Hola, nuevo capítulo. Perdonad estas semanas (meses) de retraso, pero entre examenes y demás, no he tenido mucho tiempo para pensar. En fin, ahora que está aquí el verano, habrá capítulos más a menudo. Y para amenizar la espera, haré un pequeño juego. Al final de cada capítulo, pondré una adivinanza o pregunta relacionada con el mundo de los monstruos. Ya sabéis curiosidades sobre vampiros y demás.
Sin má dilación, os dejo con el capítulo.
Tsukune se sentía mareado y adormilado. Lo único que recordaba era el rostro de dos hombres observándole en la oscuridad, y luego nada. No sabía que ocurría, ni que querían. ¿Serían algunos de los asesinos enviados por Fairy Tale? Y si así era, ¿porque seguía con vida? Cuando terminó de desperezarse, se encontró en una habitación que no era la suya, y nunca antes había visto. El cabecero daba contra una pared, a la derecha había una ventana, y a la izquierda una puerta cerrada. Tsukune intentó incorporarse, pero cuando lo hizo, notó su brazo enganchado a algo. Tenía una vía intravenosa, que se conectaba a una bolsa llena de sangre. Cuando se sentó sobre la cama sintiéndose algo débil, se dio cuenta también que su torso estaba lleno de vendas. Solo llevaba puestos unos pantalones.
Se quito la via del brazo, y cuando se puso de pie, vio encima de la mesilla de noche una bandeja metálica llena de utensilios médicos: algodones empapados en sangre, y algunos bisturís.
-¿Dónde estoy?-dijo esto acercándose a la ventana.
Estaban en pleno día, y lo único que distinguía era un montón de árboles. Por lo visto la casa en la que se encontraba se encontraba en medio de un bosque. ¿Pero que bosque? Por lo que él sabía, podía no encontrarse ni en Japón. Luego escuchó el ruido de unas llaves siendo agitadas, y una cerradura moviéndose. Rápidamente se colocó junto a la puerta por el lado de las bisagras, para quedar oculto cuando la puerta se abriera.
En ese momento entró una chica de su edad. Llevaba su pelo castaño sujeto en un moño muy bien hecho, y sujetaba con guantes quirúrgicos un recipiente de metal lleno de agua caliente. Lo dejó en la mesilla, y percibió que la cama estaba vacía. Luego notó como la puerta tras ella se cerraba de golpe, y Tsukune la observaba. Antes de que pudiera decir nada, Tsukune la puso contra la pared y le tapo la boca con la mano para que no gritara.
-Escucha, no te haré daño, pero por favor, no grites. ¿Está bien?-dijo Tsukune con tono serio.
La joven solo asintió con la cabeza. Tsukune la soltó mientras ella se frotaba el cuello.
-Antes de nada, ¿quién eres y donde me encuentro?
-Bueno, mi nombre es Elizabeth y... te agradecería por favor que te apartaras. Jamás había estado tan pegada a un chico.-dijo sonrojándose y apartando la vista a un lado.
Tsukune se dio cuenta de que aún se encontraba frente a ella. La tenía acorralada contra la pared, y se encontraba tan cerca de ella que podía notar la presión de sus senos contra su pecho. Rápidamente se echo hacía atrás.
-¡Waaah! ¡Lo siento!-dijo Tsukune algo avergonzado.
Elizabeth solo agitó las manos diciéndole que no había necesidad de disculparse.
-De todas formas seríamos nosotros los que deberíamos darte una explicación sobre lo que ha ocurrido.
"¿Nosotros?" se preguntó mentalmente Tsukune. Antes de que ninguno de los dos pudiera decir nada, la puerta de la habitación volvió a abrirse. Por ella entró Alejandra, la misma motorista que la noche anterior había atacado a Moka y a las demás.
-Eli, Jason y yo acabamos de...-Alejandra se quedó inmóvil al ver a Tsukune ahí.-¡******!
