¿Te volveré a ver?

Alternaba su vista entre su reloj y la entrada al aeropuerto. ¿Acaso ella no vendría a despedirse?

Bajó la cabeza, no podía reprocharle por ello. Después de todo para ella ya no debía ser una persona importante en su vida, después de todo estaba enamorada de aquel rubio ¿no?

Era verdad que no llegó a escuchar su contestación, pero su rubor no mentía, ella le quería. Tardó demasiado, fue su culpa por no intentar ganarse su amor, sino, a lo mejor…Miró con pesar aquello que sostenía en su mano. Aquella pulsera que la joven le hizo cuando aún eran pequeños. Normalmente no la llevaba para que ella no sospechara, pero la guardaba como el mejor de los tesoros.

La última llamada sonó por los altavoces. Miró por última vez hacia la puerta y tomó su bolsa. Sonrió. Fue una ilusión ilusa guardar la esperanza.

— Kaito — pronunció una voz desde su espalda. Aquella voz.

Dio una vuelta apresurada y la vio allí, tan frágil y desamparada que le daban ganas de abrazarla y no soltarla, secuestrarla y llevarla con él en su gira. Pero no debía ser egoísta.

— Hola Aoko — la saludó casualmente.

— ¿Por qué no me dijiste que acertaste la oferta? — cuestionó mirándole con ojos llorosos — Somos amigos desde siempre, creo que al menos me merecía eso.

— No quería que quitarás atención a ese rubio…¿Cómo se llamaba? — interrogó intentando cambiar de tema a uno que de verdad le dolía.

— Keitaro — respondió simplemente — Por si no lo sabes le rechacé. Desde entonces no quiere ni verme.

— ¿Po-Por qué hiciste tal cosa? Creí que te gustaba — musitó haciendo que la joven se sonrojara.

— Jamás he sentido nada por él. A mi me gusta otra persona desde hace tiempo — contestó creyendo que toda su sangre se estaba yendo a su cabeza.

— ¿No te has declarado? Creo que es eso lo que deberías hacer — habló desviando la vista.

— ¿Y si me odia por ello y no me vuelve a hablar?

— Si hace eso es que es imbécil — respondió dejando boquiabierta a la chica que con una sonrisa se acercó hasta él y le abrazó con fuerza — ¿Aoko?

— Eres un idiota Kaito — murmuró aferrándose a él.

— ¿¡Pero que hice ahora!? — interrogó extrañado devolviéndole el abrazo acariciando su cabello.

— Recordarme por qué estoy tan perdidamente enamorada de ti mago idiota — confesó cruzando su miradas, la de ella temerosa y la de él sorprendida.

— ¿C-Cómo? — cuestionó sin creérselo — Aoko más te vale que esto no sea una broma.

— N-No lo es — negó siendo tomada suavemente por el mentón mientras el ilusionista se acercaba a sus labios.

— Te amo idiota — reveló juntando finalmente sus labios en lo que él sabía que sería una despedida. No eterna pero que los mantendría lejos por un tiempo.

La amaba, eso ya no era un secreto. Pero sabía que no se la merecía, por ello lucharía para poder tenerla siempre a su lado. Volvería a por ella y se la llevaría para siempre con él, pero de momento esa era un despedida. La despedida más triste para ellos, pero que sabiendo que se volverían a ver no temían a nada.

Porque se amaban, aquella historia de amor no terminaría allí.