¡Gracias a quienes todavía os tomáis unos minutos para leer y comentar! :)


Capítulo 31:

Kate

-¿Papá? ¿Kate?

Castle y yo nos apartamos el uno del otro todo lo rápido que somos capaces mientras que Alexis nos observa desde el salón con una cara de sorpresa (no sé si buena o mala).

Siento mis mejillas arder y aparto la mirada de ella, desviándola hacia Castle, que me mira a mí sin saber muy bien qué decir. Sus labios todavía están hinchados por nuestros besos.

-Calabaza, Kate ha venido… a ver cómo estabas - Él dice lo primero que se le ocurre, metiéndome a mí de por medio.

Aunque a decir verdad, ya estaba de por medio. Demasiado. Y Alexis lo sabe, puedo verlo en la forma en que nos mira.

Sin embargo, parece actuar con confusión.

-¿Qué hacíais?

-La estaba poniendo al día – Le corta Castle – Sí. Eso estábamos haciendo.

Yo ruedo los ojos mientras que Alexis no puede contener una risita.

Rápidamente fija su mirada en las bolsas de comida que Castle ha dejado minutos antes sobre la encimera y se lo agradezco, ya que eso me da una buena excusa para cambiar de tema.

-He traído comida, ¿tenéis hambre?

Castle asiente y sin más se vuelve a poner la mesa mientras que Alexis se queda dónde está y me observa con una amplia sonrisa que no puedo más que devolverle, sintiéndome algo incómoda por la situación.


Después de la cena me dirijo un momento al baño y cuando regreso veo que Castle y Alexis están hablando entre ellos, utilizando un tono más bajo que de normal, mientras terminan de fregar los platos (una tarea que Castle parece disfrutar haciendo a mano).

Ninguno de los dos ha reparado todavía en mi presencia, así que no puedo evitar poner el oído y escuchar parte de la conversación.

-¿Entonces, qué es? – Pregunta Castle mientras le pasa un plato recién pasado por agua que Alexis se encarga de secar.

-Es solo que… No quiero que vuelvas a resultar herido.

Castle le responde algo pero no consigo escuchar qué es, ya sea porque utiliza un tono de voz todavía más bajo o bien porque soy incapaz de escuchar algo más que las palabras de Alexis.

¿Ella cree que su padre puede resultar herido por mi culpa? ¿Cree que yo puedo hacerle daño? ¿Lo hice la otra vez, hice daño a Castle cuando me fui a Boston?


Castle

Tras enjabonar un plato, observo por encima de mi hombro que Kate no está en el salón. Intento volver a concentrarme en la tarea de fregar los platos sin embargo Alexis me lo está poniendo algo difícil. Siento su mirada observándome de reojo.

-Suéltalo ya – Le pido antes de que me salga una úlcera.

Ella se ríe y eso me pone todavía más nervioso.

-Me alegra que Kate y tú os hayáis reconciliado – Dice, esperando que le pase un plato para secar.

No me sorprende, pues siempre he sabido del cariño que Alexis le tenía a Kate y le sigue teniendo a día de hoy. Además, sabía que esto es lo que quería Alexis – Kate y yo juntos de nuevo – gracias a un par de comentarios poco "subliminales".

-Sí, creemos que es mejor llevarnos bien…

-¿Llevaros bien? – Me interrumpe – Papá, os vi besándoos.

Uno de los platos resbala de mis manos mojadas y cae sobre el fregadero estrepitosamente, pero por suerte no se rompe. Alexis ríe.

-¿Habéis vuelto, o no? – Pregunta con impaciencia.

-Sí. Bueno… Nosotros. Todavía tenemos que hablar algunas cosas. Pero sí. Supongo que es oficial.

Se apoya en la encimera y alza una ceja, poniéndose algo más pensativa de lo que estaba. Esta vez sí me sorprende su falta de entusiasmo.

-Creía que te hacía ilusión, que tu querías que ella y yo…

-Sí. Sí, lo quiero, claro. No es eso.

-¿Entonces, qué es? – Pregunto mientras le paso un plato recién pasado por agua que ella se encarga de secar.

-Es solo que… No quiero que vuelvas a resultar herido.

-Calabaza… Eso no va a pasar. No esta vez.


Mis dedos se deslizan por la curvatura de la espalda desnuda de Kate. Su piel es cálida y me encanta la manera en que la luz de la mañana, que se filtra por las ventanas, acaricia también su espalda; al igual que adoro la forma en que su pelo se desliza sobre su espalda y parte de mi almohada.