Una bola de fuego atravesó la ventana desde dentro, y Tsukune saltó por ella para esquivarla. Viendo lo que acababa de ocurrir, pensó que lo mejor sería escurrirse en el bosque para perderlos, sin idea de lo que estaba pasando. No lo comprendía. Primero le secuestraban, luego le debilitaban, para después curar sus heridas, y atacarle de nuevo. Se detuvo un momento para mirar en dirección a la casa. Era una gran mansión. Por la arquitectura era obvio que en Japón, pero las dos jóvenes de allí no lo eran. Una debía ser europea, y la otra quizás de américa latina. No sabría decirlo con certeza.
Estuvo unos momentos pensando en que hacer, dado que no tenía idea de donde se encontraba. Tampoco sabía quienes eran esas personas ni que querían. No tenía idea de que ocurría. ¿Sería buena idea volver? No pudo continuar con su debate interno, cuando alguien le interrumpió.
-Vaya, creía que no despertarías tan pronto.
Tsukune vio tras él una figura gigantesca con una gabardina marrón que le cubría hasta un poco más abajo de las rodillas. Su rostro estaba dividido por una línea diagonal como una cicatriz mal cerrada, y su rostro tenía una proporción bastante simétrica. Tenía un ojo verde y el otro tenía un brillo dorado, y su pelo era corto y oscuro como la noche.
-¿Quién eres tú?-le preguntó Tsukune temiendo volver a ser atacado.
-¿Realmente te interesa cual sea mi nombre, vampiro?-dijo el sujeto caminando hacía él. No parecía tener intención de atacarle.
-No, solo quiero saber que hago aquí.-dijo Tsukune algo más confiado, pero sin sentirse del todo seguro.
-Entonces será mejor para todos que me acompañes a la mansión y te lo expliquemos allí.
El sujeto le agarró del brazo y comenzó a arrastrarlo. A Tsukune le pareció sentir como si le aplastaran el brazo. Dio un tirón para que le soltara pero no sirvió de nada. Dio otro más fuerte y consiguió liberarse. El sujeto se giró para observarlo algo extrañado.
-Vaya, aún te demuestras ser fuerte después de encontrarte tan debilitado.-dijo analizándolo de abajo a arriba.-Como se esperaría de un Shinso.
-¿Cómo sabes eso?-dijo poniéndose en posición defensiva.
-Por favor, vampiro. Solo acompáñame y no discutamos inútilmente sobre lo que se o lo que debería o no saber.-dijo el joven colocándose frente a él en un parpadeo.
Como mero acto reflejo debido a la brusquedad de su aproximamiento, Tsukune golpeó su rostro con fuerza. Notaba que estaba débil, pero eso debía ser suficiente. Sorprendido, comenzó a notar como su puño comenzaba a doler. Sentía que acababa de golpear una pared de granito. Miró a su oponente enfrente suya. Aún no había separado el puño de su rostro. Pudo verse un pequeño reguero de sangre salir de su boca, pero no se inmutó. Solo soltó un ligero suspiro.
-Entonces supongo que no hay más remedio.
Agarró la muñeca de Tsukune, y este pensaba que le iba a cercenar la mano con la fuerza que tenía. Tiró de él, lanzandolo de lleno contra un árbol con tanta fuerza, que acabó partiéndose en dos. Tsukune se puso de pie mientras el tronco terminaba de caer contra el suelo.
-"¿Cómo es posible? Me ha echado a un lado como si no fuera nada."-pensaba Tsukune nervioso, intentando detectar su aura como le había enseñado Moka.-"Es extraño, carece de un aura mágica o demonial. Su forma es como la de una persona o un ser humano corriente. Entonces, ¿cómo ha podido hacer eso?"
No tuvo tiempo de pensar nada más, antes de tener que esquivar el tronco del árbol que había sido lanzado contra él.
-Eres hábil. Pero no te encuentras en condiciones de ganar esta batalla.-dijo avanzando hacía él retrasando el puño hacía atrás mientras Tsukune se ponía en guardia.
-¡VICTOR!
Ambos echaron la vista a un lado para ver a un hombre mayor. Su pelo era completamente blanco y sus ojos azules. Debía tener unos ochenta años, pero se veía bastante saludable. Iba vestido con un traje azul con rayas negras, y llevaba un bastón con el pomo dorado.
