Celos

Caminaba enfadada por las calles junto a ese mago provocador de su estado. Este se sujetaba la mejilla con la mano, ocultando así la marca roja de su rostro.

El joven de cabello alborotado miraba a su novia con ojos de ternero degollado, pero esta cada vez que sus miradas se cruzaban volvía el rostro con mueca de enojo.

Varias veces el chico intentó crear una conversación, pero la chica lo ignoraba.

¿La razón? De solo recordarla el enfado volvía a ella con más fuerza. ¿¡Cómo diablos se le ocurría preguntarle el color de su ropa interior!? Pero eso no era todo, después de su evidente negativa, el muchacho después de suspirar levantó su falda, haciendo que su mano se impactara en su rostro, aunque él ya había conseguido su objetivo.

El día sería largo, eso era algo que ambos sabían, pero aún así el que menos ganas tenía de pasarlo separados era el ojiazul, ya que aquella castaña que fue su mejor amiga ahora le era indispensable. Era verdad que ya lo era en el pasado, pero desde que esa nueva relación surgió entre ambos le era imposible el simplemente no estar en sus ratos libres con la joven de ojos zafiros, el no besarla, abrazarla o simplemente hablar de cosas sin importancia.

Era demasiado sacrificio el verla y no poder acercársele por culpa de uno de los brutales enfados de la chica. Suspiró mientras se encaminaba a la azotea para comer su desayuno completamente solo.

Lo que no sabía era que una chica de la clase de al lado lo observaba fijamente, sabiendo ya de antemano que había tenido una pequeña discusión con Aoko, algo que podría utilizar a su favor, ya que aquella muchacha de ojos verdes hacía tiempo que sentía algo por Kaito Kuroba, dado el parecido que tenía según ella a su ídolo Kaito Kid.

Lo siguió lentamente, pero Aoko tampoco era desconocedora de las chicas que aún hoy día acechaban a su novio, especialmente de aquella rubia de la que Akako ya la había puesto al tanto. La pelirroja llegó a comprender que Kuroba no sería suyo cuando vio que ella misma no tenía sentimientos por el castaño, aunque aún así no pensaba permitir que nadie que no fuera Aoko lo tuviera. Si no había sido de ella por la ojiazul, tampoco sería de nadie más.

Aoko subió las escaleras apresuradamente llegando algunos minutos después que la otra chica. Se escondió tras la puerta y vio como Kaito rechazaba a la chica con un gesto de mano e intentaba levantarse.

— ¿¡Cómo puedes ser tan idiota Kuroba!? — aulló la de pelo claro tomando el brazo del ojiazul.

— ¿Te importaría soltarme? No tengo ganas de discutir con alguien sobre algo que todos ya saben. Amo a Aoko — reveló haciendo que la muchacha escondida se sonrojara, ya que jamás había dicho que la ``amaba´´, cosa que siempre le dolió — Amo a mi cabezota, bajita, gritona e hiperactiva novia, así que deja ya de arrastrarte por favor — pidió intentando soltarse de su agarre.

A la castaña le salió una venita en su frente al escuchar los adjetivos con los que su adorado novio la describía, así como también comenzaba a tener algunos celos, ya que la atención del otro estaba en la rubia.

Con un fuerte enfado abrió la grisácea puerta viendo la reacción extrañada de los dos, y con paso rápido se acercó hasta posicionarse justo en frente de su mago, para de pronto tomarlo del cuello depositando un apasionado beso en sus labios ante la mirada de ira de la otra joven y la sorprendida de Kaito.

— Kaito Kuroba es solo mío, ¿me oyes? — habló cuando al fin se separó del chico que aún la miraba con sorpresa.

La de ojos verdes la fulminó con la mirada, y después de dar un último vistazo a Kaito salió de allí con el ego por las nubes.

El ojiazul formó una sonrisa pícara y le robó un beso a la joven sin que esta lo previera.

— No tienes que estar celosa Ahoko — le dijo aún teniendo la cabeza de la joven cogida con su mano — Sabes que yo solo te quiero a ti, y tu lo has dicho. Soy solo tuyo, pero…Eso significa que tú también eres solo mía, ¿sabes que significa eso?

La joven, que aún sentía la cólera en su cuerpo se reprimió maestramente las ganas de estrellarle una fregona en la cabeza a ese payaso que tenía por novio.

— Por cierto…Ponte la próxima vez las blancas, sabes que me gustan más — comentó huyendo del lugar, haciendo que la joven al reaccionar lo siguiera enfadada, aún sabiendo que no lo querría igual si no fuera así.

Lo amaba tal y como era, aunque eso no quitaba que se fuera a llevar un golpe por lo último dicho.