Lamento la tardanza (de nuevo). Tenía pensado sacar este capítulo mucho antes, pero estaba de viaje, y no tenía el ordenador a mano. Es lo que tiene el verano. Como sea. Esta vez SÍ que voy a estar subiendo más a menudo. Y para no quedar de mentiroso, aquí está la respuesta a la adivinanza del capítulo anterior:
La Villa Diodati es una mansión ubicada en Cologny, Suiza, cerca del Lago de Ginebra. Es famosa por haber sido la residencia de verano de Lord Byron, Mary Shelley, Percy Shelley, John Polidori y otros en 1816, en donde se concibieron las ideas para la novela Frankenstein y El vampiro.
El verano de 1816, estos se reunieron en esta villa para pasar el verano de aquel año sin verano. Organizaron una apuesta para crear una historia de terror. Allí Mary Shelley dio los primeros trazos de su obra Frankenstein, y John Polidori los de El vampiro. Novela que sirvió para crear la figura moderna del vampiro como ser atractivo y cautivador, aunque sería Bram Stoker con Drácula quien haría popular su figura.
En conclusión: Frankenstein y el vampiro moderno nacieron bajo el mismo techo al mismo tiempo, en una casa junto al lago Ginebra.
*Londres, 1803*
Una mujer pelirrosa se encontraba parada frente a una gran casa oculta entre callejones en Londres. Su forma de vestir era muy típica de la época. Había llegado hasta allí desde Japón a raíz de una carta.
Srta. Bloodriver
Supongo que se preguntara como obtuve esta dirección. Supongo que también se preguntara quien soy. Pero eso tendrá que esperar a nuestro encuentro cara a cara.
Podría darle detalles sobre la naturaleza de nuestro encuentro, pero me temo que si lo hiciera, pudiera negarse a venir. ¿Cómo sé que vendrá? Fácil, una palabra:
Alucard.
Sé de su relación con dicho sujeto. Y también sé de lo ocurrido hará pocos años con él. ¿Creían usted y sus dos amigos de los tres señores oscuros que habían resuelto el problema? Pues no. Existen rumores de avistamientos, por distintas zonas de la Europa balcánica.
Y he aquí uno de los motivos menores de nuestro encuentro. ¿Qué amenaza podría haber mayor que él?, se preguntará.
Pues la hay.
De veras que me gustaría darle más detalles, pero me arriesgaría si esta misiva fuera interceptada. Si quiere saber más, reúnase conmigo en la dirección y fecha de la tarjeta.
Habrá más invitados con diferentes motivos para presentarse.
Sin más, me despido, y espero que nos conozcamos pronto.
Y ahora allí presente se encontraba. Observo con detenimiento la fachada y los alrededores, esperando ver algún detalle que dejara entrever una trampa o una amenaza (ella tenía fama de ser demasiado buena, pero no tonta), pero solo alcanzó a ver a un hombre acercándose por un callejón. Tenía una complexión robusta y llevaba gafas. No podía versele mucho, ya que iba muy tapado. Como si tuviera miedo de que le reconocieran.
Al verla a ella parada frente a la entrada de la casa, se detuvo un momento, pero luego se acercó con calma.
-Buenas noches, señorita.-dijo quitándose el sombrero de forma cortés, dejando ver su pelo moreno.
-Buenas noches.-le respondió ella.
-Permitame presentarme, mi nombre es Henry Jekyll.
-Yo soy Akasha. Akasha Bloodriver. Un gusto en conocerle.
-Curioso apellido.-comentó con una pequeña sonrisa, tras observar la puerta.-Supongo que también la han invitado a la reunión. ¿Quién fue?
-Para serle sincera, no conozco ni el nombre del anfitrión.-dijo ella honestamente.
-Típico. La primera vez a mi tampoco me informaron de mucho. ¿Entramos juntos?
-Sí, no creo que hagamos mucho aquí fuera.
Cuando el Dr. Jekyll llamó a la puerta golpeando con el pomo del bastón, un hombre les abrió.
-Solomon.-dijo el Dr. Jekyll.
-Henry.-le respondió del mismo modo.
Solomon miró a la mujer, y Henry fue el primero en responder.
-Oh, es la señorita Bloodriver. Aparentemente también ha sido invitada a la reunión de esta noche.
