El capítulo más largo hasta el momento. He de decir que este es el fic para el cual más ideas tengo, y que posiblemente sea el más largo que haga. Y también he de decir que a partir de ahora publicaré más a menudo, y que estoy abierto a sugerencias. Me estoy pensando lo de los centinelas, y el DRY. ;)

Por ahora, disfrutad del capítulo y decidme que os parece.


*1803, Círculo Polar Ártico*

Un barco se movía como podía en dirección Sur. No habían cumplido su meta, llegar al norte magnético, pero no fue por los mismos motivos que otras expediciones anteriores se retiraron. Estos exploradores habían encontrado algo que pocas personas conocían. Tras terminar de escribir la última carta a su hermana, el capitán Robert Walton se preparaba par salir de su camarote. Estaba desolado por la muerte de aquel hombre al que consideraba su amigo, y por lo perturbador de la historia que le relató. Pero lo peor fue cuando todo lo que le había contado se mostró como real cuando la creación de la que le había hablado, vino a reclamar su cuerpo. Nada más poner la mano en el pomo de la puerta, notó un crujido a su espalda, y se giró alertado.

-¿Hay alguien ahí?

Por un momento pensó que a lo mejor la criatura había vuelto. Pero entonces se fijó en algo extraño. Estaba bastante seguro de no haber dejado la silla separada de la mesa. En esas cosas era bastante ordenado. Se acercó a colocar la silla en su sitio sin darle la mayor importancia, pero...

-¡Ouch! ¡Cuidado, hombre, que estaba sentado encima!

De inmediato se sobresaltó. Había notado el peso en la silla, y luego un empujón. Pero ahí no había nadie.

-¿Quién es usted? ¡¿Dónde se esconde?!-dijo cogiendo un cuchillo de la mesa, y apuntando a la nada con él, mientras sudaba frío.

-Estoy enfrente suya. Oiga, tranquilícese. No quiero hacerle daño.

De repente el cuchillo de su mano le fue arrancado, y lanzado contra una esquina de la habitación. El hombre se quedó apoyado contra la pared, y se llevó una mano a la frente. Se quedó tumbado en el suelo, mientras intentaba relajarse.

-Había...-tragó saliva, mientras intentaba seguir hablando.- Había oído rumores... leyendas urbanas... cuando estaba en Londres. Sobre un hombre invisible. Pero no me las creí.

Walton intentaba ubicar al intruso mediante el oído.

-Ya. Pero supongo que no soy lo más extraño que ha visto últimamente.-dijo con tono socarrón mientras la silla levitaba y se colocaba frente al capitán.

-No... no se a que se refiere.-dijo mirando a otro lado.

-Mis amigos y yo llevamos siguiendo el rastro del doctor y su criatura durante semanas.-dijo sin más.-Sabemos que ambos han estado en este barco recientemente, pero no sabemos en que estado, ni los hechos concretos.

El hombre se quedó mirando al frente.

-"A monstruos cazamos..."-dijo con una mirada vacía.

El silencio se hizo durante unos segundos.

-"... y por monstruos luchamos."-surgió una respuesta de la nada.

El hombre se puso de pie, y se fue acercando a su escritorio.

-Víctor era un buen hombre. Poco antes de que el agotamiento terminara con él, me dijo esta contraseña, y me ordenó que le entregara esto a quien la respondiera.-dijo sacando un libro de un cajón, y dejándolo sobre la mesa.

-¿Qué hicisteis con su cuerpo?-dijo mientras el libro parecía flotar en el aire.

-Nada. La criatura vino a reclamarlo, y se marchó en una barca. Dijo que de todos modos, aunque le odiase, era su padre. No puede haber ido muy lejos. Si quieres, puedo ayudarte a...

Cuando se giró no vio el libro, y observó la puerta del camarote abierta. El capitán soltó un suspiro triste.

-De todas formas ya quería olvidarme de todo este asunto.-dijo sentándose de nuevo.


-Eh, tío. Espabila, vamos.

Los soldados a los que las chicas habían tumbado recuperaban la consciencia. Un compañero ayudaba a levantarse a otro, mientras el tercero observaba el cuerpo de su líder de unidad ya descongelado.

-¿Qué ha pasado?

-Que nos han tendido una emboscada, eso ha pasado.

-Eh, ¿os encontráis bien?-se acercaba el francotirador a ellos.

