Siento el retraso, se me fue el santo al cielo y aquí seguía sin actualizar jaja
Gracias por las reviews y por seguir apoyando la historia de una serie ya acabada y más estando en verano. Se agradece infinitamente!
Capítulo 20:
Estoy sentada en el comedor, observando la taza de té que reposa todavía humeante entre mis manos. Apenas he podido dormir durante la noche debido a todos los pensamientos que martillean mi cabeza con fuerza, así que he decidido bajar y prepararme una taza del té que mamá guarda en la repisa de la cocina. A pesar de que yo siempre tomo café, he pensado que si a mamá le funciona el té, tal vez consiga el mismo efecto conmigo.
Cuando caminaba por el pasillo no he podido evitar pararme frente a una de las placas de papá que él mismo colocó en ésa pared, dedicada al honor y al sacrificio que supone nuestro trabajo. Y no he podido contener las lágrimas.
Después he decidido que no voy a continuar llorando, ya que no hay motivo para hacerlo. En un rato volveré al hospital y obligaré a mamá a que venga a casa y descanse un rato. Yo puedo quedarme con él esta noche.
Unas pisadas en el piso superior captan mi atención y apenas unos minutos después alguien aparece en el comedor.
—Hola.
Es Luka.
Abre el frigorífico y se hace con una botella de leche que después vuelca sobre un vaso. Se sienta a mi lado y observa fijamente el vaso, de la misma manera que yo hago con mi taza de té.
Por un momento siento una especie de conexión con él, como si ese lazo invisible que nos une hubiese empezado a cobrar vida. Incluso considero la posibilidad de tratarlo como a un hermano, aunque no sabría muy bien cómo hacerlo.
Lo observo y me fijo en que lleva un pijama con un estampado de Batman en el pecho, y su pelo está completamente despeinado. Al menos él parece haber descansado, aunque no parece menos preocupado que yo.
—Te llevaré al colegio y después…
—No — Dice rotundo, casi rozando el tono de súplica — Quiero ir al hospital.
Suspiro y masajeo mi frente, pero asiento finalmente. Supongo que no puedo negarle eso. Papá salvó a Luka de ingresar en el sistema de los servicios sociales o incluso de ser devuelto a su país con algún familiar lejano que se ocupase de él; es normal el vínculo que mis padres y él han creado, y en cierto modo me reconforta, aunque yo siempre me haya mantenido fuera de ése vínculo y estuviese en contra del mismo, por razones diferentes.
—Está bien, entonces será mejor que nos preparemos.
Unos minutos más tarde, Luka y yo entramos en el garaje y nos subimos al todoterreno de papá. Normalmente solo lo utiliza para hacer escapadas los fines de semana a la casa que él y mamá compraron en la montaña hace unos años, mientras que en la ciudad suele moverse en taxi o en metro.
Pero hoy he decidido que no me apetece coger un taxi, ni mucho menos subirme en el metro a hora punta, por lo que el todoterreno es ahora la mejor opción. Si nos damos prisa seguramente evitaremos el agobiante tráfico que azotará a Manhattan durante las próximas horas, como cada día.
Abro la puerta del garaje y pongo el vehículo en marcha.
Luka y yo apenas intercambiamos unas palabras durante todo el trayecto hasta que llegamos al Presbyterian Hospital y cuando recorremos los pasillos, lo hacemos también en silencio. No es un silencio incómodo, sino que ambos parecemos habernos acostumbrado ya a la presencia del otro y haber hecho las paces con eso.
El movimiento por los pasillos a estas horas de la mañana es casi nulo, a excepción del personal sanitario y algún que otro paciente. Nos acercamos al mostrador y le facilito mis datos a la mujer que se encuentra tras el escritorio de admisión.
Cuando llegamos a la habitación 417 una enfermera está cambiando los goteros de papá. Mamá abraza a Luka durante varios segundos y después se acerca a mí y hace el mismo gesto. A ella parece reconfortarle tenernos a los dos allí y nos lo hace saber con una sonrisa mientras se seca las lágrimas.
