Hakuouki no me pertenece sólo mis personajes originales son de mi propiedad.

Nota: lo que está entre comillas son pensamientos del personaje. Lo escrito en cursiva son recuerdos o sueños, según el caso.


KIOTO - OSAKA, DICIEMBRE 1863 – ENERO 1864

—¿Así que ese chico vio a las furias? – preguntó Shinpachi.

—Así parece – respondió Saito.

Se hizo el silencio en el salón. Sólo se escuchaba el sonido de los maderos arder en el brasero en el medio de sala.

—¿Lo que no entiendo es por qué lo trajeron al cuartel? – continuó Sanosuke.

—Si hubiese sido por mi habría matado al mocoso. Pero ¿quién puede comprender a Hijikata-san? – dijo Souji mientras entraba al salón y tomaba asiento junto a Shinpachi, Heisuke, Sanosuke y Saito.

—¿Y el prisionero? – preguntó Saito.

—Tranquilo Hajime-kun, lo dejé bien amarrado en el cuarto que antes era de Ibuki-kun. No podrá escapar. Además, tal fue el susto que le dio Hijikata-san, que aún sigue sin sentido.

—Deja de decir tonterías Souji. – dijo Hijikata desde el umbral de la puerta, alcanzando a escuchar lo que Okita había dicho de él.

— ¡Que poco sentido del humor tienes Hijikata-san! – respondió Okita.

— Mañana los quiero a todos reunidos para interrogarlo. – ordenó Hijikata.

—¿Hijikata-san y mientras qué haremos con 'ellos'? – preguntó Sanosuke.

Todos sabían a quienes se refería Sanosuke al hablar de 'ellos'. Los rostros de los hombres se tensaron mientras esperaban por una respuesta de su vice comandante.

—De momento los mantendremos recluidos. Sannan-san dijo que mejoraría el medicamento que los contiene. Pero hasta que lo consiga, es peligroso dejarlos salir del cuartel. Por lo pronto descansen y procuren que los demás soldados no sepan nada de lo ocurrido.

—Sí – contestaron todos al unísono y abandonaron el salón.


Era avanzada la madrugada cuando Akesato terminó de entretener a su cliente. Tras haberse vestido, su cliente le obsequió un broche de oro que ella aceptó gustosamente y guardó dentro de su kimono. Aya y Eiji la esperaban en un cuarto para el servicio de la casa de citas. Aya se había dormido mientras que Eiji bebía. Al ver a Akesato, Eiji despertó a Aya y juntos se dispusieron a regresar a casa. Eiji caminaba con una lámpara por delante de Akesato y Aya, alumbrando el camino y con los ojos alerta. Aya bostezando, llevaba en sus manos el shamisen de Akesato.

—Pronto llegaremos Aya-chan y podrás descansar. Le diré a la señora que te permita dormir un poco más, pues él fue quien me retuvo más de lo pensado.

—No lo haga Akesato-san, la señora se podría molestar.

—Te aseguro que no se molestará, no cuando vea el dinero extra que ganó por las molestias ocasionadas por la demora.

Mientras caminaban por la calle Aya se dirigió a Akesato.

—¿Akesato-san tu cliente fue malo contigo?

—¿Por qué lo preguntas Aya-chan?

—Es que te escuché gemir y él hacía ruidos extraños.

—¿Aya-chan acaso nos estabas espiando?

—Demorabas y me atreví a acércame…. Pero no miré te lo juro. – respondió Aya sonrojada.

Akesato miraba a la ruborizada joven y le enternecía comprobar que en su mundo aún quedase una chica con la inocencia de Aya. A veces olvidaba que su joven ayudante era aun prácticamente una niña. Aya fue vendida al local cuando apenas tenía cinco años para que sus padres y hermanos más pequeños pudiesen mudarse e intentar sobrevivir en otro lugar. La misma historia de la mayoría de las chicas de la casa de cortesanas. Desde la llegada de Aya, Akesato la tomó bajo su cuidado convirtiéndose en una hermana mayor.

—¿Qué edad tienes Aya-chan?

—Pronto cumpliré doce años.

—¡Doce! ¡Cómo ha pasado el tiempo!

—Mika-sama dice que debo ir aprendiendo.

