¡Gracias por las reviews! Y por seguir leyendo, se ha puesto un poco más interesante ahora que Kate y Rick se han reencontrado, a ver qué pasa ahora :D
Capítulo 22:
Kate
Salgo del despacho improvisado de Montgomery después de haberme llevado una buena bronca por haber detenido a Castle sin tener la jurisdicción para hacerlo. La discusión no ha sido diferente de la que seguramente me habría llevado si mi padre hubiese estado aquí.
Sin embargo, Montgomery no solo no tomará medidas disciplinarias contra mi comportamiento, sino que además me ha invitado a formar parte de este caso hasta que se resuelva.
No ha sido necesario meditar en ello para darle una respuesta. Papá todavía tardará unos días en salir del hospital y no me apetece estar en Nueva York sin hacer nada pudiendo ser de utilidad aquí, en la que una vez fue mi casa. Además, siento la necesidad de averiguar cuál es la conexión de Castle con todo esto.
Doy unos pasos hasta que veo que él sigue allí. El corazón se me acelera cuando descubro que Luka está a su lado, y rápidamente siento la necesidad de intervenir.
No quiero que Castle descubra nada sobre mi vida, no quiero que se acerque a mí.
En la sala de interrogatorios he estado a punto de caer en la trampa. Cuando él me ha hablado sobre mis ojos… He estado a punto de decirle cuánto he echado de menos perderme en los suyos, de ese color azul, en esa mirada transparente. Pero entonces me he dado cuenta de que no es así, que esa mirada ya no me resulta transparente, sino más bien opaca, y que probablemente nunca vi a través de ella.
Lo que ocurrió hace nueve años fue un enamoramiento tonto, más propio de mi edad en aquellos momentos. Nada más. Y no pienso volver a caer en sus juegos, por muchos cumplidos que me haga. No pienso volver a caer en sus mentiras.
Además, no necesito a Castle. Soy feliz en Boston junto a Will.
Me acerco a Luka, se suponía que yo me haría cargo de él esta tarde mientras mamá se acercaba a su bufete para una reunión, así que le envié un mensaje para hacerle saber que estaba en comisaría, por supuesto sin explicarle que Castle también estaba allí. Miro a Luka y le digo que nos vamos.
Le ofrezco mi mano a Castle porque es probable que no volvamos a vernos y, a pesar de todo, no me gustaría volver a despedirme de él estando enfadados. Ambos somos adultos ahora y podemos dejar nuestras diferencias a un lado.
El aire se vuelve electrizante a mi alrededor cuando él acaricia mi mano con su pulgar, y no puedo evitar perderme en esa caricia, hasta que me doy cuenta de que estoy a punto de volver a caer en su trampa y me aparto bruscamente.
Camino con Luka hasta el ascensor y cuando llegamos a éste, apoyo mi espalda contra la pared y dejo escapar un largo suspiro.
-¿Quién es?
La voz de Luka me saca de mis pensamientos.
-Él… Estaba ayudándonos en un caso, nada más – Suspiro.
-Me suena su cara – Murmura él en un gesto pensativo.
-Es un escritor famoso – Seguro que Luka había visto su cara antes en alguna de las contraportadas de los libros de Rick que mamá guarda en casa. Pero no me apetece explicarle a Luka todo eso.
-¿Vas a trabajar aquí? ¿Crees que a papá le gustará?
Observo a Luka durante varios segundos antes de responder a ninguna de sus preguntas.
-Será solo por este caso. Y… no lo sé – Masajeo mi frente porque lo cierto es que no lo sé, no sé si a papá le gustaría la idea de que yo vuelva a trabajar en su comisaría.
-Yo creo que sí – Dice Luka saliendo por delante de mí del ascensor.
Golpeo mis dedos sobre el escritorio del despacho de mamá y me muerdo el labio antes de introducir el nombre de Castle en el buscador.
Hace algo más de diez minutos que estoy sentada en la butaca de mamá, con su ordenador portátil frente a mí, pensando si debería hacerlo o no. Sin embargo la tentación y la curiosidad son más fuertes.
