El Alcohol del Valor

Era un día cualquiera en la ciudad de Tokio.

Nos situamos en un pequeño bar llamado ``Blue Parrot´´, donde dos jóvenes de diecisiete años y un señor de unos sesenta brindaban con sus copas celebrando el reciente éxito.

— ¡Felicidades joven maestro! — felicitaba Jii volviendo a llenar su copa — Gracias a usted anoche hicimos una gran caja, aunque la colaboración de la señorita Aoko como camarera fue también de gran ayuda.

— No creo que Aoko sea ni un poco culpable del éxito — rebatió el ojiazul negando con la cabeza — Con lo plana que está solo atraería a personas desesperadas por intentar ligar con alguien, ya que se equivocó en la mitad de los pedidos, eso sin contar las veces que se le cayeron.

No pudo reír su propia gracia por culpa de un golpe ocasionado por la joven nombrada anteriormente.

— ¡Ahoko! ¡Eso ha dolido! — exclamó, pero la chica le ignoró y siguió bebiendo su Martini sin alcohol — ¡Respóndeme! — aulló algo cabreado, no del golpe, sido de la ignorancia de ella.

— Jii sírveme otra copa, por favor — pidió la castaña al ex ayudante del difunto mago.

— ¡No me ignores!

— Señorita, siento decirle que aquí no nos queda más — anunció Jii — Aunque si el señorito me ayuda podría traer algunas botellas más de la bodega.

— Ni de broma bajaré a esa bodega polvorienta, no pienso pasar por esa experiencia otra vez — se negó Kaito cruzándose de brazos.

— Kaito…por favor…— articuló Aoko triste.

— ¿Ahora me hablas? Pues fíjate que…— habló, pero no pudo seguir al ver los tristes ojos azules de la joven, suspiró con pesadez antes de continuar — Esta bien, iré — declaró finalmente ocasionando que la chica pusiera de nuevo esa dulce sonrisa que el chico tanto amaba.

— Gracias Kaito — agradeció Aoko con felicidad notable en su voz.

Los dos hombres se despidieron temporalmente de la ojizazul, que algo aburrida por estar sola comenzó a curiosear por las estanterías donde estaban los licores.

Comenzó a apartar algunas de las botellas viendo las diferentes marcas de cada una.

Al cabo de un rato encontró una que hizo que una sonrisa se formara en su aburrido rostro.

``Al parecer si que quedaba una aquí´´— pensó felizmente, sabiendo que esa bebida era en ese momento únicamente para su disfrute personal.

Los que la chica no vio fue que a la etiqueta le faltaba algo. Faltaban esas letras doradas que decían ``Sin Alcohol´´.

Ella al no notarlo comenzó a servirse una copa tras otra hasta que finalmente el líquido se terminó.

Kaito y Jii en esos momentos llegaron por la escalera oculta detrás de las estanterías.

— Deberías limpiar el polvo ahí abajo. Eso es un criadero de ratas — manifestó Kaito algo enfadado.

— Lo siento joven maestro, pero si limpio a menudo corro el riesgo de romper las botellas. A lo mejor si usted y la señorita me ayudarán, podría…

— ¡Ni se te ocurra bajar a Aoko a ese infierno! — aulló fuera de si cortando la petición de Jii, que le miró algo temerario — Quiero decir… — intentó explicar al darse cuenta de su golpe de ira.

— Al parecer se preocupa mucho por la señorita Aoko…Joven maestro, ¿cuándo admitirá lo que siente por ella? — interrogó Jii a su ahora ruborizado compañero.

— ¡Yo no siento nada por ella! ¡Es solo mi amiga de la infancia! — gritó fuera de si, aunque él sabía que lo recién dicho era una pura mentira.

— Señorito, yo no nací ayer…Se puede notar desde lejos que usted siente mucho más por la señorita que un simple cariño de amigos.

— ¡Ya te he dicho que no! ¡Es más si por mí fuera no sería ni mi amiga! — exclamó con el tinte rojo tiñendo sus mejillas de la vergüenza que sentía al haber sido descubierto.

— Kaito…— escuchó decir por una tercera voz que no debería de haber escuchado eso último.

— Aoko…— pronunció dándose la vuelta encontrándose una imagen que le rompió el alma.

Aoko estaba apoyada en el dintel de la estantería con las mejillas sonrosadas y lágrimas que no dejaban de caer de sus húmedos ojos azules, ahora levemente hinchados.

— Kaito no me quiere — dijo a la vez que más gotas saladas se comenzaban a formar en sus ojos, mientras que sus labios dejaban escapar leves sollozos.

— No, no es así, yo te quiero mucho — habló intentando arreglar su metedura de pata — Eres mi mejor amiga, ¿cómo no te voy a querer?

— Solo soy tu amiga…— lloró dejando confundido al chico — Jamás podré llegar a ser nada más para ti.

— No te entiendo…¿Qué quieres que seamos entonces? — cuestionó curioso.

— Yo quiero…— empezó a decir.

— Joven maestro — interrumpió Jii dejando a medias la contestación de Aoko que Kaito esperaba impaciente — Mire lo que he encontrado junto a la copa de la señorita.

Kaito algo irritado por no haber oído lo que quería miró hacia donde estaba Jii, viendo como sostenía una botella vacía de licor, que en aspecto se parecía bastante a las que no tenían alcohol que él y Aoko estuvieron bebiendo antes.

— Al parecer la señorita Aoko ha estado bebiendo de esta botella, por eso tenía ese estado tan extraño cuando subimos. Cuando la vi, rápidamente me fui a buscar la razón dejándole a usted lidiando con que había dicho. Al buscar solo he encontrado esto, así que ahora iré por el coche y la llevaremos a casa joven maestro — explicó Jii ante la mirada del joven, para después dirigirse a la salida.