—Se ha despertado hace apenas media hora — Susurra como si en aquel lugar estuviese prohibido alzar la voz — Pero no puede moverse, la enfermera dice que es mejor que no haga esfuerzos por ahora.
La enfermera termina de atender a papá y nos repite las palabras de mamá, papá debería continuar descansando. Los tres nos acercamos a la cama y yo agarro una de las manos de papá entre las mías, con cuidado de no rozar los tubos que conectan el suero y los medicamentos con su cuerpo.
—Papá — Me acerco a él y le doy un beso en la mejilla. No puedo contener las lágrimas.
—Ka-ti-e — Farfulla él, esforzándose por pronunciar cada sílaba. En ese momento comprendo que él se va a poner bien.
Siento la fuerza de su mano rodear la mía y le pido que no haga ningún esfuerzo.
Luka se acerca por el otro lado y también le da un beso en la mejilla, pero es incapaz de contener las lágrimas y mamá decide ir con él a la cafetería. Creo que no estaba preparado para ver a papá en este estado.
Arrimo la butaca negra hasta la cama y me siento en ella, cerca de papá. Y le hablo. Le hablo del tiempo que hace en Boston, y del último caso que me ocupaba allí, de su trabajo y del mío, de mamá y de Luka… Le hablo de todo excepto de cuánto le he echado de menos.
Ahora que lo tengo allí a mi lado, no soy capaz de decirle cuánto lo siento, ni mucho menos de echarle en cara lo que me hizo años atrás al decidir él cuál sería la mejor opción para mi futuro. Me pregunto si seré capaz de tener ésa conversación con él algún día, o si simplemente haremos como si nada hubiese sucedido.
Me limito a quedarme a su lado hasta que él se duerme de nuevo, debido al efecto del medicamento que le han suministrado para el dolor.
Mamá y Luka regresan al cabo de un rato y veo que él está más tranquilo. Seguro que mamá ha conseguido tranquilizarlo con sus palabras, al parecer ella posee ese don, y eso me hace sonreír.
Los tres nos quedamos allí durante varios minutos, observando a papá sin apenas hablar, haciéndonos compañía entre todos, hasta que un rato más tarde, el mismo doctor que nos atendió ayer, viene a ver a papá y nos explica que el hecho de que haya despertado es una buena señal. Al parecer va evolucionando, aunque todavía es muy pronto para asegurar nada. Nos explica también que el medicamento que le han suministrado es muy fuerte y eso conseguirá mantenerlo dormido casi todo el tiempo. Nos asegura que podemos irnos a casa mientras tanto, papá está en buenas manos.
Conduzco el todoterreno de papá hasta el colegio de Luka y mamá lo acompaña dentro, con la intención de explicarle a la directora el motivo de su ausencia durante las primeras horas de clase.
La observo mientras camina con Luka por el camino que conecta el aparcamiento con el centro escolar y no puedo evitar sentir una profunda admiración hacia ella. No solamente por el hecho de que esté volviendo a ejercer de madre de ése niño después de tantos años, sino por la entereza que tiene. Por ser capaz de mantener una sonrisa frente a nosotros aunque por dentro este muerta de miedo porque a papá pueda pasarle algo, y por ser capaz de disimular el cansancio reflejado en su rostro y sustituirlo por una sonrisa.
Cuando ella regresa minutos más tarde vuelvo a poner el vehículo en marcha y observo de reojo cómo se masajea la frente tratando de deshacerse del cansancio acumulado.
—Tiene mucha suerte de teneros a ambos — Digo de repente, sin ser consciente de que ésas palabras iban a salir de mi boca.
— ¿Qué? — Mamá me mira con confusión.
—Luka. Tiene mucha suerte de contar con vosotros.
—Cielo… Tú también nos tienes a los dos — Ella alarga su brazo y alcanza la mano que no tengo fija al volante.
Suspiro antes de responderle. Con mamá es fácil hablar las cosas, a pesar de que no me había atrevido a tener esta conversación con ella todavía.
—Lo sé… Pero últimamente… En realidad nunca. No me había comportado bien con Luka.