-Ya veo.
El hombre se retiró de la puerta, y viendo la brusquedad con la que los había recibido, Akasha miró hacía el Dr. Jekyll, que simplemente se encogió de hombros.
-Así es él.
Ambos pasaron al interior. La casa tenía una decoración austera para su tamaño. Akasha siguió al Dr. Jekyll, quien parecía conocer el lugar, a una especie de biblioteca con una mesa de reuniones en el centro. Vieron ya sentados a un hombre con bata, completamente cubierto de vendas y gafas, a otro joven de pelo castaño, y al último, con gabardina negra y sombrero de ala ancha. Jekyll les saludó de forma rápida.
-Dr. Griffin, joven Frankenstein, y señor...
-Van Helsing.-dijo Akasha al verle, algo sorprendida.
-Vaya, veo que mi fama llega lejos.-respondió el aludido sonriendo.
-¿Se conocen?-preguntó Griffin.
-En el negocio en el que nos movemos, aunque no nos conozcamos personalmente, todos hemos oído hablar de alguien.
Se puso de pie y se acercó a Akasha.
-¿Qué hace aquí un miembro de los cazadores en la oscuridad?-preguntó ella.
-Exmiembro. Hace tiempo que no mato a ningún monstruo o ente sobrenatural... que sea inocente, claro.-dijo con una sonrisa.
Akasha aún se mantenía recelosa.
-No la culpes, Gabriel. Hace bien desconfiando de nosotros.
Un hombre mayor entró a la habitación seguido de Solomon.
-Profesor Van Helsing.-dijo el Dr. Jekyll.
-Padre.-dijo Gabriel.
-Me alegra saber que mi carta llego hasta usted, señorita Bloodriver.
-Así que fue usted quien me invitó. ¿Podría preguntarle el motivo exacto?
-¿Vamos a hablar sobre lo que hemos venido a hacer, o no?-dijo el miembro de la familia Frankenstein algo alterado.
-Calma, joven Ernest. Antes hay alguna explicaciones que deben darse. Siéntese con nosotros si es tan amable, Akasha.
Jekyll y Solomon tomaron asiento junto a los demás. Akasha habiendo llegado hasta allí, se dio cuenta de que no podía hacer otra cosa que sentarse y esperar lo que tenían que decirle. El profesor Van Helsing fue el último en sentarse.
-Lo primero es lo primero. Me gustaría introducirle a los aquí presentes. Por lo que veo, ya acaba de conocer al Dr. Henry Jekyll. El maleducado del sombrero es mi hijo Gabriel.-con esto el mencionado rodó los ojos sonriendo.-El hombre vendado es Griffin. El que les recibió en la puerta es Solomon Kane, llamado así en honor a su antepasado. Otra rama de cazadores de monstruos arrepentidos. Y por último, pero no menos importante, Ernest Frankenstein, el hermano mediano de la familia, y único superviviente.
-¿Único?-dijo Akasha.-Creía que la criatura había acabado con todos los parientes de Victor Frankenstein.
-Aparentemente, ese demonio se olvidó de mi.-dijo apretando el puño con rabia.
-Y bueno, respecto al objetivo común de nuestra pequeña organización, buscamos el mismo mundo utópico que usted, señorita Bloodriver.-le dijo Gabriel.
-¿La armonía entre humanos y yokais?-dijo ella alzando una ceja.
-Je. Lo siento, los aquí presentes somos demasiado cínicos para pensar en armonía.-dijo Griffin.-Quiero decir, la humanidad no es capaz de vivir en armonía consigo misma. ¿Así que vivir en paz con otra especie?
-Pero si pensamos que es posible al menos una paz social más o menos duradera.-dijo el Dr. Jekyll.-No libre de problemas y conflictos, pero que serían solo asuntos menores.
-Y nos reunimos de periódicamente para revisar y anular esas posibles amenazas a ese plan.-dijo Solomon.
-¿Y como pretenden eliminarlas? No quiero ofender, pero de los aquí presentes solo veo a dos con capacidades para la lucha.-dijo señalando a Gabriel y Solomon.-Y ninguno de los presentes es yokai.
-Aparte de las habilidades físicas y el entrenamiento de Solomon y Gabriel,-dijo el profesor Van Helsing.-también contamos con las habilidades únicas de Griffin y el señor Hyde.
