Malentendido
Varios ruidos ensordecedores se oían por toda la pequeña clase, que en aquellos momentos se había convertido en un campo de guerra.
¿Qué ocurría?
Era simple.
Todo se remontaba a unas horas antes…
— Aoko, es imposible que encontremos que hacer para el festival en dos horas — manifestaba nerviosa la joven de cabello claro y ojos miel.
— No me pongas más nerviosa Keiko — pedía la ojiazul dando la cara a la chica, mirando a todos sus compañeros — Tuvimos varias ideas, pero todas de algún modo han sido rechazadas por el director.
— Las ideas eran muy cutres Nakamori, admítelo — dijo de pronto una pelirroja que era rodeada por varios de sus fans.
— Akako tiene razón — hablaron a coro los hombres a su alrededor.
Aoko se llevó las manos a la cabeza. No tenían tiempo, y al parecer, Akako hoy venía con ganas de llevarle la contraria por alguna razón que aún no llegaba a comprender.
— ¿Qué sugieres tú Akako? — preguntó sonriendo amablemente. Por mucho que esa chica intentara hundirla, ella no podía sino sentir aprecio por ella.
— Un juego de pistolas láser — respondió dejando boquiabiertos a sus compañeros, a los que la idea pareció gustarles mucho.
— Pe-Pero…No tenemos el material, y es difícil conseguirlo en tan poco tiempo — rebatió Aoko, a pesar de saber lo buena idea que era.
— Yo puedo conseguirlas si queréis — anunció una voz en el fondo que ambas jóvenes conocían muy bien.
Sentado en su pupitre estaba un chico castaño con cabello revuelto y ojos azules, que desinteresadamente miraba por la ventana.
— ¡Eso sería estupendo Kuroba! — gritó la de ojos rojos tirándose al cuello del mago, dejándolo caer en el momento.
Aoko apartó la vista de esa imagen. Le dolía ver a esos dos tan cerca, porque ella…Ella también amaba a Kaito. Al igual que Akako ella tenía sentimientos que iban más allá de una amistad con el ojiazul. Pero…tampoco es que fuera a ser correspondida.
— Esta bien Kaito. Consíguelas por favor, te lo encargo — recitó la joven para después salir del aulario sin dirigir la vista a la ``pareja´´.
Después de aquello, Kaito se separó de la bruja en cuanto pudo y mandó a alguien a por el material necesario, mientras Aoko, junto con Keiko obtenían al fin el permiso del director, en todo momento pudiendo Keiko ver como su amiga llevaba una mueca de tristeza en el rostro.
Finalmente, cuando todo estuvo listo se decidió que la clase entera haría primero una práctica para asegurar que todo fuera a ir bien, aunque lo que de verdad quería era divertirse ellos también un poco.
— Muy bien, creo que como persona que dio la idea tengo el derecho de elegir equipo — comentó Akako, afirmando todos con la cabeza — Muy bien, yo iré en el equipo que liderará Kuroba — manifestó tomándolo con fuerza del brazo, para después dirigir su mirada triunfante a Aoko — Y tú Nakamori, liderarás el otro.
Ese fue el dictamen de la pelirroja. Y así fue como comenzó aquel juego.
Aoko se había movido por todo el campo enemigo. Era competitiva, y aunque sabía que allí podría encontrarse con lo que no quería ver, fue. Necesitaba demostrar a todos la madera de la que estaba hecha. No pensaba permitir que Kaito ganara aquello.
Bajó la cabeza y se acurrucó en un rincón. Una de las tácticas del juego era camuflarse.
— Son blancas — oyó decir a una voz a la vez que sentía su aliento en su oreja. La perteneciente a la persona dueña de su corazón, que poco a poco ya empezaba a desquebrajarse. A la vez que él la acorralaba — ¿Qué te ocurre? Normalmente ya me habrías estampado una fregona en la cabeza, o en este caso, una pistola.
— Simplemente que estoy en un juego Kaito — contestó desviando la cabeza.
— Aoko, te conozco desde hace años. Ni de broma esa respuesta colará conmigo.
— Déjame en paz sino quieres que te elimine — susurró dirigiendo su vista llorosa al mago al ver que no se iba — Vete. Seguro Akako te estará buscando para que os divirtáis.
— ¿Acaso crees que me importa estar con Akako o no? — cuestionó encerrando a la joven entre la pared y él aún más.
— Claro que te importa. Después de todo la has apoyado a ella más en un día que a mí en dos semanas, además…— parloteó rápidamente, hasta que los labios del castaño interrumpieron su perorata.
— La que me importa eres tú— admitió acariciando la mejilla de la chica, para después depositar un beso rápido en sus labios ante sus sorpresa — No he apoyado a Akako. Es mas, lo hice para salvarte el cuello…Y ahora que todo está aclarado,¿no crees que es hora de acabar esta guerra? Como capitanes debemos velar por nuestros hombres…y mujeres — musitó riendo viendo la reacción de ella.
— E-Etto…S-Sí — afirmó la chica sin aún creer lo que acababa de ocurrir…
— Así me gusta — murmuró comenzando a acercar sus labios hasta los de la castaña, uniéndolos ante la sorpresa de ella, que a pesar de todo aceptó aquel dulce y lento beso que tanto había soñado, el verdadero. El que según Kaito marcaba el fin de aquella guerra.
Desde una esquina, una joven pelirroja observaba la escena con dolor en sus ojos, para después sonreír, aceptando su derrota.
— Finalmente me has ganado, Aoko Nakamori. Kaito Kuroba es tuyo — pensó viendo como al fin aquel juego acababa, a la vez que una nueva pareja surgía.
