Disclaimer: Los personajes de CCS no me pertenecen, sino a las talentosisimas CLAMP yo solo tomo prestado a sus personajespara esta historia y formar la pareja que muchos nos quedamos con ganas de ver, así que a sabiendas que esto lo hago sin ánimos de lucro, disfrútenla.
Capitulo sexto
El
mes posterior a
su partida de Starlight había transcurrido con dolorosa lentitud,
pensó Eriol mientras se relajaba en el asiento de piel del coche.
Veintiséis días y noches habían parecido veintiséis años.
Los
asuntos navieros y las inversiones financieras habían mantenido sus
días llenos de actividad. Las noches habían pasado despacio, en
particular esos momentos en que sólo estaba con sus pensamientos.
Había evitado a su anterior amante y se había quedado en casa o
había salido a tomar una copa o a jugar una partida de cartas con
Tsasaki Yamasaki, su mejor amigo, en el White's Gentlemen's Club.
¿Su súbita partida de la Mansión Starlight había aliviado o
decepcionado a Tomoyo? Aunque hacía apenas unas semanas que la
conocía, estar lejos de ella hacía que sintiera como si a su vida
le faltara algo de valor. ¿Podía un hombre vincularse
emocionalmente con una mujer en tan corto período de tiempo, o solo
se trataba de una atracción física? Su beso había sido de una
seducción dulce, muy distinta de aquellos correspondientes a sus
sofisticadas aventuras de Londres.
Sonrió. Seguro que el pobre
Winstonse
había visto sometido a llevar lazos desde su marcha. Y encima rosas.
El coche se detuvo delante del número 10 de Berkeley Square, el
lugar donde se alzaba el elegante hogar de Kaho Mitzuki, la condesa
de Foxtar,
su antigua amante. Perdió la sonrisa al darse cuenta de que había
llegado a su destino.
Se preguntó qué diablos sería tan
urgente. Tenía varias cosas que hacer antes de que Tomoyo llegara a
Londres a última hora de aquel día. Esperaba que Kaho no le hiciera
difícil la vida a Tomoyo.
Golpeó
con fuerza la aldaba. Unos momentos más tarde el mayordomo de
Mitzuki abrió la puerta y lo hizo pasar.
—Buenas tardes,
milord —lo saludó.
— ¿Dónde está lady Mitzuki? —preguntó
al entrar en el vestíbulo, con demasiada prisa para intercambiar
amabilidades con el criado.
—Mi lady sigue en sus aposentos
—respondió el mayordomo.
—Dile que he llegado —ordenó,
dirigiéndose hacia la escalera—. Esperaré en el salón.
—Lady
Mitzuki me ordenó que os dijera que fuerais directamente a sus
aposentos.
Eriol asintió y comenzó a subir los escalones.
Típico de Kaho que le ordenara ir a verla a su dormitorio, como una
reina concediendo una entrevista a un cortesano. Para empeorar las
cosas, era obvio que los criados sabían que lo iba a recibir en su
cámara. ¿Es que no tenía el suficiente sentido común para darse
cuenta de que los criados de una casa chismorreaban con los de las
otras?
De pie ante la puerta de la habitación de la segunda
planta alzó la mano hacia el pomo, pero titubeó. Decidió llamar
primero.
—Pasa —dijo una voz ronca.
Santo cielo, pensó
al entrar en el aposento. Lo esperaba en la cama, peliroja de ojos
cafes y voluptuosa, Kaho Mitzuki parecía una
cortesana
tendida lánguidamente bajo un fino cobertor. Su desnudez resultaba
aparente.
—Pensé que no ibas a llegar nunca —susurró
jadeante, con la evidente intención de provocarlo.
— ¿Qué es
tan urgente? —preguntó él mirándola.
—Te echaba de menos
—manifestó con un bonito mohín.
— ¿Y por eso me llamaste?
—no había modo de confundir la incredulidad irritada de su voz.
—Quiero hablar algo contigo —replicó ella.
Eriol alzó
la bata negra de encaje que había al pie de la cama y se la arrojó
ordenando.
—Cúbrete.
La expresión de ella reflejó su
sorpresa. En vez de observar cómo se levantaba desnuda del lecho,
Eriol atravesó la estancia y se puso a mirar por la ventana que daba
al jardín.
Kaho se situó a su espalda, enlazó el brazo con el
suyo y rozó el pecho contra él.
— ¿Recuerdas la noche que
subiste por el roble? —Preguntó con encendida diversión—Jamás
olvidaré lo mucho que me alegró que me persuadieras de no talarlo.
—Él asintió, pero se negó a regalarle una mirada— Solías ser
tan
romántico
—suspiró Kaho— aunque no me has tocado desde que falleció mi
amado Rupert. Eso fue... déjame pensar... hace seis meses.
—Estás
de luto —indicó él.
—Voy vestida de negro.
A pesar de
su irritación, Eriol no pudo reprimir una sonrisa. La idea de la
bata negra de encaje como un atuendo apropiado para el luto era
sencillamente demasiado absurda. La descarada no había derramado ni
una lágrima por la muerte de su marido. Bueno, supuso que así era
el mundo cuando una mujer joven se casaba con un anciano.