—No, no te habías comportado bien con él, y debo decir que nunca he entendido tus motivos. A veces creíamos que te estabas comportando como una hermana celosa.
No puedo evitar reír al escuchar el comentario de mamá, y avergonzarme al mismo tiempo por haberles dado esa impresión.
—No es eso. Es… Cuando lo adoptasteis… Papá se involucró emotivamente en ese caso.
—Luka estaba solo — Dice ella sin comprender el punto a donde yo quiero llegar.
—Lo sé, y no estoy juzgando eso — Le interrumpo — Lo que hicisteis fue maravilloso, pero papá se involucró en ése caso y eso estuvo bien. Y cuando yo lo hice, cuando me involucré emotivamente en un caso papá me sacó de él y después me envió a Boston porque él creyó que era lo correcto.
—Oh, Kate… ¿Por qué no nos lo habíais contado? Tu padre no pretendía hacerte sentir así con lo de Luka.
—Lo sé, fui una estúpida.
Sacudo la cabeza y me seco furiosa las lágrimas. Mamá me abraza cuando llegamos a nuestro barrio y aparco delante de nuestra casa.
—Tú y tu padre tenéis que arreglar vuestras diferencias. No podéis seguir enfadados el uno con el otro por más tiempo.
Asiento porque sé que tiene razón y me abrazo a ella durante unos segundos.
Los siguientes cuatro días se suceden de una forma bastante lenta. Es como si el tiempo en Nueva York se hubiese ralentizado después de lo ocurrido.
Papá muestra ahora una leve mejoría, aunque debe permanecer en el hospital y va a ser una recuperación larga. Incluso tendrá que obedecer las órdenes del fisioterapeuta y hacer algo de ejercicio con él. No sé cómo va a resultar eso, teniendo en cuenta que papá suele ser el que da las órdenes y no el que las recibe.
Por otra parte, entre las enfermeras y yo hemos conseguido convencer a mamá de que papá puede pasar la noche solo en el hospital, de manera que ella pueda descansar también en casa. Al fin y al cabo, él está bien atendido allí, y aparentemente está fuera de peligro.
Las cosas con Luka también parecen ir mejorando. Por ahora hemos sido capaces de mantener una larga conversación sobre baseball sin discutir, todo un logro.
Hoy he decidido hacer una visita a mis antiguos compañeros en la doce.
La comisaría parece no haber cambiado en estos últimos años, a excepción de los escritorios, que parecen haber sido sustituidos debido a su antigüedad.
Observo el lugar desde un rincón, sintiéndome como una extraña allí. Compruebo que Esposito no está, o al menos el escritorio que lleva su nombre está desocupado en estos momentos.
Camino hasta situarme delante de la puerta del despacho de papá. Tengo que apoyarme sobre la pared porque siento cómo las rodillas me fallan. Respiro profundamente y suelto el aire despacio.
No esperaba que volver a la doce me devolviese tantos recuerdos de golpe, ni que el despacho vacío de papá me afectara de esta manera.
—¿Kate Beckett?
Una voz afroamericana a mis espaldas hace que me gire para ver de quién se trata.
Ante mi descubro a un hombre trajeado con poco pelo en la cabeza y la sombra de un bigote bajo su nariz. Él tiende su mano hacia mí y con ese movimiento deja entrever la placa de la policía que sobresale bajo su americana.
—Roy Montgomery — Se presenta cuando yo le devuelvo el saludo.
— ¿Nos conocemos? — Pregunto tratando de averiguar si nos habíamos visto antes.
—Te conocí una vez cuando apenas era una niña. Siento mucho lo que le ha sucedido a Jim. — La calma en su voz, la sinceridad de su mirada y el hecho de que hable de papá por su nombre me tranquilizan.
Me invita a seguirlo hasta un pequeño habitáculo que parecen haber organizado como despacho improvisado.
Montgomery me pregunta sobre la salud de papá y le explico los últimos reportes médicos con claridad. A pesar de que no lo conozco demasiado, parece tenerle cierto aprecio a papá y si dice recordarme de cuando yo era una niña, seguro que estuvo en casa alguna vez.
