¡Maldición! ¿Qué diablos tenía aquella mujer que le hacía confesar cosas que jamás le había dicho a nadie? ¿Que lo hacía avergonzarse de su pasado? ¿Qué era lo que tanto lo irritaba de ella? ¿Lo que lo empujaba a querer parecer tan malo como ella creía que era?

Esas preguntas habían estado atormentándolo desde que se fue de su jardín. Estaba claro que era un tonto por involucrarse en aquel asunto sin tener más información. Ella no le iba a decir a quién quería que matase hasta que estuviese a punto de hacerlo. Por lo visto, era el único al que ella quería para ese trabajo. Aunque a él no se le ocurría ni una sola razón por la que pudiera desear tal cosa. Alguien inteligente jamás se involucraría en algo así sin conocer todos los detalles. Y él lo había hecho con una lamentable escasez de éstos.

Aporreó la puerta de la humilde casa. Esperó un minuto y volvió a llamar. Vio un delgadísimo haz de luz en la rendija de una ventana e insistió.

La puerta se abrió y una anciana alzó un quinqué.

—¿Es que estás chalado? ¿No sabes qué hora es?

Necesito ver a Juugo.

Está acostado.

—Pues despiértalo.

La mujer lo fulminó con la mirada.

—¿Es que no tienes decencia? No pienso hacer tal cosa.

Se oyeron unos pasos y apareció un hombre alto y corpulento de cabello naranja que apartó suavemente a la mujer a un lado y levantó el quinqué para poder ver mejor.

¿Sasuke? ¡Cielo santo! ¿Qué pasa? ¿Le ocurre algo a Karin?

En cierto modo así era.

—Tenemos que hablar.

Claro, sube. —Juugo le dio unas palmaditas a la mujer en el hombro — . No pasa nada, señora Sakura. Es amigo mío.

De eso no cabe duda, y seguro que se ha metido en algún lío. Los hombres decentes no visitan a los inspectores de jōnin de Konoha a estas horas de la noche.

No se preocupe y acuéstese, señora. Yo lo vigilaré.

Ella refunfuñó y se retiró arrastrando los pies hacia lo que Sasuke dedujo que era su habitación.

—Tu casera es una mujer muy desagradable.

Juugo se rió.

—Según mi experiencia, hay muy poca gente que se comporte con amabilidad cuando los despiertas a medianoche. Sube.

Sasuke lo siguió por la escalera hasta llegar a una estancia formada por una pequeña sala de estar y un dormitorio. No le sorprendió en absoluto ver un pequeño fuego ardiendo en la chimenea. No importaba la estación del año en la que estuviesen, ahora que se lo podían permitir, él y sus amigos nunca prescindían del calor.

Juugo sirvió un poco de sake en dos ochoko y le ofreció uno.

—Ponte cómodo.

Sasuke se sentó en uno de los dos sillones frente a la chimenea y el hombre ocupó el otro.

—¿Jōnin? ¿Cuándo ha sido eso? —preguntó.

—Hace algún tiempo.

—Escalando posiciones.

—No te creas. El título impresiona, pero sólo significa que en lugar de recorrer las calles o ir a misiones normales, tengo funciones un poco más específicas dentro de uno que otro departamento de la aldea.

Juugo siempre había sido muy modesto. Sasuke sospechaba que si llegase a ser Hokage de Konoha, le quitaría importancia diciendo que eso sólo significaba que podía sentarse en un sillón mucho más bonito que el resto.

—¿Por qué crees que he venido a verte por algo relacionado con Karin? — preguntó Sasuke.

—Porque ella es lo que todos tenemos en común.

—No, Orochimaru es lo que tenemos en común.

—Pero Karin es a la que todos protegemos. —Juugo se echó hacia adelante, apoyó los codos en los muslos y sujetó el ochoko con las dos manos; parecía esperar malas noticias—. Bueno, si no es por ella por lo que has venido a mi puerto en plena noche, entonces, ¿de qué se trata?

—Necesito que me consigas cierta información.

El otro se echó hacia atrás y sonrió con confianza.

—Ése es mi verdadero talento.

Luke era plenamente consciente de ello y su intención no era otra que dar el mejor uso posible a las habilidades de Juugo. Estaba decidido a averiguar qué se escondía tras la petición de lady Hinata Hyūga mucho antes de que ésta se lo explicase. La información era poder y, basándose en su experiencia, sabía que necesitaba todo el poder que fuese capaz de conseguir.

