Los buenos sueños nunca se hacen realidad.
Mary Kate estaba muy nerviosa, se destapó con el edredón y deslizó la sábana que le cubría con sus pies. La habitación entera estaba en la penumbra, sólo la delicada luz de una vela, situada en la mesita de noche iluminaba parte de la cama y los muebles que se hallaban alrededor.
Un golpe de brisa llenó el lugar, provocando que la cortina ondeara suavemente. Mary Kate dio un respingo asustada, pensando que él entraría justo detrás. Nada. Sólo aire.
Se levantó de la cama y se asomó a la ventana para ver mejor. No había nadie, nadie en el patio, nadie en las calles, miró al cielo para distinguir algo, alguna figura en el aire sobrevolando su tejado.
Nada.
Suspiró decepcionada y volvió a la cama, no sin antes mirar debajo de ella, "por si acaso" pensó.
Conforme pasaban las horas, la vela se consumía y con ella, la paciencia y la ilusión de Mary Kate. Cansada de esperar, se volvió a tapar con el edredón y cayó dormida enseguida.
Esta vez y para su asombro, un golpe de aire azotó la habitación tan fuerte que apagó la escasa luz que le quedaba a la vela, provocando que Mary Kate despertara sobresaltada. Se llevó una mano al pecho del susto y se apresuró rápidamente a cerrar la ventana. Se detuvo un segundo antes de cerrarla, ¿y si viniera y la ventana estaba cerrada? Negó con la cabeza fuertemente y tomando aire por la nariz, cerró la ventana. Al darse la vuelta el corazón se le puso en la garganta .
Ahí estaba él sentado en el borde de la cama. La miraba fijamente, sin pestañear.
Mary Kate se quedó pasmada, la sangre le huyó del rostro y las manos se le quedaron heladas. No se movió de su sitio y tragó saliva ruidosamente sin saber qué decir o hacer.
Empezó a entrelazar sus dedos y bajó la cabeza nerviosa, volvió a mirarle y ahí seguía él, de la misma manera, reposado al filo de la cama, con una postura desgarbada muy propia de él.
La miró de una manera divertida, alzó una de sus cejas al mismo tiempo que encogía sus hombros e inclinaba levemente su cabeza hacia el lado derecho.
Mary Kate abrió la boca para decir algo pero no pudo, en ese momento le pasaban miles de frases por la cabeza y no sabía ni por dónde empezar. Volvía a abrirla y de nuevo nada. Repitió el mismo patrón unas cuántas veces y Peter esbozó una pequeña sonrisa por una de sus comisuras.
-¿Se te ha olvidado cómo hablar?- sonrió divertido.
Mary Kate lo miró estupefacta. ¿Después de haberle hecho esperar se reía de ella?
Se armó de valor inflando el pecho como un pavo, y, separando las distancias que había entre ambos le espetó, -¡eres idiota!-.
Peter ni se movió, la observó con los ojos entrecerrados y murmuró muy bajito –de manera que a ti se te olvida hablar y yo soy el idiota- , ahora tenía el rostro pensativo, - es muy inteligente por tu parte, pero gracias- contestó sonriente enseñándole la fila de blancos dientes perfectos.
Mary Kate empezó a respirar frustrada, se llevó las manos a la cabeza y se dirigió a su cama. Peter la contempló y le parecía lo más divertido que había visto en su vida.
-¿Por qué estás enfad..? Eh!- exclamó levantándose repentinamente al ver que Mary Kate se acomodaba su almohada para dormir,-¿qué estás haciendo?-
Esta vez fue ella quien levantó la ceja para mirarlo divertida.
-Exactamente lo que llevo haciendo la mitad de la noche antes de que vinieras- contestó terminando de ahuecar su almohada. Se recostó sobre ella apartando un mechón de pelo de su hombro y le pasó el brazo por encima,- dormir-. Cerró los ojos ignorando a Peter que se quedó con la boca abierta al ver aquella escena.
Tras unos minutos sin conseguir reacción por parte de él, entreabrió uno de sus ojos para buscarle y saber qué demonios hacía y por qué no la despertaba desesperado y rendido a sus pies. Sus dudas fueron resueltas cuando, al incorporarse, alguien le lanzó un almohadón a la cabeza. Miles de plumas comenzaron a revolotear a su alrededor.
Tal y como se lo había encontrado, ahí estaba de nuevo, a los pies de su cama, envuelto por la misma nube de plumas que bailaban en torno a ellos. Esto fue el colmo, la gota que rebasó el vaso, el fin de todos los tiempos, el acabose. Mary Kate no lo soportaba más y su rostro se descompuso, estaba que echaba humo. Intentó quitarse las plumas de la cabeza pero lo único que hizo fue empeorarlo aún más ya que, se le quedaban enredadas en sus tirabuzones y su pelo ahora parecía el de un puercoespín, todo enredado. Ahora estaba encolerizada.
Peter se echó a reír a carcajada limpia. Lo que faltaba.