-Abuelo.-dijo el sujeto que ahora sabía que se llamaba Victor.
-¿Te parece esa forma de recibir a un invitado?-dijo el hombre con tono serio mientras se acercaba con calma.
-Lo lamento abuelo. Pero solo intentaba...
-Basta. Vuelve a la mansión. Yo me encargo a partir de aquí.-dijo extendiendo el brazo y señalando en la dirección de la que Tsukune había huido.
-Sí, abuelo.-dijo Victor con obediencia, mientras le lanzaba una mirada de molestia a Tsukune.
-Por favor, no se lo tengas en cuenta. Es solo que no le gustan los vampiros.-dijo el hombre, poniéndole la mano en el hombro a Tsukune, de forma afable.
Tsukune le retiró la mano.
-Perdone mi brusquedad, pero no se de que va todo esto.-le dijo el joven con calma.
-Sí, lamento que hayas tenido que pasar por todo esto. Así que hagamos un trato. Acompáñame de vuelta a adentro. Allí te serviremos algo de comer y de beber, y te explicaremos la situación con detalle. Si no te convence, puedes irte con total libertad. ¿De acuerdo?-dijo extendiendo su mano.
Tsukune lo pensó unos instantes, pero dado su situación, pensó que lo mejor sería confiar en ellos. Acabó estrechándole la mano.
-Perdone, pero no conozco su nombre.-dijo el joven.
-Dudo que mi nombre te diga mucho, Tsukune. Pero seguramente si mi apellido. Permíteme presentarme. Me llaman Abraham. Abraham Van Helsing.
Wilson entraba al palacio de la suma sacerdotisa de las nieves, con dos hombres escoltandole que conversaban entre ellos.
-Es raro, pensé que se resistirían. Pero prácticamente no has invitado a entrar.-decía uno.
-No debería extrañarte. Aparentemente su sacerdotisa puede predecir el futuro. Sabían que si se resistiesen, reduciríamos este lugar a escarcha.-le contestaba el otro.
Llegaron a la entrada del salón principal.
-Vosotros dos vigilad la puerta.-dijo Wilson a los soldados que le acompañaban.
Tras esto, entró en el lugar, y las puertas se cerraron a su espalda. Vio a alguien sentado en el trono frente a él, y al acercarse pudo ver mejor a la sacerdotisa de las nieves.
-Hola, cazador. Te diría que sois bienvenidos, pero eso no sería cierto.-dijo ella con tono serio.
-Yo tampoco me alegro de estar aquí.-luego miró a los lados.-Este sitio no ha cambiado en nada. Es tal como lo recordaba.
-¿Cómo lo recordabas?-dijo la sacerdotisa arqueando una ceja.
-Ah, sí, el casco.-dijo quitándoselo, dejando ver mejor sus ojos azules y su pelo blanco.-¿Te das cuenta ahora?
-Wilson.-dijo algo sorprendida.-No sabíamos nada de ti.
-Sí, ha sido mucho tiempo. ¿Cuanto, 17, 18 años? Eso no importa. Jamás pensé que volvería. Y menos en estas circunstancias.-dijo estirando los brazos.
-¿Qué buscas, Wilson?
-¿De ti? Nada. Pero quiero hablar con el profeta.
-Aquí la tienes.-dijo ella.
-Tú no eres más que un canal de retransmisión. Quiero hablar con quien te facilita tus visiones.-dijo con tono serio.
Ella solo suspiró. Un humo blanco comenzó a salir de su cuerpo, y el espíritu de Jack Frost apareció frente a él.
-¿Cómo sabías de mi existencia?
-Lo se todo sobre las mujeres de las nieves.-cogió un disco de una cartuchera en su cinturón, y lo dejo sobre el suelo.-Fuiste tú quien vio nuestra llegada, ¿no? Por eso no nos atacaron al venir.
-Sí. Y también sabía que mientras no hubiera resistencia, dejaríais este lugar y a sus habitantes intacto.-dijo el espíritu colocándose frente a Wilson.