Un club de juego. ¡El Uchiha la había hecho entrar por la puerta trasera de un apestoso club de juego!

Hinata intentaba recuperarse de la impresión que le había causado aquello mientras esperaba apoyada en la puerta de un despacho y observaba cómo el líder Uchiha intentaba convencer a una joven pelirroja —que parecía decidida a no dejarse convencer— de que todo iba a salir bien.

—Karin, ella te enseñará que casarte con un líder de clan no es nada que deba asustarte — explicaba el Uchiha.

«A menos que se trate de Kabuto Yakushi», pensó Hinata con ironía.

—Pero yo no quiero.

Siguieron discutiendo un buen rato. Hinata escuchaba sólo a medias, pues a pesar de no poder ver casi nada, estaba más interesada en el lugar donde se hallaba que en la conversación. Se sentía tentada de pedir que le hiciesen una visita guiada por el mismo.

El líder Uchiha se quería casar con una mujer que trabajaba en un club de juego. Por un lado, que trabajaba y, por otra, en un establecimiento de juego. La buena sociedad jamás aceptaría esas dos circunstancias. Todo aquello era un desastre en ciernes. Sin embargo, Hinata se enfrentaría al desafío. No sólo le enseñaría a la joven todo lo que pudiese, se ocuparía además de que fuese recibida en sociedad. Valía la pena el esfuerzo a cambio de conseguir que Ino estuviese a salvo de una vez por todas.

Hinata llevaba el vestido que se ponía para ir a visitar a damas del más alto linaje. De repente le parecía absolutamente inapropiado. ¿Cómo se suponía que había que vestirse para ir a un salón de juego? Se esforzó por no echarse a reír como una loca. Toda aquella situación era absurda y, al mismo tiempo, increíblemente fascinante. Ino se moriría si supiese dónde estaba.

El propietario del establecimiento, que le habían presentado cuando entró, esperaba también con ella a la puerta del despacho. Apoyado con insolencia en la pared, con los brazos cruzados sobre el pecho, no dejaba de recorrerla con la vista una y otra vez. Hinata no le miraba, pero su impúdico examen era tan intenso que se sentía como si la estuviese tocando. Finalmente, volvió la cabeza hacia Suigetsu Hozuki y le preguntó:

—¿Le gusta lo que ve?

Él la miró a los ojos.

—Mucho.

Ella paseó a su vez los ojos por el cuerpo de él deteniéndose sorprendida en la quemadura en forma de «L» que tenía en la parte interior del pulgar. Luego, volvió a sostenerle la mirada.

—Pues yo no puedo decir lo mismo.

La risa de Suigetsu era como un intenso ronroneo; parecía el sonido de un gato preparándose para atacar. Hinata se estremeció.

—¿Cómo es posible que una dama de la nobleza tenga tanto carácter? —preguntó él.

—No parece saber mucho de la nobleza de Konoha.

—Al contrario, sé muchísimo. —Se le acercó ligeramente, con un brillo de satisfacción en los ojos — . Son mis mejores clientes.

Ella conocía muy bien a los de su calaña: era un alborotador, el motivo por el que las damas decentes debían salir a la calle con kunai. Estaba intentando asustarla. Pero Hinata no se asustaba con facilidad.

—Todos tenemos nuestros vicios —contestó, y volvió a centrar su atención en la pareja, que seguía discutiendo.

—¿Y cuál es el suyo, lady Hinata? — preguntó Suigetsu Hozuki.

—No creo que eso sea de su incumbencia.

—Tal vez no, pero he pensado que quizá tenga algún trabajo para usted en mi establecimiento.

Ella lo miró fijamente una vez más.

—Sorpréndame.

—Creo que podría hacer realidad las fantasías de algunos de mis clientes plebeyos. Mis chicas no pueden ofrecérselo, y creo que muchos hombres fantasean con llevarse a la cama a una mujer de su... clase.

—¿Y qué hay de las fantasías de una dama? ¿Está preparado también para satisfacerlas?

Suigetsu pareció sorprenderse. Mejor. No le gustaba aquel tipo.

—¿Acaso las damas fantasean con acostarse con alguien?

Hinata arqueó una ceja.

En el rostro de Suigetsu se dibujó una sonrisa maliciosa.

—¿Cuáles son sus fantasías?