Una multitud de imágenes de Castle, así como las diferentes portadas de sus libros, aparecen en la página del buscador. En la mayoría de ellas Castle aparece junto a una modelo diferente. Me contengo para no cerrar el ordenador de golpe.
Cliqueo sobre un foro donde varios fans apuntan a que el escritor de éxito ya no se siente inspirado y que ése sea su motivo por el que ha decidido acabar con la saga de Derrick Storm, el que fuese su personaje estrella.
¿Se decantará por otro género? Preguntan algunos. Otros temen que no vuelva a escribir nunca más.
Unos golpes en la puerta me hacen abandonar la búsqueda de inmediato. Levanto la vista y veo que mamá ya ha regresado, me observa desde la puerta con una sonrisa, preguntándome con la mirada si todo va bien.
Y se lo cuento todo.
Hay veces en Boston que la echo de menos, a pesar de que estar lejos de ellos me ha convertido en una persona independiente, no puedo evitar sentir nostalgia cuando la necesito a mi lado.
-¿Volverás a verle? – Pregunta ella después de haberme escuchado en silencio.
-No. No lo creo.
-Tal vez su hija…
-¿Alexis? – Pregunto yo, confundida porque mamá me esté hablando de ella.
-Sí. Tal vez Alexis quiera… saber de ti.
-No lo creo mamá. No creo que ella se acuerde de mí… - Ella hace una mueca pero no le doy más importancia – Y si lo hiciera no creo que me quisiese ver.
A la mañana siguiente llego a comisaría cargada con varios libros de Castle que mamá me ha prestado y creo que podrían ser útiles para la investigación. Tengo el mal presentimiento de que los asesinatos de Alison Tisdale y Marvin Fisk no serán los únicos, y tal vez la clave se encuentre entre esas páginas.
-¿Qué es todo esto? – Pregunta Esposito cuando coloco el montón de libros sobre su escritorio.
Ryan (así es como se llama el otro Detective) y él se miran entre ellos. Ignoro esa mirada y me centro en lo importante.
-Son los libros más conocidos de Castle. Creo que deberíais familiarizaros con todas las escenas de asesinatos escritos en estas páginas. No ignoréis ninguna de ellas.
Vuelven a mirarse entre ellos.
-¿Sabes que no recibimos órdenes de ti, verdad? – Pregunta Espósito.
Su pregunta me ofende durante los primeros segundos, pero después de ese primer instante me calmo. Al fin y al cabo, es cierto que no trabajo allí, y probablemente Roy Montgomery no haya hablado todavía con ellos.
-Oh, lo siento chicos – Sonrío, sentándome en una de las sillas junto al escritorio de Ryan – Montgomery me ha puesto al mando de este caso.
El silencio reina de nuevo a nuestro alrededor, hasta que finalmente Espo suelta una risa.
-¡Eso es genial, Beckett! Me alegra tenerte de vuelta, aunque solo sea por un caso.
-Sí. Solo espero que esos tipos de Boston no te hayan hecho ser demasiado dura – Ryan me mira de soslayo también con una sonrisa en el rostro.
Sonrío. Es agradable el ambiente que se respira en este lugar, y el compañerismo que desprenden ambos. No es que en Boston me lleve mal con mis compañeros, pero el ambiente que se respira allí es más serio, como si nuestro trabajo estuviese reñido con el buen rollo.
-Así que… ¿Tienes todos sus libros? – La voz de Espo me devuelve de mis pensamientos. – No sabía que fueses una fan.
-No lo soy – Miento – Son los libros de mi madre.
La expresión de sorpresa en el rostro de mi amigo se acrecienta, como si le causase más sorpresa que a mí el hecho de que mi madre tenga todos los libros de Castle. Intento obviar el hecho de que probablemente él y Ryan sean conscientes de que yo también soy fan de Castle después de que estableciese las conexiones con tan solo ver la escena del crímen.
-Será mejor que nos pongamos a trabajar – Sentencio, antes de que estos dos comiencen con una ronda de preguntas incómodas.