—Me han enviado a capitanear la doce hasta que tu padre regrese. Espero que eso no cause ninguna molestia en tu padre, tampoco pretendo ofenderte a ti…
—No lo hace señor — Digo, tomando asiento en un pequeño sofá de dos espacios que preside la habitación. Es uno de esos sillones donde normalmente se sienta la familia de la víctima mientras nosotros hacemos nuestro trabajo y les aseguraremos que haremos lo posible por hacer justicia. — Yo ya no trabajo aquí, y estoy segura de que mi padre se sentirá agradecido por su ayuda.
No le cuento que existe la posibilidad de que papá no pueda volver a desempeñar su trabajo como Capitán.
Él me sonríe mientras abre un cajón del escritorio que han colocado en mitad de la habitación. De él saca una petaca plateada y dos pequeños vasos. Me mira y me interroga alzando una ceja, yo no puedo negarme a un trago de alcohol en estos momentos.
—He escuchado que te va bastante bien en Boston — Dice cuando me ofrece uno de los vasos con un líquido de color ámbar que adivino que se trata de whisky.
Roy Montgomery se sienta a mi lado mientras yo observo el pequeño vaso entre mis manos. No le pregunto qué es exactamente lo que ha escuchado, o quién se lo ha contado, simplemente me limito a asentir.
—Te has convertido en una de las mejores — Él parece dispuesto a continuar halagando mi trabajo — Y eso no es algo nuevo Kate, ya de pequeña tenías esa habilidad.
Le observo con curiosidad y él continúa hablando.
—Eras tenaz y persevante. Y muy inteligente. Se lo dije a tu padre en ese momento, que te convertirías en una Detective muy buena.
Sonrío y sacudo la cabeza, al parecer todo el mundo piensa que ya de pequeña apuntaba maneras.
—Sé que te tratan bien en Boston, pero siempre tendrás un puesto en la policía de Nueva York.
—Gracias señor, pero yo… ¿Está proponiéndome una oferta de trabajo? — Pregunto, confusa.
Roy alza las manos inocentemente y sonríe.
—Solo digo que siempre estaremos dispuestos a aceptar tu ayuda en alguno de nuestros casos. Incluso si decidieras quedarte de manera permanente. Hablo de parte de todo el Departamento de Homicidios.
Esta vez soy yo quien sonríe, halagada por sus palabras, aunque no creo que volver a la Policía de Nueva York sea una posibilidad en estos momentos. Las cosas en Boston van bien, volver a Nueva York solo significaría complicarlo todo.
Me despido de Roy Montgomery y voy directa a la morgue, donde sé que encontraré a Lanie.
Lanie era mi mejor amiga cuando vivía en Nueva York, y aunque siempre ha sido un poco alocada, finalmente consiguió aclarar alguna de sus ideas y, tras estudiar medicina forense, entró a trabajar en los laboratorios de la NYPD.
Con ella hablo a menudo y nos vemos siempre que vuelvo a la Gran Manzana.
Cuando abro las puertas de la morgue ella me recibe con los brazos abiertos. Lleva un uniforme de color verde, parecido al que utilizan los médicos en el hospital, y una bata de color blanco por encima. Me ofrece asiento en un taburete, junto a una camilla donde descansa un cuerpo. A ella parece no importarle la presencia de ése cuerpo, y yo también estoy ya acostumbrada.
Observo que se dirige junto a una bandeja metálica y esconde una revista debajo de ésta, pero decido no preguntarle nada por ahora. La conozco y sé que debo esperar.
— ¿Cuánto tiempo vas a quedarte? — Es lo primero que me pregunta tras tomar asiento a mi lado en otro taburete.
—Todavía no lo sé, Lanie, depende de cuándo se recuperé mi padre.
— ¿Y el Agente del FBI? ¿No te acompaña? — Pregunta refriéndose a Will.
—Will está ocupado, tiene mucho trabajo en Boston.
Echo un vistazo al lugar, descubriendo lo fría que es la estancia, aunque sea algo propio de un lugar así.