Akesato era la instructora de Aya en el arte del shamisen y la danza. Ella sabía que eventualmente Aya debería incorporarse en las tareas de entretención. Aya empezaría con la música, la danza, la conversación y eventualmente tendría que complacer íntimamente a los hombres que deseasen su compañía. Ella ponía esfuerzo en que su pupila alcanzase un rango como el de ella o superior. Una cortesana de alto rango podía ser selectiva en cuanto a quienes complacer, a diferencia de las de rango inferior. Era lo mejor que podía hacer por Aya, pero dudaba que alguien tan dulce y sensible como esa niña pudiese soportar una vida tan dura como la de las cortesanas.

—Takeshi-san no fue rudo conmigo. Por el contrario, fue muy placentero; aunque los sonidos te hayan hecho pensar lo contrario. No pienses mucho en ello aún falta tiempo. ¿De acuerdo Aya-chan?

—Sí gracias Akesato-san.

Por fin el grupo llegó a la casa. La luz en el cuarto de la señora Mika seguía encendida. Eiji y Aya se retiraron a sus cuartos. Akesato por su parte se dirigió al cuarto de Mika.

—Buenas noches señora.

—Se han demorado Akesato.

—Takeshi-san estaba inspirado señora – respondió Akesato mientras le daba a Mika una bolsa de dinero – Y él sabe lo que ese exceso de inspiración cuesta. Takeshi-san manda este adicional a lo pagado por esta noche.

—Y me imagino que disfrutaste sus inspiraciones o no Akesato. – dijo Mika mientras tomaba sonriente la bolsa con el dinero adicional.

—Takeshi-san tiene una muy justificada fama de ser un buen amante, sabe cómo satisfacer a una mujer. – respondió Akesato con una sonrisa al recordar su encuentro.

De repente Akesato vio cómo Mika la observaba y adivinó lo que ésta estaba pensando.

—No se haga ideas equivocadas, no lo amo, señora. Simplemente es bueno que para variar un hombre sepa como cogerte, así acabe con las rodillas destrozadas.

La anciana estalló en carcajadas. Akesato se levantó y volvió a dirigirse a la señora.

—Puedo pedirle un favor señora.

—¿Dime?

—Aya-chan se ha desvelado por mi culpa por eso…

—Si se levanta mañana a una hora diferente de la habitual no la reñiré.

—Gracias. Buenas noches señora.

—Buenas noches y por favor cura tus rodillas antes de dormir, Akesato.

Akesato cerró la puerta dejando que Mika siguiera riendo a sus expensas, mientras contaba el dinero extra que había ganado esa noche.


La sorpresa de los hombres del Shinsengumi fue grande al descubrir que su prisionero no era un chico sino de hecho una chica. Pero esta revelación se vio opacada cuando Sannan descubrió que la chica era Yukimura Chizuru, la hija del doctor Yukimura Koudou, quien llevaba meses desaparecido y cuya búsqueda había sido infructuosa hasta ese momento. Dada las nuevas circunstancias, se decidió permitir que Chizuru residiera en el cuartel.

Kondo, Sannan y Hijikata permanecían reunidos una vez que los demás capitanes se retiraron.

—Aun no comprendo cómo pudieron apoyar ese disparate de Souji y que esa chica sea mi asistente.

—De alguna manera debíamos justificar su presencia aquí. Además, dudo que alguno de los soldados se atreva a hacerte preguntas al respecto dado tu fama de demonio, Hijikata-kun.

—Sannan-san me parece que estás disfrutando de todo esto. – protestó Hijikata. - No creen que todo esto es extraño. Tenemos meses buscando a Yukimura-sensei sin resultados y de repente esta chica quien alega ser su hija casualmente se nos cruza en el camino.

—Ciertamente Hijikata-kun es difícil creer que la presencia de Yukimura-kun sea tan accidental como aparenta. Pero ya sea verdad o una trampa es preferible tenerla cerca. Si verdaderamente es la hija de Yukimura, es posible que él venga por ella y si se tratase de una espía podremos eliminarla antes que descubra el secreto. – dijo Sannan.

—Me cuesta creer que esa chica sea capaz de formar parte de un engaño así – dijo Kondo- Vieron que no fue capaz de mentir con respecto a lo que vio.

—Kondo-san si ella logró ocultarte el hecho de que era mujer, no crees que podría engañarte en otras cosas.

—Eres muy severo Toshi. Y ahora debemos ver otro asunto. -dijo Kondo. – Hemos recibido reportes de actividades rebeldes en Osaka.

—¿Qué tipo de actividades? – preguntó Sannan.