Ella le respondió con una leve sonrisa, y volvió a centrarse en la pareja. Era evidente que Karin estaba nerviosa. Cielo santo, a aquel paso, se tirarían allí toda la noche. Hinata estaba cansada. Había pasado buena parte de la tarde con el administrador de su padre y no había podido descansar después de comer de lo inquieta que se había puesto pensando en su encuentro con el Uchiha.

—¡Bueno, ya es suficiente! —dijo decidida.

El conde se dio media vuelta, enfadado. Pero a ella no le importaba en absoluto que se enfadase.

—No puede obligarla a que lo haga —le espetó.

—No la estoy obligando.

—Sí la está obligando. ¿Acaso no ve que la aterroriza casarse con usted? Tampoco es que pueda culparla si así es como piensa tratarla una vez que se haya convertido en su esposa.

—No —intervino Karin—. El problema no es casarme con Sasuke, sino casarme con lo que representa.

—La nobleza, el linaje, la aristocracia... ¿de verdad cree que somos tan diferentes?

—Sí, tienen todas esas normas...

—Que se pueden aprender. Y lord Uchiha me ha dicho que es usted muy lista y que comprenderá los sutiles matices de nuestras convenciones en seguida. Así que, ¿empezamos?

Karin miró al conde y luego a ella. Parecía haberse rendido.

—Claro.

Hinata entró en el despacho, preguntándose por qué el Uchiha se querría casar con una mujer que parecía tener tan poco carácter. Y tenía la sensación de que, además de etiqueta, necesitaba aprender muchas otras cosas.

—Lord Uchiha, usted puede esperar fuera.

Él dio un paso hacia adelante y se le acercó.

—Sé amable con ella.

—Haré lo que considere conveniente para conseguir lo que quiero.

—Si la haces llorar...

—Por el amor de Dios, no soy ningún monstruo.

—Él fue a abrir la boca.

—¡Basta! No pienso tolerar ninguna interferencia en este asunto. Llévese también al señor Hozuki, y asegúrese de cerrar la puerta cuando salga.

Vio a Sasuke apretar la mandíbula y pensó que debería haberla asustado su mirada, pero por alguna extraña razón, ella no temía al demonio Uchiha. Nunca lo había hecho.

Él giró sobre sus talones, salió del despacho y cerró de un portazo. Hinata sentía una perversa satisfacción cada vez que conseguía ponerlo de mal humor. Se centró en la mujer que tenía delante; sin lugar a dudas, era mayor que ella, pero por algún motivo parecía más joven.

—Hola, Karin, soy Hinata.

—Lady Hinata.

—Sólo en las ocasiones formales. Para los amigos, soy sólo Hinata.

—¿Y espera que seamos amigas?

—Sí, claro. —Se sentó en un sillón cerca del de Karin—. Ahora dime el verdadero motivo por el que no quieres casarte con Sasuke.

—Me gusta — dijo Suigetsu—. Me gusta mucho.

Sasuke dejó a un lado el whisky que su amigo le había servido y apoyó la oreja en la pared del santuario de éste, el despacho contiguo al de Karin. Maldición, no podía oír ni una palabra.

Suigetsu cogió el vaso de su amigo, lo llenó de nuevo y se lo volvió a ofrecer.

—Tiene muchas agallas.

—Irritante es lo que es. Ya me estoy arrepintiendo de esto.

—Es una auténtica belleza.

Sasuke se dejó caer sobre un sillón.

—No me había dado cuenta.

—Esa mujer podría resucitar a un muerto. ¡Qué diablos! Yo también aceptaría matar a alguien a cambio de ganarme sus favores.

—Yo no lo estoy haciendo para ganarme sus favores.

—Ya lo sé, lo estás haciendo para ganarte los de Karin.

Se quedaron sumidos en un silencio contemplativo hasta que Karin preguntó:

—¿Crees que las mujeres solteras tienen fantasías?

Sasuke levantó la vista.

—¿Sobre qué?

—Sobre sexo.

—No. No sabrían por dónde empezar.

—¿Por qué?

—¿Por qué, qué?

—¿Por qué no sabrían por dónde empezar?

—Porque no saben qué ocurre entre un hombre y una mujer.

—Pero si lo aprenden, sí pueden tener fantasías.

—Posiblemente.

—Entonces lady Hinata no es virgen.

Sasuke tuvo una extraña reacción. Se tensó de pies a cabeza y sintió la necesidad de... ¿qué? ¿De defender el honor de la dama? ¿De pegarse con quien fuese que le hubiera arrebatado la inocencia? ¿La habrían forzado? ¿Sería ése el motivo por el que querría matar a alguien?

