Gracias por los reviews, ya lo digo siempre, pero se agradecen mucho y suben bastante el ánimo :)

Este fic ya ha entrado en su recta final (quedan unos cuatro capítulos más), espero que no os decepcione y que sigáis comentando hasta el final.


Capítulo 29:

Kate

Cierro la puerta de mi dormitorio y me quedo allí parada, observando cómo Will mete todas sus cosas en su maleta, poniendo demasiada energía en ello.

Suspiro y me froto la frente con las manos hasta que él me observa fijamente.

-¿Es que no vas a decir nada? – Pregunta ofendido.

-¿Qué quieres que diga? ¿Qué la he cagado, que debería haberte dicho que he estado trabajando con Castle estos días?

-Es tu ex, definitivamente sí, deberías haber dicho algo – Dice después de agacharse para recoger un par de pantalones que con el ajetreo ha tirado al suelo.

Suspiro de nuevo y me recojo el pelo (todavía algo húmedo) en una coleta alta. Will siempre supo de mi relación con Castle, se lo conté todo poco después de conocernos.

-Yo no lo busqué. Fue una casualidad, el caso simplemente tenía que ver con sus libros y él apareció allí…

-Podrías habérmelo dicho y no habría venido a Nueva York a quedar como un idiota. Te habría esperado en Boston y todo habría seguido como hasta ahora a tu vuelta, pero ahora… Ahora no sé qué es lo que quieres, Kate.

Termina de cerrar la cremallera de su maleta y posa su mirada en la mía.

-¿Qué es lo que quieres, Kate? – Formula la pregunta mientras que yo no entiendo nada.

-¿Qué quieres decir con qué habrías esperado en Boston y todo habría seguido como hasta ahora? – Me cruzo de brazos y ahora soy yo quien le observa fijamente a él.

Creía que le molestaba el hecho de que haya estado viéndome con Castle, y sin embargo lo que parece molestarle es que no se lo haya contado. Simplemente eso.

-Ya sabes, nosotros nunca pusimos límites en nuestra relación.

-Límites – Murmuro yo en apenas un susurro, más confusa todavía que antes - ¿Me estás diciendo que tú has estado viendo a otras?

Will deja su maleta sobre mi cama y da dos pasos hacia mí.

-Hemos estado juntos muchos años, Kate. Y nunca hemos tenido una relación 100% estable, nunca hemos sido una pareja convencional.

-¿Y mientras tanto tú te has estado tirando a otras? – Pregunto más que molesta, incrédula después de haber escuchado su confesión.

-Solo fueron dos – Se justifica él.

-¿Solo… dos…? Genial. Entonces no pasa nada, todo perfecto, si solo han sido dos…

-¿Y tú, no te has estado tirando a Castle? ¿Dónde estabas anoche?

Suspiro. Supongo que no tengo derecho a pedirle ninguna explicación y el hecho de que nos hayamos sido infieles mutuamente ya es suficiente explicación por sí sola.

-Esto no va a ninguna parte – digo, terminando de acercarme a él.

Will rodea mi cintura con sus brazos, no tan grandes como los de Castle (ni siquiera ahora puedo dejar de pensar en él), y nos miramos a los ojos sin ningún tipo de resentimiento. Nunca creí que pudiese ser capaz de mirar a Will de esta manera después de lo de anoche, menos después de lo que acaba de confesarme.

-¿Lo quieres, a Castle?

Asiento mientras un par de lágrimas se deslizan silenciosas por mis mejillas. Nunca pretendí que las cosas entre Will y yo acabasen de esta manera.

-Si él no es suficiente para ti… Yo estaré en Boston.

-Will – Susurro su nombre acariciando su rostro, paseando mis dedos por su incipiente barba – Te he querido mucho, pero…

-No soy suficiente.

-Esto – Señalo con un dedo entre ambos – No lo es.

Will se curva sobre mí y por un momento pienso que me va a dar un suave beso en la frente, pero finalmente posa sus labios sobre los míos sin llegar a profundizar el beso.

Me quedó allí, parada en mitad de mi dormitorio, observando cómo él recoge su maleta y sale por la puerta habiéndose despedido de mí con ese beso.

Un beso de despedida que no me ha hecho sentir nada.

El vacío que Will acaba de dejar en mi pecho, junto con la confusión de saber que él también me fue infiel, me dejan una extraña sensación que rápidamente se alivia al sentirme libre por primera vez en tantos años junto al recuerdo de la noche anterior.

Por una vez vuelvo a ser yo, la Kate de hace nueve años, la que todavía estaba en Nueva York, la que se sentía con el poder suficiente de decidir sobre su propia vida.

Y esta vez no pienso fallar a mis sentimientos.


Castle

Abandono por unos segundos mi tarea de hacer la cama para agarrar la almohada sobre la que hace unas horas ha dormido Kate. La acerco a mi nariz e inhalo su olor, todavía impregnado en ella.

En realidad he cambiado las sábanas de la cama, pero he decidido dejar la funda de ése almohadón. No quiero volver a dormir sin ella, o sin sentirla junto a mí.

Lo de anoche fue simplemente perfecto.