—Te
he escoltado a la ópera y a diversas actividades —se defendió
él—. Lo cual, podría añadir, provocó un pequeño revuelo, ya
que el luto recomienda no salir a acontecimientos sociales.
—Sí,
pero no me has visitado desde que regresaste de Starlight. A
propósito, me encontré con un conocido tuyo en la soiréeque
anoche ofreció lady Chester.
Su tono de voz indiferente puso en
alerta a Eriol. Se volvió para mirarla.
— ¿Quién podría
ser?
—Lord Aidan Briggs, de Starlight.
—Lord Briggs es un
trepador y un bufón social —repuso con sonrisa sarcástica— El
hombre no es capaz de distinguir su codo izquierdo de su trasero.
—Creo que lo subestimas —contradijo Kaho.
— ¿Por qué
lo dices?
—Me pareció un hombre inteligente y decidido. —Se
encogió de hombros. Subió la mano por la extensión de su brazo y
añadió—.Anunciemos nuestro compromiso, pondré fin a mi período
de luto y podremos casamos en unos meses.
—Querida, jamás has
observado luto alguno —afirmó con sequedad.
El comentario
impertinente la enfureció, pero se recobró antes de ofenderlo.
—Hablo en serio Eriol necesitas a una esposa sofisticada que te
dé herederos. ¿Qué mejor elección que yo?
—No necesito a
nadie —repuso, separándose de ella.
—Quién es Tomoyo
Daidouji? —inquirió Kaho.
—Veo que Briggs ha sido una fuente
útil de información. —Eriol inclinó la cabeza.
Al observar
su expresión enfadada decidió que había llegado el momento de la
verdad. La mejor política sería quitarse de encima la escena
desagradable antes de que Tomoyo arribara a Londres. Por otro lado,
Kaho podía ser especialmente malévola, y no quería que Tomoyo
sufriera. Quizá fuera capaz de edulcorar la verdad.
—Siéntate
aquí —pidió Eriol obediente, Kaho se sentó ante su tocador. El
se quedó de pie junto a la ventana—. Tomoyo y Sakura Daidouji han
perdido hace poco a su padre, el conde de...
—Me han contado
que se suicidó —interrumpió Kaho.
— ¿Qué más te dijo
Briggs? —sondeó.
—Las dos jóvenes son bastardas adoptadas.
Esa información lo sorprendió. Habría jurado que el Barón
quería de verdad a Tomoyo. ¿Qué clase de hombre denunciaría como
bastarda a la mujer que amaba?
—Mi tío Charles es albacea del
testamento del difunto Conde —continuó, soslayando su comentario
acerca de la bastardía— Por el momento yo me ocuparé de los
bienes de los Daidouji. De acuerdo con los deseos del difunto Conde,
harán su presentación en sociedad esta temporada.
— ¿Así
que eres una especie de custodio? —Kaho se iluminó.
—No
precisamente —replicó Eriol—. De niños, Tomoyo Daidouji y yo
fuimos prometidos.
— ¿Qué? —Se levantó de un salto.
—Siéntate —ordenó con firmeza. Ella obedeció con ira en
los ojos— Lady Tomoyo se muestra reacia a mantener el trato que
hizo su padre tantos años atrás —continuó— Yo le he dado una
posibilidad de salida. Si conoce a algún otro caballero apropiado
durante la temporada, puede anular nuestro compromiso y casarse con
él.
La sonrisa de Kaho fue felina y calculadora.
—De modo
que si la joven se enamora de otro, ¿vuestro compromiso queda
anulado? Ambos seréis libres para...
El sonido inesperado de
voces femeninas en el pasillo atrajo la atención de Eriol. Miró a
Kaho, que sonrió con inocencia. En esa fracción de segundo él supo
lo que sucedía; Kaho había preparado una situación comprometedora
para obligarlo a casarse con ella.
—Bruja taimada —gruñó,
lanzándole una mirada mortífera. Abrió la ventana y salió al
gigantesco roble para bajar las dos plantas hasta el jardín de
abajo.
Ha
tenido suerte de que el árbol me ayudara a bajar, pensó
Eriol. De lo contrario, Kaho Mitzuki hubiera quedado sumida en el
bochorno, pues no tenía intención de casarse con ella.
(Nota:,perdón
por la intromisión, pero si hubiera quedado aborchonada hubiera sido
lo mejor ¬¬ tipa zo…)
Al
llegar a la calle, le sorprendió ver a Abdul y a Sagi esperándolo
con el coche. Los había dejado ante la puerta principal. Sagi
ocupaba el asiento del conductor mientras Abdul le mantenía la
puerta abierta
— ¿Cómo
lo supisteis? —sonrió.
—Los mejores criados anticipan las
necesidades de sus amos, mi príncipe —informó Abdul.
—Vimos
la llegada de las damas y supusimos que necesitaríais una huida
rápida —indicó Sagi desde donde se sentaba.
—Doy las
gracias a Alá por ello, pero debéis recordar siempre llamarme
milord.
—Como deseéis, mi príncipe —asintió Abdul.