-¿Habilidades únicas?-dijo mirando al hombre vendado.
-Permitame mostrárselo.-dijo Griffin quitándose las gafas.
Comenzó a desenrollar las vendas alrededor de su cabeza, para dejar expuesto... nada. Su cabeza, y probablemente el resto de su cuerpo eran completamente invisibles.
-Vaya.-fue lo único que dijo Akasha.
-Me sorprende, señorita Bloodriver. La mayoría de las mujeres suelen gritar al verlo.-dijo Griffin.
-Créame, he visto cosas mucho más extrañas. ¿Y el señor Hyde? ¿Dónde se encuentra?
Jekyll levantó la mano, a lo que Akasha le miró sin terminar de comprenderlo.
-Sería una historia muy larga de explicar.-dijo él con una simple sonrisa.
-Y ahora no tenemos mucho tiempo. Si lo deseas, podemos explicar el motivo de esta reunión, y porque la hemos invitado.-dijo el profesor Van Helsing.
-Era lo que esperaba.-dijo Akasha.
-Verá, hace años, di clases en la facultad de medicina en la que estudiaba Victor Frankenstein. El hermano mayor del aquí presente Ernest.-dijo señalándolo.
-Es por la criatura, ¿cierto?-se adelantó Akasha.
-Por favor, déjeme llegar a ese punto a su debido tiempo. Como hematólogo, me consultó sobre una extraña enfermedad de la sangre que había provocado la muerte de su madre. Una enfermedad, aunque rara, con la que yo era altamente familiar. Porque fue la misma que acabó con la vida de mi esposa. Una enfermedad a la que no dude mucho de calificar de vampirismo.
Se hizo un silencio incómodo durante unos segundos, en los que Van Helsing y Akasha se miraban a los ojos mientras los demás solo les observaban.
-Viéndome a mi mismo de joven en él, no dude en compartir todos mis conocimientos sobre su especie. El origen de su fuerza, la posible existencia de otras especies de monstruos, sus debilidades, etcétera. Tras aquellas reuniones, comencé a saber menos de él. Ya no hablábamos, solo nos veíamos eventualmente en clases. Hasta que un día, contactó conmigo, y me dijo que fuera a verle esa noche a su laboratorio.
En ese momento suspiró de forma triste y agachó la cabeza claramente deprimido.
-Cuando el me hablaba de encontrar una forma de eliminar a su especie, nunca me imaginé que iría por ese camino. Me mostró sus notas. Todo lo necesario para crear una nueva forma de vida artificial. Lo único necesario para llevarlo acabo era financiamiento. Pero lo peor fueron los apuntes sobre las capacidades teóricas que debería poseer. Todas, y cada una de ellas, estaban destinadas a emular o anular las capacidades de un vampiro en una batalla. Una sangre tóxica para envenenarlos, una capacidad similar a la suya para convertir su aura en fuerza física. En definitiva, su nuevo Adam solo tenía un propósito para su existencia: matar vampiros.
Esto dejó sorprendidos tanto a ella como a los demás, excepto a Ernest, que seguía con una expresión de enfado según avanzaba la historia.
-Cuando me pidió que colaborara con él, me negué. Esos eran estudios prohibidos, y se metería en problemas si alguien conociera su existencia. Así que le dije que lo mejor era que mañana saliéramos de la ciudad con sus notas, y las enterráramos o las quemáramos, y me fui airado, con él obviamente molesto por mi reacción. Cuando me presenté al día siguiente en su laboratorio para hablar las cosas con más calma, me encontré con el lugar completamente vacío. Años después me enteré, gracias a Gabriel, sobre con quien había estado hablando el tiempo que pasó desaparecido.
-Los cazadores en la oscuridad.-dijo Akasha.
-Exacto. Y ya conocerá el resto de la historia, sobre lo que pasó en el castillo. Y aquí llegamos al punto relevante. Hace poco, conseguimos recuperar los apuntes de Victor Frankenstein. Había perseguido a la criatura hasta el indómito norte, donde murió congelado. Su diario está a salvo, y la criatura sigue escondida en algún lugar de donde se le vio por última vez. Estaríamos conformes con esta situación, dado que no tiene interés alguno en establecer contacto con la civilización. Pero tenemos un pequeño problema.