—¿Por qué dices eso?

—Me ha insinuado que fantasea con hombres. Y ahora no dejo de preguntarme si las mujeres pagarían por realizar sus fantasías. Tal vez deberíamos ampliar nuestro negocio e incluir ofertas para ellas.

—No seas ridículo, los hombres tenemos unas necesidades que son exclusivamente masculinas.

—Yo paso gran parte del día pensando en las muchas virtudes extremadamente tentadoras que poseen las mujeres, por no mencionar el tiempo que dedico a imaginar excitantes cosas que les haría. ¿No crees que ellas también piensen en nosotros?

—No, ellas piensan en vestidos, tés y bordados.

—Yo no estoy tan seguro. Tal vez le pregunte a Hinata...

—Para ti es lady Hinata y te mantendrás alejado de ella, Suigetsu.

—Eso es un poco difícil de hacer, teniendo en cuenta que tú la has metido en mi establecimiento.

—No tengo más remedio. Karin vive y trabaja aquí, y no acostumbra a salir mucho. Además, como bien sabes, la noche es mucho mejor para los encuentros clandestinos.

—Me ordenaste que me mantuviese alejado de Karin y lo he hecho. Sólo puedes tener una mujer, Sasuke, y la has elegido a ella. Con Hinata haré lo que me dé la gana.

Él se puso de pie tan de prisa que el whisky le cayó por encima del borde del vaso.

—No te acercarás a ella.

No le gustaba el brillo especulativo que veía en los ojos de Suigetsu. Y tampoco la furia que sentía al imaginárselo prestándole a Hinata cualquier tipo de atención. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué le importaba quién le prestase atención? Sin embargo, al imaginársela con otro le hervía la sangre.

—Como quieras —dijo Suigetsu—. Por ahora y porque eres mi amigo. Pero nunca cometas el error de pensar que eres mi jefe.

Sasuke se tranquilizó y dejó el vaso sobre la mesa.

—Me voy a jugar a cartas.

Necesitaba algo que lo alejase de sus inquietantes pensamientos. Había estado a punto de darle un puñetazo a su amigo; de gritarle que Hinata era suya. Jamás había tenido una reacción tan visceral por Karin. ¿Por qué se mostraba tan posesivo con ella?

Aquella joven no significaba nada, sólo era el medio para conseguir un fin. Sin embargo, Karin lo era todo para él.

—Ten cuidado con Suigetsu Hozuki.

Eran casi las tres de la mañana y Hinata estaba agotada. Iban en el carruaje de lord Uchiha, envueltos en la más absoluta oscuridad, por lo que había muy poco riesgo de que los vieran o los reconocieran. Y Hinata tampoco creía que nadie que ella pudiese conocer estuviera por la calle a esas horas de la noche. Además, el Uchiha había bajado las cortinas de las ventanas. Primero le pareció un poco exagerado, pero luego pensó que él estaba más acostumbrado a esconderse, y que sabría mejor qué hacer para mantener el anonimato.

—¿Por qué, milord?

—Le resultas intrigante, y tal como ya te dije que podría hacer yo mismo, arruinaría tu reputación sin ningún remordimiento.

—¿Y cree que yo podría caer presa de sus encantos?

—Si él se lo propone, sí; les ha ocurrido a muchas mujeres.

Ella se rió con suavidad.

—Le aseguro que no me interesa en absoluto.

—Es un diablo muy apuesto.

—Le vuelvo a repetir, milord, que me sorprende que piense que soy tan superficial. Yo nunca baso mi opinión de un hombre en algo en lo que él no tiene ningún mérito, como por ejemplo una cara bonita. Para mí sólo cuenta su carácter. — Razón por la que tenía tan mala opinión de Sasuke. Su carácter era absolutamente cuestionable. Pero a pesar de ello, seguía fascinándola. ¡Maldición! — . ¿De qué conoce al señor Hozuki?

—¿Cuánto sabes de mi pasado?

—Sé que era huérfano, y que pasó parte de su niñez en la calle. Aparte de eso, y de lo que usted me ha contado con tanta amabilidad, no sé nada más.

Un escalofrío le recorrió la espalda. Allí estaba, en plena noche, en el mismo carruaje que un hombre que había admitido haber cometido un asesinato y haber engañado, que la había llevado a un club de juego como si fuese un lugar apropiado para una mujer.

