También maratón para esta XDD, espero les guste. tómense su tiempo
.
.
Capítulo 13
El muerto al pozo y el vivo al gozo..
.
Los días se hicieron semanas y Valka estaba más que satisfecha; tenía a Mildew en una de sus manos y a Astrid enfocada en el negocio, aunque siempre con mala cara desde que había terminado con el cantinero.
Debía a hacer algo por ella y que mejor que trazar un nuevo plan que hiciera caer a Mildew más rápidamente. Dejó su elegante vestimenta para vestir algo más provocador y así conseguir más de su benefactor; el viejo inevitablemente caía y eso hacía creer a Valka que pronto le propondría matrimonio.
Se encontraba haciéndole los ajustes a un nuevo y escotado vestido cuando su hija llegó al cuarto de hotel, después de otro día de arduo trabajo en la casa de Mildew.
— ¡Oh, Astrid que bueno que llegaste! ¿Cómo te fue?
—Asqueroso. —Contestó con repugnancia.— Mildew parece una fábrica viviente de flema asquerosa. Oficialmente dejé de fumar.
— ¡oh, eso es maravilloso! No cabe duda que estamos con suerte.
—Habla por ti madre. — contestó Astrid desganada sin prestarle mucha atención.
—Ouh...Ven a ver mi nuevo vestido. —invitó Valka para animarla.
—No, iré a darme un baño e iré a dormir. Estoy cansada.
Valka se encogió desde su asiento, su hija estaba más que harta, estaba triste y deprimida.
—Pronto acabaremos con esto Astrid y por fin tendremos lo que siempre quisimos. —Trató de animarla nuevamente.
—Sí, claro. —contestó esta con la voz apagada.
De repente, el celular de Astrid empezó a sonar ruidosamente. Valka abrió los ojos como platos, pues en los días anteriores había sido testigo de cómo el teléfono de su hija sonaba con alguien en especial del otro lado de la línea...
.
.
.
—¡Astrid, no me cuelgues! —Rogó Hiccup.
.
.
.
Pero la rubia sólo se limitaba a escuchar su voz y colgarle de inmediatamente el teléfono antes de que su madre empezara con uno de sus sermones. Colgarle a Hiccup la lastimaba y sabía que también lo estaba lastimando a él.
Mientras tanto, Valka dio un suspiro de alivio al ver que Astrid se seguía comportando. ¿pero por cuánto tiempo?
.
.
Del otro lado, en el bar. Hiccup golpeó la barra al verse rechazado de nuevo; todos sus esfuerzos estaban siendo inútiles pero no se rendiría.
—Vaya esa chica sí que es rara. —comentó Toothless al verlo frustrado.
—A mí me gusta así. —dijo Hiccup más calmado pero cabizbajo.
—A mí también me agrada. —opinó Stormfly como una sonrisa.
—Tú eres una chica Storm... ¿qué crees que le ocurra a Astrid? —preguntó su novio con interés y pronto Hiccup estuvo expectante a la novia de su amigo.
—Bueno, con lo que poco que la conozco y por cómo es... yo creo que...—lo pensó detenidamente mientras la mirada de los hombres se enfocaba más en ella. —Creo que tiene miedo.
—¿Astrid, miedo? No lo creo. —Se burló Toothless. —Esa chica no le teme a nada.
—No me refiero a esa clase de miedo. —explicó la chica. —Es decir, creo que temen que la lastimen... parece que no confía mucho en las personas, en especial en los hombres.
—Puede que sea verdad. —pensó en voz alta Hiccup, rememorando algunos momentos con la rubia. —Siempre se la pasaba preguntando si yo ere diferente a los demás.
—Entonces ahí está tu respuesta. —dedujo Stormfly. —Lo que necesita Astrid es tener más confianza y eso sólo puede obtener contigo, porque tú serías incapaz de hacerle algo que la lastime.
—¡Claro! Yo la amo... yo...—suspiró. —Quiero que vuelva conmigo.
—¡Vamos hombre! Si ella te quiere volverá. —trató de consolar su amigo.
Hiccup sonrió de lado, odiaba aquella frase, pero también debería empezar a confiar en que Astrid, si lo quería, por si sola volvería a él.
.
.
.
Al día siguiente, Valka le dio instrucciones precisas a Astrid de que no volviera al hotel después de su jordana laboral, pues había invitado a Mildew a una cena "romántica" y con eso esperaba sacarle de una vez la propuesta de matrimonio.
Se había ajustado aquel elegante vestido color negro con escote tan ceñido al cuerpo que la hiciera lucir su delgada figura y se había maquillado perfectamente, sólo faltaba la peluca cuando de repente:
—¡Tabaquito! Ya llegué.
— ¡Que demonios! —Exclamó Valka en un susurro, Mildew se había adelantado una hora de lo acordado. —¡Ahí voy! —dijo apresurada mientras escondía todas su pelucas y vestidos, así como cerrar la habitación que correspondía a la de Astrid.
—Tabaquito... ¡estoy esperando! —gritaba del otro lado el viejo como un niño chiquito que se ahogaba con un oloroso cigarro.
—¡Esperrra... es que ... estoy ... desnuda!
—No hay problema con eso... amorcito. —dijo el viejo picaron.
Cuando Valka terminó de acomodar todo, le abrió la puerta a su pretendiente, este como siempre, con humo a su alrededor, la saludó con un afectuoso y asqueroso besito.
