*Londres, 1801*
En plena oscuridad de la noche, un hombre se encontraba parado observando la lápida de una tumba en un cementerio. Era moreno, llevaba gafas, y era de complexión robusta. Lo curioso de aquella tumba es que había dos nombres, pero la tierra recién cavada dejaba ver que solo habían metido un ataúd. Entonces el hombre se dio la vuelta, con un aura de tristeza, mientras ocultaba su rostro con las solapas de su abrigo. Varias horas después, en el puerto, aquel mismo hombre se encontraba en un camarote de primera clase de un barco velero. Sentado en un sofá, observaba varios papeles anotando fórmulas químicas. En ese momento alguien llamó a su puerta. Esto le extrañó enormemente. Nadie sabía que iba a ir en ese barco. De hecho, subió con una identidad falsa.
-U-un momento.-dijo el hombre poniéndose de pie.
Cogió su chaqueta para ponérsela, y con la mano derecha apretaba un frasco con un líquido extraño en el bolsillo de esta. Temeroso, entre abrió la puerta, para poder ver. Dos hombres vestidos elegantemente le aguardaban a la salida.
-Perdone que lo molestemos a estas horas, señor. Pero mi compañero y yo necesitábamos hablar con usted.
Antes de que su compañero pudiera decir nada, el hombre les interrumpió de forma abrupta.
-Escúchenme claramente, si ustedes saben quien soy, sé muy bien lo que buscan de mi. Y ya puedo decirles de forma clara y concisa, que no voy a entregarles lo que buscan.
Ante aquella respuesta tan severa, el primer hombre, soltó un suspiro, y se dirigió a él.
-Ni siquiera ha escuchado nuestra propuesta, y ya se niega. De acuerdo, doctor. Quise ser amable, pero no nos deja opción.
El hombre en el camarote cerró la puerta de golpe, mientras aquel hombre golpeaba la puerta.
-¡Mierda! Te dije que era inútil, tuvimos que usar la fuerza desde el principio.-dijo sacando un revolver de su chaqueta.
Había dos cosas curiosas acerca de esa arma. Una, que no debería haberse inventado hasta dentro de 80 años, y la otra era el símbolo marcado en la empuñadura: una pequeña calavera con tres cuencas atravesada por un cuchillo.
-Aparta.-dijo el hombre con el revolver volando la cerradura de un disparo.
Ambos entraron, y descubrieron que aquella habitación tenía dos puertas. La que daba al exterior del barco por la que entraron ellos, y otra que daba a un pasillo en el interior del barco.
-Maldición, se va a escapar.
Ambos sujetos salieron corriendo por allí, y en cuanto se marcharon, el hombre al que buscaban salió de detrás del sofá, cogió el maletín, y salió por la puerta por la que sus asaltantes habían entrado. Se preparó para volver a la escalerilla por la que había subido junto al lateral de la nave, para descubrir no solo que ya no estaba, sino ver como el barco se alejaba del puerto. Antes de poder pensar en otra solución, vio a los dos hombres correr hacia él desde popa. Comenzó a huir en la dirección opuesta, pero cuando llegó al final de la proa, vio a un hombre sujetando dos espadas. Intentando frenar, resbaló en el piso, y cayó al suelo, viendo como aquel hombre se acercaba con paso firme y seguro. Sin ninguna opción, cogió la botella de su bolsillo, y se dispuso a arrancar el tapón con los dientes para beber el líquido. Pero cuando el hombre se colocó junto a él, esperando su ataque...
-Póngase detrás de mi y permanezca agachado.
Lo pasó de largo, y confrontó a sus perseguidores. Ambos se detuvieron, y le apuntaron con sus armas, a una distancia prudencial.
-Nunca traigas espadas a una pelea con pistolas.-dijo uno sonriendo.
-No se trata del arma si no de la habilidad.-dijo con seriedad.-Me gustaría haceros una pregunta.
-No tenemos tiempo para esto, ahora apártate o...
-Antes de que las balas salgan de los cañones de vuestras armas, ya os tendré ensartados. Así que será mejor para todos que...
¡BLAM! ¡BLAM!