—Era uno de los chicos de Orochimaru — dijo Sasuke—. Igual que yo.

—¿Y quién era Orochimaru?

—El hombre que dirigía nuestra pequeña pandilla de niños ladrones con habilidades especiales; él fue quien nos enseñó el oficio.

—¿Cuántos eran?

—Una docena, más o menos. Variaba en función de los niños que arrestaban y de los que se iban reclutando.

—¿Y Karin?

—Ella también era uno de los nuestros.

—Ha tenido una infancia muy distinta a la de la mayoría de los lores.

—Así es.

—¿Allí es donde aprendió a matar?

—No, allí aprendí a robar.

—¿Era carterista?

—Yo me dedicaba más al timo. Suigetsu era el carterista.

—¿Y Karin?

—La distracción.

—¿Lo echa de menos?

—¿El qué? ¿Vivir en la calle? ¿Estar sucio, pasar frío y tener hambre? No. Nunca.

Hinata deseó poder verlo mejor entre las sombras. Sabía que no debía sentirse intrigada por él, pero lo estaba. Aunque lo había acusado de obligar a Karin a hacer algo que ésta no quería, tenía que admitir que no se había mostrado desagradable ni agresivo con ella. En realidad, sólo se había limitado a exteriorizar su frustración.

Eso fue lo que la convenció de lo que sentía por aquella mujer. El conde guardaba celosamente sus sentimientos, pero no había tenido problema en demostrarlos ante Karin.

—He deducido que no cree ser el verdadero heredero Uchiha. Disculpe mi ingenuidad, pero ¿por qué dejó entonces que el anterior conde lo creyese así?

Él deslizó un dedo por debajo de la cortina, la apartó un poco y miró fuera. Hinata se preguntó si estaría intentando ver dónde estaban. O tal vez estuviese buscando una respuesta a su pregunta.

—Me iban a ahorcar —dijo tranquilamente mientras soltaba la cortina, que volvió ondeando a su posición inicial.

Se le hizo un nudo en la garganta al imaginárselo en la horca.

—Supongo que, en esas circunstancias, cualquiera hubiese hecho lo mismo y hubiese fingido ser otra persona. Pero cuando consiguió que lo soltaran, ¿por qué no desapareció? Robó el título y todos los privilegios asociados.

—No se trataba sólo de salvar el pellejo — contestó en voz baja, como si se estuviese dejando llevar por los recuerdos —. ¿Alguna vez has deseado algo con tanta intensidad que hubieses hecho o creído cualquier cosa con tal de conseguirlo?

—Supongo que nuestro presente acuerdo confirma que así es.

—No, estoy hablando de desear algo con mucha más intensidad, quererlo con tantas ganas que llegarías a engañarte a ti misma para conseguirlo. Así es como se sentía aquel anciano. En sus ojos pude ver lo desesperado que estaba por encontrar a su nieto, lo desesperadamente que deseaba que yo fuese él...

—Y usted se aprovechó.

—Ésa es una manera de verlo. Y tengo que admitir que hay noches en las que también yo lo veo de ese modo.

—¿Qué otro modo hay de verlo?

—Yo le concedí lo que muchos de nosotros deseamos y pocos conseguimos: sus más profundos deseos. No había nada que él deseara con más fuerza que volver a tener al hijo de su primogénito. Así que me convertí en lo que más anhelaba.

—Vuelve a mostrar ese extraño sentido de la honestidad. Casi consigue que suene noble.

—No, noble no. En absoluto. Él me dio una oportunidad de vivir, y yo me agarré a ella tan rápido como pude. Ojala hubiese sido de verdad su nieto. Aquel hombre me colmó de un amor que pertenecía a otra persona y con el que yo nunca acabé de sentirme cómodo.

—El amor que le dio le pertenecía a usted. Aunque creyese que era otra persona, lo que sentía fue porque llegó a apreciarle.

Se preocupaba por mí sólo porque creía que era su nieto. Si no hubiese sido así, estoy seguro de que me hubiese puesto la soga alrededor del cuello con sus propias manos. A fin de cuentas, yo maté a su único hijo.

Pero aún había un primo: Obito Uchiha. El hombre que debía ser conde. Hinata lo conocía porque a él, a diferencia de su primo, de mala reputación, solían invitarlo a los bailes; parecía como si la sociedad se estuviese preparando para el día en que asumiese el lugar que le correspondía legítimamente. Era evidente que habían subestimado al conde actual.