—Ya… — Mi amiga se levanta y se hace con una bandeja de instrumental médico que coloca junto a la camilla en la que se encuentra el cadáver.
— ¿Ya?
— ¿Por qué tengo la impresión de que nunca hacéis nada para divertiros? — Pregunta con un tono de preocupación que me pilla desprevenida.
—Claro que nos divertimos. Él y yo… Lo pasamos bien, y nos entendemos. Es justo lo que necesito.
Giro en el taburete para mirar a Lanie a la cara y entender a qué vienen estas preguntas.
—A veces es necesario algo más que eso, a veces hace falta… emoción.
— ¿Y a ti desde cuándo te preocupa todo eso de la emoción? Creía que a ti te bastaba con divertirte — Le digo, recordando nuestros años de juventud, cuando ella no hacía otra cosa que divertirse y me incitaba a mí a hacer lo mismo.
Lanie se esconde tras un archivador en el que hace un par de anotaciones hasta que yo carraspeo y ella comprende que no va a librarse de mi interrogatorio.
—Solo me preocupo por ti.
—Lane… Yo estoy bien con Will, de verdad. No tienes que preocuparte.
Lanie asiente mientras yo continúo sorprendida por su actitud. Observo cómo retira con cuidado un par de instrumentos de la bandeja metálica debajo de la que antes ha escondido una revista.
— ¿Qué tienes ahí?
Ella intenta tapar la revista pero yo consigo hacerme con ella antes de que Lanie pueda evitarlo. Tiro un par de instrumentos afilados al suelo en el proceso, pero eso no parece importarnos a ninguna de las dos en estos momentos, sobre todo a Lanie que intenta quitarme la revista sin éxito.
Observo la portada con curiosidad y cuando lo hago desearía no haberlo hecho. El nombre de Castle ocupa la parte inferior de la página, mientras que su perfecta imagen, y la de la modelo que lo acompaña, ocupan el resto de la portada.
Siento que las piernas me van a fallar en cualquier momento y que el pulso se me acelera. No es la primera vez que veo una fotografía suya desde que lo vi por última vez en ése pequeño apartamento de Little Italy, pero la imagen que aparece en el reverso de sus libros es diferente a la imagen que aparece ahora ante mis ojos. A pesar de que su sonrisa parece igual de falsa en ambas fotografías, ahora puedo ver lo feliz que es viviendo su vida de escritor famoso.
Reviso el resto de la portada y abro la revista. Por algún extraño motivo necesito saber qué es lo que dicen de él. Cuando lo encuentro, veo que hay dos caras enteras dedicadas al "escritor del momento". Al parecer esta misma noche presenta su nueva novela en un acto benéfico en Nueva York.
Trago saliva cerrando la revista de golpe y se le devuelvo a mi amiga.
¿A esto se refería Lanie antes con que a veces es necesario algo más que diversión? Porque desde luego él parece estar pasándoselo muy bien.
Masajeo mi frente mientras dejo escapar entre mis dientes todo el aire que retengo en mis pulmones. Ni siquiera sé por qué me ha afectado de esta manera, es completamente irracional.
—Lo siento — Murmura Lanie a mi lado.
—No. Es… Me parece genial que él se divierta. Puede hacer lo que le dé la gana. Ya te he dicho que estoy bien con Will. Lo mío con Rick… — Trago saliva antes de continuar, es raro volver a pensar en él y yo como un nosotros — Está más que superado.
Lanie asiente y observo que tira la revista al cubo de la basura.
Estoy a punto de proponerle salir a tomar algo esta noche cuando su teléfono suena.
—Han asesinado a alguien — Dice cuando termina la llamada — Tengo que ir a la escena del crimen.
—Voy contigo — Las palabras escapan de mi boca sin tan siquiera haberlo pensado.
Tal vez unas copas no me ayuden a olvidar la imagen de Richard Castle cogido del brazo de ésa modelo, pero una escena de crimen siempre me ayuda a olvidarme de lo demás y centrarme en lo importante. Además, Roy Montgomery ha dicho que estarían encantados de aceptar mi ayuda, y es lo que necesito ahora mismo.