Castle
Alexis me da un beso antes de irse al colegio y yo suspiro cuando la puerta se cierra tras ella. Todavía no le he contado que ayer vi a Kate. No he sabido cómo hacerlo, ni tan siquiera he sido capaz de entender todas las sensaciones y recuerdos que el reencuentro con Kate Beckett ha despertado en mí.
Camino hasta uno de los taburetes de la cocina y me siento en él, apoyando mi cabeza sobre la barra de mármol.
Apenas he conseguido dormir un par de horas. Y ni siquiera mientras dormía he sido capaz de borrar su imagen de mi mente. He soñado con Kate. Y en el sueño ella se mostraba tan distante como lo hizo ayer.
Pero he estado pensando, y he llegado a la conclusión de que la única manera de acercarme a ella es comportándome como el imbécil que he sido durante estos nueve años.
La imagen de Luka reaparece ahora en mi mente. Ese niño… de pelo castaño y ojos de un color parecido a los míos… ¿Habría sido Kate capaz de guardar un secreto así durante todo este tiempo? Mi corazón no lo cree así, me gustaría pensar que Kate hubiese sido incapaz de ocultarme algo tan importante. Sin embargo mi mente me dice otra cosa. Los rasgos físicos de ese niño podrían encajar perfectamente con ambos, y su edad... Luka me dijo que tenía 9 años. Las fechas coinciden.
Me levanto y me sirvo una taza de café bien cargado antes de ir a la comisaría.
Después de haber mantenido una larga conversación con Roy Montgomery ambos nos ponemos en pie y nos encaminamos hacia la puerta de este improvisado despacho.
Cojo aire antes de que Roy abra la puerta y le comunique a Kate que voy a trabajar junto a ella y su equipo durante este caso. No creo que le haga mucha gracia, pero Montgomery ha creído que – dadas las circunstancias – mi ayuda puede ser fundamental para resolver este caso. Por no mencionar mi amistad con el alcalde y la publicidad que mi colaboración puede aportar a la imagen de la policía de Nueva York en la prensa.
Además, he descubierto que Kate me mintió, puesto que no trabaja en la policía de Nueva York, sino que continúa trabajando en Boston. Parece ser que regresó tras el tiroteo de su padre y ahora ha pedido unirse a esta investigación. Me pregunto si tiene algo que ver con la conexión que éste caso guarda con mis libros.
Roy abre la puerta y veo a Kate a lo lejos. Está hablando con otro policía y le entrega una caja llena de papeles, tal vez las cartas de mis fans que he mandado traer. Un mechón de pelo cae sobre su cara cuando el otro policía se hace con la caja y ella se lo aparta cuidadosamente, colocándoselo detrás de la oreja mientras sonríe.
Está preciosa.
-¡Beckett! ¿Puedes venir un momento? – La voz de Montgomery se alza por la comisaría.
La sonrisa de Kate desaparece de su rostro en el mismo instante en que su mirada se cruza con la mía. Murmura algo que creo entender como "¿qué hace él aquí?", pero no estoy seguro.
-Sí, señor – Alza su voz antes de caminar hacia nosotros.
Me fijo en el traje que lleva, nada femenino y me pregunto si son normas del oficio o si ella ahora viste así.
Su mirada, fría y penetrante, se fija en la mía durante unos segundos para después observar a su superior.
-El señor Castle nos ha ofrecido su ayuda con la investigación – Dice Roy.
-¿En serio? – Ella muestra una sonrisa irónica, como si lo que acabase de decir Montgomery fuese una estupidez.
-Es lo menos que puedo hacer por la ciudad que amo – Le aseguro yo.
-Considerando la naturaleza de los asesinatos – Continúa Roy – Creo que es una buena idea.
El semblante de Kate cambia en un segundo. Supongo que había pensado que su jefe no iba a dejar que yo me inmiscuyera en el caso, pero mis contactos y mi capacidad de persuasión son capaces de conseguir eso y más. Le sonrío con suspicacia y eso le pone todavía más nerviosa.