-Déjame confirmar una cosa. ¿Es cierto que los espíritus profetas no podéis ver vuestro propio futuro?
-Sí, es una gran ironía sobre nosotros. ¿A donde intentas llegar con esta conversación?-preguntó Jack Frost receloso.
-A ninguna parte. Una última pregunta, ¿qué ves en el futuro más lejano?
-No puedo ver nada. Fuera de este momento de la conversación, estoy ciego.-el espíritu parecía confundido.-Espera, ¿cómo no me he dado cuenta antes de eso?
-Demasiado tarde para hacer nada.
El disco que Wilson había dejado en el suelo brilló, y absorbió a Frost dentro de él, mientras se resistía inútilmente.
-¡Espera! ¡¿Cómo has...?!-el disco le atrapó y se apagó antes de poder terminar la frase.
-Los espíritus profetas no pueden ver nada más allá de su propio tiempo.-dijo Wilson recogiendo el disco del suelo.
La sacerdotisa de las nieves lo miraba sorprendida y apenada.
-Dile a tu gente que mientras no nos molesten, podrán estar tranquilas. Y que si hay problemas, convertiremos este páramo glacial, en una duna sahariana.-dijo dándose la vuelta para marcharse.
-¿Cómo podéis hacer esto?-dijo ella rendida.
-¿Cómo? Fácil, encontramos la forma de manipular el clima de los refugios yokai.
-No, me refiero a como podéis hacernos algo así.
Wilson se detuvo en ese momento antes de abrir las puertas.
-Lleváis tiempo mereciendoos algo mucho peor.
Tras esto, abrió las puertas, y las cerró tras de si con un sonoro golpe.
El edificio principal de la academia yokai ahora no era más que un montón de escombros. Soldados armados con exoesqueletos, y criaturas mecánicas similares a perros, pero con dentaduras capaces de destrozar una viga, revisaban los escombros. Un oficial se acercó a Kowarenai, que llevaba un auricular, mientras revisaba un tablet.
-Seguimos sin encontrar ningún cuerpo, comandante. Aparentemente, no había nadie en el edificio cuando disparamos.
Miró hacia él un tanto extrañada, y luego habló por el auricular.
-¿Habéis revisado los edificios donde se hospedan los estudiantes?-tras escuchar la respuesta, suspiró.-Lo que pensaba, sabían que veníamos.
-¿Cómo es posible? ¿Acaso tenemos un espía?-preguntó el oficial.
-No lo creo. Si fuera así, les hubieran alertado con mucha más antelación, y nosotros nos habríamos enterado enseguida. Esto parece una evacuación a la prisa y corriendo, dado que los efectos personales de los estudiante siguen en su habitaciones. Así que si tenemos suerte, no habrán salido de la zona aún.
Comenzó a teclear un código sobre la pantalla táctil en sus manos. Los perros mecánicos alzaron la cabeza durante un momento tras empezar a emitir un agudo pitido, e instantáneamente abandonaron la zona dispersándose en varias direcciones.
-En cuanto encuentren algo, su señal nos indicara la posición. Mientras tanto, id preparando a los centinelas.
Miraron hacía el acantilado, donde estaban los barcos. Había soldados bajando cajas y suministros. De cada barco comenzaron a bajar dos contenedores, seis en total, con un tamaño bastante superior a uno normal.
-Sí, comandante.-contestó el oficial mientras sonreía mirando a las cajas.
*Varias horas antes*
Moka observaba como su padre hablaba por el móvil. Aún estaban en el bar, con toda la conmoción provocada por lo visto en la televisión. Ella esperaba que este le respondiera, pero el parecía concentrado en la conversación.
-Eres tú. Sabía que los tuyos no podían andar lejos si los cazadores andaban por aquí. ¿Porqué habéis...?-se quedó en silencio unos segundos escuchando a la persona al otro lado.-Ya veo. ¿Porqué no nos advertisteis antes?
Moka no sabía con quien hablaba su padre.
"-¿Tiene algo que ver con todo esto? Ni siquiera sabemos que está sucediendo."
-De acuerdo entonces.-dijo colgando.