El hombre con el frasco quedó sorprendido al ver a esos hombres siendo atravesados por las espadas, antes de que el eco de los disparos cesara. Ambos cayeron al suelo aún ensartados por ellas, y el desconocido se le acercó mientras se ponía en pie.
-Sabe quien soy, ¿no?-le el doctor dijo al desconocido.
-En efecto, señor. Y se porque huye.
-No voy a confiar en usted tan fácilmente.
-No le pido que lo haga. Escúcheme, hay más hombres como esos en el barco. En cuanto encuentren los cuerpos vendrán por usted, así que será mejor que venga conmigo, y le explicaré mis motivos. Si no le convencen, será libre de marcharse. ¿Qué me dice?
Miró los cadáveres, al desconocido, y luego al bote de emergencia a su lado fuera del barco, colgando de las cuerdas que deberían bajarlo. Al final solo suspiró, y alzo la vista con una mirada de incertidumbre.
-De acuerdo. De todas formas las cosas no pueden empeorar para mi.-dijo sin más.-¿Podría decirme su nombre?-subiendo con cuidado al bote.
-Solomon.-dijo recogiendo las espadas, mientras comenzaba a montarse un alboroto en cubierta.-Un placer conocerle, Dr. Jekyll.-subió al bote.
-Por favor, llámeme Henry.-miró al frasco en su mano mientras lo apretaba.-Pero al otro puede llamarlo Edward.
Solomon cortó las cuerdas de un tajo con ambas espadas, haciendo que el bote cayera de golpe al agua.
Tsukune comenzó a despertar. Se sentía mareado y débil.
-No deberías haberles enviados solo a ellos.
Escuchaba a dos personas hablar, y comenzó a perfilar sus figuras mientras abría los ojos.
-Relájate. Han cumplido el objetivo, ¿no?
-Sí, pero sus ordenes eran esperar a mi llegada para intervenir. Solo han tenido suerte. Por su culpa la misión entera podría haberse ido al garete.
Tsukune abrió los ojos por completo. Frente a él, había dos hombres. Un hombre gordo y calvo de traje, con una edad de aproximada de 50 años, y delante, a otro con el pelo blanco, pantalones y botas militares, y camiseta básica, de unos 30 años.
-Admítelo, Marcus. Lo que a ti te molesta es no haber podido probar tus habilidades contra él.
Antes de que pudiera responderle, se vieron interrumpidos por Tsukune.
-¿Quienes sois?-dijo en un tono débil. Sentía que apenas podía mantenerse consciente.
-Vaya, es más fuerte de lo que pensaba.-decía el trajeado.-Pensaba que con toda la sangre que le sacamos no despertaría.
Tsukune miró a un lado y vio que estaba encadenado a una cruz metálica por muñecas y pies. Varios tubos salían de sus brazos con un espeso liquido rojo y se conectaban detrás de dicha cruz.
-¿Q-Quienes sois vosotros?-dijo intentando moverse.
Al notar esto, el militar lo agarró por el cuello con una mano y le estrelló la nuca contra la cruz, sujetándole la cabeza contra ella.
-¡Maldita sea, Dimitri! Te dije que te aseguraras que no despertara.-decía apretando el cuello del vampiro.
-No te preocupes, tiene fácil solución.
El hombre sacó su móvil, y con un movimiento de pulgar sobre la pantalla, los tubos comenzaron a sacar más sangre. Haciendo que durante un instante Tsukune se retorciera por el dolor, pero luego volvió a notarse adormilado hasta perder la conciencia.
-No nos hemos tomado tantas molestias en capturarlo como para que ahora se nos escape.-decía Dimitri dándose la vuelta.
-Pero lo mejor será que pongamos a alguien vigilando durante el viaje.-dijo Marcus siguiéndole.
Ambos salieron de un contenedor de mercancías rojo. Marcus cerró las puertas y puso una barra de acero para sujetarla. A un lado de la puerta podía verse un símbolo en negro dentro de un círculo. Una calavera con tres cuencas atravesada por un cuchillo. Siguió a Dimitri por los contenedores, mientras el gran barco de transporte avanzaba por el mar, sin sospechar el verdadero contenido que uno de sus clientes había catalogado como aparatos médicos.
-¡Vamos, vamos, daos prisa! Deberíamos habernos ido hace dos horas.