-Señor, ¿puedo hablar contigo un momento? En privado – Pregunta, dirigiéndose hacia Roy.
-Nope.
Ella bufa cuando el Capitán en funciones desaparece de nuestra vista y me mira, furiosa. Me gusta que esté furiosa.
Durante los próximos minutos ella intenta ignorarme a pesar de que la sigo por toda la comisaría, hasta que le comunica a otro de los Detectives que vamos a repasar las cartas de mis fans y Kate y yo nos quedamos a solas.
Me obliga a ponerme unos guantes para no estropear cualquier huella que pueda haber en esas cartas y los dos comenzamos a leer en silencio.
De vez en cuando no puedo evitar levantar mi mirada de todas esas cartas perturbadoras para fijarla en ella.
-¿Qué? – Pregunta cuando descubre que la estoy mirando. O cuando ya no soporta más el peso de mis ojos sobre los suyos.
-Oh, nada – Digo yo inocentemente – Solo que… La manera en que frunces las cejas cuando estás pensando… es graciosa.
Kate resopla, molesta por mi actitud y rápidamente aparta la mirada. Yo decido ignorar eso y continúo con mis habilidades de persuasión. Necesito saber más sobre ella, sobre qué ha hecho durante todos estos años, saber quién es Luka realmente… así que continúo hablando.
-Quiero decir que no te sería útil si estuvieses jugando al póker, entonces sería mortal. Pero de todas formas…
-¿Puedo preguntarte algo? – Su voz es tajante, seria.
-Dispara – Sonrío, dejando sobre la mesa la carta que tenía entre las manos y a la que no le estaba prestando demasiada atención.
-¿Qué estás haciendo aquí, Castle? Está claro que no te importan las víctimas, así que no estás aquí para hacer justicia. Tampoco te importan los tíos que están copiando los asesinatos que tú escribiste, así que tampoco estás aquí porque te sientas indignado. Así que, ¿Qué es, Castle? ¿Estás aquí para molestarme?
Me tomo unos segundos antes de responderle, escogiendo bien las palabras que voy a decir.
-Estoy aquí por la historia.
Por nuestra historia, por tu historia durante estos nueve años – pienso, aunque me guardo estas palabras para mí.
-¿La historia? – Pregunta ella, exigiendo saber más.
-Es decir, ¿por qué estas personas? ¿Por qué estos asesinatos?
-A veces no hay una historia. A veces es solo un psicópata – Dice ella, mostrándose realista. Supongo que su trabajo así lo requiere, pero no el mío.
-Siempre hay una historia. Por ejemplo… - Me aclaro la voz antes de continuar – Como porqué estás tú aquí ahora, por qué no sigues en Boston, por qué ayer te acompañaba un niño de nueve años…
Si las miradas asesinasen, yo estaría muriendo en estos instantes. Espero una respuesta mientras su mandíbula se tensa, sus ojos, de un tono verde y pequeñas motas de color avellana, se clavan en los míos y una pequeña arruga casi invisible a primera vista se forma en su frente.
Pero Kate Beckett no me grita, ni me insulta. No se enfada conmigo sino que de repente parece desbordada por un sentimiento de tristeza y desolación. Sus ojos se vuelven brillantes.
-No… No tienes derecho a preguntarme nada, Castle. No tienes derecho a saber sobre mi vida.
Tras sus palabras, entre las que he identificado algún leve tembleque en su voz, Kate se levanta y abandona la habitación, dejándome allí solo entre un montón de cartas perturbadoras.
Golpeo la mesa con el puño cuando la puerta se cierra de golpe y suelto una palabrota.
Sin embargo, antes de que pueda trazar un plan, tal vez otra manera de acercarme a Kate, mis ojos se detienen en uno de esos papeles esparcidos sobre la mesa.
No se trata de una carta, sino de un dibujo. Sobre una hoja de cuaderno, trazado con rotuladores de colores, la silueta de una persona cubierta con pétalos de rosa y dos girasoles sobre los ojos. Exactamente igual que en "Flores sobre tu tumba", exactamente igual que el asesinato de anoche.
