También maratón para esta XDD, espero les guste. tómense su tiempo

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Capítulo 8

Cambia la forma de ver las cosas y las cosas cambiarán de forma.

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Mildew le prometió a Valka llevarla a un lugar especial, como era sorpresa no le dijo nada, hasta que llegaron.

—Oh, carrriño, ¿qué lugarrr es esté? —Observó Valka con poco aprecio el restaurante que parecía ser una cabaña enorme y muy añeja.

—Quería recordarte a tu lugar natal, cariño. ¡Un restaurante ruso! Cof, cof...—tosió el hombre por lo entusiasmado que estaba.

Valka sólo hizo una discreta mueca de asco, no sabía absolutamente nada de la comida rusa y menos de la cultura; pero era una profesional, así que no habría problema.

— ¿Qué ordenarás querida? —preguntó Mildew una vez que les asignaron una mesa y unos menús.

Este estaba en idioma ruso, por ende no sabía que era cada platillo, así que escogió el más caro, algo le decía que podía ser lo más exquisito de todo lugar.

—Buena elección, madame. —felicitó el mesero.

— ¡Jacob!, ella es una de tus paisanas. ¿Qué te parece? —presentó Mildew.

—Oh, ¿en serio? —preguntó el mesero. — ¿Entonces es usted rusa?

Da (sí) —contestó Valka con la única palabra que conocía en ese idioma.

—Es un placer entonces atenderla madame, enseguida les traeré sus platillos, ¿de seguro extraña la comida de nuestro hogar?

Da, da. —afirmó Valka nerviosa.

El mesero se fue permitiéndole a la mujer darse un respiro, con tanta presión esperaba que el platillo lo compensara.

—Que interesante y culta eres. —halagó el intento de galán de Mildew. —Me encantan las mujeres que comen carne cruda.

Entonces Valka trató de ocultar su cara de sorpresa, ¡¿Había encargado carne cruda para comer?!

Y los problemas no terminaron ahí, cuando el mesero llegó con los platillos le empezó a hablar en ruso para conversar en su supuesto idioma natal, pero ella, como toda una idiota sólo contestaba "Da, da", el mesero pronto la miró de manera extraña y empezó a sospechar de ella.

—("No sabe hablar ruso, ¿verdad?") —le hizo una prueba en su idioma.

Valka desconociendo lo que significaba contestó con otra "Da".

El mesero queriendo jugar un poco con ella le hizo otra pregunta.

(¿Quisiera tocar mi enorme salchicha?)

—Da.

El hombre entonces miró con perversión a la castaña. Sin embargo, Valka era más lista de lo que creía.

—Oh, señor, ha pasado mucho tiempo desde que abandoné Rusia, recordar mi idioma natal a veces me da amnesia.

—Ya lo creo "madame" —respondió este con un mirada descarada.

—Pero le tengo que decir un secretito, sólo que saben los rusos. —lo invitó a inclinarse para escuchar tal secreto, pidiendo primero el permiso del Mildew que estaba más que encantado de verla.

El mesero se inclinó hacia ella y aprovecharía para chantajearla; sin embargo Valka le ganó la jugada cuando le agarró su miembro y lo apretó disimuladamente y con mucha fuerza.

—Más vale que dejes el maldito ruso por un lado en lo que resta en la noche, o te cortaré dolorosamente las bolas... ¿entendiste cariño?

El mesero sintiendo la presión en su amiguito, tanto que lo iba a llevar al borde de las lágrimas no le quedó más que aceptar, dejarse de jueguitos e incluso dejar de ser su mesero, pues Valka le había torturado dolorosamente sus partecillas.

Con el asunto del mesero arreglado, Valka se permitió disfrutar de la noche, o parte de ella, pues Mildew posteriormente le pidió cantar en el karaoke, de mala gana lo hizo, pero con aquel espectáculo que dio, el viejo más se enamoró.

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Astrid seguía en la playa con Hiccup, había perdido la noción del tiempo entre anécdotas del chico y conocer de su vida; el cual tenía 23 años, era huérfano de padres desde los 20 debido a que estos habían sufrido un accidente, y las tierras que poseía era por herencia, que sus amigos le ayudaban a mantener abierto el bar el cual era uno de los más viejos de Berk y por eso conocido; e incluso le contó de los inversionistas que lo molestaban.

Ella escuchó atentamente todas sus penas, le pareció un excelente chico, trabajador, honesto, buena persona, además de culto, pues en menos de una hora le explicó todo sobre las estrellas y como ubicarse, las constelaciones más importantes y todas aquellas cosas que desconocía; lo consideró un hombre único y tal vez diferente; y sin embargo, ella no podía ser honesta del todo, salvo en su nombre que se lo terminó diciendo completo.