Es como una obra de arte en el mejor museo del mundo. Podría quedarme horas mirándola y nunca me cansaría de hacerlo.

Sonrío al recordar cómo Kate se quedó dormida en la cama de Alexis anoche.

Yo le pedí – no tuve que insistir demasiado – que hablase con mi hija sobre la menstruación y todos los cambios que eso conlleva, y que le diese algunos consejos. Sabía que con lo que yo le había dicho no sería suficiente, pues lo único que había podido averiguar eran algunos datos que había encontrado en un par de revistas para adolescentes y algún que otro Blog en línea.

Kate se mostró un poco reticente al principio porque no creía ser la persona indicada para hablar con ella, pero al final logré convencerla porque ¿si no era ella, quién sino? Y por supuesto que no pudo negarse.

Al cabo de una hora subí a la habitación de Alexis para cerciorarme de que todo iba bien – en realidad sentía curiosidad por ver de qué estaban hablando desde hacía tanto rato.

Golpeé la puerta del dormitorio de Alexis varias veces sin obtener respuesta, así que la abrí con cuidado y me las encontré a las dos dormidas sobre la cama.

No pude evitar recordar cuando alguna vez Kate le había leído algún cuento a Alexis para que ésta se quedase dormida y las dos se habían acabado quedando dormidas igual que lo habían hecho ahora. Solo que esta vez las cosas son bien distintas.

Me acerqué a ellas con cuidado de no hacer demasiado ruido con mis zapatos en el suelo de madera y cogí a Kate en brazos y la llevé hasta mi dormitorio.

Es cierto que yo esperaba que se despertase, pero no lo hizo y permaneció sumida en un profundo sueño, así que la dejé despacio sobre mi cama y me acurruqué a su lado.

Fue a mitad de la noche cuando ella se despertó y, en lugar de marcharse se abrazó a mí y comenzó a acariciar mi mejilla con la clara intención de despertarme.

-¿De qué has hablado con Alexis? – No pude evitar preguntar cuando ella se había incorporado quedando sobre mi cuerpo.

Vi la sonrisa en su rostro y supe que no me lo iba a contar.

-Hablamos sobre… cosas. Cosas que tú no podrías entender, Castle.

Fue lo único que dijo antes de comenzar a acariciar con sus manos mi pecho desnudo y descender después por debajo de la goma elástica de mis pantalones para dormir.

Me incliné como un resorte, dominado por el placer de sentir sus manos sobre mi miembro y comencé a desnudarla lentamente.

A pesar del placer que me causaba tener a Kate sobre mi cuerpo, sus manos acariciando precisamente ésa parte de mi ser, quería ir despacio. Quería disfrutar de cada caricia, de cada sensación vivida a su lado.

Las imágenes de lo que ocurrió a continuación se agolpan ahora en mi mente mientras soy incapaz de borrar la sonrisa de mi rostro y lo único en lo que puedo pensar es en hacerle el amor otra vez.


Kate

Tengo los ojos cerrados y aun así soy capaz de sentir su mirada sobre mí. Sus dedos deslizándose por mi espalda provocan un cosquilleo por todo mi cuerpo, especialmente en mi vientre.

Me quedo así unos minutos más, fingiendo estar dormida, hasta que él cambia de posición. Aunque no puedo verlo, creo que ha apoyado su codo sobre la almohada y su cabeza sobre su brazo, y casi soy capaz de escuchar sus pensamientos en voz alta.

Me revuelvo entre las sábanas colocándome boca arriba, sin importarme si las sábanas cubren ciertas partes de mi cuerpo.

Él ya las ha visto todas.

Castle sonríe y después coloca su mano sobre mi omoplato en una delicada caricia. Me encanta sentir sus ásperas manos – son ásperas a pesar de ser escritor – sobre mi piel.

-¿En qué piensas? – Pregunto cuando él vuelve a perderse en sus pensamientos.

-En nada – Miente tras aclararse la garganta.

-Esto, no es nada – Le aseguro, señalando la arruga que se forma en su frente cada vez que algo le preocupa.

Arruga que se ha acentuado con el paso de los años, pero que me resulta todavía más sexy que antes. Al igual que las canas que comienzan a sobresalir justo al lado de sus sienes. Aumentan su atractivo.

-Estaba pensando – Dice finalmente, adoptando la misma postura que antes – En nosotros.

Nosotros.

Me encanta que volvamos a ser un nosotros.

Sin embargo, sé que eso no es el foco de su preocupación así que me mantengo en silencio y espero pacientemente a que sea él quien lo diga.