Varios hombres de uniformes de negro movían cajas metiendolas en furgonetas. Salían de un almacén en la noche. Eran uniformes militares, pero se asemejaban a armaduras con diseños de antidisturbios. Con un símbolo de una calavera con tres cuencas atravesada con un cuchillo en el brazo, en blanco. Cuando terminaron de cargar, la penúltima furgoneta se marchó. Ahora solo quedaban cinco soldados junto a la última.
-Bien, ya hemos terminado. Montad y larguémonos ya.-dijo un hombre.
Dos se pusieron de piloto y copiloto mientras los otros subían detrás. Pero cuando el último estaba punto de subir, se detuvo, y giró la cabeza atrás observando el almacén a oscuras, ya que la única luz encendida era la de los faros del vehículo.
-¿Ocurre algo señor? -dijo uno en la furgoneta.
El hombre se giró hacia el almacén, y levantó su arma, avanzando unos pasos al interior. Solo apuntó a la oscuridad, con una linterna bajo el cañón encendida.
-Smith.
-¿Señor?-se bajó de la furgoneta.
-Pasarela superior, visión nocturna. Cúbrenos.
-Sí, señor.
Cogió un rifle de francotirador, y subió por unas escalerillas. Los otros tres soldados se bajaron de la furgoneta, y comenzaron a avanzar en la oscuridad, cubriendo todos los ángulos, únicamente con la iluminación de las linternas. Tras media hora de búsqueda, escucharon un golpe, y se giraron para ver a uno de ellos tumbado en el suelo, con una enorme palangana sobre su cabeza. De inmediato todos comenzaron a disparar al techo.
-¿Una bruja?-dijo uno.
-Una bruja.-respondió su jefe. -Smith, ves algo.-pero solo oía estática.-¿Smith? Mierda.
No notó cuando se metió en un charco formado debido a los agujeros del techo. Antes de darse cuenta, se encontraba atrapado de cintura para abajo, en un bloque de hielo, y con los brazos inmovilizados.
-¡Señor!-gritaron ambos soldados al unisono.
-¡Eh!-se oyó un grito en las sombras.
Apuntaron hacía la oscuridad, viendo solo a Kurumu, que los miró fijamente. Tras unos segundos, ambos dejaron caer sus armas encandilados por la súcubo, cuando desde atrás, y de una sola patada, Moka derribó a ambos. El hombre atrapado en el hielo solo forcejeaba cuando vio una luz en el aire iluminando la zona, y a cuatro estudiantes de la academia de monstruos frente a él.
-¿Dónde está Tsukune?-decía Kurumu de forma seria, siendo la primera en hablar.
-No pienso deciros nada, niñas.-dijo el hombre serio.
-No estás en posición de negarnos nada.-dijo Moka agarrándole el rostro.
-Y vosotras no tenéis idea de donde os estáis metiendo. Habéis llegado hasta aquí siguiendo el rastro de vuestro amigo el traidor, ¿cierto?
-¿Traidor a que?-preguntó Moka alzando la ceja.
-A la humanidad.
Las chicas se quedaron pensando durante unos momentos.
-¿No sois de Fairy Tale?-preguntó Mizore.
-¿Tengo pinta de ser uno de vosotros, abominaciones?
-¿Abominaciones?-se acercó Kurumu algo alterada.
-Este mundo pertenece a la humanidad, es el legado de la humanidad, y no pensamos permitir que nos lo arrebatéis. No, señor.
Antes de que ninguna pudiera recriminar nada, Moka notó como el hombre pasaba la lengue insistentemente entre los dientes. Y antes de que pudiera reaccionar, un crujido en su boca, y un montón de espuma, dejaron las evidencias de la cápsula de cianuro oculta en su muela falsa. Moka y las demás se quedaron sorprendidas por la serenidad que mostró en todo momento durante la conversación y su muerte. Yukari se quedó observando a los soldados inconscientes a su alrededor.
-Todos ellos son... ¿humanos?-decía algo extrañada.
-Pero entonces, ¿fueron ellos quienes capturaron a Tsukune? ¿Cómo es posible?-decía Kurumu.