Eriol
se metió en el coche y su guardaespaldas cerró la puerta. Se relajó
en el asiento de piel durante los diez minutos que tardaron en llegar
a su casa de Park Lane, la calle más de moda de Londres.
Sin
aguardar a que Abdul abriera la puerta bajó del coche y subió los
escalones de la entrada. Oyó que alguien pronunciaba su nombre y se
volvió para ver a Tsasaki Yamasaki el duque de Kinross, bajar de su
propio coche.
—Pasa, Yamasaki —le sonrió a su amigo de los
días de Eton—. Brindemos por la fuga que acabo de realizar.
—
¿Fuga de qué? —preguntó el otro.
—De la trampa que me puso
Kaho —respondió.
Yamasaki rió. Los dos amigos entraron en la
casa.
En el vestíbulo había dos hombres. Bajo, de pelo oscuro y
rotundo, Razi procedía de Oriente y actuaba como su valet.
Higgins,
su mayordomo, era alto y de aspecto digno.
—Bienvenido a casa,
milord —Razi lo recibió como si llevara ausente dos días y no una
hora.
— ¿Ha llegado ya mi tío? —preguntó Eriol.
—No,
milord —repuso Higgins con su culto tono de voz— Sus aposentos
están preparados.
—Informadme en cuanto llegue —asintió
Eriol.
—Sin dilación, amo —prometió Razi, ansioso por
complacerlo.
— ¿Amo? —Repitió Yamasaki mientras atravesaban
el corredor en dirección al estudio—Mis criados no me muestran ese
respeto. ¿Cómo consigues semejante lealtad?
—Razi es un poco
anticuado —Se encogió de hombros.
Tsasaki Yamasaki se sentó
en el sillón tapizado que había delante del enorme escritorio de
roble mientras Eriol servía dos copas de whisky.
—Toda la
nobleza prefiere el ébano mientras que tú te aferras al robusto
roble —comentó.
—Yo establezco mis propias pautas. —Le
pasó el whisky. Se sentó en el sillón detrás de la mesa y alzó
la copa en gesto de brindis— Por mí huida de las garras de Kaho.
— ¿Qué
hizo esta vez? —preguntó Yamasaki tras beber un sorbo.
—Me
engañó para que fuera a su dormitorio con el fin de colocarme en
una situación comprometida —con una sonrisa añadió— Escapé
por la ventana, y doy gracias a Dios de que estuviera el roble.
Yamasaki soltó una carcajada.
—Pasé por White's anoche.
Oficialmente eres la propuesta más encendida en el libro de
apuestas. —La apuesta es para ver si Kaho Mitzuki te atrapará en
matrimonio.
— ¿Y? —sonrió.
—La opinión popular va
contra ti.
— ¿Tú que apostaste? —Miró a su amigo con una
ceja enarcada.
—No lo he hecho —respondió Yamasaki—. Con
eso daría demasiadas pistas.
—Supongo que tienes razón —Eriol
inclinó la cabeza—. ¿Te importa si abrevió nuestra reunión?
Espero al príncipe Adolfo en cualquier instante.
Yamasaki
asintió y depositó la copa sobre el escritorio. Se levantó.
—Espero conocer a la joven Daidouji tan pronto como sea
posible.
—Quiero que tu esposa y tú la conozcáis mañana. —Lo
acompañó hasta la puerta—. Te enviaré un mensaje a tu casa.
—Albergo la esperanza de que Chiharu y ella se hagan amigas
—reconoció Yamasaki.
—Estoy seguro de que así será —Eriol
cerró la puerta detrás de su amigo y se sentó ante el escritorio
para ocuparse de papeleo antes de que arribara el Príncipe.
Ese
día le resultó imposible dedicarse a los libros de contabilidad.
Una imagen en particular desfilaba por su mente y rompía su
concentración: unas trenzas oscuras y sedosas que enmarcaban un
rostro bello, unos asombrosos ojos amatistas que brillaban con furia,
centelleaban de alegría o estaban empañados por lágrimas no
vertidas...
Santo
cielo, pensó,
y dejó la pluma disgustado cuando descubrió que trazaba su imagen
en el libro. Para empeorar las cosas, a su boca añadió las palabras
Te
amo.
¿Cómo
iba a poder explicarle eso a su ejército de contables? Sería el
hazmerreír de Londres. Ya podía oír a los chismosos: el
aristócrata aventurero y fabulosamente rico que había roto unos
cuantos corazones había recibido el flechazo de cupido y sido
conquistado por una joven poco sofisticada de campo, aunque
aristócrata también. The
Times se
beneficiaría de esos rumores para vender más ejemplares.
Entonces
sonrió. En realidad no tenía por qué perder prestigio con sus
empleados. Alzó el tintero y vertió la tinta sobre la página
borrando (le manera eficaz su debilidad. Ah, bueno, los accidentes a
veces pasan y no se podía hacer nada al respecto.
—Adelante
—dijo al oír que llamaban a la puerta.
Razi e Higgins entraron
a toda velocidad. El pequeño valety
el digno mayordomo se lanzaban dagas con los ojos.
—Yo lo
presentaré —propuso Razi.
—No, lo haré yo —replicó
Higgins—. Soy el mayordomo del Marqués.
