También maratón para esta XDD, espero les guste. tómense su tiempo

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Capítulo 12

Quien bien te quiere te hará llorar..

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A pesar de que la cita con los autos monstruos se canceló, Astrid la había pasado muy bien con su ahora nuevo, oficial y verdadero "novio", desde tiempo atrás había descartado la idea de estafarlo; para ella, Hiccup era un chico bueno y diferente a los demás, no tenía derecho a hacerle daño porque no se lo merecía. Estar con él simplemente la hacía ser una mejor persona.

Aun recordaba los detalles de su cita, después de haber visto una película, comieron, fueron a un centro comercial y de un arcade no salieron, después tuvo que volver obligatoriamente al hotel antes de que su madre llegara del lugar de Mildew.

Como solía hacer últimamente, se ducharía pues la colonia de Hiccup siempre se quedaba impregnada en ella, tal vez era porque él abrazaba demasiado. Sonrió de tan sólo recordarlo, cuando entró al departamento, tan ensoñada iba que no se dio cuenta de aquellos ojos verdes que la seguían.

—Buenas tardes Astrid.

La voz de su madre la hizo dar un salto, odiaba que la sorprendiera así.

— ¡Madre! —saludó con una falsa sonrisa. — ¿Qué haces aquí? Pensé que estabas con Mildew.

—No necesito estar todo el tiempo con él. —explicó Valka con molestia que dejaba notar al modo de que zurcía lo que parecía ser un nuevo vestido. — ¿Dónde estuviste?

—Ah... te dije... fui a los centros comerciales... te lo dije...

Valka sonrió de lado, pero con un semblante molesto, culpaba a aquel cantinero que su hija le mintiera.

— ¡Tonterías! ¡Te vi... con TU NOVIO! —confesó con una burlona risita.

— ¡¿Me estás espiando?! —se descubrió Astrid por sí sola, detestaba que su madre se metiera demasiado en su vida.

—Lo suficiente para ver como MI HIJA cayó rendida por... un patético cantinero—dijo con un tono irónico y despreciable.

— ¿Patético? —imitó su tono la menor. —Ese patético cantinero tiene una oferta de compra de la propiedad por ¡10 millones de dólares!

Valka volvió a sonreír levemente a pesar de estar enojada, no se pondría a la altura de la inmadurez de su hija.

—No estás lista, Astrid. —dijo más tranquila.

— ¿Ah, no? madre soy tan buena como tú o ¡más!, tanto que ya logré que dijera que estaba enamorado de mí.

—Me refiero a que no estás lista para que te rompan el corazón.

—¡¿De qué hablas?! —exigió Astrid sin comprender el rumbo de la conversación, pues de un minuto a otro estaba volviendo a su antiguos modales, donde Hiccup Haddock sólo era un objetivo.

—¡El beso! ¡Te vi besándolo! —explicó Valka. — ¡Estás enamorada de él!

—¡No lo estoy! —trató de contradecir la rubia para salvar su orgullo.

—Por favor, cerraste tus ojos.

Astrid no tuvo con qué defenderse contra una de las principales reglas.

—Ah... era ¡el sol! ¡Me deslumbró! —justificó inútilmente.

Valka volvió a emitir una risita.

—A mí cuando me deslumbró el sol terminé sola con una hija.

— ¡Y claro! ¡ESE ES EL MAYOR ERROR DE TU VIDA! ¿NO? —contestó la rubia dolida, y por supuesto golpeó un punto débil de Valka. —Pero te demostraré madre, ¡que lo tengo todo bajo control!

Astrid trató de contener su ira, volvió a sacar las llaves de su coche, le demostraría que ella dominaba a Hiccup Haddock y no él a ella. Mientras tanto, Valka se culpó por haberse expresado así y que fuera malinterpretado; en realidad no quería que su hija sufriera, no estaba lista para que le rompieran el corazón, como lo habían hecho con ella.

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Con apresuro, Astrid llegó a la casa de Haddock, tocó varias veces la puerta y no tardó en ser recibida por su novio.

—¡Hey! —Hiccup se sorprendió pues ya era muy tarde, más no pudo decir mucho después pues su novia se lanzó a él como aquella vez donde casi lo "violaba"

Astrid lo besó con avidez, y en el acto trató de no cerrar los ojos aunque casi era inevitable, más sin embargo no fracasó del todo.

—¡Ahí está! ¡No hay nada! —se gritó a si misma orgullosa de no estar rompiendo la regla, y según ella, al controlar sus sentimientos.

Sin embargo el que Hiccup la viera con una gran interrogación en su cara, se le hizo muy tierno.

—No hay nada... más que lo mejor de ti. —compuso para explicar tan repentino arrebato.

—Y puedo ser mucho mejor. —presumió el castaño llevándola de nuevo a sus labios, una más tranquilo y mucho más apasionado que el anterior.