-Smith, nos han cogido a todos por sorpresa, y el teniente ha muerto. ¿Dónde estabas?-decía uno indignado.

-Seguramente fui el primero al que pillaron, porque todo se volvió negro de golpe, y luego me desperté.-dijo con simpleza.

-En fin, será mejor que nos apuremos en volver al puerto y avisarles.-dijo sacando una tarjeta de una de las cartucheras del cadáver.

-Eh, ¿qué es eso?-preguntó Smith, acercándose a su espalda.

-El pase de seguridad de la unidad, novato. Para que nos dejen subir al barco. Sin esto, aunque lleváramos los uniformes, no nos ¡URK!

El soldado miró a abajo, y vio como algo alargado y puntiagudo, de aspecto viscoso, pero claramente sólido, atravesaba su pecho desde detrás. Luego se retiró, cayó de rodillas, y notó como alguien le quitaba la tarjeta de las manos antes de caer desplomado.

-Muchas gracias.-dijo Smith con naturalidad, mientras los otros le miraban impactados.-Comprenderéis que no puedo dejaros salir de aquí.

De la sombra de Smith salían unos tentáculos por su espalda, los cuales se dirigieron de inmediato hacía sus compañeros. Tras 15 segundos exactos de gritos y disparos, todo se quedó en silencio, hasta que "algo" salió del almacén atravesando las cristaleras del techo.


Moka, Kurumu, Yukari y Mizore corrían por las calles a lo máximo que les permitían sus piernas. Afortunadamente el puerto no quedaba lejos de la zona de los almacenes, así que no tenían que recorrer mucha distancia.

-Quizás deberíamos plantearnos esto mejor.-decía Yukari agotada por la carrera.

-¿Es que no quieres ayudar a Tsukune?-decía Kurumu sudando.

-Todas queremos, pero de nada le servirá si somos atrapadas también. Y ya visteis como de armados iban.-decía Mizore.

Ninguna notó como por el lado izquierdo del cruce al que se acercaban, una moto se movía en su dirección.

-Esos no nos dieron muchos problemas.-decía Moka confiada.

-Una cosa es coger a cuatro por sorpresa, y otra muy distinta a...

Mizore se vio interrumpida cuando la moto pasó frente a ellas. Casi pudieron ver a cámara lenta, como una cadena salida de esta se enroscaba alrededor del cuello de Moka. Un segundo después, esta se veía arrastrada por el suelo, mientras el otro extremo de la cadena permanecía sujeto a la moto.

-¡Moka-san!-gritaron las tres cambiando de dirección.

A pesar de que comenzaron a correr, obviamente se dieron cuenta de que no podían seguir su ritmo.

-No vamos a poder alcanzarla a pie.-decía Yukari preocupada.

-No, a pie no.-decía Kurumu claramente enojada dejando salir sus alas.

Moka sujetaba la cadena enroscada en su cuello que amenazaba con estrangularla, mientras el asfalto abrasaba su espalda. Era incapaz de romper aquella cadena, lo cual le parecía extraño, y al mismo modo, era incapaz de hacer nada por atacar al motorista. Decidió finalmente agarrarla con ambos brazos, y tirar un poco de ella para evitar seguir siendo estrangulada. Poco a poco comenzaba a acercarse mientras subía por la cadena, pero la dueña de la moto se dio cuenta de esto. Comenzó a dar pequeños giros en la carretera, haciendo que Moka fuera golpeada contra los coches aparcados, o contra las paredes de los edificios. Por cada poco que Moka avanzaba, la motorista la hacía retroceder otro poco.

En esas estaban, hasta que una estalactita de hielo caída del cielo (literalmente), se metió entre los radios de la rueda delantera de la moto. Ambas salieron volando por los aires, pero Moka consiguió desenroscar la cadena de su cuello, y cayó rodando al suelo. La motorista, por otro lado, acabó atravesando el escaparate de una cafetería junto a su vehículo. Kurumu dejó a Mizore en el suelo, mientras ella se acercaba a Moka para ver si se encontraba bien. Mizore, por otro lado, entró por el cristal roto de la cafetería. Pudo ver el agrietado casco en el suelo a un lado, mientras la dueña comprobaba si su moto había sufrido daños.