Mary Kate se quiso levantar tan rápido para devolverle el golpe con el mismo almohadón, que tropezó con el edredón y se cayó de culo. Lo que provocó que Peter también lo hiciera, pero de la risa al ver aquella escena.
Mary Kate se encaminó hacia él hecha una fiera para intentar cogerle, pero era inútil. En cuanto Peter vio la expresión de Mary Kate, se elevó en el aire y revoloteó por el techo de su habitación, evitando los saltos malogrados por parte de ella, que no conseguía atraparle.
-¡Eres insufrible Peter Pan!- Le chilló mirando al techo, aniquilándolo con la mirada.
-¡Gracias!- respondió entre carcajadas, tumbado en el techo como si estuviera viendo una obra de teatro de lo más gracioso.
Mary Kate ya no podía más, no era justo. Después de todo, ¿qué esperaba? ¿Qué iría corriendo a sus brazos sólo porque la noche antes se habían besado?
Aunque para ella había significado algo porque había sido su primer beso, para él no. Y se lo estaba demostrando en ese mismo momento, riéndose de ella, a risotada limpia. Ya no podía más.
A Mary Kate le cambió el rostro, su semblante se tornó triste por completo y empezaron a picarle los ojos. Una sensación extraña comenzó a gestarse en el interior de la boca de su estómago, un gran vacío.
-Déjalo- bufó muy bajito sacudiendo la cabeza levemente. Giró sobre sus talones encaminada hacia su mesita de noche en busca de otra vela para encender.
Peter bajó del techo inmediatamente sin entender nada. -¿Qué pasa?- Le preguntó mientras se sentaba de un salto en la cama con las piernas cruzadas como los indios.
No obtuvo una respuesta.
-Creía que lo estábamos pasando bien, ¿es que te has enfadado?-.
Mary Kate no dijo nada, sacó una vela del cajón de su mesita de noche y se le formó un nudo en la garganta. Tenía miedo de que si hablaba, rompería a llorar delante de él. ¿Y para qué? ¿Para que terminara de mofarse de ella? Para él todo era un juego de niños y esto no iba a ser menos.
Le temblaban las manos tan sólo de pensarlo y esto provocaba que no atinara a encender la cerilla para prender la vela.
-Siento haberme reído de ti…pensaba que a ti también te hacía gracia y…-
-Vete por favor- le cortó con voz quebradiza,- es tarde y voy a dormir-.
Sus ojos se aguaron por una milésima de segundo e intentó respirar calmadamente para evitar que se le llenaran de lágrimas.
-Pero es que yo no tengo sueño- comenzó de nuevo Peter.
-Yo sí- concluyó Mary Kate exasperante a la vez que tiraba al suelo la caja de cerillas. Se tornó para mirarle a los ojos y acabar con aquello, lo que provocó que a sus ojos volvieran las lágrimas que hace unos minutos amenazaban con salir.
Peter la miró y observó el brillo de sus ojos. Levantó la comisura izquierda de su boca, pestañeó varias veces y acortó la distancia que había entre ellos para recoger en silencio la caja de cerillas que había ido a parar a sus pies para dejarla encima de la mesita.
Unos centímetros los separaban.
-Pero es que yo no tengo sueño- le volvió a repetir, esta vez en voz baja, más grave y levantando ambas cejas,- y no he venido aquí a dormir-. Sintió su aliento tan cerca que era casi hipnotizador.
A Mary Kate se le erizó la piel. Se miraron a los ojos durante unos segundos.
A la luz de la luna las facciones de Peter parecían casi las de un adulto. Su pelo rubio revuelto y un flequillo despeinado acentuaban más sus ojos azules. Una media sonrisa coronaba su cara. Y su piel morena destacaba todavía más con aquel ropaje verde rasgado que llevaba, dejando al descubierto parte de su pecho.
Hipnotizada por aquella visión, no se percató de que Peter se aproximaba a ella lentamente. Mary Kate sintió como el estómago le dio un vuelco y se mordió el labio inferior. Ahora estaba asustada por lo que se avecinaba. Con las manos aún temblorosas, las llevó lentamente a los brazos de él para acariciarlos.
Como respuesta, Peter la abrazó por la cintura, ahora ya no había escapatoria.
Antes de rozar sus labios con los suyos, la volvió a mirar a los ojos y le hizo un gesto con la cabeza. ¿Le estaba pidiendo permiso para besarla? Si no hubiera sido porque la tenía sujeta, se hubiera derretido ahí mismo.
Mary Kate apoyó sus manos en los hombros de él y se mojó los labios. Asintió con la cabeza ligeramente y la besó.
Duró unos segundos, al principio fue suave, tierno. Peter fue el primero en rozar con la punta de la lengua el labio inferior de ella. Giraron sus cabezas para profundizar el beso y abrieron sus bocas lentamente al mismo tiempo que sus mandíbulas iniciaban un baile decadente.