El joven miró la botella y después a la joven que se estaba acercando a paso inseguro a él, tambaleándose levemente a cada paso.

El ojiazul viendo que la posibilidad de que ella cayera era muy alta se acercó a ella y la sujetó de la cintura, atrayéndola a él para que no se cayera.

Pero ella después de sujetarse a sus hombros acercó rápidamente su rostro al de él y se besó suavemente.

Kaito interiormente se alegraba de que Jii no estuviera allí para ver eso, seguramente si lo viera en esa situación no dejaría de recordárselo de por vida.

Con fuerza tanto física como de voluntad, Kaito sujetándola por los hombros la separó de sus labios.

Al mirarla a los ojos, pudo ver como estos comenzaban a dejar caer pequeñas gotas saladas mientras inútilmente retenía sin éxito sus hipos.

— ¿Ves como no me quieres? — articuló tristemente — No me extraña, seguramente te guste Akako como a todos los chicos, después de todo ella es tan linda, tan inteligente, tan…

— ¡No me gusta Akako idiota! ¡La que me gusta eres tú Ahoko! — gritó con fuerza ya exasperado, interrumpiendo la enumeración de Aoko, para después mirar hacia el lado.

— ¿De verdad? — dudó con ilusión — ¿Me quieres Kaito?

— Mucho — contestó simplemente — Pero Aoko, tú estas con un algo grado

de alcohol, así que seguramente estás diciendo cosas sin pens…

— Kaito yo sé perfectamente lo que digo — articuló mirándole a los ojos — Así que bésame de una vez idiota, o lo haré yo — advirtió con sus mofletes aún teñidos de rojo por la bebida recientemente tomada.

— ¡No puedo hacer eso! ¡Me estaría aprovechando de…!

Aoko no había dejado que acabara de hablar, ya que antes se había lanzado a él y le había besado sin que él pudiera ni quisiera evitarlo.

Esa no era la Aoko de siempre. La Aoko de siempre no haría eso, es más no le tendría ni un poco de cariño, después de todo él siempre le jugaba bromas muy pesadas. Estos pensamientos no dejaban de pasar por la mente del joven mago que ya no tenía fuerza de voluntad suficiente para rechazar los besos de la joven a la que amaba.

Puede que todo eso fuera un engaño, pero era un hermoso engaño que disfrutaría mientras durara, estaba decidido.

Pero al finalizar ese pensamiento, la ojiazul cayó en sus brazos inconsciente, a la vez que se escuchaba el claxon de un coche que debía de ser el de Jii.

Al parecer el dulce engaño no había durado mucho a su pesar, así que cargando a su bella durmiente se encaminó hacia el vehículo.

Unas horas más tarde la muchacha despertaba en una cama que no reconocía como suya, aunque si conocía. Estaba en la habitación donde muchas veces de pequeña se quedó a dormir por el trabajo de su padre; Era el cuarto de Kaito.

No recordaba bien lo que había pasado, lo único que sabía es que la cabeza le dolía horrores. Aún con ese gran dolor comenzó a intentar recordar lo ocurrido. Recordaba que estaban todos en el ``Blue Parrot´´ hasta que Kaito y Jii fueron a buscar más botellas, pero ello encontró una…

Al fin después de mucho pudo recordarlo absolutamente todo, incluyendo su declaración, la de Kaito y todos y cada uno de los besos entre ambos. Como deseaba que todo eso no fuera una mala pasada de su mente, cosa que seguramente sería. Fue en ese momento cuando escuchó como alguien llamaba suavemente a la puerta.

No había que ser adivino para saber quien era la persona al otro lado de la puerta, así que después de sonrojarse levemente le dio acceso, debía de saber si lo que recordaba era verdad.

— Puedes entrar — dijo alto para que él pudiera oírla.

La puerta se abrió, dando paso al joven de pelo castaño alborotado y ojos zafiro con una bandeja cargada en sus brazos.

— ¿Cómo estas Aoko? — preguntó el muchacho sentándose en la cama donde ella estaba.

— Con un fuerte dolor de cabeza y sin saber si lo que recuerdo es real o no — admitió sonrojada por sus atenciones bastante raras en él.

— Ya hablaremos de eso después — dictaminó girando su cabeza con color en sus mejillas — De momento tómate estas pastillas, te ayudaran con la resaca — habló ofreciéndoselas para después levantarse con intención de irse.

— Espera, Kaito. ¿Tú y yo…etto…nos…nos?— intentó preguntar sin éxito a causa de la vergüenza.

— Nos besamos — declaró finalmente sin mirarla directamente — Se que en ese momento no sabías lo que decías ni hacías, así que por favor olvidémonos de todo eso, olvida mis palabras de ese momento.

— ¿Cómo quieres que haga eso si lo que dijiste era lo que más anhelaba escuchar? — interrogó a la vez que el joven se daba la vuelta con sorpresa e ilusión reflejados en sus ojos — Realmente te quiero Kaito — sonrió cerrando los ojos.

Antes de que pudiera abrirlos sintió unos labios presionando los suyos y unos brazos abrazándola por la cintura.

Realmente después de aquello tendría que replantearse la idea que tenía de que el alcohol era malo. Aunque pareciera mentira, gracias a ese líquido que desde siempre había odiado había tenido el valor necesario para declararse a su amigo de la infancia, eso sí, a cambió ganó un dolor de cabeza que duró un par de horas.

Pero por mucho que esa bebida hubiera hecho por ella, estaba segura de que no volvería a beber nada sin asegurarse de que llevara la advertencia de ``Sin Alcohol´´.