—Pero yo soy su
valetde
confianza.
En vez de discutir, Higgins anunció.
—Su Alteza
Real, el príncipe Adolfo, duque de Cambridge, ha llegado.
—Te
olvidaste de mencionar conde de Tipperary y barón Culloden añadió
Razi enfadado—El Príncipe también es esas cosas.
—Por
favor, escoltad al Príncipe hasta aquí —dijo Eriol, levantándose.
—Pasad —llamó Razi al girar.
—Idiota —musitó
Higgins dándole un capirote en la nuca.
—No quería ninguna
fanfarria —comentó el príncipe Adolfo al entrar en el estudio—
pero ellos insistieron.
—Alteza Real, me honra vuestra
presencia en mi hogar —saludó Eriol con una sonrisa cuando sus
criados se marcharon de la estancia—. Por favor, sentaos.
Con
cuarenta y dos años, el príncipe Adolfo era un hombre grande que
cubría su creciente calvicie con una peluca
rubia. Era afable por naturaleza y muy respetado por el público en
general. A diferencia de sus hermanos, nunca un escándalo había
salpicado su nombre.
Eriol se sentó después del Príncipe.
—
¿Habéis traído los documentos? —inquirió.
—Los tengo aquí
—respondió Adolfo metiendo la mano en la chaqueta—. Sí, lo
autorizo..., lo autorizo..., lo autorizo.
Eriol sonrió para sus
adentros al quitárselos de la mano. De modo que era verdad. Había
oído decir que Adolfo era cada vez más excéntrico en su madurez y
que incluso había hecho suya la costumbre de su padre de decir a
veces las mismas palabras tres veces.
Con rapidez ojeó los
documentos que le concedían la custodia de las posesiones de los
Daidouji. Luego tomó la pluma para insertar su nombre al final.
—Dios mío, ¿qué le ha pasado a tu libro de contabilidad?
—preguntó Adolfo
—Nada
—repuso mientras firmaba—
Vertí tinta en la página.
—Los accidentes ocurren —asintió
el Príncipe— Así es.
—Y ahora, señor, los bienes de los
Daidouji se encuentran a salvo Eriol se reclinó en el sillón—
¿Hay algo más?
—Hay mucho más —afirmó Adolfo—. ¿Crees
que el pobre Harold se suicidó?
—Sé con certeza que su muerte
no fue accidental —se encogió de hombros— y Tomoyo insiste en
que su padre jamás se habría quitado la vida.
— ¿Sugieres
asesinato? —Adolfo pareció asombrado.
——Tomoyo dice que su
padre carecía de enemigos — manifestó Eriol.
— ¿Y tú qué
crees?
—Confío en el juicio de Tomoyo acerca del estado mental
de su padre —repuso eligiendo con sumo cuidado las palabras— Sin
embargo, considero que ella es demasiado inocente para reconocer a un
enemigo cuando lo ve. ¿Qué me decís del entierro en suelo
consagrado?
—Sigo trabajando en ello —indicó el Príncipe—.
Prinny no es uno de los favoritos del clero —enarcó las cejas y
añadió—. Ya conoces su estilo de vida. Muy inmoral...,
inmoral..., inmoral. Háblame de las hijas.
—Sakura, la menor,
tiene el pelo castaño y los ojos verdes —informó Eriol— También
es muy dulce y dócil. Creo que Shaoran Li, vizconde de Wolferl, le
iría muy bien, y pretendo emparejarlos.
—Li es un buen hombre
—Adolfo asintió— ¿Y la otra hermana?
—Tomoyo es todo lo
opuesto a Sakura —sonrió—. Posee un pelo negro lilaceo y unos
ojos como las amatistas enormes, con un temperamento a la altura de
su belleza.
—Suena tan tempestuosa como su madre —Adolfo rió
entre dientes— Esa sí que se podría considerar una mujer
resuelta. Resuelta... resuelta... resuelta —Eriol sonrió de
nuevo—. A propósito, gracias por permitirme invertir en tus
negocios —continuó el Príncipe— Han demostrado ser muy
lucrativos.
Eriol inclinó la cabeza y cambió de tema.
—
¿Asistiréis a la presentación en sociedad de las jóvenes? Vuestra
presencia garantizaría su éxito social.
—Estoy muy en deuda
con Harold Daidouji por su generosa amistad y ni por todo el oro del
mundo me perdería la presentación en sociedad de sus hijas —afirmó—
No, no, no. No sería correcto que lo hiciera. —Se incorporó.
Eriol también—. Por el momento, nuestros tratos quedan concluidos
—dijo el Príncipe, estrechándole la mano.
—Permitid
que os escolte hasta la puerta.
Los dos hombres marcharon por el
pasillo hasta el recibidor. Higginsy
Razi.
Que aún discutían, los vieron acercarse y se pusieron firmes.
—
Aprecio todo lo que estás haciendo, hijo —dijo Adolfo y le
estrechó otra vez la mano.
Eriol inclinó la cabeza.
—Es
un placer seros de servicio, señor.
—Unos criados notables
esos dos —añadió el príncipe al darse la vuelta a para
marcharse— Si alguna vez se atreven a dejar de trabajar para ti me
encantaría invitarlos a hacerlo para mí. Me encantaría... me
encantaría... me encantaría. —Entonces se marchó.