Moka finalmente se irguió, y le preguntó gritando.
-¡Padre, ¿qué ocurre?! ¿Con quien estabas hablando? ¿Qué está ocurriendo?
El padre solo le devolvió la mirada serio, poniéndose de pie.
-Ahora no hay tiempo para esto, Moka. Tenemos que irnos ya.-dijo dándose la vuelta para irse.
-¡Padre, espera!-dijo ella, mientras él se marchaba sin mirarla siquiera.
"-Maldita sea"-golpeando la mesa con el puño.-"¿Qué pasa? ¿Porque no quiere contarme nada? ¿Y dónde está Tsukune?"
Tras hacerse está última pregunta, agachó la cabeza entre los brazos mientras se sentaba.
-Tsukune, ¿dónde estás?-dijo mientras unas pocas lágrimas salían de sus ojos.
Tras esto se las limpió, se puso de pie, y salió del lugar decidida.
-Hermana, hermana...
Moka volvió al presente. Estaba junto a los demás caminando por el bosque, alejándose de donde procedía las humaredas, donde estaba el edificio principal de la academia. Tal como según había oído de los profesores, su padre les dijo que el siguiente objetivo de los cazadores era la academia.
-"¿Cómo lo sabía él? ¿Se lo dijo la persona con la que habló por teléfono? ¿Y cómo sabían esos cazadores dónde se encontraba la academia?"-pensaba Moka.
-Hermana, ¿no me escuchas?
Moka se percató de que su hermana estaba a su lado llamándola.
-Kokoa, ¿qué pasa?-le dijo ella.
-¡Eso es lo que quería preguntarte! De repente, nos dijeron que teníamos que salir inmediatamente, y entonces fue cuando la academia comenzó a volar por los aires. ¿Es que Fairy Tale nos está atacando?
-No. No Fairy Tale exactamente. Por cierto, ¿dónde está padre? El sabe más sobre lo que está pasando.-dijo Moka mirando a los lados.
-No lo sé. Le vi antes, y solo dijo que tenía que irse para encargarse de unos asuntos. ¿Es que él sabe quienes son?
-Sí, pero no me contó nada. Lo único que sé es que esto y la desaparición de Tsukune seguramente estén relacionados.
Llegaron al túnel donde se encontraba la entrada al mundo humano. Todo el mundo estaba saliendo por allí. No había lugar seguro, así que pensaron que lo mejor sería enviar a todos los alumnos al mundo humano y de vuelta a sus hogares. Los únicos que estaban allí esperando eran los miembros del club de periodismo. Fong Fong, Ruby, Yukari, Mizore y Kurumu estaban junto al autobús mientras el conductor esperaba apoyado contra él.
-Moka, nos hemos enterado de lo las noticias. ¿Qué ha pasado? ¿Te dijo tu padre si son los mismos que lo de Tsukune?-le preguntó Kurumu.
-Mi padre no me dijo nada, pero sabe lo que pasa.-dijo Moka allí.
-Moka, las demás me hablaron de ese recuerdo que tuviste, y creo que quizás pueda ayudarte.-le dijo Ruby.
Eso llamó la atención de Moka.
-¿Eh? ¿Recuerdo? ¿Se puede saber de que habláis?-preguntaba Kokoa.
-Kokoa, cuando eramos pequeñas, hará 10 años. ¿No recuerdas que un día llegó un hombre con el rostro deforme?-le dijo su hermana.
-¿Rostro deforme...?-Kokoa pensó durante unos momentos.-¡Ah! Creo que sí. Recuerdo a alguien que derribó con facilidad a la mayoría de los que hacían guardia en el castillo. Su cara estaba llena de cicatrices, y su rostro era muy asimétrico.
-Recuerdo leer de los archivos personales del director una descripción de alguien así.-les dijo Ruby.
-¿Leías los documentos del director?-le preguntó Mizore con su tono neutro, mientras todos la miraban con duda.
-Bueno, tenía que saber lo que me hacía archivar, ¿no?-se defendía Ruby.-Como sea, leí muy poco, pero recuerdo algo sobre una organización llamada los "Cazadores en la oscuridad", y algo sobre una guerra secreta. No recuerdo mucho porque no le presté mucha atención, pero sí sé que...