-Tú, mujer de las nieves.-dijo colocándose de pie sin ningún rasguño. Lo cual era extraño para tan brutal choque.-Tienes suerte de que no está rota.

Era una chica de la misma edad que ella. Llevaba al pelo tan corto como un hombre, y sus ojos verdes delataban solo enfado y desprecio.

-No deberías haber atacado a mi amiga.-dijo mientras de sus mangas salían afilado dedos de hielo.

-Y vosotras no deberíais entrometeros en mis asuntos.-dijo cogiendo la cadena de la moto.

-¿Estabas con los que se llevaron a Tsukune?-dijo Mizore con un tono algo amenazador.

-Os llevo siguiendo casi desde que salisteis de vuestra academia. Y no me importa que busquéis a vuestro amigo, deberíais marcharos por vuestro propio bien.-dijo con un claro tono hostil.-Y tampoco os importa quien soy o que hago aquí.

-Pues vas a venir con nosotras quieras o no.-dijo Mizore con tono relajado apuntándole con sus dedos de hielo.

La motorista solo dejó salir una sonrisa burlona, cuando estiró la cadena en sus manos y está se envolvió en llamas, llenando durante un segundo el rostro de Mizore de sorpresa.


Yukari llegó junto a Kurumu y Moka, mientras la súcubo intentaba inútilmente detener a la vampiro de entrar en la cafetería. Pero entonces Mizore salió de allí de un salto. Casi en el mismo instante, una cadena de fuego partió en dos un coche aparcado frente al establecimiento. Mizore se quedó parada unos segundos en el suelo, observando los efectos del ataque, al igual que las demás. El metal de la zona por la que había sido cortado estaba completamente derretido. En ese momento vieron un faro encenderse dentro, y como la moto saltaba sobre el coche, y derrapaba en la carretera. Las motorista las observaba con el casco ya puesto, mientras ellas se ponían en guardia.

-Tenéis suerte que este aquí solo para distraeros.-dijo acelerando y alejándose del lugar.

Pensaron en seguirla, pero aún intentaban procesar que acababa de suceder.

-¿Qué clase de Youkai era ella?-decía Kurumu.

-No lo se. Había leído sobre poderes de fuego, pero no que se pudieran canalizar a través de objetos físicos de esa forma.-dijo Yukari.

-Había algo extraño en ella.-decía Mizore.-Pero por lo que me ha dicho, creo que tiene algo que ver con la desaparición de Tsukune.

-¡¿Qué?! ¡¿Y la has dejado escapar sin más?!-dijo Kurumu agarrándola por los hombros.

-Tampoco vi que hubiera mucho que tú hicieras.-decía Mizore.

Mientras ellas discutían, Yukari se fijó en que Moka se había quedado observando la dirección por la que había huido la motorista.

-Moka-san, ¿ocurre algo?-le preguntó Yukari.

-El símbolo de su chaqueta, cuando se dio la vuelta.-dijo como en trance.

-Sí, me fijé antes. Como una serpiente alada, o un dragón.-decía Mizore.

-¿Qué pasa con eso?-le preguntó Kurumu.

-Juraría que lo he visto antes.-dijo pensando.

Todas se quedaron mirando en aquella dirección.

-¿Tiene algo que ver con Fairy Tale?-preguntó Mizore.

-No, es algo distinto. Al menos eso creo.-dijo Moka no muy convencida.

-Lo que me pregunto, es para que quería atacarnos.-decía analíticamente Yukari.

Entonces Mizore abrió los ojos al recordar lo último que les había dicho.

-¡El barco!


Una mujer pelirroja, de unos 30 y pocos años. Con la melena larga, y los ojos castaño claros, se encontraba de pie en el puente de un barco, rodeada de soldados con el mismo uniforme que los anteriores. Llevaba una gabardina negra y dorada, y traía una sonrisa maliciosa en su rostro todo el tiempo.

-Comandante Kowarenai, ¿no deberíamos esperar por los que faltan?-le decía un soldado junto a ella.

-No vamos a retrasar la operación por cuatro hombres, que seguramente han salido a emborracharse. Cuando aparezcan ya nos encargaremos de ellos. Por ahora, podéis descansar. La operación comienza mañana a las 16:00 horas. Comunicadselo al resto y enviad el mensaje a las otras dos naves.-dijo preparándose para salir del puente.-Nos veremos con ellos en el punto de encuentro designado. Hasta entonces, podéis buscarme en mi camarote.

