También maratón para esta XDD, espero les guste. tómense su tiempo

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Capítulo 8

Caras vemos corazones no sabemos.

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Para Valka no pasaba desapercibido que algo pasaba con su pequeña hija; las semanas habían pasado y Astrid tenía una conducta extraña, ya no exigía como antes, seguía siendo gruñona como siempre, aunque moderadamente, incluso en su forma de vestir cambió. De usar esos atrevidos vestidos, los cambió por pequeños shorts y blusas holgadas, aunque siempre con su bikini por debajo de estas; sus altos tacones habían sido reemplazados por cómodos tenis o zapatos bajos, el cabello que tanto le gustaba presumir lacio y suelto últimamente lo llevaba trenzado; y cada vez que preguntaba si estaba adoptando una nueva moda siempre le respondía que le daba flojera cambiarse o así se sentía más cómoda, una respuesta poco creíble para ella, su madre, que la conocía desde que la tenía en el útero.

Sin embargo, el tener que salir con Mildew le daba poca oportunidad de averiguar a detalle, el viejo la citaba todos los días a un nuevo lugar; y sus esfuerzos estaban surtiendo efecto, pues el millonario tuvo su primera atención para con ella y le pagó otra larga estadía en el hotel que ya no se le podía engañar con la lesión de la rubia.

—Hoy saldré con Mildew, por fin me mostrará su casa... es decir mansión.

—Vaya madre, me sorprendes y eso que ha pasado un mes.

—Te dije que aún era buena. —presumió Valka dándole un pellizco a su hija que estaba muy entretenida ¡¿Leyendo?! ¡¿Un libro de astronomía?!

— ¡Ouh!... ¿qué te pasa?

— ¿Y eso? —preguntó quitándole el libro.

— ¿Qué? ¿Qué no puedo leer? —replicó Astrid arrebatándole el libro. —Me pareció interesante.

—Sólo que se me hace extraño que no estés leyendo esas revistas tipo Cosmopolitan.

—Tu comentario me hace sentir como si fuera una rubia idiota, y madre, no lo soy...

—Astrid, nadie te está diciendo tonta... ¿qué te pasa hija?

—¡Nada, madre! ¡Me sofoca que cuestiones todos mis movimientos! ¡Eso es todo!

—Está bien, está bien... —dijo la rendida mujer. —Sólo te recuerdo que vamos avanzando, muy pronto empezaremos a planear como vas a entrar en la vida de Mildew.

—¡Qué asco!... sólo de pensar que debo besarlo. —contestó Astrid con repulsión.

Aquel comentario no era nuevo para Valka, a su hija seguía disgustándole físicamente el viejo, y era comprensible, el sentimiento era mutuo.

—Bien me voy, y recuerda, sigue cojeando si quieres servicio al cuarto, no quisiera abusar tan rápido de la amabilidad de Mildew.

— ¡Dah, está bien! —dijo Astrid con su típica rudeza.

En cuanto su madre salió, resopló molesta y cerró ruidosamente el libro que Hiccup le había prestado, aunque rápidamente lo abrazó contra su pecho.

—Estúpido Hiccup. —sonrió. — ¿Por qué tienes que ser tan raro?

Dejó el libro a un lado de la cama y de puntitas fue a la puerta, la abrió y miró hacia ambos extremos para cerciorarse de que su madre se hubiera ido; una conducta que había adoptado desde semanas atrás.

Se cambió rápidamente con sus ya típicos shorts y blusas ligeras, cubriendo su bikini color azul, se puso unos tennis convers, se trenzó el cabello y salió de la habitación para ir a otra de sus tantas citas con su objetivo, aquel chico que la hacía sentir hermosa no importando como se viera, inteligente con cualquier estúpido comentario que dijera y muy querida.

Y aun con tantas demostraciones de afecto se negaba a creer que estaba enamorada de él; muy en lo profundo de su corazón tampoco quería defraudar a su madre y al negocio que las había mantenido durante años; sin embargo cuando estaba con Hiccup simplemente se olvidaba de todo.

El chico era encantador, detallista sólo con sus palabras y acciones; y la podía hacer sentir como una reina sin la necesidad de gastar un centavo, sus amigos la habían aceptado, algo que tampoco había tenido en toda su vida; Toothless al principio había dudado de ella por la forma en que se habían conocido ella y Hiccup, sin embargo después congeniaron, sin la necesidad que ella aplicara una de sus típicas tácticas para quitarse a ciertas personas del camino. En cuanto a Stormfly, fue más rápido, eran parecidas en muchas cosas y era la que más adulaba su nueva forma de vestir.