-Alto.-dijo Moka mirando hacía los árboles.-Algo se acerca.
Todos quedaron mirando hacía el lugar. El conductor miró a un lado.
-Parece que solo quedamos nosotros. Tendríamos que irnos ya.-dijo el conductor sujetando su puro.
-¡Ni hablar! No podemos huir sin más. Tenemos que hacer algo para plantarles cara. ¡Qué nos digan que quieren y que han hecho con Tsukune!-dijo Kurumu decidida mientras ignoraban a Moka.
-Está claro que debemos hacer algo. Pero quedándonos aquí no conseguiremos nada.-le dijo Mizore.
-Pero ni siquiera sabemos por donde empezar, desu.-dijo Yukari.
-¡Callaos!
El grito repentino de Moka sorprendió a todas. Antes de que ninguna pudiera preguntarle nada, un perro mecánico de mandíbulas capaces de partir un tronco en dos saltó de entre los árboles. Moka estaba preparada, y lo recibió con una patada, que lo estrelló contra un árbol, quedando la máquina con las patas arriba intentando voltearse.
-¡¿Qué es eso?! Jamás había oído hablar de ninguna criatura como esa en ningún libro de invocaciones.-dijo Fong Fong al verlo.
-No está hecho de carne, parece puro metal.-dijo Yukari.
-Como os decía, parece que deberíamos irnos.-dijo el conductor del autobús subiendo a su vehículo.
Los miembros del club de periodismo No sabían que hacer. La criatura mecánica se lanzó encima de Moka sin que esta pudiera hacer nada, y quedó contra el suelo, intentando mantener sus mandíbulas alejadas de ella mientras intentaba morderla. Justo en ese momento, una palangana cayó sobre la cabeza del perro mecánico. Este quedó mirando hacía Yukari sin inmutarse por el golpe.
-Ahm, creo que no le ha gustado.-dijo Yukari con la cara paralizada por el miedo.
El perro mecánico ignoró a Moka y comenzó a correr hacía ella. Antes de echarsele encima, quedó atrapado en un bloque de hielo.
-¡Kya! Gracias, Mizore.-dijo Yukari suspirando aliviada.
-Debemos irnos. Ya.-le dijo Moka a las demás.
-¿Porqué? Ya le hemos...-decía Mizore, para luego mirar hacía arriba en la dirección de la que había salido la criatura de metal.-Oh, por eso.
Arrancando árboles a su paso, un robot gigante, con una cubierta metálica similar a las escamas de un lagarto, se paró junto a ellos, y comenzó a mirarlos.
-Buena idea, metámonos en el autobús.-dijo Fong Fong, mientras todos miraban a la máquina con el mismo estupor.
-Objetivos hallados, escaneando.-salió una voz de la máquina mientras todos subían.-Grupo de objetivos identificado: club de periodismo de la academia yokai. Fuerza de choque principal de la academia. Uso de fuerza no letal para captura.
Mientras todos terminaban de meterse, pudo verse que el bloque de hielo de antes se resquebrajaba, y un pelotón de soldados salía de entre los árboles tras el robot.
-¡Vamos, vamos!-decía Moka, mientras todas miraban por la ventanilla.
El autobús arrancaba con fuerza, tirando a los que no estaban bien sujetos, mientras la mano derecha del robot se configuraba en una especie de cañón.
-¡No dejéis que escapen, abrid fuego!-gritaban los soldados
Las balas que disparaban mellaban la carrocería, y rompían los cristales, mientras todas se echaban al suelo con las manos sobre la cabeza esperando no ser alcanzadas.
-Disparo en 3, 2, 1...
El cañón se disparó, haciendo que una bola de luz eléctrica golpeara al lado derecho del túnel, mientras el autobús entraba y se perdía por él.
-Objetivo fallido. Conclusión: esta unidad necesita un reajuste de la mirilla electrónica.-dijo el robot, mientras el perro metálico andaba a su alrededor olisqueando el suelo.