—Debo admitir que sus confesiones me tienen un poco confundida. No le dejan precisamente en buen lugar y no puedo evitar preguntarme si me está diciendo todo esto porque no quiere caerme bien.

—La verdad es que no sé por qué te lo cuento. Tal vez porque sólo una alma tan negra como la mía podría pedirme lo que tú me has pedido.

—Yo no tengo nada que ver con usted, milord.

—¿Ah, no? Seré yo quien lleve a cabo la acción, pero se hará porque tú así lo deseas. Tú compartirás la culpa conmigo, Hinata. Espero que estés segura de que tu conciencia puede soportar ese peso.

—Podrá. — Por lo menos eso quería. Esperaba que así fuese. Odiaba tener dudas, pero creía que no había ninguna otra salida —. Aunque consiguiera salvar el pellejo fingiendo ser el nieto del conde, también ha pagado un precio muy alto. Porque ahora, como lord, tiene problemas para conseguir lo que más quiere: a Karin.

—Estoy impresionado por tu astucia, Hinata, y lo cierto es que nunca me han impresionado demasiado las nobles.

—¿A cuántas conoce de verdad?

—Es evidente que no a las suficientes. ¿Me estás diciendo que todas son tan fascinantes como tú?

A ella le dio un vuelco el corazón y se preguntó si una mujer podría morir a causa de las atenciones de un hombre. La molestaba que le gustase tanto que él la considerase fascinante.

—Creo que suele subestimar mucho a las mujeres. A fin de cuentas, hemos llegado a dirigir imperios en más de una ocasión.

—Pareces tener muy buena opinión de tu género.

—Así es.

—¿No tendrías que estar ya casada?

Aquél parecía un extraño cambio de tema. ¿Por qué le preocupaba tanto a todo el mundo su estado civil?

—No hay ninguna ley que dictamine cuándo se debe casar la gente.

—¿Por qué no lo has hecho tú?

—Es evidente que aún no he encontrado ningún hombre digno de mí.

—Él se rió.

—Que Dios ayude al que lo sea.

—No soy tan mala.

—Creo que como esposa serías un desafío para cualquiera.

—¿Usted no considera que Karin vaya a representar un desafío?

—Por supuesto que no. No cuando hayamos superado este pequeño obstáculo.

—¿Y eso es lo que de verdad desea? ¿Alguien que nunca suponga un desafío? A mí me parece bastante aburrido.

—Yo ya he tenido suficientes desafíos en mi vida, Hinata. Quiero tener un matrimonio que carezca completamente de ellos.

—Por supuesto. Perdóneme. No es asunto mío juzgar lo que busca en el matrimonio.

Sin embargo, no podía evitar pensar en el motivo que Karin le había dado para no querer casarse con Sasuke:

«Yo se lo debo todo y él no me debe nada. Estoy acostumbrada a trabajar con números y a tenerlo todo controlado. Tengo la sensación de que nuestro matrimonio sería muy desigual. No me parece una forma agradable de vivir y, con el tiempo, temo que me arrepentiría y podríamos perder el afecto que nos tenemos ahora.»

«Yo se lo debo todo.»

«No voy a hacer nada por ella que no haya hecho ya antes.»

Hinata no podía evitar pensar que el hombre al que él mató estaba relacionado de algún modo con Karin. ¿Llegaría a saber toda la historia algún día? ¿Deseaba de verdad conocerla? Si resultaba que las acciones del conde estaban justificadas, ¿empezaría a verlo con buenos ojos? ¿Empezaría a dudar del acuerdo al que habían llegado?

Al menos una persona sentía que se lo debía todo. Y Karin no había empleado un tono precisamente suave cuando pronunció la palabra «todo». Estaba convencida de que le debía la vida a Sasuke. Hinata no podía imaginar lo que sería estar tan en deuda con alguien. Era extraño, pero quería alargar el brazo, salvar la corta distancia que los separaba, cogerle la mano y pedirle que le contase hasta el último sórdido detalle de su pasado.

¿Por qué sería que cuanto más tiempo pasaba con él más curiosidad sentía por aquel hombre?

Afortunadamente, el carruaje se detuvo antes de que hiciese lo que estaba segura de que sería una imprudencia. ¿De verdad quería conocer su historia? ¿No sería mucho mejor para su acuerdo que mantuviesen las distancias y fuesen más desconocidos que amigos?