Eriol miró
a su mayordomo y a su valet.
Ambos
se erguían con orgullo, satisfechos por el cumplido del príncipe.
—¿Algún mensaje? —preguntó.
Higgins fue el primero en
hablar.
—El duque de Clow y su séquito...
—han llegado a
Grosvenor Square —interrumpió Razi, ganándose una mirada iracunda
del mayordomo.
—Que Abdul y Sagi traigan otra vez el coche
hasta la entrada —instruyó.
De inmediato, milord —repuso
Higgins.
—Yo lo haré —afirmó Razi y avanzó a toda
velocidad por el pasillo. Como un colegial rival reacio a darle
ventaja a su adversario, Hliggins persiguió al pequeño valet.
—Su
Excelencia me dijo a mí que lo hiciera, pequeño sapo — Mientras
Eriol recorría en coche la breve distancia que lo separada de la
casa que sus tíos tenían en Grosvenor Square.
Tomoyo
bajaba por la estrecha escalera hasta el vestíbulo y se sentaba en
un banco tapizado. Diez minutos antes Forbes se había llevado a
Winstona
la zona ajardinada y no tardaría en regresar.
Tomoyo tocó el
broche que le había dado Eriol. Se preguntó si notaría que lo
llevaba. Como si sus pensamientos lo hubieran invocado, en ese
momento el Marqués entró en el recibidor.
Verlo por primera vez
en casi un mes hizo que se le acelerara el corazón. A pesar del
inaceptable atrevimiento que mostraba con ella, la Mansión Starlight
había parecido vacía sin él. Nunca se había sentido tan viva como
cuando estaban juntos, aunque discutieran.
—Gracias, Baxter
—dijo Eriol, pasándole la capa al mayordomo.
—De nada,
milord. —El hombre inclinó la cabeza.
Eriol se volvió y la
vio; entonces cruzó el recibidor hasta donde se hallaba sentada. Se
inclinó con gesto cortés sobre su mano y le regaló una sonrisa
seductora que hizo que ella pensara que tenía mariposas en el
estómago.
—Lleváis el broche —comentó, Tomoyo sonrió,
complacida de que se diera cuenta en el acto— Os he echado de menos
—añadió él— ¿Vos me echasteis de menos?
—Ya os dije
hace un mes que os echaría de menos tanto como a mi último dolor de
muelas —repuso con una sonrisa.
—Seguís llevando luto
—observó.
—Aún estoy de luto. —Dejó de sonreír.
—
¿Por qué estáis sentada aquí sola? —preguntó, pasando por alto
su comentario.
—Espero que Forbes vuelva con Winston.
—
¿Habéis traído a Forbes y a Winstona
Londres? —repitió él sorprendido.
—Si hubiera dejado a
Winstonsin
duda me habría extrañado. Forbes ha venido también para poder ver
a su primo, Baxter.
Eriol se volvió despacio para observar
asombrado al mayordomo de su tía. En respuesta, el hombre puso los
ojos en blanco con gesto de sufrimiento.
—Forbes desciende del
lado desafortunado de la familia —explicó Baxter— En los treinta
minutos que lleva aquí, he recordado por qué limitaba nuestra
comunicación a una carta al año.
Eriol esbozó una sonrisa
ladeada, pero Tomoyo no se mostró tan divertida.
—No es muy
amable de tu parte —amonestó— Él habló muy bien de ti durante
el viaje.
—Mis disculpas, milady; por supuesto que mi primo es
bien recibido aquí —dijo Baxter.
— ¿Dónde está todo el
mundo? —le preguntó Eriol a Tomoyo.
—Nuestras tías y mi
hermana han subido a descansar antes de tomar el té —informó—
El tío Charles se ha retirado al estudio.
— ¿Vamos a verlo?
—Preguntó Eriol ofreciéndole la mano—. El príncipe Adolfo me
ha visitado hoy, y puedo compartir los detalles con los dos.
Ansiosa
de obtener noticias nuevas, Tomoyo no necesitó una segunda
invitación. Se levantó del banco y enlazó el brazo con el de Eriol
como si fuera lo más natural del mundo.
Al entrar en el estudio,
el tío Charles se levantó del sillón delante de la chimenea. Los
dos hombres se estrecharon las manos y Tomoyo ocupó el sillón libre
junto al del Duque.
Eriol
le indicó a su tío que volviera a sentarse y luego extrajo el
documento de la chaqueta.
—El príncipe Adolfo me ha entregado
esto hoy —Le pasó el título de custodia a su tío, que ojeó su
contenido. Tomoyo se inclinó para leerlo también.
—Bien, los
bienes de Harold ya están a salvo —asintió el tío Charles— Con
tu astucia para los negocios, sin duda se incrementarán, y
no
te hará falta molestamos a Mei o a mí para que firmemos algo cada
vez que realices alguna inversión o gasto.
—¿Y qué pasa con
el entierro de mi padre en suelo consagrado? — Quiso saber ella.
—El príncipe sigue en ello —respondió Eriol—. La petición
pasa por Prinny, quien, como quizá sepáis, no es tenido en alta
estima por la Iglesia.