-No sé cómo lo vamos a hacer – Dice tras suspirar de nuevo y retirar un mechón de pelo que caía sobre mi rostro – Realmente creo que podríamos hacerlo funcionar. Solo necesitamos hablar de ello, necesitamos hacer funcionar todo el tema de la distancia…

Me giro hacia él y miro sus resplandecientes ojos azules.

-No me importaría ir a Boston contigo, mi trabajo… Podría permitírmelo, pero Alexis…

-No quiero que vengas a Boston – Le digo, tal vez sonando demasiado cortante.

Puedo ver en su mirada que mis palabras le han herido, así que coloco una mano sobre su pecho e intento arreglarlo rápidamente.

-No quise decir eso, lo que quiero decir es que… Tengo que poner en orden mis pensamientos todavía. Yo… - Me muerdo el labio porque realmente no sé qué decir. He estado dándole tantas vueltas al asunto que me parece ridículo no tenerlo claro todavía.

-¿Tú estás cien por cien en esto, verdad? – Para colmo he sembrado las dudas en él.

Suspiro y me pego todavía más a él.

-Estoy contigo. Cien por cien – Le aseguro, tranquilizándome al ver el atisbo de una sonrisa asomar en su rostro – Pero no tengo claro sobre Boston… No sé si quiero volver.

-Kate, yo no quiero que te quedes aquí por mí. Estoy seguro de que podríamos hacerlo funcionar de todas formas, como te he dicho solo tenemos…

-Lo sé – Le corto antes de que continúe hablando.

A pesar de que el hecho de que crea que podemos funcionar a distancia, que él esté dispuesto a intentarlo, me parece adorable.

-Puede que haya llegado el momento de volver a la doce.

Su mano asciende por mi cuello en una caricia hasta quedar justo en mi nuca, donde me provoca una agradable sensación.

Estamos tan pegados el uno al otro que apenas tiene que hacer un esfuerzo para alcanzar mis labios y saborearlos entre los suyos.

-Sé que… si hubiese sido por ti…, nunca te habrías… marchado, pero…– dice entrecortadamente mientras desciende por mi cuello dejándome un camino de besos.

Sé que está a punto de decir algo romántico, pero a partir de este instante ya solo soy capaz de escuchar sus palabras en mi mente repetirse una y otra vez.

"Sé que si hubiese sido por ti, nunca te habrías marchado."

Nunca me habría marchado.

De haber sido por mí.

Es cierto. Si me marché fue porque mi padre orquestó todo con el objetivo de separarnos.

Pero Castle… ¿Lo sabe?

-¿Estás bien? – Pregunta con la voz ronca alzando la cabeza hacia mí después de ser consciente que no le estoy siguiendo el juego.

Presiono mi mano sobre su pecho y lo empujo levemente mientras me sumerjo en sus ojos tratando de encontrar una pizca de verdad.

Me incorporo, sentándome sobre la cama.

-¿Lo sabías? – Pregunto en apenas un aliento – ¿Lo has sabido, todo este tiempo?

-¿Saber qué? ¿De qué estás hablando, Kate?

Él alza su mano hacia mí e intenta retenerme a su lado, pero yo no soy capaz en este momento de modo que me levanto de la cama y comienzo a vestirme.

-Háblame, Kate ¿qué está pasando? – Él insiste después de haberse levantado también de la cama.

Su mano rodea mi antebrazo.

-Tú… ¿Sabías que fue mi padre quien me consiguió ese trabajo en Boston para separarnos?

Él desvía la mirada y es lo único que necesito para conocer la respuesta a mi pregunta. Me deshago de su agarre y también yo aparto la mirada para que no pueda ver la lágrima que desciende silenciosa hasta perderse al borde de mi cara.

-¿Qué importa eso ahora, Kate? – Pregunta él tratando de mantener un tono bajo de voz.

Es evidente que no quiere que Alexis nos escuche. Tampoco a mí me gustaría que eso ocurriese.

-¿Qué importa? Tú mismo lo has dicho. Yo no me hubiese ido.

Él se lleva las manos a la cara mientras que yo termino de colocarme los pantalones.

-¿Y qué vas a hacer? – Pregunta ahora en un tono molesto - ¿No lo vamos a hablar? ¿Te vas ir? ¿Vas a huir, otra vez?

Camino hasta la puerta conteniendo la rabia y me giro para mirarle antes de salir de allí con un portazo.

-Vete a la mierda, Castle.