Patito

Era un día cualquiera, en un barrio cualquiera, pero con una pareja algo especial.

En aquella jornada habían terminado su mudanza. Al fin, después de muchos años de noviazgo habían alquilado su primer piso, un pequeño nidito de amor — más bien enano — que para ellos era suficiente.

Las sonrisas no se iban de sus rostros mientras desempacaban caja por caja, riendo por cada objeto lleno de recuerdos que sacaban de ellas.

— Ey Kaito, ¿recuerdas esto? — entonó la chica tomando con delicadeza un antiguo patito de plástico con el que jugaba cuando era pequeña en su bañera.

— ¿No es el Señor Golosón? — cuestionó divertido ante el recuerdo de aquellas tardes en las que él molestaba a Aoko arrebatándole su querido juguete debido a los celos de que fuera su compañero de baño.

— Sí — rió — Aún sigo sin recordar la razón de su nombre.

— ¿No sería porque a alguien le encantaban los dulces y echaba a otro la culpa cuando desaparecían? — preguntó mirándola con la ceja alzada — Porque al menos desde que nos conocemos me culpabas a mí. A lo mejor antes lo culpabas a él.

— Puede ser — actuó meditar conteniendo a duras penas las risa que pugnaba por salir de su boca.

— ¿Sabes? Se me ha ocurrido una idea — habló el castaño tomando el juguete en sus manos.

— La última vez que dijiste eso casi quemamos mi casa con las dichosas velitas que insististe en colocar — le recordó dirigiendo su vista hacia una de las velas que no utilizaron y que hacía un rato sacaron de la caja.

— Esta vez no incluirá fuego, aunque sí agua — sonrió con perversión logrando que un cosquilleo recorriera de arriba abajo a la mujer frente a él — Voy a llenar la bañera.

— ¿La bañera? — repitió sin entender que idea descabellada pasaba por la cabeza del mago.

— Que yo sepa sin bañera no nos podemos bañar con Golosón — comentó enseñando al patito.

— ¿Cómo que nos? ¿Quién ha dicho que quiera bañarme contigo? — interrogó con una sonrisa ladina.

— Me lo dice el que siempre que puedes te metas en mi ducha cuando yo estoy en ella — sonrió con confianza.

— Tú ganas…esta vez — admitió sonrojándose al ver esa sonrisa de satisfacción en el rostro de él.

El joven se dirigió al baño y comenzó a llenar el recipiente de agua templada. Al ser verano no era buena idea elegir el agua caliente como opción, menos si esa tarde habían estado varias horas bajo el sol abrasador.

Cuando hubo acabado de llenarla se desvistió con rapidez y se metió en la tina junto al juguete, llamando segundos después a su novia.

— Veo que no pierdes el tiempo — sonrió divertida abrazando su cuello sin meterse en el agua.

— Tú deberías hacer lo mismo y meterte antes de que lo haga yo.

— No sé. Sería divertido dejarte aquí bañándote a solas con el patito — murmuró en su oído.

— Sería mucho más divertido contigo dentro, y lo sabes. Así sería diversión para ambos.

Con un suspiro de resignación la chica se dirigió a su habitación para desvestirse. A pesar de estar acostumbrada a estar desnuda junto a él, seguía prefiriendo que el no la viera quitarse la ropa. Algún día estaba segura de que eso cambiaría, pero por el momento prefería seguir con sus costumbres.

Al acabar se dirigió al baño liada en una toalla que después utilizaría ella para secarse, y con otra en las manos, ya que conociendo a su despistado novio seguro que se le habría olvidado.

Al llegar notó que Kaito no la había oído, ya que este estaba con la cabeza hacia atrás y al parecer muy relajado. Haciendo el menor ruido posible colocó ambas toallas en un lugar donde no se mojaran y seguidamente se introdujo con rapidez en la bañera quedando frente a Kaito que en cuanto la notó abrió los ojos de golpe.

Sonrió contento al verla junto a él.

— Date la vuelta Aoko, te voy a lavar la espalda — avisó el chico mientras la ojiazul hacía lo que le pedía. Era una costumbre que habían ido cogiendo, algo que hacían cada vez que se bañaban juntos.

El joven cogió una pequeña esponja y comenzó a limpiar a Aoko en la espalda. En un momento dado pudo notar una pequeña marca en ese lugar.

— Hey Aoko, ¿de qué es esta marca? — interrogó curioso ya que la forma le era bastante conocida.

— ¿No lo sabes? Que extraño ya que fuiste tú quien me la hizo mago ninfómano — sonrió sacándole la lengua en un gesto infantil.

— ¡No lo soy! — exclamó inflando sus mejillas.

— Oh, sí que lo eres.

— Si lo fuera ahora mismo deberías tener terror, ¿no te parece? — sonrió macabramente dando un beso en el lugar de la marca — No creo que estar con un ninfómano en una bañera sea seguro, ¿no?

Aoko sonrió dando la vuelta, quedando de nuevo cara a él.

— No creo que para mí sea peligroso. Además, ¿quién te dice a ti que tú no tienes marcas en la espalda? — carcajeó viendo como el mago en un abrir y cerrar de ojos se levantaba y se dirigía al espejo a cerciorarse de lo dicho por ella.

— ¿¡Se puede saber cuando demonios las hicistes!? — se sorprendió mirando a la chica que lo miraba con autosuficiencia.

— A ver si te crees que eres el único que disfruta de nuestros momentos íntimos — rió mientras tomaba al patito que aún seguía en el agua — Me parece a mí que en estos momentos el Señor Golosón sobra aquí.

Kaito sonrió con picardía, no había que ser muy listo para saber lo que allí iba a ocurrir, y sin duda él lo disfrutaría de principio a fin.