué lamentable que un perro lobo deba soportar la indignidad de una cinta rosa.
—A Winstonle gusta —insistió ella.
— ¿Y cuándo compartió sus preferencias con vos? —Enarcó una ceja oscura.
—No seáis absurdo —espetó irritada. Cómo osaba tratarla como a una cabeza hueca.
—Vos, por otro lado, estaríais muy atractiva con un lazo rosa — sugirió. Con una sonrisa arrebatadora y perversa añadió— En especial si no llevarais nada más.
—Cómo os atrevéis —exclamó con un rubor furioso—-Milord, sois el hombre más osado que he conocido, ningún caballero decente le hablaría de forma tan provocativa a una dama —Le dio la espalda.
—Me disculpo por comportarme mal —le susurró al oído— ¿Volvemos dentro?
El cálido aliento en su cuello provocó en ella un escalofrío delicioso que le recorrió la espalda. Su aroma masculino y limpio le asaltó los sentidos y la derritió.
Tomoyo sacudió la cabeza y se volvió para mirarlo.
—Hay algo de lo que quiero hablaros antes de que nos reunamos con los demás.
— ¿De qué se trata, princesa?
Hizo acopio de valor y alzó la vista.
—No me gusta quebrantar el luto, no me siento cómoda con ello, aunque mi padre lo deseara.
—Sufrís un leve caso de nerviosismo —advirtió Eriol tomándola por el brazo para conducirla hasta la puerta— Conocer gente nueva puede asustar. Creedme, princesa, al final todo saldrá bien.

Ella dejó que la escoltara al interior. ¿Qué había esperado? ¿Que la liberara de su compromiso? ¿Que la enviara a la rusticidad de la Mansión Starlight hasta que se sintiera preparada? Esa sería una amabilidad ajena a su naturaleza autoritaria.
—Saldremos a cabalgar por Hyde Park por las mañanas —dijo él mientras subían los escalones en dirección al salón— Es lo que hacen las mejores personas. ¿Habéis estado en Londres?
—Solo de visita siendo niña.
—Os la mostraré. ¿Qué os gustaría ver primero? ¿La Abadía de Westminster? ¿Las tiendas de Bond Street? ¿Alguno de los palacios?
—La Torre de Londres —eligió.
—Ah, qué mujer sedienta de sangre —bromeó, haciéndola sonreír. La Torre de Londres será.
Entraron en el salón a tiempo de ver cómo Winstonse lanzaba sobre la bandeja de comida.
Winston, siéntate —dijo Eriol.
A diferencia de su primera noche en la Mansión Starlight, el perro lobo no prestó atención a la orden y comenzó a engullir sándwiches de pepino. Eriol lo aferró por el lomo y tiró de él.
—Échate. —En esa ocasión el animal obedeció.
Winstonse ha aficionado a los sándwiches de pepino —comentó Nakuru.
—Incluso bebe té —añadió Mei, provocando una sonrisa en todos menos en el Marqués.
—Lo habéis malcriado— Eriol miró a Tomoyo con ojos acusadores. Ella no supo qué manifestar a eso. En realidad, no lo había malcriado, solo había perdido un poco de control con el animal, aunque nunca se lo reconocería.
—Es la última vez que quiero veros de negro —continuó, mirándole el vestido. Se volvió hacia su tía— Tira todos sus vestidos negros.
—No será necesario —protestó Tomoyo.
—Lo es si lo digo yo —siseó con una ceja enarcada.
—No sois dueño de Sakura o de mí —Tomoyo estaba preparada para luchar— Llevaremos lo que nos...
—Oh, pero sí soy vuestro dueño —interrumpió Eriol— Tengo los derechos de custodia de los bienes de los Daidouji —Tomoyo cerró los labios—. Eso esta mejor.
—Tomoyo, querida, mira el otro extremo del salón —intervino la tía Mei en un pobre intento por cambiar de tema —Qué biombo lacado tan hermoso, ¿no te parece? Charles me comentó que procedía de Oriente.