—Ciertos comerciantes están no sólo financiando, sino que dan refugio a rebeldes que una vez son descubierto en Kioto, huyen a ocultarse en Osaka. – explicó Kondo.

—Si la situación se mantiene de esa manera, la seguridad en Kioto podría verse comprometida. – analizó Hijikata.

—Quizás sea conveniente organizar una excursión a Osaka. Si logramos comprobar esto y poner bajo arresto a esos comerciantes, los rebeldes se verán sin respaldo y será más fácil capturarlos. – dijo Sannan.

—Pero movilizar a nuestros hombres, mermaría los soldados disponibles para patrullar en Kioto – dijo Kondo.

—Pero si dos de nosotros vamos junto con unos cuantos hombres, no llamaríamos la atención ni afectaríamos el patrullaje en Kioto- expresó Hijikata- ¿Qué dices Sannan-san?

—Me parece viable tu idea. Creo que es conveniente que Kondo-san permanezca en el cuartel. Así que yo te acompañaría Hijikata-kun.

—Entonces la decisión está tomada. En unas semanas partiremos hacia Osaka.


Akesato despertó temprano pese a haber trabajado hasta la madrugada. La casa permanecía en silencio puesto que las cortesanas aún dormían. Levantándose de su futón, Akesato se cambió a una sencilla yukata de color marrón con un obi en color amarillo pálido. No había comparación entre los elegantes kimonos que usaba en las noches y las sencillas yukatas que usaba durante el día.

Sólo las chicas del servicio estaban levantadas. Estas saludaron silenciosamente a Akesato con una ligera inclinación. Aya no estaba con las demás sirvientas por lo que Akesato se dirigió a su cuarto. Con cuidado abrió la puerta y vio que la niña seguía durmiendo. Akesato entró en la recámara y se sentó junto a Aya. Contemplaba a la pequeña dormir. Los cabellos castaños revueltos de Aya le daban un aire aún más infantil.

"Quisiera poder proteger tu inocencia de la brutalidad de este mundo, Aya".

La conversación de la noche anterior había traído a su memoria recuerdos de su noche de estreno. Habían pasado unos meses desde que había llegado a la casa de Mika. Akesato era linda, con una sedosa cabellera azabache. Sus ojos castaños eran grandes y expresivos. Además de su porte y belleza, la chica pronto se hizo notar por los clientes por su exquisita forma de tocar el shamisen.

Mika recibió muchas propuestas de clientes que deseaban ser el primero en intimar con Akesato. Finalmente, uno de ellos hizo una buena oferta.

Ella tenía quince años y el elegido, más de sesenta.

"Nunca me sentí tan sucia como aquella vez", recordaba Akesato. Pese al paso de los años, los eventos de aquella noche permanecían frescos en su memoria como si hubiese sido ayer. Tsubame, la cortesana que la había tenido a su cuidado, la preparó para lo inevitable.

—No tengas miedo Akesato-chan, terminará pronto y luego te será más fácil hacerlo.

—Tsubame-oneesama es que no sé qué debo hacer.

—No te preocupes, sólo debes hacer lo que él te diga.

En un reflejo, Akesato tomó la manga de la yukata de Tsubame.

—Oneesama, no quiero hacerlo por favor.

Tsubame colocó sus manos sobre los hombros de Akesato.

—Akesato-chan ¿recuerdas por quien haces esto?

Akesato asintió. Tsubame la abrazó y consoló.

—Todo va a estar bien. No estés asustada. Dime, ¿hay un lugar que te guste?

—Había un lago cerca de mi casa en donde jugábamos en verano.

—Piensa en ese lugar, imagínate que estás ahí y todo estará bien.

Tsubame acompañó a Akesato hasta la habitación, hizo una inclinación y se alejó. Akesato entró en el cuarto en donde el hombre con una yukata blanca, bebía sake. El sujeto volvió a servirse sake y le ordenó que se desnudara frente a él mientras la observaba. Akesato obedientemente fue desvistiéndose mientras el hombre seguía bebiendo y la observaba sonriendo. Cuando por fin terminó el hombre se acercó a ella. Akesato trataba de disimular el miedo que la hacía temblar. La chica no puedo evitar el sobresalto cuando sintió al hombre acariciar su cuerpo desnudo. Lágrimas rebeldes se asomaban en sus ojos y ella luchaba para evitar llorar. El cliente le ordenó recostarse en el futón. Acostada y con los ojos desorbitados vio que el hombre se despojaba de su ropa. Los siguientes recuerdos eran imágenes aisladas, él acostado sobre ella, un dolor que parecía partirla en dos con cada movimiento de él en ella. El hombre estaba extasiado en ser quien reclamara la doncellez de tan sublime criatura.

