Capítulo 30:
Kate
Circulamos a gran velocidad por las calles de Manhattan en los coches patrullas y con las luces y las sirenas puestas. Todavía recuerdo mi primera persecución en Nueva York, recién alistada en la comisaría número doce.
La rapidez es fundamental muchas veces, y esta es una de esas veces. Para este momento seguramente Harrison Tisdale ya esté enterado de que vamos tras él y se esté intentando deshacer de sus pasaportes falsos o puede que incluso esté intentando huir.
Aparcamos frente al número dieciséis, un bloque de apartamentos de lujo. Nos bajamos de los vehículos y yo y el resto de detectives establecemos rápidamente una estrategia para la detención.
Me giro hacia Castle e intentó persuadirle de la única manera que creo que funcionará. No le va a gustar, pero no puedo permitir que suba ahí arriba con nosotros, el sospechoso podría estar armado y si se opone a la detención podría convertirse en una situación peligrosa.
-Castle, si vienes con nosotros deberías ir armado. Hay un arma de repuesto en la guantera.
Él corre de vuelta hacia el vehículo con cierta alegría que intenta contener.
-No puedo encontrarla…
Cuando se agarra a la parte alta de la puerta buscando en la guantera una pistola que no existe, lo esposo hábilmente al vehículo, impidiendo que se mueva de allí.
-Lo siento, pero esta vez te quedas en el coche.
-Oh, vale, muy graciosa Beckett.
Me alejo con los chicos hacia el interior del edificio mientras ellos se ríen y Castle grita desde el vehículo que le suelte.
Cuando llegamos al séptimo piso, golpeamos en la puerta repetidas veces.
-Harrison Tisdale, policía de Nueva York, tenemos una orden.
-¡Solo un minuto! – La voz del sospechoso llega amortiguada desde el otro lado.
-Abre la puerta, Harrison. Es la NYPD, tenemos una orden – repito sin demasiado éxito.
Le hago señas a Esposito y él golpea fuertemente la puerta hasta que ésta se abre.
Harrison no está en ninguna de las estancias principales.
Mientras lo registramos todo, mi móvil suena y cuando veo el número de Castle en la pantalla ruedo los ojos. Estoy a punto de declinar la llamada, pero en el último momento decido no hacerlo.
-Castle…
-Se está escapando por la escalera de incendios – Su voz suena entrecortada como si estuviese corriendo.
-Está escapando, cubrid la parte frontal del edificio – Ordeno a mis compañeros mientras yo corro hacia la salida de incendios.
Encuentro a Harrison intentando escapar y le ordeno que no se mueva, al mismo tiempo que le apunto con mi arma, pero algo me detiene de disparar.
Más bien alguien.
Castle corre detrás del asesino con… ¿un zapato en la mano?
-¡Castle, no!
Pero él no me hace ningún caso y sigue corriendo detrás del sospechoso. Odio cuando intenta jugar a detectives sin darse cuenta realmente de lo peligroso que puede llegar a ser.
Bufo e intento bajar por la escalera de incendios tan rápido como soy capaz.
Apenas unos segundos después intentó encontrar el ángulo donde Harrison y Castle pueden estar. Es un callejón con un camión parado al final de éste y una verja cerrada al otro lado, ninguno de los dos ha podido ir muy lejos.
Muevo el espejo del camión intentando encontrar su reflejo cuando de pronto Harrison aparece delante de mí.
Lleva agarrado a Castle del cuello y lo apunta con una pistola.
-¡No te acerques más, no te acerques más! –Grita Harrison, apuntándome ahora a mí.
-¡Suéltala, suelta el arma y no te muevas!
-Tranquilidad, tranquilidad – grita Castle, ganándose ser apuntado de nuevo por Harrison.
Mi corazón se encoje de repente y empieza a latir más rápido de lo que debiera. Por un segundo temo no poder controlar mis emociones.
-¡Deja que él se vaya, Harrison!
Retroceden unos pasos hacia atrás, acercándose más a la verja. Si Harrison se ve acorralado se verá más amenazado todavía y Castle será un blanco mucho más fácil para él.
-Castle, ¿estás bien? – Pregunto mientras intento controlar el tembleque de mi voz.
-Sí, excepto que el psicópata aquí necesita aclarar su mente – Dice él con cierta calma.
-¡Cállate! – Harrison grita agarrándolo todavía con más fuerza.
-Vale, vale. Harrison, ¿sabes lo que no me cuadra a mí? Si estabas endeudado, ¿Por qué no simplemente le pediste el dinero a tu padre? – Pregunta Castle como si no estuviese siendo apuntado con un arma por su interlocutor.
Mientras tanto yo intento salvarle la vida.
-¡Castle, no estás ayudando! – Le grito, exasperada por su actitud.
Pero él, como siempre, va a lo suyo.
-¿Sabes lo yo que pienso? Pienso que sí se lo pediste, y él dijo no. Creo que él siempre te dice que no.
-¡Intentaba hacer algo con mi vida! – Grita Harrison tan molesto por las acusaciones de Castle que está a punto de confesar – ¡Y a él solo le importaba mi hermana!