Entre una acogedora platica, el ambiente se empezó a poner tenso, pues Mildew no estaba sólo de visita, pretendía algo más con la mujer y eso se lo dio a entender cuando se quitó el traje quedando sólo en su ropa interior.
—Oh... Mildew... mi rreligión no me lo permite. —se escudó Valka rápidamente.
—Que esos tiranos no te impidan amar querida. —trató de seducir Mildew entre su nube de humo.
Valka estaba en problemas, pues Mildew estaba muy ansioso y no se detendría por lo que tenía dos opciones; ponerle fin a todo el plan y mandarlo a la... o también...
—Ohhhhh, no...—Empezó a llorar dramáticamente.
—Que mi amor... es algo muy natural. —trató de consolar Mildew.
— ¡Es que no lo entiendes! No quiero que esto sea algo imposible...
—¿A qué te refieres?
Valka con "mucho dolor" señaló un papel que estaba en una mesita, estratégicamente colocado para que Mildew lo viera, este lo tomó y vio que era una notificación de rechazo de visa.
—Me voy a tenerrr que ir de aquí prrronto...—volvió a chillar la mujer.
Mildew estaba sin palabras.
—¿No hay nada que podamos hacer?
—Ya lo intenté todo... pero nada...¡Me dicen que debo abandonarrrr el país en los prrroximos días.
—¡Caray! Y yo que pensaba proponerte matrimonio. —dijo Mildew melancólicamente.
En ese momento los ojos de Valka se abrieron de más y cesó el falso llanto. ¿Había escuchado bien?
—¡¿Matrrimonio?! —preguntó emocionada.
—Sí. —contestó Mildew tomando su pantalón de dónde sacó una cajita con un anillo que tenía un enorme diamante. —Lástima que tendrás que irte. —cerró la caja antes de Valka pudiera siquiera tocarlo.
—¡No, no! —exclamó la mujer —Si nos casamos... ¡no me van a deporrrtarrr!
—¿En serio?! —pregunto animadamente Mildew. —Entonces mi tabaquito... ¡COFFFF! ¿aceptas casarte con ¡COFFFFFMIGO!? —preguntó entre tosidos.
—Oh... Mi nicotina. —chilló Valka tomando el anillo para ponerla ella misma en su dedo. —Porrrr supuesto.
—Entonces COFF no sé diga más ven aquí mi amor. —quiso festejar Mildew con algo más que un abracito.
Valka sintió nuevamente repugnancia, más al ver que Mildew de nuevo tenía su asqueroso ataque de tos, y aun así pretendía besarla, pero el viejo de repente empezó a toser con más ferocidad hasta que cayó inconsciente al suelo.
—Oh... Mildew...¿otra vez? —se quejó Valka al verlo en el piso.
Le dio una patadita para que reaccionara, pero el viejo ni siquiera se removió.
—¿Mildew?
Se agachó y puso su cabeza contra su espalda para tratar de sentir su respirar, pero nada, no sintió nada.
—¡No!¡no! —lo giró y los ojos en blanco de Mildew le indicaron lo que sospechaba.
Mildew se había muerto.
—¡No! ¿Por qué a mi?—chilló Valka golpeándolo en el pecho, cual una viuda que extraña a su marido. —¡80 millones de dolores! —chilló su mala fortuna, su minita de oro se había muerto antes de tiempo.
Y lo peor de todo es que no quería lidiar con un cadáver, eso atraería a la policía y muchas investigaciones, tenía que hacer algo para hacer parecer que Mildew había muerto sólo y en su casa y para eso necesitaba la ayuda de su hija.
.
.
.
Aprovechando que su madre tendría su propia fiesta, Astrid se dirigió a la casa de Hiccup. No sabía por qué, pero en cuánto vio que no le había marcado a la misma hora de siempre le hizo pensar que él ya no la quería ni buscaría.
Se quedó por horas, estacionada en un punto cerca de la casa donde no la viera nadie. Sólo quería ver a ese chico aunque fuera una última vez. Pero no había señales de él. Hasta que de repente su celular sonó, era él, sonrió al ver que todavía la buscaba, pero estaba triste por no poder enfrentarlo ni corresponderle como se debía.
—¿Ahora no me colgarás? —escuchó decir.
Astrid no respondió, sólo quería escuchar su voz.
—Lamento si hice algo mal, o si te asusté con lo que te dije pero... realmente te amo.
La rubia suspiró hondo.
—El amor no existe Hiccup. Es sólo un truco del cerebro, una combinación de hormonas y químicos.
—Entonces dime... ¿qué haces aquí?
Se espantó al escuchar a Hiccup más cerca de lo que creía, estaba a un lado de ella con aquella radiante sonrisa.
—Astrid, veme a la cara y dime que no me amas.
—No te amo. —respondió ella secamente.
—Vaya... eso si te lo podría creer. —dijo impresionado de su frialdad y le hubiera creído de no ser por esos melancólicos ojos azules tristes, así que sólo se inclinó hacia la ventanilla del auto y le robó un beso del cuál ella no se negó. Una prueba más para él que esa chica también lo amaba, pero que se rehusaba a creerlo.
—Sabes... tal vez sonó precipitado todo ese asunto de que te amaba y todo eso, y puede que algo te impida confiar plenamente en que digo la verdad, pero soy sincero, tanto que estoy dispuesto a hacer lo que sea por ti.
La rubia sólo parpadeó confundida de todo el parloteo de su amado. ¿A dónde quería llegar?
—Astrid... ¿te casarías conmigo?
Continuará.