Akesato no tenía recuerdos de cuando él termino y se vistió. Supo que había salido del cuarto cuando sintió que la puerta se abría y se cerraba. Sólo entonces dejó que las lágrimas corrieran libremente.

Lo siguiente que recordó fue a Tsubame entrando en el cuarto y cubriendo su cuerpo desnudo con una sábana. Aún podía recordar la calidez de su abrazo y sus palabras de consuelo.

—Ya terminó Akesato-chan. La primera vez es difícil pero ya pasó.

Aya se movió en sus sueños y Akesato volvió al presente. En silencio salió del cuarto y caminó hacia el jardín. Tenía su mirada fija en el estanque cuando sintió a Mika acercase. Su olor a tabaco la hacía fácil de reconocer sin necesidad de voltear a verla.

—Has madrugado Akesato. – dijo Mika pero Akesato no respondió. Mika observaba a la joven que permanecía con la mirada fija en el estanque- ¿Sucede algo?

—Recordaba a Tsubame-oneesama.

—Tsubame-san… hacía años que no la mencionabas. Es curioso que la menciones hoy, cuando cumple ocho años de haber muerto.

—Es cierto, hoy es el aniversario de su muerte.

Mika se sentó junto con Akesato.

—Tsubame-san no era más que una kakoi cuando te tomó bajo su cuidado. Ella no tenía facultades para subir de rango, pero procuró que tú fueses mejor que ella.

—Tsubame-oneesama sabía que una tenjin y una tayuu tendrían más opciones que una kakoi. Solía decirme que debía esforzarme por alcanzar alguno de esos rangos. Ahora que lo pienso hizo todo lo que estuvo en sus manos para que yo no atravesase por sus mismas penas.

—Ella era una mujer con un buen corazón y una mala estrella. Cometió el error de enamorarse y embarazarse de un granjero. El parto fue difícil: el niño nació delicado de salud y Tsubame murió de fiebre del parto. Fue gracias a ti Akesato que el niño logró sobrevivir. Recuerdo como me exigiste que buscara un doctor que atendiera al mocoso y a la madre. Me dijiste que todo lo que yo gastara tú lo pagarías el doble.

—Debía hacer todo lo posible para salvarla a ella y a su bebé. Creo que murió en paz al saber que su hijo sobrevivió y que el padre de la criatura iba a hacerse cargo de él.

—Un niño es una buena ayuda en una granja. Quién sabe si el padre se habría hecho responsable de haber sido una niña. Aunque en ese caso ella habría pagado la deuda de su madre cuando creciera. Te habrías librado de esa obligación.

—Jamás lo hubiese permitido señora. No tendría importancia que hubiese sido una niña. La habría salvado del destino de su madre y el mío.

—Y el de Aya. – Dijo Mika haciendo que Akesato volteara a verla – No me mires así, sabes bien que de esto vivimos todas y negocio es negocio. Debes irla preparando, así como Tsubame-san hizo contigo. Eventualmente ella también tendrá que unirse a ustedes y pagar el dinero que le di a sus padres por ella y por lo años que llevo manteniéndola. Después de todo no puedes salvar a todos los cachorros de la camada, Akesato.

Mika se levantó y se alejó en dirección a la cocina para supervisar a las criadas. Akesato volvió la mirada hacia en el estanque para que nadie viese sus lágrimas.


Sannan y Hijikata junto con otros cuatro soldados partieron hacia Osaka. Había un rumor que unos ronins estarían pasando a un negocio de telas regentado por la familia Tanaka de quienes se sospechaba financiaban a los rebeldes secretamente.

Con mucho sigilo habían mantenido vigilado a Tanaka y finalmente sus trabajos rindieron frutos. Reunidos en una tienda de té Hijikata y Sannan planeaban la próxima ofensiva.

—Nuestros espías dicen que esta noche será el encuentro, Hijikata-kun.

—No somos muchos, pero tenemos el elemento sorpresa a nuestro favor. Estarán desconcertados al verse descubiertos. Debemos aprovechar eso para atraparlos.

La tarde dio paso a la noche y desde un callejón observaban el movimiento de hombres que entraban a la bodega del local. En silencio los hombres se acercaron. A través de la ventana se podía ver las luces de la lámpara que alumbraba la estancia.