—Al cuerno la Iglesia —exclamó,
provocando una sonrisa en los dos hombres— Mi padre no se suicidó,
que su cuerpo esté en ese infernal cruce es una burla grotesca.
—Princesa, coincido con vos —replicó Eriol—. A menos que
el príncipe Adolfo consiga una dispensa especial, deberemos
investigar las circunstancias de la muerte de vuestro padre.
—
¿Cómo lo haremos?
—Dentro de unos días nos sentaremos a
discutir sobre los acontecimientos de aquel día—informó él—
Hasta entonces, quiero que empecéis a escribir todo lo que podáis
recordar. Empezad desde una semana antes de su muerte y deteneos en
el momento en que el tío Charles y yo llegamos a Starlight, no
desechéis ningún pequeño detalle. Cuanto más escribáis, más
recordaréis.
—Entiendo.
— ¿Vamos a buscar a Forbes y a
Winston?
—preguntó—
Supongo que habrán salido al jardín.
Tomoyo asintió y se
volvió hacia el Duque.
—En un rato nos reuniremos en el salón
a tomar el té.
Abandonaron el estudio y fueron por el pasillo
hacia la parte posterior de la casa. La condujo por unos escalones
hasta la planta baja y atravesaron la puerta que conducía a la
brumosa zona ajardinada.
—Cuando enero muere, la niebla muere
con él —informó Eriol— Noviembre es el peor mes del año.
—
¿De dónde sale tanta niebla? —preguntó Tomoyo, incapaz de ver
más de unos pies por delante de ella.
—De los fuegos de
carbón.
— ¿Y qué es ese olor tan horrendo?
—Excrementos
de caballo —respondió con una sonrisa— Y no me preguntéis de
dónde viene.
—Prefiero la limpia campiña, donde los
crepúsculos de enero se reflejan en la superficie helada de la
nieve. En Starlight marcamos el paso de las estaciones con la
naturaleza, no con la densidad de la niebla. ¿Dónde está el perro?
Eriol silbó. Forbes y Winstonse
materializaron de entre la bruma procedente del extremo más apartado
del jardín. Contento de ver al Marqués, el perro lobo se incorporó
y apoyó las patas delanteras en el sólido pecho de Eriol al tiempo
que intentaba lamerle la cara.
—Siéntate —ordenó él. Al
oír la voz de autoridad, el animal obedeció al instante—Gracias
Forbes. Puedes regresar a tus quehaceres —dijo, quitándole el lazo
rosa a Winston.
Se
volvió a Tomoyo, que tenía la vista clavada en la cinta— Los
machos no llevan lazos, qué lamentable que un perro lobo deba
soportar la indignidad de una cinta rosa.
—A Winstonle
gusta —insistió ella.
— ¿Y cuándo compartió sus
preferencias con vos? —Enarcó una ceja oscura.
—No seáis
absurdo —espetó irritada. Cómo osaba tratarla como a una cabeza
hueca.
—Vos, por otro lado, estaríais muy atractiva con un
lazo rosa — sugirió. Con una sonrisa arrebatadora y perversa
añadió— En especial si no llevarais nada más.
—Cómo os
atrevéis —exclamó con un rubor furioso—-Milord, sois el hombre
más osado que he conocido, ningún caballero decente le hablaría de
forma tan provocativa a una dama —Le dio la espalda.
—Me
disculpo por comportarme mal —le susurró al oído— ¿Volvemos
dentro?
El cálido aliento en su cuello provocó en ella un
escalofrío delicioso que le recorrió la espalda. Su aroma masculino
y limpio le asaltó los sentidos y la derritió.
Tomoyo sacudió
la cabeza y se volvió para mirarlo.
—Hay algo de lo que quiero
hablaros antes de que nos reunamos con los demás.
— ¿De qué
se trata, princesa?
Hizo acopio de valor y alzó la vista.
—No
me gusta quebrantar el luto, no me siento cómoda con ello, aunque mi
padre lo deseara.
—Sufrís un leve caso de nerviosismo
—advirtió Eriol tomándola por el brazo para conducirla hasta la
puerta— Conocer gente nueva puede asustar. Creedme, princesa, al
final todo saldrá bien.
Ella
dejó que la escoltara al interior. ¿Qué había esperado? ¿Que la
liberara de su compromiso? ¿Que la enviara a la rusticidad de la
Mansión Starlight hasta que se sintiera preparada? Esa sería una
amabilidad ajena a su naturaleza autoritaria.
—Saldremos a
cabalgar por Hyde Park por las mañanas —dijo él mientras subían
los escalones en dirección al salón— Es lo que hacen las mejores
personas. ¿Habéis estado en Londres?
—Solo de visita siendo
niña.
—Os la mostraré. ¿Qué os gustaría ver primero? ¿La
Abadía de Westminster? ¿Las tiendas de Bond Street? ¿Alguno de los
palacios?
—La Torre de Londres —eligió.
—Ah, qué
mujer sedienta de sangre —bromeó, haciéndola sonreír. La Torre
de Londres será.
Entraron en el salón a tiempo de ver cómo
Winstonse
lanzaba sobre la bandeja de comida.