Cuando la mujer salió, uno de los soldados se quedó mirando. Era el mismo que hace media hora se encontraba en el almacén.

-"¿Qué hace aquí Ishi Kowarenai?"-se preguntaba mientras salía del puente, y bajaba por las escalerillas del interior del barco.-"Es su líder en Japón, pero la operación de captura corría a cargo de Marcus Wilson. ¿Se tratará de otra operación independiente? Creía que este barco era por si surgían imprevistos a la hora de atrapar al tal Tsukune."-pasó por una armería llena de armas de última generación. Suficientes para abastecer a un ejército.-"Pero definitivamente, esto es más de lo que necesitarían para algo así. Además, ¿ha mencionado otros dos barcos? Bueno, concéntrate Jason. Haz lo que has venido a hacer."

Se paró frente a una puerta metálica. Junto a la cerradura había un panel numérico. La parte de la armadura que cubría su pierna se volvió líquida, y sacó un móvil de ahí. Abrió la carcasa del panel, y la conectó con un cable al teléfono. Tras unos tensos segundos un pitido satisfactorio informó que había funcionado. Entró cerrando la puerta tras de si, mientras guardaba el móvil de la misma forma que lo había sacado. Lo único que iluminaba aquella habitación era las pantallas de unos ordenadores. De repente su casco se volvió líquido, y se fundió con el resto de la armadura. Era un joven de 17 años, rubio y con el pelo algo largo. Pero lo que más destacaba, eran su ojos rojos. Se colocó un auricular en el oído izquierdo, y se sentó frente a las pantallas.

-Listo, y me sobran 30 segundos.-dijo poniendo el dedo sobre el auricular.

-Querrás decir llegas 30 minutos tarde.-dijo una voz al otro lado.-Conecta el dispositivo, yo me encargo a partir de aquí.

Jason enchufó un lápiz USB bajo una pantalla, y unas carpetas por las que corrían filas de documentos aparecieron.

-Busca exhaustivamente, aquí hay algo mucho más grande que una simple operación de busca y captura.-dijo cruzándose de brazos.

-¿Porqué crees que el abuelo os ha mandado a Alejandra y a ti? El también lo sospechaba.

-Nunca nos cuenta nada.

El silencio se hizo durante unos segundos, mientras Jason solo escuchaba un tecleado al otro lado.

-Vale, por ahora tengo el destino del tal Tsukune. Una de sus bases de investigación secretas en Okinawa.

-Claro, es un lugar aislado y seguro.

-¿Qué es esto? Parecen los planos de un dispositivo nuevo. Muy grande.

Frente a Jason se abrió un plano en las pantallas.

-¿Generador de brechas? ¿Qué demonios es esto?-decía confundido.

-Dios mío, han encontrado una forma de abrir las barreras de la cuarta dimensión. No pueden generar ni entrar en los túneles, pero si abrir las protecciones de las zonas protegidas.

-¿Quieres decir que han encontrado una forma de entrar en los refugios del mundo Youkai?-decía con algo de nerviosismo.

-Espera, lo siguiente está vinculado a los detalles de misión.-dijo con calma la voz al otro lado de la línea.

-Al fin.

Pasaron otros cuantos segundos en silencio, y en las pantallas se abrieron tres fichas de información personal.

-Ishi Kowarenai, Marcus Wilson y... ¡¿Ravage?! ¡¿Han enviado a tres de sus líderes de división aquí?!-decía Jason sorprendido.

-También han enviado a la totalidad sus pelotones personales con ellos. O sea, tres pequeños ejércitos. Las localizaciones de ataque son...

Aparecieron tres fotografías en la pantalla, y Jason se quedó con la boca abierta.

-No puede ser...

-Esto es muy gordo, pero necesito más detalles.-decía la voz al otro lado.

-No hay tiempo, han descubierto mi intrusión hace 30 segundos. En menos de 15 tendré a todo el barco parado frente a la puerta de esta habitación.-dijo sacando el USB y apagando el auricular.


-Jason, espera. ¿Jason, me escuchas?-al final suspiró resignado.

Un joven rubio, con el tono más claro, y de ojos violetas se encontraba sentado frente a un ordenador de mesa, en una habitación con el aspecto de un castillo antiguo.

-Espero que logre salir a tiempo.-decía preocupado.