Astrid sentía como si sus labios fueran una droga, y necesitaba más de ellos para sentirse completa, deseaba a Hiccup Haddock, era estúpido tratar de negarlo a esas alturas, estaba dispuesta incluso a entregarse a él en ese mismo momento.

Lentamente ambos se fueron balanceando hacia el sofá cama, Astrid estaba más apresurada que él, como solía ser, y se quitó la blusa para dejar su pecho expuesto, sólo cubierto por su usual bikini.

Junto con Hiccup se dejó caer, quedando ella arriba de él y gustosa siguió recibiendo las caricias de él, que eran tan suaves y delicadas y para nada apuradas, era como si Hiccup quisiera disfrutar de cada minuto, hacerla sentir una mujer y no sólo un "rapidín" como muchos le decía.

Y de repente cayó en cuenta de lo que estaba haciendo, y de lo que significaba y se levantó asustada.

—¡Ay, no, ay no! —se apuró a ponerse de nuevo la blusa.

—Tranquila, lo siento. —se disculpó Hiccup pensando que había errado al seguirle la corriente.

—No eres tú, soy yo. —Astrid cayó en cuenta de quién era ella, era una estafadora que rompía el corazón de los hombres. (Que tal vez se lo merecían) pero no Hiccup. —No soy buena para ti.

Estaba dispuesta a huir y no verlo jamás, pero Hiccup se adelantó antes de que se fuera.

—Déjame decidir eso a mí, ¡claro que eres buena! Tan especial que ni siquiera quieres tener relaciones hasta el matrimonio. Es digno de admirar y te respeto por ello.

—Hiccup, créeme, no soy lo que tú crees...

—Sí, lo sé. —rodó este sus ojos. —Sé que no eres una estudiante de medio ambiente... y tal vez algunas cosas más, pero no me importa porque te amo. Tú eres para mi...

Astrid lo vio con tristeza, ¿qué había hecho? Había hecho que un hombre se enamorara de ella y ahora tendría que hacer lo que siempre solía hacer: Romper su corazón.

—Lo siento. —susurró. —Ya no te quiero volver a ver.

—Astrid no...—rogó Hiccup

Pero la chica sólo negó —No, déjame en paz por favor.

Y con aquellas últimas palabras, le rompió el corazón a Hiccup Haddock y al mismo tiempo Astrid había roto el suyo.

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Valka seguía esperando paciente la llegada de su hija, o al menos eso quería demostrar, no quería creer que ella se fuera a entregar realmente por un supuesto "amor". Cuando la puerta se abrió, trató de no denotar alguna clase de emoción, más bien analizó a su pequeña, tenía el ceño muy fruncido y la boca la torcía demasiado, signo de que estaba furiosa, más cuando se acercó a ella para darle por fin su respuesta.

—Listo madre, tú ganas, no estoy lista... por eso ya terminé con él.

—Oh Astrid. —usó su tonó maternal para consolarla. —Fue lo mejor... créeme.

— ¡Cierra la boca madre! —respondió la chica tajante y se metió a la ducha.

Su hija sufría pero pronto se le pasaría, pensó Valka; ahora ella necesitaba un consejo. Así que tomó su celular y marcó un número que desde tiempo atrás no marcaba y se citó con aquella persona.

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La elegante Valka llegó a un restaurante donde rápidamente ubicó a esa mujer, su maestra en el arte del engaño, que también se parecía demasiado a la fiscal que había congelado sus cuentas, y quien en realidad eran la misma persona.

—¡Valka!

—¡Gothi!

Se saludaron con un abrazo. Durante la comida Valka le contó sobre algunos detalles y de Mildew y a la vez la problemática con Astrid.

—Te debo una todavía por ayudarme con el engaño de las cuentas bancarias.

—Qué no haría por mi alumna favorita. —halagó la anciana. —Pero me sorprendió que lo pidieras.

—Es esta niña, Astrid, que me volvía loca con su idea de hacer su vida sola.

—Ya es toda una mujer Valka, recuerdo cuando apenas tenía 3 años.

—Sigue siendo una niña. ¡Imagínate! La vi besándose con un cantinero... con los ojos cerrados. —dijo con asco.

Aquel comentario fue como una ofensa para Gothi, pues ella era la que había inventado esa regla, ahora comprendía mejor a su alumna, y sí, Astrid seguía siendo una ingenua niña que se dejaba controlar por el primer baboso que se le cruzara.

—En ese caso mi querida Valka, con gusto te seguiré ayudando, tus cuentas y dinero están a salvo conmigo, y cuando Mildew caiga tendrás definitivamente una mejor vida.

—Tú lo has dicho.

Brindó Valka con su maestra, de la que seguía aprendiendo y seguiría aprendiendo.

Continuará.