—Winston,
siéntate
—dijo Eriol.
A diferencia de su primera noche en la Mansión
Starlight, el perro lobo no prestó atención a la orden y comenzó a
engullir sándwiches de pepino. Eriol lo aferró por el lomo y tiró
de él.
—Échate. —En esa ocasión el animal obedeció.
—Winstonse
ha aficionado a los sándwiches de pepino —comentó Nakuru.
—Incluso bebe té —añadió Mei, provocando una sonrisa en
todos menos en el Marqués.
—Lo habéis malcriado— Eriol
miró a Tomoyo con ojos acusadores. Ella no supo qué manifestar a
eso. En realidad, no lo había malcriado, solo había perdido un poco
de control con el animal, aunque nunca se lo reconocería.
—Es
la última vez que quiero veros de negro —continuó, mirándole el
vestido. Se volvió hacia su tía— Tira todos sus vestidos negros.
—No será necesario —protestó Tomoyo.
—Lo es si lo
digo yo —siseó con una ceja enarcada.
—No sois dueño de
Sakura o de mí —Tomoyo estaba preparada para luchar— Llevaremos
lo que nos...
—Oh, pero sí soy vuestro dueño —interrumpió
Eriol— Tengo los derechos de custodia de los bienes de los Daidouji
—Tomoyo cerró los labios—. Eso esta mejor.
—Tomoyo,
querida, mira el otro extremo del salón —intervino la tía Mei en
un pobre intento por cambiar de tema —Qué biombo lacado tan
hermoso, ¿no te parece? Charles me comentó que procedía de
Oriente.
—Sí,
muy hermoso —convino, evidenciando irritación en la voz y la
expresión.
Baxter y Forbes eligieron ese momento para entrar con
bandejas con más viandas y galletitas.
— ¿Ves primo? —Comentó
Forbes mientras cruzaban la estancia— Te dije que la primera
bandeja era para el perro.
Baxter miró al animal con una mezcla
de disgusto y temor. Cuando se puso a servir el té, Eriol lo detuvo.
—Lo serviremos nosotros.
—Como deseéis, milord.
—Ya
informé a tus criados de que el baile de presentación en sociedad
se celebraría aquí —le dijo Eriol a su tío— Mis criados están
preparados para ayudar.
—Sabía que tú te ocuparías de los
arreglos —asintió el Duque.
—Mei y yo teníamos muchas ganas
de planificar esta fiesta — observó Nakuru.
—El tiempo era
vital —explicó Eriol con voz más suave—. Lady Burke y tú
tenéis autoridad sobre las chicas. No hay nada más importante que
nuestras pequeñas debutantes.
— ¿Y cuándo va a celebrarse
esa gala? —inquirió Tomoyo con frialdad, aún irritada.
—El
primer día de febrero.
—Eso es el sábado —exclamó Sakura.
Tomoyo sintió una oleada de pánico en el interior de su pecho.
Sin alterar la fachada de calma, manifestó.
—No podremos estar
listas para...
—Podréis y lo estaréis —cortó Eriol—. Ser
presentadas en sociedad resultará más fácil a comienzo de la
temporada. Después de las pascuas todo aristócrata de Inglaterra
estará en Londres. De este modo, cuando llegue la mayoría, ya
poseeréis la experiencia para manejar a la gran horda enjoyada. He
enviado las invitaciones, y el príncipe Adolfo asistirá.
—He
ahí tu oportunidad para preguntarle al Príncipe si conocía a
vuestros padres naturales —comentó el tío Charles.
—Bueno,
supongo que sí.
—Menos mal que tuviste la previsión de mandar
a los mejores modistos de Londres a Starlight —le dijo Nakuru a
Eriol.
—Los guardarropas serán entregados por la mañana
—añadió Mei.
—Excelente. Me temo que llego tarde a una
cita. —Inesperadamente se volvió hacia Tomoyo— ¿Me acompañáis
al recibidor?
—Creo que no —replicó esta con sequedad.
—Si
milady, vendréis conmigo al recibidor —la contradijo Eriol, luego
comentó con más dulzura— ¿O preferís que discutamos delante de
nuestros parientes? Estoy seguro de que algunos de los criados andan
al acecho. Se lo contarán a sus amigos, quienes, a su vez, se lo
transmitirán a sus amos. Y entonces...
—Y entonces el cielo se
derrumbará o los océanos se desbordarán o la tierra nos
tragará—lanzó Tomoyo, rindiéndose a lo inevitable. Se levantó
del sillón y, sin esperarlo, cruzó la estancia hacia la puerta. Se
negó a mirarlo o a hablarle mientras bajaban al recibidor.
Baxter
le entregó su capa al Marqués. Con un movimiento de la muñeca
Eriol les indicó a los dos mayordomos que se retiraran un poco al
pasillo.
—Miradme —le dijo a ella. Tomoyo observó su
mentón—. Un poco más arriba, por favor—pidió con tono risueño.
Tomoyo levantó la vista hasta sus ojos y lo vio sonreír—Princesa,
¿os he mencionado alguna vez que la ira os sienta muy bien?
—preguntó.