—Oh, mira otra estrella fugaz... ¿la viste? —dijo Hiccup apuntando al cielo.

Ambos se encontraban acostados sobre una manta en la arena.

—Sí, es increíble. —suspiró la rubia. —Nunca creía que uno pudiera divertirse gratis.

Se sintió tonta al decir un comentario banal; pero era algo que recién descubría, le resultaba increíble que sin dinero estuviera pasando un muy agradable momento.

—Bueno, no es del todo gratis.

Hiccup se giró hacia ella para verla, Astrid lo miró de reojo y pudo ver deseo en sus ojos, no de placer sino de otro beso, y no quería engañarse, también quería besarlo. Se giró de la misma manera acercándose para darle un pequeño beso que lo hizo sonreír.

—Ahora es tu turno, Mi lady. —dijo Hiccup abrazándola por la cintura.

— ¿Mi turno para qué?

—Para que me digas la verdad. ¿Por qué estás aquí?

Astrid rio nerviosamente y se separó un poco de él. —Eh... ya te lo dije, soy una estudiante ambiental... en la universidad de Berk. ¿No me crees? —se acercó para darle un beso.

—Quisiera. —respondió él. —Pero siento que eres una pequeña mentirosita.

—Tal vez sea cierto.

Ambos se besaron de nuevo, a Hiccup no le causaba el menor problema saber que mentía, sabía que lo hacía por una razón, y esa razón no le permitía ser ella misma, porque la chica que tenía en ese momento en sus brazos y besándola con afán era más real que el intento de princesa que inicialmente había conocido; era ruda, fuerte y si ella quería podía ser muy inteligente y no sólo ser otra tonta rubia, como les solían decir.

— ¡Ay demonios! —exclamó Astrid separándose de él.

— ¿Hice algo mal? —Hiccup se extrañó y pensó que se había propasado.

—No, no, no... —trataba de explicar Astrid, mientras se ponía sus altos tacones. —Es sólo que ya es tarde, y me debo de ir.

— ¿Tienes toque de queda?

—Algo así, tengo tarea que hacer, pero me la pasé increíble.

Astrid se golpeó la frente mentalmente, empezó a sentir que a lado de él las tonterías salían solas. Hiccup se puso de pie para despedirla e incluso llevarla hasta su auto, pero ella se negó, sólo le dio un par de besos rápidos y se fue corriendo.

— ¡¿Te volveré a ver?! —gritó esperanzado.

— ¡Puede ser, pídeselo a una estrella! —fue lo último que escuchó de ella.

Hiccup suspiró, estaba feliz, también la había pasado estupendo y esperaba ansioso una nueva cita con ella y hasta algo más, todo indicaba para él que había encontrado a su pareja ideal.

Ese pensamiento lo enrojeció y para no emocionarse tanto y verse ridículo haciendo caras en medio de la nada, le prestó su atención al telescopio y recordó cuando Astrid lo había acusado de estar observando a las parejas, y ahora que lo veía... Discretamente, viendo antes hacia todos los lados, cambió la dirección hacia el yate de Snotlout, para curiosear un poco.

— ¡¿Está con cinco chicas?!

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— ¡Astrid tonta, tonta, tonta! —se regañaba a sí misma la rubia golpeando su cabeza y manejando a la velocidad de un rayo.

Aun no creía todo lo que había pasado, se había abierto demasiado a un hombre que recién conocía, pero que extrañamente le agradaba demasiado, además de que besaba exquisitamente, quería verlo de nuevo para tener otra cita, era su único pensamiento, olvidándose de lo demás incluso del valor monetario del muchacho.

Algo que volvió a recordar al llegar a su verdadera realidad, aquella en donde debía apurarse antes de que su madre, quien trabajaba seduciendo a otro hombre, llegará.

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Valka llegó exhausta al hotel, al entrar a la habitación se le hizo tranquilo, pensaba que como Astrid se había quedado al llegar iba a escuchar a todo volumen el televisor, sin embargo eso no pasó, su hija estaba en medio de la cama con bata, parecía agitada.

"Mamá detecta algo".

— ¿Cómo te fue? —preguntó Astrid rápidamente en lo que trataba de calmar su ritmo cardiaco de la carrera que hizo para ganarle a su madre.

—Bien, como siempre... mañana saldré de nuevo con él. —contestó Valka mirándola sospechosamente. — ¿Qué es esto? ¿Lodo? —le notó algo de mugre que tenía en el cuello.

—Ouh...ah... eso... me hice un nuevo tratamiento facial... es sólo crema, fui al spa... y ahora me iré a bañar.

Astrid se levantó presurosa de la cama, para evitar un interrogatorio, pero la intranquila Valka no dejó de sospechar, más al ver que su hija tenía lodo hasta en la planta de los pies.

Algo ocultaba y lo averiguaría.

Continuará.