-Ahora entiendo porqué los de mantenimiento decían que aún no estaban preparados.-decía un oficial llevándose las manos a la cara.-A la comandante Kowarenai no le va a hacer ninguna gracia.
Wilson entraba en una casa en la villa de las mujeres de las nieves. No llevaba armas ni tampoco su casco. Los había dejado en la entrada. Entraba al lugar mirando los muebles.
-"No ha cambiado mucho la decoración."-pensaba.-"Tampoco es que se mostrara muy femenina para esas cosas."
Cuando entró al salón, vio un hueco en la pared abierto, lleno de armas de fuego, faltando una. Se acercó a mirar y a pasar sus manos enguantadas por la superficie de estas.
-"Munición no letal. Supongo que disparará..."
De repente se quedó callado. Se agachó de golpe mientras proyectiles pasaban por encima de su cabeza, impactando en la pared, y deshaciéndose en nieve.
-... bolas de nieve.-dijo poniéndose de pie con calma, y girándose para ver a su atacante.
Tras él, Tsurara le apuntaba con un arma mientras mantenía una expresión calmada.
-Tiendo a ser buena anfitriona, pero no me gusta que mis invitados se presenten sin avisar, o que me sean completamente desconocidos.
-¿En serio no me reconoces? Se que han pasado muchos años, pero pensé que a pesar de ello me reconocerías nada más verme, chica espía.-dijo Wilson cambiando su habitual expresión sería por una breve sonrisa burlona.
Como si esto hubiera activado un interruptor en su mente, la cara de Tsurara se quedó congelada por la sorpresa, y dejó que el arma en sus manos cayera al suelo.
-No puede ser... ¿Marcus?-dijo ella sin saber que hacer.
-Me alegra volver a verte, Tsurara. Ojala fuera en otras circunstancias.-dijo él con tono serio.
-Hemos desplegado todos los efectivos, después de meses de planificación, y millones de dólares en material, y me dices que lo que hemos conseguido, ¿es nada?
Ishi Kowarenai hablaba con los oficiales observando el túnel, y las marcas de neumático y los casquillos desperdigados por el suelo.
-Mi señora, con todo el respeto, no está todo perdido.-le decía uno.-Aún podemos intentar...
-¿Qué? ¿Desperdigar a nuestras fuerzas por todas las salidas a las que conduzca ese túnel, esperando encontrar a algún estudiante? A estas alturas ya puede que estén incluso fuera del país. Y además, no creo que siquiera sepamos hacer que funcione.-decía con gran ira.-Idiotas, el líder supremo querrá ver mi cabeza rodar por este desastre. Como si no fuera ya lo suficientemente malo que le encargaran a Ravage el asalto a Fairy Tale.
Al final suspiró y se quedó pensando que hacer. Uno de los que la acompañaban se llevó la mano al auricular de su oído, lo que llamó la atención de Kowarenai.
-Más malas noticias, supongo.-dijo ella desanimada.
-No, mi señora. Aparentemente, no todos abandonaron sus puestos al enterarse de nuestro ataque.-dijo el hombre con una sonrisa.
Por una calle en una ciudad humana, circulaba un autobús lleno de agujeros de bala y los cristales reventados, que llamaba la atención de todos los viandantes. En el interior, todas andaban con el animo muy bajo.
-¡Hermana, explícame de una vez que ocurre!-preguntaba Kokoa.
-Kokoa...-dijo Moka suspirando, y viendo a las demás igual de deprimidas.-Alguien ha capturado a Tsukune, y sea quien sea, también ha derrotado a Fairy Tale.-dijo de forma directa.
-¡¿Q-Qué?! ¿Eso es posible? ¿Y el hombre del que hablabas antes está detrás de ello y del ataque a la academia?
-No lo sabemos seguro, pero según el sueño de Moka, aquel hombre llevaba el mismo símbolo que el de la persona que nos atacó cuando le seguíamos el rastro a Tsukune.-le respondió Kurumu.
-Como sea, si queremos hacer algo, necesitaremos ayuda. La familia Wong estará dispuesta a asistiros.-dijo Fong Fong.