-¡Por eso la mataste! No era solo por dinero, sino que querías castigarlo antes de que muera. Quitarle lo único que él amaba. ¡Esa es una muy buena historia!
Incluso Harrison mira atónito a Castle, incrédulo por su actitud en un momento como ese.
-Harrison, deja que se vaya. Se ha acabado. – Digo yo, apuntándolo con mi arma y acercándome a ellos ahora que tengo un mejor ángulo.
-¡No se ha acabado, no se ha acabado! Tira el arma o juro por dios que lo…
Pero antes de que Harrison pueda terminar su frase o cumplir su amenaza, Castle se deshace de su agarre y le propicia un fuerte golpe en la cara, tirándolo al suelo y quitándole la pistola.
-¡Dime que has visto eso! – Grita totalmente eufórico.
Yo lo miro sin saber muy bien qué decir ante lo que acaba de ocurrir y cuando por fin reacciono, corro a ponerle las esposas a Harrison Tisdale que todavía está KO en el suelo.
-¿Vas a poner eso en el informe, verdad? – Pregunta él, todavía presa de su propia euforia.
-Castle, ¿me puedes dar las esposas, por favor?
-Sí. Sí. Claro.
Cuando termino con el asesino me dirijo hacia Castle y lo empujo contra la pared de ladrillos del callejón.
-¡¿En qué demonios estabas pensando?! Te podría haber matado.
-El seguro de su pistola estuvo puesto todo el tiempo – Se defiende él.
Lo observo atónita por un par de segundos, a él y al arma.
-¿Sabes, me lo podrías haber dicho? – Le digo molesta mientras trato de ponerme en pie.
Ver a Castle en peligro me ha asustado de verdad. Podría haberle perdido, esta vez de verdad.
-Entonces no habría tenido gracia.
Por supuesto él continúa con esa actitud del chico gracioso.
Quiero decírselo. Quiero decirle que esto no ha sido gracioso, que de verdad podría haber resultado herido y que tiene una hija y… a mí. ¿Qué habría hecho yo si Harrison le hubiese disparado delante de mí sin yo poder evitarlo porque no tenía un ángulo limpio?
Pero no puedo decirle nada de esto porque Esposito y Ryan llegan con refuerzos y entonces ellos se hacen cargo de llevar a Harrison Tisdale hasta el coche patrulla.
Mientras Castle les cuenta a todos lo ocurrido yo me alejo del callejón y observo con cierta distancia cómo mis compañeros le leen sus derechos al detenido.
El caso está resuelto. Y de pronto yo me veo abrumada por una extraña sensación de tristeza y de vacío.
Ahora me toca a mí elegir si esto es lo que quiero, o si por el contrario deseo volverme a Boston y continuar con mi trabajo allí.
Castle carraspea detrás de mí y yo intento disimular el leve brillo de mis ojos antes de girarme hacia él.
Por un segundo quiero abrazarlo. Quiero estar entre sus brazos y sentirme protegida, sentir que él también está a salvo.
Pero no es el momento ni el lugar.
-Bueno… Esto es todo – Digo después de haberme aclarado la garganta.
-No tiene por qué – Dice él mirándome fijamente a los ojos – Podríamos… Ir a cenar… Interrogarnos el uno al otro...
No puedo evitar sonreír. Por supuesto que yo solo estaba hablando del caso.
Y claro que me apetece cenar con él, interrogarlo… Incluso me apetece esposarlo en un contexto diferente al que lo he hecho hace un rato.
Sin embargo, opto por seguirle el juego.
-¿Para qué, Castle? ¿Así puedo ser otra de tus conquistas?
-O yo puedo ser una de las tuyas…
Me acerco a él, consciente de cómo se pone nervioso por mi cercanía, y me inclino para susurrarle al oído antes de alejarme.
-Te veo luego en tu casa.
Castle
Me dejo caer, abatido, sobre el sofá de mi casa. Le he enviado un mensaje a Kate diciéndole que vamos a tener que posponer lo de esta noche.
Alexis está en casa, pero no solo eso, sino que no se encuentra muy bien. Las hormonas han comenzado a actuar en su cuerpo… y yo no he sabido muy bien cómo ayudarla.
Me había estado informando anteriormente porque imaginaba que el momento no tardaría en llegar. Y por suerte (y sorpresa para Alexis) había comprado distintos tipos de tampones y compresas que tenía guardados en mi cuarto de baño.
A duras penas he conseguido salir del paso, aunque me habría gustado que fuese diferente. Me habría gustado que Alexis tuviese a su madre en un momento delicado para una adolescente, como este.
Observo cómo duerme a mi lado en el sofá, después de haberse tomado un ibuprofeno.
Acaricio entre mis dedos su cabello pelirrojo y extremadamente suave que todavía desprende ese aroma a champú de fresas y algodón de azúcar, igual que cuando era una niña.
En realidad todavía lo es.
Siempre será mi niña. La chica que ocupa mi corazón.
Aunque no sea la única mujer a la que puedo amar.