-Lo hará, Thane. Es Jason, ¿no?

Un hombre mayor trajeado, que se apoyaba en un bastón, se encontraba tras él.

-Abuelo, no he conseguido sacar ni la mitad de los datos. Lo que significa que todo lo que acabamos de ver no era más que el inicio de algo mayor.-decía frotándose los ojos.-¿Qué vamos a hacer?

-Por ahora avisa a los demás. Nos marchamos TODOS a Japón.-decía el hombre saliendo de la habitación.


En una isla perdida en el archipiélago de Okinawa, una base militar sin identificar bien oculta a los radares veía mucha actividad en la pista de aterrizaje.

-Una pena que no te puedas quedar a ver la vivisección, Marcus.-decía el mismo hombre trajeado del barco de mercancía fumando un puro, mientras un helicóptero dejaba en el suelo el contenedor donde iba Tsukune.

Marcus vestía ahora una armadura roja y negra. Llevaba dos espadas a la espalda, dos cartucheras con dos pistolas bajo los sobacos, y un rifle de francotirador, también en la espalda. Mientras revisaba un M4A1 que llevaba en sus manos.* Se encontraba parado tras la plataforma trasera abierta de un avión de transporte de tropas, mientras soldados con uniformes de invierno subían y cargaban materiales. A los lados, había otros dos aviones iguales.

-Yo no lo lamento, Dimitri. No soy un puto sádico enfermo como tú.-dijo apoyando el rifle a un lado mientras cogía un casco de cabeza completa más similar a una máscara y se lo ponía. Solo se veían sus ojos.

-Como sea. Solo asegúrate de no fracasar. No creo que se den las condiciones para organizar una operación a esta escala pronto.

-Y yo solo espero que ese maldito cacharro funcione. Tengo ganas de volver allí y acabar con todo.

-Je, ¿no será que hay algo que echas de menos en ese lugar?

-No en el sentido en el que tú piensas, pero sí. Sí lo hay.

Entró en el avión mientras la compuerta se cerraba tras él. Fue hasta el fondo de este pasando entre los soldados con armaduras y camuflaje de invierno que esperaban impacientes, y se paró ante una máquina que se encontraba justo tras la cabina de los pilotos. Era el mismo diseño que el plano del ordenador.


Una sombra saltaba desde la proa de un barco, mientras una docena de hombres disparaban al agua intentando darle. Todo esto era observado por Kowarenai desde el puente, aún con la misma sonrisa de antes.

-No sabemos que han sacado exactamente de nuestros archivos, señora. Pero si sabemos quienes son los responsables.-decía un oficial a su lado.

-¿Quienes van a ser los responsables? Los mismos de siempre. Y da igual que sepan, a estas alturas hemos llegado demasiado lejos como para que puedan detenernos.

Comenzó a bajar por unas escaleras al interior de la bóveda del barco, mientras el hombre la seguía.

-Dígame, sargento. ¿Tiene algún reparo moral por lo que se le ha encomendado hacer?

-No, mi señora. No importa su edad. Esas abominaciones no tiene lugar en este mundo.

La mujer soltó una pequeña risa.

-Me agrada tu devoción. Yo por mi parte, jamás me he cuestionado mis acciones.-llegaron al final de las escaleras.-Solo me me he cuestionado el modo en el que debería de ejecutarlas. Siempre he disfrutado con mi trabajo. Desde que era joven, cuando me reclutaron.

Frente a ambos, se encontraba la misma máquina del avión.

-Y esta cosa me promete el mejor momento de mi carrera.


Un convoy se movía por una solitaria carretera. Un total de diez camiones llenos de soldados. Pero el primero de la fila tenía dos curiosidades. El aparato que llevaba en la parte trasera, y el hombre con el pasamontañas que estaba como copiloto. El conductor parecía nervioso al encontrarse cerca suya. Aquel sujeto debía medir más de dos metros, y cabía dificultosamente en la cabina del camión. Abrió los ojos y miró al conductor.

-Tú.-dijo con tono grave, que atemorizó más al hombre.

-¿Comandante Ravage?

-Deja de temblar de esa forma. Huelen el miedo.-dijo mirando al frente de nuevo.-No quiero que me arruines la batalla.


* Si supiera dibujar podría explicarlo mejor. Es parecido al diseño de Deathstroke en Arkham Origins.