-Déjeme adivinar.-dijo Akasha.-Ustedes no son los únicos que lo saben.
-Exacto.-dijo Van Helsing con una sonrisa.-Los cazadores en la oscuridad, o cualquiera organización de las que busca derrocar la sociedad humana, podrían buscarle para desvelar sus secretos, y crear más como él.
-Y ahí es donde entra usted.-le dijo Gabriel.
-Podemos lidiar con cíclopes, íncubos, y demás criaturas desde un nivel bajo a un nivel alto.-dijo Solomon.-Pero algo como esa criatura...
-Actualmente creemos que su nivel de fuerza haya podido alcanzar uno cercano a los vampiros más poderosos.-dijo Jekyll.-O lo que es lo mismo, para detenerlo necesitaríamos...
-Un shinso.-dijo Akasha, para luego ver de reojo a Ernest Frankenstein.-Y una vez que lo encontremos, ¿qué pretende hacer con él?
-Matarlo, por supuesto.-dijo Ernest con decisión.
-Joven Ernest, el destino inmediato de la criatura es algo que aún está a discusión.-dijo Van Helsing.
-¡No puedo aceptar otra cosa! ¡Mató a todos mis seres queridos! ¡Destruyó mi vida!-dijo con rabia mientras unas pocas lágrimas salían de su rostro.-Además, me necesitan, porque soy el único además de mi difunto hermano que sabe como funciona su cuerpo. Tengo los mismo conocimientos de medicina que él. Y no aceptaré otra cosa que no sea su muerte.
-Su destino es algo discutible, pero su destrucción.-Van Helsing suspiró.-Su destrucción parece una de las opciones más seguras.
Se produjo un silencio incómodo por la determinación del joven en su búsqueda de venganza.
-¿Y bien, Akasha?-dijo Griffin.-¿Podemos contar con su asistencia a nuestra expedición ártica?
Ella meditó unos segundos.
-No disfruto con la violencia.-dijo ella con voz serena.-No me gusta el hecho de que deba quitar una vida. Pero si lo que dicen es cierto, no me queda más remedio que ayudarles. Aunque, todavía no se han ganado mi completa confianza, les ayudaré.
-Perfecto.-dijo Gabriel poniéndose de pie con una sonrisa, intentando aligerar el ambiente.-¿Cuando partimos?
-Que cosas. Años intentando encontrar la forma de entrar en este sitio y descubrir sus secretos, y que al final lo hayamos conseguido sin derramamiento de sangre. ¿No te parece curioso?
Ishi Kowarenai sujetaba con una mano las alas de una hada, mientras que con la otra cargaba un espejo. Lilith solo se removía inútilmente.
-¿Qué es lo que quieres?-dijo ella gruñendo.
-Solo que compartas conmigo los secretos de Mikogami.
-¡Yo no sé nada sobre eso!
La puso a la altura de su cara, con una sonrisa amenazadora.
-Oh, no te hagas la ilusa conmigo. Eres pequeña y escurridiza. Si ahora te soltara, me sería completamente imposible atraparte. Es muy difícil que alguien te viese deambulando por la mansión de Mikogami, incluso él siquiera. No deberías tener mucho con lo que entretenerte, y sé lo curiosas que sois las hadas. Cuanto os gusta espiar.
Lilith tragó saliva.
-¿Qué... qué quieres saber?
-¿Dónde está la puerta secreta? ¿Dónde está la cámara a la que solo él entra? Ese sitio del cual niega su existencia, y donde guarda todo aquello que es demasiado peligroso incluso para él.
-No sé de que me hablas.-dijo intentando mirar a otro lado.
-No soy supersticiosa, ¿sabes?
-¿Y eso que?
-Que no temo sufrir 7 años de mala suerte.-dijo mostrándole el espejo.
-¡Aaaaaah! ¡Vale, vale, te lo diré!
Lilith le indicó que fueran al sótano de la mansión, incluso aún más abajo de donde se encontraba el rosario que mantenía encendido el escudo del refugio. Era un pequeño cuartucho con paredes de bloques de hormigón.
-Telarañas por todas partes. No tiene pinta de que viniese muy a menudo.