La puerta se abrió y ella hizo ademán de ir a salir.

—Permíteme pasar a mí primero — dijo Sasuke.

—No hace falta que me acompañe.

—Insisto.

Salió y la ayudó a bajar del carruaje. Luego fue con ella hasta la puerta que daba acceso al jardín y al camino que utilizaban los sirvientes para llevar provisiones a la residencia.

Hinata puso la mano sobre el pasador de la puerta.

—Buenas noches, milord. Hasta mañana por la noche.

—¿Hinata?

Se quedó helada. Su voz destilaba una aspereza y una seriedad inquietantes, al tiempo que una confianza que le resultaba igual de aterradora. Quería mirarlo, pero tenía miedo de lo que pudiese ver en su rostro o de lo que él podría decirle. Decidió esperar. Apenas respiraba.

—Esa persona a la que quieres eliminar... ¿es porque te forzó físicamente?

Entonces ella se atrevió a girar la cabeza y mirarlo por encima del hombro. Estaba allí de pie, entre las sombras, oscuro e imponente.

—No tienes por qué contarme los detalles, pero si tomó tu virtud, contra tu voluntad, debes decirme su nombre ahora mismo, esta misma noche, y tu parte del acuerdo concluirá en este preciso instante. Yo cumpliré la mía inmediatamente.

A ella se le hizo un nudo en la garganta al darse cuenta de lo que le estaba preguntando y de lo que le estaba ofreciendo. Estaba segura de que, en realidad, no era tan noble como parecía.

—¿Me está diciendo que no querría que siguiese dándole clases a Karin después de que usted se encargase del asunto?

—Exacto.

Qué fácil sería decirle que sí. Solucionar todo aquel asunto de una forma tan sencilla y rápida. No lo volvería a ver más. Si no le hubiese visto aquella extraña honestidad, si no hubiese empezado a cuestionarse su propia opinión sobre él, si no hubiese comenzado a darse cuenta de que, en realidad, Sasuke poseía un código moral digno de admiración... Se hubiese aprovechado de su oferta. Pero lo cierto era que, egoístamente, no quería que aquél fuese el último momento que compartían.

Hacía sólo un rato el conde le había hablado de desear algo con tal desesperación que uno estaría dispuesto a hacer y a creer cualquier cosa para conseguirlo. Era lo que él sentía por Karin. Era su deseo más profundo; casarse con la joven era el sueño que quería hacer realidad. Pero, en el caso de que Hinata hubiese sido mancillada, estaba dispuesto a olvidarlo todo por ella, que no significaba nada para él.

Sasuke sencillamente la fascinaba. Nunca había conocido a un hombre tan complejo, que pareciese tener tantas facetas distintas. No era del todo malo, pero tampoco era del todo bueno. Era una combinación inmensamente cautivadora.

—Mi virtud está intacta.

Él pareció sorprenderse un poco. Parecía preparado para oír que en efecto la habían forzado.

—Le veré mañana, milord.

Él inclinó ligeramente la cabeza.

—Sí, mañana.

Hinata cruzó la puerta y la cerró suavemente tras de sí. No quería reconocer lo mucho que su preocupación la había impresionado.

El líder Uchiha era mucho más peligroso de lo que ella creía. Ya fuese un pecador o un santo, la verdad era que había despertado su interés como jamás lo había hecho ningún otro hombre.

Hola queridos lectores espero les guste este capi, cada vez me enamoro más de este libro de Lorraine, es excelente 3 yo lo estoy leyendo a la par que ustedes. Espero tengan en cuenta que al ser una adaptación y evitando arruinar la obra de la escritora habrá bastante diferencias con las personalidades de cada personaje del libro y de kishimoto. por esa razon es que Karin deja de ser la chica fuerte y atrevida que conocemos por alguien de una personalidad más calmada, pero es que es la única que encaja aquí en este personaje por haber compartido ese pasado turbio con Sasuke y haber tenido una infancia horrible además de que ambas chicas son bellas pelirojas. Juugo es un jounin de Konoha? WTF... jajajaj bueno esto por razones similares a las de Karin, ese pasado con Orochimaru, quedan bien además de las características que son ambos bastante corpulentos y modestos, ven cómo cuadra todo lo más de bonito? XD

Si tienen más dudas no vacilen en preguntarme ue con gusto respondo :)

Bye nos vemos a la próxima actualización, besitos mua muak ;)