Pero solamente la idea de que ella se pueda haber arrepentido de lo ocurrido me provoca un nudo en el estómago. Esta mañana se ha ido tan rápido que apenas hemos podido hablarlo.

No puedo volver a perderla, no cuando acabo de recuperarla. Ahora que sé que mis sentimientos son correspondidos (lo de anoche fue una clara muestra de que así es)… Estoy dispuesto a hacer lo que sea con tal de no dejarla escapar.

Incluso me plantearía tener una relación a distancia con ella.

Termino de hacer la cama y salgo a la cocina para prepararme el desayuno.

Cuando termino de vaciar el contenido de la caja de zumo de naranja en mi vaso, la puerta de entrada se abre, dando paso a una visiblemente cansada a Alexis que deja caer su bolso en el suelo.

La miro confundido mientras me acerco a ella para abrazarla, se suponía que el retiro espiritual les haría descansar, pero ella no parece relajada en absoluto.

-No vuelvas a dejar que vaya con la abuela a ningún retiro o a ningún otro sitio – Me pide colgándose de mi cuello.

-¿Qué ha pasado y… dónde está tu abuela?

-Solo ha venido a traerme y se vuelve con su nuevo novio, Darcy, al retiro espiritual.

Dejo escapar una risita maliciosa, comprendiendo inmediatamente el enfado de mi hija. Si un fin de semana en un lugar apartado con Martha Rogers ya puede ser una desesperación de por sí, todavía puede ir a peor si mi madre encuentra un nuevo ligue.

-La próxima vez te castigaré con pasar un fin de semana encerrada en casa conmigo viendo películas de terror.

-Eso sería un buen castigo – Sonríe ella ladeando su cabeza y colocando una mano en mi cuello.

De pronto su rostro se vuelve serio.

-Aunque veo que tú has aprovechado tu fin de semana – Dice alzando una ceja, un gesto que heredó de su madre.

-¿Qué… Qué quieres decir? – Pregunto llevándome una mano al cuello.

¿Kate me ha dejado un chupetón?

-No hace falta que mientas, papá. Has estado con Gina.

De pronto da una patada a su bolso y trata de huir de allí dirigiéndose hacia las escaleras. Pero yo la agarro del brazo y la detengo, antes de que lo haga.

Ella nunca se comporta de este modo.

-¿Qué es lo que pasa?

Alexis suspira y me mira cabreada cruzándose de brazos y apretando su mandíbula.

Yo maldigo a las hormonas que están empezando a cambiar a mi pequeña, pero no desisto en mi intento de saber qué es lo que ocurre.

-Cuéntamelo – Digo mientras la miro con cariño.

-¿Es que no te das cuenta? – Dice ella alzando la voz – Gina no es tu tipo. Pero si quieres seguir desperdiciando tu vida con ella, hazlo, nadie te lo impide.

-Alexis...

-¡No! Hay que estar ciego para no ver que Kate te quiere de verdad, papá. Y que tú todavía la quieres a ella.

-Yo…

Abro y cierro la boca en repetidas ocasiones sin saber cómo contestar a eso ni saber por qué Alexis está hablándome de esta manera, y antes de que pueda encontrar una respuesta adecuada, mi hija sube al piso superior y se encierra en su habitación.


Cuando llego a comisaría unas horas más tarde, Kate y el resto del equipo me están esperando para ir a detener a Harrison Tisdale. Parece que finalmente han conseguido la orden del juez para entrar en su casa. Y además han descubierto que Harrison estaba prácticamente arruinado, por lo que el motivo del crimen se hace todavía más evidente.

-Casi nos vamos sin ti – dice Esposito lanzándome una impaciente mirada.

El resto de policías también me observan antes de prestar atención a Ryan que les da varias órdenes.

Kate se gira hacia mí en ese momento y veo cómo no puede evitar sonreí al verme. Yo también sonrío.

Me acerco un poco más a ella e intento hablarle en un tono de voz bajo para que los demás no nos escuchen.

-Lo de anoche…

-Aquí no, Castle. Ni ahora. – Responde, lanzándome una dura mirada y girándose de nuevo hacia sus compañeros.

Ryan termina de dar las últimas órdenes y todos ponen rumbo hacia la salida.

-Vamos, tenemos un asesino que detener – Dice Kate, caminando a mi lado detrás de todos los demás.

Pero yo no puedo quedarme con esta sensación, así que agarro su brazo haciendo que se gire hacia mí y me mire a los ojos.

Sé que no es el lugar adecuado, ni siquiera el momento, pero necesito saber. Ella parece comprender cómo me siento porque veo cómo ablanda su mirada.

-¿Te arrepientes de lo de anoche? – le pregunto, conteniendo mis deseos de acariciar su mano.

-¿Qué? No. No, claro que no – Susurra comprobando que los demás no nos observan.

Siento un enorme alivio en mi pecho mientras que por el contrario su rostro se tiñe de preocupación.

-¿Tú? – Pregunta, conteniendo el aliento.

-No, nunca.

La sonrisa se expande también en su rostro y ambos nos adentramos en el ascensor intentando disimular ante las miradas de sus compañeros.