-Solo le vi bajar una vez. Estuvo media hora, y después salió.-dijo Lilith con las alas adoloridas por la fuerza con la que sujetaba Kowarenai.
-¿Llegaste a ver donde estaba el mecanismo de apertura?
-No. Cuando entré siguiéndole, ya no estaba.
-Ya veo.
Kowarenai soltó a Lilith de golpe, quien cayó contra el suelo.
-Ayúdame a encontrar el bloque falso.
Lilith movía sus alas esperando recuperar la sensibilidad.
-¿Y si no quiero hacerlo?
Kowarenai golpeó con los nudillos el espejo, mientras miraba a Lilith sonriendo. Esta le miró nerviosa, y suspiró derrotada.
La pelirroja fue palpando la pared buscando un bloque más ligero que los demás, pero no notaba extraño. 30 segundos después de empezar a buscar...
-Lo he encontrado.-dijo el hada.
-¿Ya?
-Soy buena encontrando cosas.-dijo presionando el bloque con todas sus fuerzas.
La pared se deslizó a un lado, dando a un corredor oscuro donde no se divisaba nada en lo profundo.
-En fin, gracias por tu ayuda.
Kowarenai lanzó el espejo hacia Lilith, quien lo agarró con dificultad.
-Bien, ahora lárgate.-dijo Kowarenai encendiendo una linterna para entrar.
-No... no comprendo.-decía Lilith.-¿Porqué..?
-¿Te dejo vivir? Acabas de hacerme un favor. Así que yo te lo devuelvo dejándote vivir.-le respondió con una sonrisa siniestra.-Así que más te vale esconderte bien o huir, porque seguramente mis hombres no serán tan amables.
Tras esto, Ishi entró en el pasadizo, mientras Lilith alzaba el vuelo con su espejo.
Dentro del pasadizo, unas escaleras conducían a un cuarto de paredes de bloques de piedra con cadenas clavadas en distintos puntos de los muros, que amarraban algo en el centro de la habitación. Un libro cerrado sobre un atrio. No podía verse bien la portada dado que las cadenas la tapaban casi completamente, pero no era la primera vez que Ishi se encontraba con un artefacto arcano peligroso. Sabía que era lo mejor que podía hacer: no tocarlo y alertar al líder supremo para que un equipo lo recoja.
Sabía bien lo que debía hacer. Pero sin embargo, también tenía curiosidad. Las cadenas eran fuertes, pero con unos buenos alicates deberían romperse. No los tenía a mano, pero no era necesario. Solo quería tocar su cubierta. Se fue acercando paso a paso mientras las cadenas parecían apretarse. Adelantó su mano con anticipación a pesar de acercarse a paso tranquilo. Un brillo naranja parecía emerger de los amarres cuando Kowarenai estuvo...
-¡Eih, no deberías tocarlo!-la sorprendió Lilith por detrás.
-¿Qué haces tú aquí?-dijo la pelirroja saliendo del trance.
-Yo también sentía curiosidad por lo que había aquí abajo.-le respondió con simpleza.-No creo que debas tocarlo. Hay un aura demoníaca muy extraña emergiendo de él.
-Lo sé. No se porque quería abrirlo. Sea lo que sea, puede trastocar la mente de la gente.-dijo frotándose la frente.-Lo mejor será que dé el aviso y que envíen a alguien a recogerlo, y...-se quedó mirando a Lilith.
-¿Qué?-dijo ella.
-¿Dónde has puesto el espejo?
-Donde no puedas encontrarlo.
Tras esto, Kowarenai se le quedó mirando unos segundos, mientras Lilith parecía algo intimidada. Pero luego la pelirroja soltó una carcajada.
-Anda, salgamos de aquí.
Subieron las escaleras del pasadizo, y Kowarenai presionó la piedra del mecanismo para volver a cerrar la puerta. Por simple precaución. En eso notó como la llamaban por su comunicador.
-Agh, ¿qué pasa ahora?-dijo llevándose la mano a la oreja.
-"Comandante, ¿dónde se había metido? Llevamos llamándola cinco veces."
-Solo he estado fuera 15 minutos.-dijo mirando a Lilith.-¿Qué ha pasado esta vez?
-"Una llamada del líder supremo. Quiere hablar con usted."
-Bien, porque yo también quiero hablar con él. Estaré allí en un momento.-dijo cortando la comunicación.