Mary Kate movió sus manos para posarlas en su cuello y su pelo. Peter respondió a este gesto atrayéndola más hacia él, de modo que sus cuerpos estaban totalmente unidos y Mary Kate sólo pudo suspirar cuando notó como su respiración se aceleraba con cada caricia y cada beso dado.
Cuando notó como el pulso de ella se aceleraba cada vez más y más, Peter comenzó a tirar muy despacito del camisón hacia arriba. Mary Kate se separó de golpe.
-¿Qué ocurre?- preguntó él de repente extrañado.
-Estoy muy nerviosa, no sé si debo hacer esto- Se llevó una mano a la boca y luego ambas hacia su pecho que subía y bajaba apresuradamente.
-Entiendo- contestó Peter pensativo, -tal vez necesitas público, como en tus historias-.
Mary Kate lo miró sin entender nada.
-¿Cómo?- preguntó con cara extrañada.
-No te preocupes- le atajó Peter acercándose y rozándole la mejilla suavemente,- lo tenía todo preparado-. Y se encaminó hacia la ventana.
Mary Kate no entendía nada y empezó a asustarse. ¿Qué quería decir con que lo tenía todo preparado? ¿Es que había algo más y ella no lo sabía?
Miles de pensamientos se le pasaron por la cabeza fugazmente, uno peor que el anterior y no pudo evitar desear que no hubiera venido, esto era un error y de los gordos. Y lo que más le inquietaba, ¿a dónde demonios se había ido ahora y por la ventana?
Sus dudas fueron acalladas en cuando le vio entrar de nuevo en la habitación seguido por los niños perdidos. Mary Kate quiso meter la cabeza bajo tierra. ¿Qué se supone que iba a ser esto, cena y espectáculo?
Todos y cada uno de ellos se acercaron para verla mejor y saludarla, algunos inspeccionaban la habitación y el resto venían junto a campanilla, que revoloteó cerca suya haciendo una cabriola fugaz.
-¡Peter! ¿Me puedes explicar a qué viene esto?- Preguntó Mary Kate exasperante.
Al oír aquello todos los niños se agruparon en torno a ellos.
-Bueno, pues…ellos querían que les contara una historia, unos de tus cuentos, así que les hablé de lo que habías escrito y me los he traído a todos para que puedan ver el final- Concluyó sonriente y orgulloso de sí mismo. Se cruzó de brazos mientras sonreía ampliamente.
Mary Kate palideció allí mismo, quería morir.
-¡Venga chicos, sentarse!- les animó Peter,- prepararse para una historia ¡real!-.
Peter los sentó a todos a los pies de la cama de ella y luego se acercó a Mary Kate para cogerle de las manos. Le dedicó una pícara sonrisa y arrugó su nariz a modo de gesto cariñoso.
-Ahora podremos continuar con nuestro cuento, ¿te acuerdas por dónde nos hemos quedado? Si quieres puedo volver a empezar-. La cara de Peter era entusiasmo puro.
Mary Kate echó un vistazo a su alrededor. Aquello no podía estar pasando. Todos esos niños mirándola, campanilla aleteando entre ellos, Peter dedicándole esa sonrisa típica suya.
-¡Empezad ya que me aburro!- vociferó uno de los niños.
-¡Sí!¡ Queremos ver el beso!-.
-¡BESO,BESO,BESO,BESO!- comenzaron todos al unísono.
A Mary Kate la habitación empezó a darle vueltas y ya no podía más.
Se despertó sudando y su respiración era agitada. Todo había sido un sueño. Se incorporó en la cama y encendió la lámpara que había al lado de su coqueta.
Había sido tan real.
Se llevó ambas manos a la cabeza e intentó controlar su respiración. Levantó la vista hacia la ventana, estaba cerrada. Desde la última vez que vino a verla seguía cerrada, se había cansado de esperar. Tres años transcurrieron desde que lo vio por última vez, cuando compartieron ese beso, ese momento suyo que nadie pudo igualar o superar. Y desde entonces no había dejado de tener pesadillas o sueños sin sentido como el que había tenido referente a aquella noche en la que él vino a verla.
Se levantó y caminó lentamente hasta la ventana de su habitación. Tuvo la tentación de abrirla en ese momento, pero, ¿para qué? Si no iba a venir, se había olvidado de ella por completo. Ella seguía recordándolo cada noche en sus sueños, a pesar de que ya había crecido, tenía 20 años y estaba hecha una mujercita.
Se llevó una de sus manos a sus labios para tocarlos, jamás la habían besado como aquella noche.
-Eso era lo único que te importaba, ser el propietario- murmuró en voz baja.
Respiró profundamente mientras miraba las estrellas, se preguntaba cuál de ellas era la segunda estrella a la derecha. Una tristeza la invadió por completo. No volvería a por ella, se había hecho mayor y era demasiado tarde.
Volvió a meterse en la cama, con la esperanza de volver a verle algún día, como siempre hacía al acostarse. Suspiró profundamente, "los buenos sueños nunca se hacen realidad" pensó.
Enseguida concilió el sueño, deseando el momento de reencontrarse con él de nuevo.