-¿Y como se supone que llegaremos hasta Hong Kong?-dijo Mizore.
-Bueno, supongo que habrá que solucionarlo primero.-decía Fong Fong frotándose la nuca.
-Los cazadores en la oscuridad habrán cerrado cualquier ruta de salida del país en menos de 24 horas. Así que me temo que no tenéis más remedio que quedaros aquí.-dijo el conductor del autobús.
-Espera, ¿qué es eso de cazadores en la oscuridad?-dijo Kokoa.
-¿No sabes lo del mensaje de la televisión?-le preguntó Yukari.
-No, ¿qué mensaje? ¿Qué pasa?-preguntaba Kokoa más confundida.
Todas se miraron unas a otras, siendo Moka la que respondió sin dudar mucho.
-Es el nombre de la organización que nos atacó. Al parecer están atacando varios asentamientos yokai por Japón. Consiguieron encontrar uno de Fairy Tale. Y han capturado a varios de sus miembros. Entre ellos... Kalhua.
-¡¿Qué?!-Kokoa se puso de pie exaltada.-¡¿Tienen a Kalhua?! ¿Cómo pudieron?
Kokoa se quedó sentada de golpe, y unas pocas lágrimas se veían salir de su cara.
-¿Kokoa?-preguntó Moka preocupada.
-Creí... creí que la había matado... y ahora que sé que está viva, decís que puede que vayan a matarla... no es justo.
Todas observaban algo sorprendidas esa repentina pena surgida de Kokoa. No era de dejar que la vieran llorar. Se limpió las lágrimas tan rápido como pudo, y se volvió a erguir.
-Bien, tenemos que encontrar donde se esconden, y liberar a nuestra hermana.-le dijo a Moka decidida.
-No intentes ir tan deprisa, primero deberíamos encontrar un sitio donde escondernos nosotros.-le dijo Fong Fong.
El autobús se detuvo en ese momento.
-Pensé que nunca lo ibais a mencionar.-dijo el conductor abriendo la puerta del vehículo.
Cuando todas miraron afuera para ver a que se refería. Se habían detenido frente al hostal de Marin y Sun. No habían visto a la última desde lo de Alucard, y a Marin desde... bueno, desde la última vez que estuvieron allí.
-¡Sun, Marin! ¡Que alegría volver a verlas!-dijo Kurumu mientras todas bajaban del autobús.
-Hola chicas.-les recibió la dueña del lugar con una sonrisa.-Tenéis suerte de cogernos en temporada baja. Seréis las únicas huéspedes que tengamos.
Moka fue la última en bajarse, cuando el conductor le llamó la atención.
-No creo que tengáis que quedaros mucho tiempo. Probablemente pronto recibiréis una visita de gente que podrá explicaros la situación mejor que nadie.
-¿Eh? ¿De que habla?
El conductor no respondió. Solo cerró la puerta y volvió a arrancar.
-¿Eh? ¿Se marcha sin más? ¿Pero adonde va?-preguntó Kurumu.
-Ese hombre es algo siniestro en ocasiones.-dijo Mizore.
Todas se quedaron mirándola en plan "mira quien fue a hablar", mientras Moka pensaba en lo que acababa de decirle.
-"¿A que se refería con eso último? ¿Y porque todo el mundo parece saber algo, y no querer contarlo? Ah, maldita sea. Tsukune, estés donde estés, por favor, que te encuentres a salvo."-pensaba mientras miraba en la dirección por la que se había marchado el autobús con preocupación.
-¡Moka! ¿Vas a entrar?-le preguntaban desde la entrada del hostal.
-Sí, un momento.
Solto un suspiro, y tras dar una última mirada al horizonte, se dispuso a entrar. Pero en ese instante escuchó que un mensaje llegaba a su móvil. Sin mucha gana lo sacó, y...
-¿Tsu... Tsukune?
En efecto, el nombre que aparecía en la bandeja de entrada, era el suyo.
Pregunta: ¿Qué tienen en común Frankenstein, el vampiro moderno y una casa junto a un lago en Ginebra?