-Los vampiros son una de las clases de monstruos más poderosos que existen. ¿Cómo es posible que los humanos tengan la fuerza y la determinación necesarias para hacerlo?-decía Mizore.
Todas se quedaron en silencio aún más confundidas de lo que ya estaban.
-Yo siempre me he preguntado...-comenzó a decir Yukari, haciendo que sus amigas miraran hacía ella.-Obviamente lo monstruos son más poderosos que los humanos. Al menos, las clases de niveles medios y altos. Pero, sí así es, ¿porqué al final fueron los humanos los que se hicieron con el control del mundo? ¿Porque no se convirtieron los monstruos en la clase preponderante?
-¿A que quieres llegar con esto?-le preguntó Mizore.
-Quiero decir, ¿y si algunos humanos eran más conscientes de nuestra existencia de lo que creíamos?-dijo ella pensativa.
-No creo que posea mucha relevancia ahora.-dijo Kurumu.-Tras Alucard, todo el mundo es consciente de nuestra existencia. Ahora mismo no...
-¡Chst!
Se giraron, para ver a Moka con el casco del soldado muerto puesto.
-Moka, ¿qué ha...?
La interrumpió con la mano, mientras que con la otra sujetaba el casco. Aparentemente, el casco incluía un auricular de comunicaciones. Las preguntas entre las alumnas de la academia Youkai seguían. ¿Quienes eran estos hombres? ¿Porque iban equipados como si fueran preparados para una guerra? Y lo más importante, al menos para ellas, ¿qué querían de Tsukune y adonde lo llevaban? Tras unos minutos, Moka se quitó el casco.
-Tengo otra pista. Un barco, pero va a zarpar dentro de poco. Debemos darnos prisa en llegar al puerto.-dijo encaminándose a la salida.
-Moka, espera.-dijo Kurumu interponiéndose en su camino.-Obviamente aquí pasa algo muy extraño. Quizás deberíamos ir a la academia para informarles de lo que sabemos, y puedan ayudarnos.
-O pueden que sepan tanto como nosotras, y perdamos por completo el rastro de Tsukune. No tenemos mucho tiempo que perder, pero si quieres volver,no te detendré. Pero no me detengas a mí.
La apartó de un empujón. Las demás dudaron unos momentos, preocupadas por su actitud. Aunque lo disimulaba muy bien, se le veía preocupada por Tsukune. Casi temiendo por él. Y teniendo en cuenta todo lo ocurrido últimamente, bien hacían en estarlo. Pero eso no significaba que quizás eso pudiera hacer que se precipitasen. Al final Kurumu desoyó a su sentido común, y decidió seguir a su amiga, en un estado parecido al suyo. Al final Mizore y Yukari se vieron obligadas a hacer lo mismo.
-¿Qué fue lo que escuchaste exactamente?-le preguntó Kurumu colocándose a su lado.
-Tienen su propio barco para transportar a sus hombres y sus equipos, pero decidieron sacar al vampiro humano a escondidas en un barco de mercancías. No lo entiendo.
Había una moto aparcada tras el almacén. Sobre el asiento un casco negro, y su dueña, con una chaqueta con una serpiente alada en la espalda, apoyada en ella. Las sombras ocultaban su rostro. Frente a ella, se encontraba parado el mismo soldado que había subido a la pasarela, con el mismo rifle de francotirador.
-Sospechaban que nosotros también andábamos tras su pista, así que tomaron precauciones por si decidíamos intervenir. Lo malo es que el destino de su barco y el del mercancías son distintos. Así que o bien apretamos algunas tuercas a los cazadores, o cruzamos los dedos y rezamos porque Thane sea capaz de recuperar su rastro.-decía el soldado.
-Sigh, tantos recursos usados para nada. En fin, ahora solo nos queda esperar a que Henry se ponga en contacto con nosotros, y nos de las ordenes del jefe.-dijo cruzándose de brazos.
-Como sea, seguiré con los ojos abiertos.-dijo dándose la vuelta para encaminarse hacía el almacén.-Por cierto, buena distracción la de dentro. Ahora mismo deben estar tan ocupados buscando tu rastro que no habrán reparado en mi ausencia.
-¿Distracción?-el soldado se detuvo y miró hacía ella.-¿Qué distracción?