Pienso en Kate y en cómo se ha preocupado hoy cuando ella creía que Harrison podía dispararme. Yo he sabido todo el tiempo que tenía el seguro de la pistola echado y que el único que corría peligro era Harrison si Kate le disparaba.
No me habría puesto en peligro de ese modo de no ser así. O puede que sí, pero en ese caso hubiese sido el primero en estar asustado.
Sin embargo, ha sido Kate quien se ha preocupado por mí. Aunque después haya intentado ocultarlo (no se le da muy bien expresar sus emociones), me ha parecido un gesto muy dulce por su parte.
Me habría gustado poder tener esa cena con ella. No solo para poder disfrutar de su compañía, sino porque todavía tenemos muchas cosas que contarnos, muchas cosas de las que hablar… Como si vamos a tener una relación seria a partir de ahora, o de su relación con Will… Tenemos que hablar acerca de todo eso.
Suspiro antes de que unos suaves golpes en la puerta de entrada capten toda mi atención.
Me levanto del sofá tratando de no mover demasiado a Alexis y me acerco hasta la puerta.
Sonrío gratamente al abrir y encontrarme con Kate, cargada con un par de bolsas con lo que parece comida japonesa.
-¿Qué haces aquí? – Pregunto sin disimular la enorme sonrisa que se ha formado en mis labios.
Observo cómo ella alza la mirada por encima de mi hombro y me figuro que se fija en Alexis durmiendo en el sofá.
-¿No pensarías que me iba a echar atrás en lo de la cena solo por Alexis, verdad?
Estoy a punto de decir algo pero ella me lo impide, alzando una de sus manos a pesar de cargar todavía con la bolsa de comida.
-Yo siempre supe que no estabas solo. Y además… puede que ella necesite una figura femenina precisamente en estos momentos. No te ofendas, pero no creo que puedas ser de demasiada ayuda para ella ahora mismo.
En lugar de ofenderme, mi sonrisa se amplía todavía más y mi corazón aumenta sus palpitaciones, sabiendo que la mujer que tengo delante ahora mismo es completa y absolutamente maravillosa. Nunca dejó de serlo.
Sin decir una palabra le arrebato las bolsas de comida para tres, rozando sus manos a conciencia.
Kate me sigue a la cocina y cuando me giro para besarla ella se abraza a mí como si necesitase ese abrazo. Como si me necesitase a mí.
Le devuelvo el abrazo, sintiendo su cuerpo menudo contra el mío, sintiendo el calor de su cercanía y sintiendo una increíble sensación en mi pecho.
De pronto es como si el vacío de todos estos años se hubiese llenado con su presencia.
-Lo de hoy… No vuelvas a hacerlo otra vez – Susurra, todavía refugiada en mi pecho – Me asustaste de verdad. Si te pasa algo, si te pierdo de nuevo…
No le dejo que continúe hablando y agarro su rostro entre mis manos suavemente.
-No vas a perderme de nuevo – Le prometo silenciosamente mientras atrapo sus labios con los míos y saboreo su boca con mi lengua.
Ella me agarra del cuello de mi camisa y profundiza el beso, hasta que se detiene y mira hacia el salón, donde Alexis todavía duerme.
-¿Crees que… deberíamos contarle?
-Creo que primero nosotros tenemos que aclarar algunas cosas – Dice con cautela.
-Sí, tienes razón.
-¿Cómo está ella?
Kate rápidamente desvía el tema de la conversación hacia Alexis, y aunque yo no estoy dispuesto a dejar pasar la conversación que nos debemos, supongo que puede esperar un poco más.
Además, me encanta que ella se preocupe de ésta manera por Alexis. Hace que me enamore de ella un poco más si cabe.
-Creo que está… desconcertada. Es como si supiese que esto ocurriría pronto, pero al mismo tiempo le ha pillado por sorpresa y no sabe cómo enfrentarse a ello. Creo que es una nueva etapa en su vida…
-Le esperan algunos cambios, sí – Asiente Kate.
-Es… Terrorífico.
-Ella lo superará – Sonríe enternecida por mis palabras, volviendo a recortar las distancias entre nosotros, colocando sus manos sobre mis hombros – Y… ¿cómo se lo ha tomado el padre?
-Desearía poder detener el tiempo y que dejase de crecer – Confieso, mientras coloco mis manos alrededor de sus caderas, atrayéndola hacia mí – No sé si estoy preparado para todos esos cambios de humor (que ya han empezado, por cierto), ni para que ella cambie su personalidad, ni su físico… No quiero que sea una mujer, quiero que siga siendo mi pequeña, mi niña… Pero me va a necesitar, así que estaré ahí para ella.
-No estarás solo.
Sus palabras me conmueven. El hecho de que Kate quiera estar ahí también para Alexis (además de para mí) hace que mi amor por ella sea infinito. Ella también estuvo ahí para Alexis en el pasado, y ahora sé que a pesar del tiempo y la distancia, nunca se olvidó de ninguno de nosotros.
Por eso la beso de nuevo, esta vez con más pasión y fuerza que antes.
Porque la necesito y necesito hacerle saber cuánto la amo.
Pero de pronto un leve carraspeo procedente del salón nos interrumpe.
-¿Papá? ¿Kate?