Con una señal, los seis hombres irrumpieron en la bodega sorprendiendo a los ocho hombres que estaban ahí.

—¡No se muevan! – gritó Sannan.

—¡Cómo! – exclamaron los hombres con sus manos sobre las katanas.

—Por la autoridad del dominio Aizu, nosotros el Shinsengumi debemos mantener el orden. Sus actividades contra el Shogun son un acto de traición y serán arrestados. Resístanse y serán eliminados.

—Así que los perros del Shogun han hecho su aparición – dijo Tanaka – el detalle es que los estábamos esperando.

Los hombres del Shinsengumi vieron que detrás de los bultos y las cajas del almacén, salieron hombres con sus katanas en manos y los rodearon. Eran unos veinte hombres.

Hijikata, Sannan y sus hombres se colocaron en un círculo y se vieron rodeados por los rebeldes.

—¿Quiénes son los sorprendidos ahora? Fueron tan ingenuos.

—¿Qué quieres decir? – dijo Sannan.

—Nosotros hicimos correr el rumor que los líderes rebeldes se reunirían en Osaka. Sabíamos que en cuanto los lobos de Mibu se enterasen, mandarían a sus oficiales acá intentando eliminarlos, pero sería un grupo pequeño por no poder dejar a Kioto sin vigilancia.

—Malditos – gruñó Hijikata entre dientes.

—Esto resultó aún mejor de lo esperado. Eliminar al Secretario General y el Vice comandante del Shinsengumi será un golpe fatal.

—Y acaso crees que nos dejaremos matar tan fácilmente. -dijo Hijikata

—¡A ellos!

A la orden de Tanaka los espadachines se lanzaron contra los hombres del Shinsengumi, quienes se dividieron en tres grupos de dos personas uno contra la espalda del otro. Los rebeldes los atacaban, pero no lograban herirlos.

—Esto no fue lo planeado cierto Hijikata-kun.

—No, pero de todos modos no seremos derrotados.

Poco a poco el Shinsengumi empezó a superar a los rebeldes. Cuatro de los rebeldes y uno del Shinsengumi yacían muertos. Otros cuatro rebeldes estaban heridos de gravedad en suelo. Los demás hombres al ver la situación huyeron para salvar sus vidas.

—¡No sean cobardes y ataquen! – gritó Tanaka.

— Tus hombres te están abandonando es tu fin Tanaka.

Hijikata corrió hacia Tanaka para atacarlo con su espada.

—Hijikata-kun detrás de ti. – gritó Sannan.

Uno de los rebeldes iba a atacar a Hijikata por la espalda. Éste volteó para atacarlo y en ese momento Tanaka desfundó para cortarlo con la katana.

—¡Cuidado! – gritó Sannan poniéndose entre Hijikata y Tanaka. Sannan lo cortó en el estómago, pero antes de caer Tanaka cortó a Sannan en su brazo izquierdo.

Hijikata mató al adversario y volteó justo en el momento en que Sannan caía al suelo sujetándose el brazo que sangraba profusamente. Sobre Sannan un rebelde iba a cortarle la cabeza, pero Hijikata fue más rápido y lo atacó matándolo en el acto.

Hijikata se quedó protegiendo a Sannan. Finalmente, los hombres del Shinsengumi derrotaron a los rebeldes.

—¡Sannan-san! – gritó Hijikata inclinándose para ver a su amigo.

—Tranquilo Hijikata-kun esto no es... nada…

Sannan perdió el sentido ante la pérdida de sangre mientras sus compañeros lo rodeaban llamándolo incesantemente.


Nota de la autora

Hola aquí tienen una prueba de vida. No me he ido (aunque tampoco estaba de parranda) Sólo que he estado sumamente enredada y era poco el tiempo que tenía para trabajar en la historia. Primero mi computadora pasó a mejor vida y tuve que recuperar lo que tenía ahí. Luego conseguir una nueva laptop, instalarle los programas y ponerme al corriente con trabajos pendientes.

Espero que les haya gustado el capítulo y que haya valido la espera. Me encantará escuchar sus opiniones. Ya estoy empezando a trabajar en el siguiente capítulo y espero no demorar tanto como con este. Sepan que no abandono mis historias aunque me demore en actualizarlas, a todas las llevo hasta su final.

Un abrazo y espero a sus comentarios.

Saludos,