Miró alrededor, y vio que Lilith ya no estaba por allí.
-Je, bien por ella.-dijo mientras abandonaba el lugar.
En el hostal de Marin y Sun, las chicas y Fong Fong estaban todas reunidas en el bar del hostal hablando.
-¿Estás segura que era Tsukune?-le preguntó Kurumu.
-Sí, tengo su número en la agenda. Era su teléfono.-dijo Moka sujetando su móvil.
-¿Y dices que cuando cogiste, no contestó?-dijo Fong Fong.
-No, colgó de inmediato. Y cuando volví a llamar estaba apagado.
Todas se quedaron pensando.
-Eso puede significar que quizás se encontraba en una situación difícil e intentaba pedir ayuda, pero no tuvo ocasión.-dijo Ruby.
-Al menos podemos saber que está bien, desu.-dijo Yukari.
-No podemos saberlo solo por la llamada. Puede que fuera otra persona la que tuviera su teléfono.-dijo Moka.
-Pero entonces, los que lo tuvieran serían los mismos que le capturaron, ¿no?-dijo Kokoa
-¿Pero quienes serían esos? ¿Los cazadores en la oscuridad, o los del símbolo de la serpiente alada?-dijo Mizore.
-¿Y como sabemos que no son los mismos?-dijo Kurumu.
-Lo dudo.-dijo Moka.-Si así fuera, no habrían enviado solo a aquella motorista a por nosotras.
Todas quedaron pensando unos segundos, mientras Moka trataba de mantener una expresión fría.
-Ruby, ¿qué más recuerdas de ese informe del que me hablaste antes?-preguntó Moka.
-La verdad, no mucho. Solo que hacía referencia a tu madre en varias partes, y decía algo de que ella se había responsabilizado de una "criatura" para ayudarle a ponerse a salvo.
-¿Mi madre?-dijo algo sorprendida.
-Sí, yo tampoco lo comprendí. Pero también vi una mención a la organización desconocida de la que habláis. Había una imagen de ese símbolo, junto a una lista de nombres. Ninguno me llamó la atención, excepto por el apellido de dos. Van Helsing.
-¿Va-Van Helsing?-dijo Yukari.
-¿Te suenan?-dijo Mizore.
-Sí, había leído sobre ellos. Era una familia que en el siglo XIX se ganaron una gran fama como cazadores de monstruos en general, y de vampiros en particular.
-¿Cazar vampiros?-dijo Kokoa sorprendida.-Comprendo que puedan con monstruos de bajo nivel, pero, ¿vampiros? ¿Cómo pueden unos simples humanos matar vampiros?
-Eso es lo que nadie parecía comprender.-dijo Ruby.
-Puede que sean dos organizaciones distintas, pero aparentemente parecen buscar los mismo objetivos y estar colaborando.-dijo Mizore.
-La cosa es, ¿dónde comenzamos a buscar?-dijo Moka.
En la villa de las mujeres de las nieves una de ellas intentaba secar sus lágrimas, mientras otras dos la ayudaban a caminar. Tenía el kimono rasgado, y no quería mirar hacía atrás. Tras ellas, Wilson, sin su armadura, pero con ropa militar de nieve, observaba como se marchaban. Volteó la vista al otro lado, donde dos soldados sin sus armas ni sus protecciones, con la ropa militar informal, eran vigilados por cinco armados con el uniforme de invierno de batalla.
Wilson se colocó frente a estos dos, y cuando uno se dispuso a hablar, este alzó la mano para hacerle callar.
-¿Cuales son las instrucciones que di en el informe de misión?
-Comandante, nosotros...
-Cuales fueron.-dijo de forma seria.
Al final ambos hombres se miraron mutuamente y suspiraron.
-Prohibidas las violaciones.-contestó uno.
-Prohibidas las violaciones.-sacó su pistola y les apuntó con ella.-Creí haber dejado bastante claro que era lo que le exigía a los hombres bajo mi mando.-bajó la pistola mientras ellos suspiraban aliviados.-¿Tan difícil os resulta evitar que vuestra entrepierna comience a pensar y a tomar decisiones por vosotros? ¿Eh?
Ambos se quedaron en silencio.