Todos ellos, en especial Hiccup; la estaban haciendo salirse del camino, y la verdad es que no le importaba; sólo había un detalle que no la dejaba avanzar del todo, Hiccup aún no le decía que la amaba, y según su madre era primordial que un hombre lo dijera cuando salía con una chica.

Llegó al bar, y estacionó el auto a un lado del bungalow; de inmediatamente Hiccup la recibió con una sonrisa, un abrazo.

—Hola, mi lady.

—Hola, babe. —saludó dándole un pequeño besito en los labios.

—Pensé que hoy no vendrías.

—Ah... si tuve que hacer unas cosas antes de venir... ¿qué haremos el día de hoy?

—Mmm no sé, pensé que podríamos caminar por la playa, hace un lindo día.

—¿Los chicos vendrán?

—No, ellos se fueron a otro lugar... así que estamos nosotros solos. —insinuó coquetamente tomándola de la cintura, aunque con el debido respeto.

—Bien, entonces vamos.

Astrid se soltó de él y tomó su mano para comenzar su caminata, hablaron de cosas triviales y del libro de astronomía, comida y otras cosas, aunque la rubia de repente sentía al chico nervioso y que se callaba por algunos minutos.

— ¿Pasa algo? —preguntó preocupada. —¿Te están molestando otra vez los inversionistas?

—No, no es eso. —dijo este sonrojado, rascándose la mejilla. —Es que...—se apenó más y llevó una mano a su bolsillo y de este sacó una cajita. —Para ti.

La rubia miró el presente y curvó una enorme sonrisa; recibir regalos le gustaba demasiado y por el tamaño de la caja debía ser joyería.

Sin embargo, al abrirlo se encontró con una piedra rara de color negro, que estaba entre unos aros metálicos que la sujetaban en un collar.

—No es el zafiro que querías, lo sé. —dijo Hiccup con una risita al ver la mueca rara en su amiga (novia en secreto para él)

—Sí, definitivamente no lo es. —respondió Astrid sin encontrarle alguna forma a la piedra o siquiera saber qué material era.

—Esto es un fragmento de meteorito, ¿quién necesita un simple zafiro si tienes esta roca que viajó por el espacio?

Astrid se sorprendió.

— ¿Un meteorito como los que vimos la otra vez?

—Sí. ¿Te gusta? —preguntó tímidamente.

Conociendo el origen de aquella piedra, Astrid la tomó con delicadeza, le fascinaba, aunque saber que él se la había dado le gustaba más; él le gustaba ¿pero él a ella?

— ¿No eres como los demás, verdad? —preguntó confundida.

—Bueno, soy un rarito. —confesó Hiccup tímidamente. —muchas chicas me lo dijeron.

¡Imbéciles! —pensó Astrid por sus adentros.

Tomó de la camisa al castaño y le plantó un beso, ¿cómo podían rechazar a un chico, atractivo, atento, raro y que besaba tan rico?

—Esas tontas se lo pierden. —susurró cerca de sus labios. Le dio un último besó para luego pedirle ayuda para ponerse el collar de meteorito. El primer obsequio especial que recibía de él.

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Mientras tanto, en otra parte de Berk, Valka había sido invitada a la casa de Mildew. Toda la mansión le fascinó, tantos lujos, tantas cosas cara; todo lo que nunca había tenido con otro pretendiente, pero todos esos lujos tenían precio alto.

Besar a Mildew era un asco para ella, y ese día no había sido la excepción, el viejo la había besado después de haberle dado una bocanada a su cigarro, y le compartió el humo en su asqueroso beso que tuvo que soportar, gracias a los dioses por pocos segundos ya que el viejo había ido a atender una llamada.

Empezó a toser exageradamente, mostrando abiertamente lo mucho que le disgustaba.

— ¿Tanto asco le da besarlo? —escuchó una amargada voz detrás de ella

Esta era de la sirvienta, que la miraba con recelo.

—Oh... no... en RRRusia así exprrresamos el amorrr. —fingió la hábil mujer.

—Miré señora, a mi no me engaña, he visto a muchas mujeres intentando lo mismo que usted y siempre terminan igual, despechadas por el señor, usted no será la excepción, la única que siempre estará a su lado seré yo y cuando muera el viejo me aseguraré que todo mi esfuerzo por cuidarlo no haya sido en vano, no permitiré que una mujer de su calaña interfiera con mis propios planes.

—Oh, no prretendo nada de eso... bien porrr usted... sabe, tengo que irrrme... decirrle al señorrr que me tuve que marrcharr, amable mujerrr.

Valka salió de la casa, preocupada por esa otra rival, pero que sería fácil de derrocar y lo mejor es que ya había encontrado cuál sería el rol de su hija para el engaño; Astrid sería la nueva, sexy y dulce maid de Mildew.

Continuará.