—Sí, muy hermoso —convino, evidenciando irritación en la voz y la expresión.
Baxter y Forbes eligieron ese momento para entrar con bandejas con más viandas y galletitas.
— ¿Ves primo? —Comentó Forbes mientras cruzaban la estancia— Te dije que la primera bandeja era para el perro.
Baxter miró al animal con una mezcla de disgusto y temor. Cuando se puso a servir el té, Eriol lo detuvo.
—Lo serviremos nosotros.
—Como deseéis, milord.
—Ya informé a tus criados de que el baile de presentación en sociedad se celebraría aquí —le dijo Eriol a su tío— Mis criados están preparados para ayudar.
—Sabía que tú te ocuparías de los arreglos —asintió el Duque.
—Mei y yo teníamos muchas ganas de planificar esta fiesta — observó Nakuru.
—El tiempo era vital —explicó Eriol con voz más suave—. Lady Burke y tú tenéis autoridad sobre las chicas. No hay nada más importante que nuestras pequeñas debutantes.
— ¿Y cuándo va a celebrarse esa gala? —inquirió Tomoyo con frialdad, aún irritada.
—El primer día de febrero.
—Eso es el sábado —exclamó Sakura.
Tomoyo sintió una oleada de pánico en el interior de su pecho. Sin alterar la fachada de calma, manifestó.
—No podremos estar listas para...
—Podréis y lo estaréis —cortó Eriol—. Ser presentadas en sociedad resultará más fácil a comienzo de la temporada. Después de las pascuas todo aristócrata de Inglaterra estará en Londres. De este modo, cuando llegue la mayoría, ya poseeréis la experiencia para manejar a la gran horda enjoyada. He enviado las invitaciones, y el príncipe Adolfo asistirá.
—He ahí tu oportunidad para preguntarle al Príncipe si conocía a vuestros padres naturales —comentó el tío Charles.
—Bueno, supongo que sí.
—Menos mal que tuviste la previsión de mandar a los mejores modistos de Londres a Starlight —le dijo Nakuru a Eriol.
—Los guardarropas serán entregados por la mañana —añadió Mei.
—Excelente. Me temo que llego tarde a una cita. —Inesperadamente se volvió hacia Tomoyo— ¿Me acompañáis al recibidor?
—Creo que no —replicó esta con sequedad.