-Tenéis suerte de que estoy de buen humor. A partir de hoy os va a tocar hacer todas las guardias nocturnas. Sin ropa de invierno.
Ambos estaban molestos por esto, pero no se atrevían a decirle nada.
-Quizás el frío os baje el libido a niveles normales.
Cuando Wilson se volteó para marcharse, pudo escuchar una palabra dicha en bajo por uno de ellos.
-Hipócrita.
Se detuvo y echó la vista hacia atrás.
-¿Hipócrita?
Ambos hombres agacharon la cabeza, e intentaron mirar hacia otro lado. Wilson se acercó a ellos.
-Explicadme. ¿Exactamente porque soy un hipócrita?
El que habló antes se envalentonó y le plantó cara.
-Por lo que vi antes cuando se metió en casa de una de ellas.
Se cruzó de brazos mientras Wilson le miraba de lado con seriedad.
-Cuando llevaba puesta la armadura, después de salir del palacio de la sacerdotisa de las nieves, le seguí. Le vi quitarse el casco y las armas, y dejarlas en la entrada. Salió después de una hora, y cuando hubo recogido sus cosas, pegué el oído a la puerta, y escuché a una mujer llorando. Así que sí. Hipócrita, porque las normas que se aplican a nosotros no sirven para usted.
Su compañero y el resto de soldados se fueron apartando poco a poco, mientras Wilson observaba al soldado que le sonreía confiado.
-Una mujer llorando.-dijo con la misma expresión.-Una mujer llorando, es todo lo que tienes para acusarme. Para desafiar a tu superior.
Wilson inspiró y exhalo hondo para relajarse. El soldado le seguía mirando con aquella sonrisa arrogante, mientras él mantenía la calma. Sin previo aviso, Wilson impactó su puño contra su esternón. El soldado dio unos pasos hacía atrás por el golpe, y escupió un pequeño chorro de sangre. Miró a su comandante mientras se tambaleaba, y acabó derribándose de espaldas sobre la nieve con los ojos abiertos.
Nadie quería acercarse a comprobar su estado, dado que intentaban mantener las distancias con su comandante.
-¿Alguien más quiere poner en duda mi palabra?-dijo mirando alrededor.
Nadie sabía que hacer. El soldado derribado volvió a respirar, y se dio la vuelta mientras tosía adolorido. Wilson solo comenzó a caminar alejándose como si nada.
-Que alguien le lleve al puesto médico. Yo tengo asuntos que atender.
Miró a la esquina de una casa, desde donde Tsurara le observaba medio escondida. Cuando Wilson pasó de largo, esta cayó sentada al suelo con la espalda contra la pared.
-Ah, Marcus. Lo siento tanto.-dijo secándose las lágrimas.-Solo tú conseguirías hacerme llorar. Parece que hay cosas que no se pueden evitar.-dijo con una pequeña sonrisa.
-Líder supremo, tiene que estar bromeando.
En el edificio de administración de la academia, Kowarenai hablaba con el holograma de alguien que permanecía oculto en las sombras.
-"Hablo completamente en serio, comandante. No soy dado a las bromas."
-¡Pero Japón es mi división! ¡No puede entregársela a él!
-"Ravage ha hecho más contra Fairy Tale en un día que usted en 10 años. No ha podido ni atrapar a unos niños."
Kowarenai se limitó a gruñir y apretar los puños furiosa.
-"La orden ya ha sido dada. Ravage se moverá a la academia para ayudarla a establecer nuestra base central en el país. Usted será la jefa de la base, y la encargada de coordinarla. El director de las operaciones de campo será ahora Ravage, y usted le asistirá en todo lo que necesite. ¿Está claro?"
Ella se mordía el labio.
-"¿Está claro o no, comandante?"
-Sí, líder supremo. Será como usted ordene.
-"Bien. Ahora, ¿qué era eso de lo que quería hablarme?"
-Oh, nada urgente, líder supremo. Puedo encargarme sola.
-"Más le vale."
La comunicación se cortó, y Kowarenai se quedó inmóvil.
-Puedes salir. Sé que estás ahí.
Lilith se asomó por allí.
-¿Porqué no le has hablado a tu jefe del libro?-le dijo ella sentándose sobre un escritorio.
-Si te traicionan tus superiores, tiendes a perder tu confianza en ellos.-se sentó en una silla suspirando derrotada.