—A partir de este momento, me esforzaré por ser
amable —replicó, y se obligó a esbozar una sonrisa rígida.
—Condesa —Eriol rió entre dientes— sois más divertida que
un grupo de artistas de Drury Lane.
—Y vos más arrogante que
Napoleón —replicó. El inclinó la cabeza en reconocimiento a su
ingenio.
—Mañana invitaré a mi amigo el duque de Kinross y a
su esposa a que nos visiten —informó— Espero que Chiharu y vos
os hagáis amigas. Le ha costado hacer amigos entre los nobles,
aunque nadie se ha mostrado especialmente grosero con ella.
—
¿Dos proscritas unidas en su desgracia? —Enarcó una ceja.
—No
me refería a eso. Sencillamente creía que podíais ser buenas
compañeras, mientras no le recriminéis que haya sido yo quien os la
presentara.
—Jamás haría eso —se defendió Tomoyo—
Prefiero juzgar a la gente por sus propios méritos.
—A
diferencia de lo que hacéis con lord Briggs.
— ¿Qué queréis
decir?
—Debo advertiros —bajó la voz— de que una amiga me
contó que el Barón está en Londres diciéndole a la gente que
vuestra hermana y vos sois bastardas adoptadas.
—No os creo
—exclamó, demasiado indignada para encogerse ante la palabra que
había llegado a despreciar— Aidan jamás me heriría de ningún
modo.
—Entonces, ¿cómo sabía esta amiga que erais adoptada?
—Quizá tenga el don de la Clarividencia —sugirió ella— Por
favor, dejadme. Vuestras palabras me han causado dolor de cabeza.
—Condesa, los dos sabemos que sois mucho más fuerte —Sin
advertencia previa se inclinó sobre ella y la pegó a su cuerpo,
antes de que Tomoyo pudiera reaccionar capturó su boca en un beso
ardiente y prolongado que le quitó el aliento— Deseaba besaros
desde hace un mes —susurró sobre sus labios, luego la soltó y
salió por la puerta.
Aturdida por su ardor Tomoyo se llevó los
dedos a la boca y lo siguió con la mirada. ¿Cómo sería si la
besara así todas las noches durante los próximos cincuenta años?
Tras recuperar la compostura se alejó de la puerta y cruzó el
recibidor hacia las escaleras.
—Forbes! ¡Baxter! —gritó.
Los dos hombres aparecieron a la carrera— Baxter, ve deprisa a la
cocina —ordenó— Dile a la cocinera que necesito harina, huevos,
bicarbonato...
— ¿Harina, huevos, bicarbonato? —repitió el
otro asombrado.
—Es lo que he dicho. ¿Tienes problemas de
oído? —espetó— Forbes, ponlo al tanto de lo que necesitaré
justo después de la cena.
—Primo, milady siente la necesidad
de cocinar —anunció Forbes, dándose la vuelta para ir a cumplir
su cometido.
— ¿La Condesa va a cocinar? —Baxter sonó aún
más asombrado.
—No, esta noche hornearé.
— ¿Hornear?
—repitió de nuevo Baxter.
—Hornearé algo especial para el
Marqués.
—Pan de jengibre, milady? —sondeó Forbes, con
sonrisa cómplice en la cara.
—No —respondió, subiendo por
las escaleras— Pastel de cicuta.
Notas: hola bueno apurándome y como muestra de agradecimiento por aquellos que leen el fic, actualice, como dato importante por si no están muy familiarizados con los tiempos de la regencia el White era un clubde caballeros muy reconocido y privado solo la crem de la crem podía ir, servia como club, bar, y lugar para luchas y apuestas, era muy sofisticado, y la alta nobleza inglesa se entretenía con apuestas
Así también la Torre de Londres es conocida por su trágico pasado, donde hubo muchos derramamientos de sangres, por las guerras trascurridas y asesinatos injustos
El Drury Lane, era un famoso teatro conocido por sus obras y por las actitudes mayormente un tanto viciosas… de las mujeres en aquel entonces.
Espero sinceramente que les haya gustado el capitulo, así como el sentido del humor que manejo, todos sus comentarios son bien recibidos, no se con exactitud cuando actualizare, pero tratare de hacerlo pronto, todo depende de que tanto quieran leer ustedes y la escuela me lo permita.
Solo les comentare, que Tomoyo efectivamente horneara el pan ^_^ , también Viena la presentación en sociedad, no se que opinen ustedes de la muy zorra de kaho, miren que fue una trepadora, queriendo obligar a Eriol a casarse con ella, es una descarada, peor ya no digo zorra por que ofendo a los zorros T_T, este Aidan se paso de ojei diciéndole a Kaho que Tomoyo y Sakura eran bastardas, imagínense por donde va ir la cosa en los próximos capis.
Ah IMPORTANTE en capítulos futuros como dentro de unos 10, pensare en cambiar el rating del fic, por que quisiera poner un lime, no creo que llegue a lemmon, pero todavía no me decido, tal vez solo haga una división de esa parte para quien lo quiera leer, pero quería que lo supieran de antemano ok?
Cuídense mucho, y muchas gracias a quienes se tomaron su tiempo en dejar un review y también a los que leen el fic