—Si milady, vendréis conmigo al recibidor —la contradijo Eriol, luego comentó con más dulzura— ¿O preferís que discutamos delante de nuestros parientes? Estoy seguro de que algunos de los criados andan al acecho. Se lo contarán a sus amigos, quienes, a su vez, se lo transmitirán a sus amos. Y entonces...
—Y entonces el cielo se derrumbará o los océanos se desbordarán o la tierra nos tragará—lanzó Tomoyo, rindiéndose a lo inevitable. Se levantó del sillón y, sin esperarlo, cruzó la estancia hacia la puerta. Se negó a mirarlo o a hablarle mientras bajaban al recibidor.
Baxter le entregó su capa al Marqués. Con un movimiento de la muñeca Eriol les indicó a los dos mayordomos que se retiraran un poco al pasillo.
—Miradme —le dijo a ella. Tomoyo observó su mentón—. Un poco más arriba, por favor—pidió con tono risueño. Tomoyo levantó la vista hasta sus ojos y lo vio sonreír—Princesa, ¿os he mencionado alguna vez que la ira os sienta muy bien? —preguntó.
—A partir de este momento, me esforzaré por ser amable —replicó, y se obligó a esbozar una sonrisa rígida.
—Condesa —Eriol rió entre dientes— sois más divertida que un grupo de artistas de Drury Lane.
—Y vos más arrogante que Napoleón —replicó. El inclinó la cabeza en reconocimiento a su ingenio.
—Mañana invitaré a mi amigo el duque de Kinross y a su esposa a que nos visiten —informó— Espero que Chiharu y vos os hagáis amigas. Le ha costado hacer amigos entre los nobles, aunque nadie se ha mostrado especialmente grosero con ella.
— ¿Dos proscritas unidas en su desgracia? —Enarcó una ceja.
—No me refería a eso. Sencillamente creía que podíais ser buenas compañeras, mientras no le recriminéis que haya sido yo quien os la presentara.
—Jamás haría eso —se defendió Tomoyo— Prefiero juzgar a la gente por sus propios méritos.
—A diferencia de lo que hacéis con lord Briggs.
— ¿Qué queréis decir?
—Debo advertiros —bajó la voz— de que una amiga me contó que el Barón está en Londres diciéndole a la gente que vuestra hermana y vos sois bastardas adoptadas.
—No os creo —exclamó, demasiado indignada para encogerse ante la palabra que había llegado a despreciar— Aidan jamás me heriría de ningún modo.
—Entonces, ¿cómo sabía esta amiga que erais adoptada? —Quizá tenga el don de la Clarividencia —sugirió ella— Por favor, dejadme. Vuestras palabras me han causado dolor de cabeza.
—Condesa, los dos sabemos que sois mucho más fuerte —Sin advertencia previa se inclinó sobre ella y la pegó a su cuerpo, antes de que Tomoyo pudiera reaccionar capturó su boca en un beso ardiente y prolongado que le quitó el aliento— Deseaba besaros desde hace un mes —susurró sobre sus labios, luego la soltó y salió por la puerta.
Aturdida por su ardor Tomoyo se llevó los dedos a la boca y lo siguió con la mirada. ¿Cómo sería si la besara así todas las noches durante los próximos cincuenta años?
Tras recuperar la compostura se alejó de la puerta y cruzó el recibidor hacia las escaleras.
—Forbes! ¡Baxter! —gritó. Los dos hombres aparecieron a la carrera— Baxter, ve deprisa a la cocina —ordenó— Dile a la cocinera que necesito harina, huevos, bicarbonato...
— ¿Harina, huevos, bicarbonato? —repitió el otro asombrado.
—Es lo que he dicho. ¿Tienes problemas de oído? —espetó— Forbes, ponlo al tanto de lo que necesitaré justo después de la cena.
—Primo, milady siente la necesidad de cocinar —anunció Forbes, dándose la vuelta para ir a cumplir su cometido.
— ¿La Condesa va a cocinar? —Baxter sonó aún más asombrado.
—No, esta noche hornearé.
— ¿Hornear? —repitió de nuevo Baxter.
—Hornearé algo especial para el Marqués.
—Pan de jengibre, milady? —sondeó Forbes, con sonrisa cómplice en la cara.
—No —respondió, subiendo por las escaleras— Pastel de cicuta.

Notas: hola bueno apurándome y como muestra de agradecimiento por aquellos que leen el fic, actualice, como dato importante por si no están muy familiarizados con los tiempos de la regencia el White era un clubde caballeros muy reconocido y privado solo la crem de la crem podía ir, servia como club, bar, y lugar para luchas y apuestas, era muy sofisticado, y la alta nobleza inglesa se entretenía con apuestas

Así también la Torre de Londres es conocida por su trágico pasado, donde hubo muchos derramamientos de sangres, por las guerras trascurridas y asesinatos injustos

El Drury Lane, era un famoso teatro conocido por sus obras y por las actitudes mayormente un tanto viciosas… de las mujeres en aquel entonces.

Espero sinceramente que les haya gustado el capitulo, así como el sentido del humor que manejo, todos sus comentarios son bien recibidos, no se con exactitud cuando actualizare, pero tratare de hacerlo pronto, todo depende de que tanto quieran leer ustedes y la escuela me lo permita.

Solo les comentare, que Tomoyo efectivamente horneara el pan ^_^ , también Viena la presentación en sociedad, no se que opinen ustedes de la muy zorra de kaho, miren que fue una trepadora, queriendo obligar a Eriol a casarse con ella, es una descarada, peor ya no digo zorra por que ofendo a los zorros T_T, este Aidan se paso de ojei diciéndole a Kaho que Tomoyo y Sakura eran bastardas, imagínense por donde va ir la cosa en los próximos capis.

Ah IMPORTANTE en capítulos futuros como dentro de unos 10, pensare en cambiar el rating del fic, por que quisiera poner un lime, no creo que llegue a lemmon, pero todavía no me decido, tal vez solo haga una división de esa parte para quien lo quiera leer, pero quería que lo supieran de antemano ok?

Cuídense mucho, y muchas gracias a quienes se tomaron su tiempo en dejar un review y también a los que leen el fic