-Ese tal Ravage... Pareces odiarlo. ¿Te llevas mal con tus compañeros?
-Oh, no. Hay algún buen tío que otro, como Marcus. Pero Ravage es un capullo integral, y una bestia parda. No comprendo como le dieron tanto poder a alguien como él.-luego frunció el ceño y miró hacía Lilith.-Y tampoco entiendo porque te estoy contando todo esto.
-Yo tampoco entiendo porque he venido a verte.-dijo devolviéndole la mirada.
Ambas se observaron durante unos segundos, y luego se echaron hacía atrás para relajarse.
-Confraternizando con un espíritu objeto. Que bajo que he caído.-dijo Kowarenai compadeciéndose de si misma.
En el hostal, Marin escuchó como alguien llamaba desde la entrada de su local. Vio desde lejos a cuatro jóvenes, dos chicos y dos chicas, de la quinta de Sun y sus amigos recién hospedados.
-Bienvenidos seáis.-dijo acercándose a ellos.
Pudo verlos mejor. El primer chico era rubio y de ojos azules, y llevaba una camisa blanca con dos botones desabrochados, dejando ver un colgante. El segundo era moreno, con los ojos castaños muy oscuros, vestido con una chaqueta de cuero. Junto a ellos había una chica de melena rubia, larga y sedosa, con los ojos de un verde muy brillante, con camisa de tirantes. Y por último, estaba la otra chica, de melena gris algo ondulada, y de ojos amarillos, que vestía un top y una chaqueta negros cortos.
-Buenos días.-dijo el rubio con una sonrisa.-Verá, necesitábamos hablar con unas personas que creo que se hospedan aquí.
-Ahm... Lo siento, no sé a que os referís.-dijo Marin algo extrañada.-Ahora mismo aquí no se está hospedando nadie.
Los amigos de Sun le habían contado lo que había pasado, pero supuestamente nadie debía saber donde estaban. ¿Quizás estos les siguieron? No estaba segura de que hacer.
-¿Eeeeeh...? ¿Está usted segura?-dijo el moreno.
-Vaya, estábamos bastante seguros de que se encontraban aquí.-dijo la rubia apoyándose sobre el hombro del moreno.
-Y deben estar aquí, no pueden estar en otro sitio.-dijo la peloplata cruzándose de brazos.
-Bueno, a lo mejor sí que se encuentran aquí.-dijo el rubio con las manos en los bolsillos, colocándose frente a Marin.-Vaya atrás, y si ve a alguien que no debería estar aquí, dígales que venimos de parte de Tsukune.
Esto sí que ya le preocupó. pero intentó aparentar normalidad. No parecían peligrosos, pero la última vez que habían venido aquellas chicas, le quedó claro que no podía fiarse de las apariencias.
-Claro, os ayudaré en lo que pueda.-dijo ella intentando parecer calmada.
-Gracias. Si no le molesta, esperaremos aquí.-dijo el rubio.
-Claro, será cosa de un momento. Este hostal no es tan grande.
Se perdió por el pasillo, mientras los jóvenes de la entrada.
-Tus formas de abordar las vías diplomáticas suelen ser un fiasco, ¿sabes, Gabriel?-le dijo el pelimoreno al rubio.
-No te preocupes, Edward. No necesitaremos llegar a las manos. Y en caso de que así sea, conozco la manera de convencerles de que nos acompañen.
-Solo espero que no tengamos que acabar en otra pelea.-dijo la de pelo gris.-Es tan...
-¿Estúpido?-dijo la rubia.
-No, tópico.
-Ah, no sabes disfrutar del momento.-le dijo la rubia.-Me encanta conocer gente nueva. Tomate esto como una oportunidad de socializar.
-Estamos trabajando, no de placer.
-¿Y que?
Agh, estoy metiendo tantos Oc's que me vendría bien tener un dibujante a mano.
Espero que os haya gustado el capítulo. Dejadme reviews, y como extra, otra pregunta. ¿A que novela pertenece este fragmento?
"Sentado junto al fuego, en el cual se preparaba el desayuno, se hallaba un anciano. Se volvió al oír el ruido; y, viéndome, salió de la cabaña gritando y cruzó los campos a una velocidad apenas imaginable en persona tan debilitada."
