¡Qué tal! Por fin he terminado este capítulo. Supongo que alguno andará diciendo "¡Ya era hora!". Pero por fin está terminado.
Y está vez me aseguraré de no darme plazos, que sé que nunca los cumplo. T-T
Como sea, antes del capítulo, la respuesta a la pregunta del anterior:
Frankenstein. La novela tiene un tono general muy serio e incluso triste, pero cuando leí esta línea perteneciente al relato del monstruo a su creador, solté a reír de golpe. XD
Me pregunto si Mary Shelley lo haría a propósito.
Y sin más dilación, aquí lo tenéis.
*Círculo polar ártico, 1803*
Una asoladora tormenta de nieve cubría la poca tierra que había en la zona. Todo lo demás era una enorme capa de hielo. Muchos piensan que es completamente imposible llegar a esa zona, pero los rastros de humo parecían indicar otra cosa.
Cabañas ardiendo y decenas de cuerpos regando de rojo la nieve parecían confirmar el peligro de ir allí. Y sin embargo, estos hombres allí se encontraban. Un sujeto tapado completamente con una capa, un elegante sombrero con pluma y con una máscara blanca sonriente, caminaba por el lugar apoyándose en un bastón con forma de espina dorsal. El rey enmascarado vio un trozo de trapo oculto por la nieve. Lo recogió con la punta del bastón, y luego lo extendió con sus manos, para ver confirmadas sus sospechas. Aquello era un campamento de los cazadores en la oscuridad.
-No hay ningún superviviente.
Dos yokai pertenecientes a su recién formada organización, Fairy Tale, se acercaron a él.
-La criatura parece haber sido bastante metódica en esto.
-Sí.-dijo su líder.-Es justo tal como lo esperaba. La nieve ya habrá ocultado sus huellas, pero viendo como es esta zona, solo habrá un sitio donde pueda ocultarse.
Alzó su bastón para señalar en dirección a la arboleda junto a la que se había asentado el campamento.
-Ese bosque no parece muy protegido de la tormenta. Los árboles están casi todos muertos.-dijo uno de ellos.-¿Está seguro?
-Créeme, a él no le molesta mucho el frío.
Los tres se adentraron en el bosque, junto a la otra decena de hombres que había traído consigo el rey enmascarado. Algunos de los más fuertes de su organización. Se repartieron por el bosque, equipados con unos artilugios que encontraron en el campamento de los cazadores llamados "bengalas", que aparentemente utilizaban para señalar posiciones.
Finalmente, el rey enmascarado se vio solo en el bosque. Podía escuchar truenos de vez en cuando, bastante cerca. Había tormenta sobre ellos. Pero rara vez pudo ver los relámpagos. Se extrañó por el hecho de que a pesar de llevar una hora deambulando por allí, no había encontrado una sola pista, ni vio ninguna bengala en el cielo. Decidió caminar en la misma dirección de la que había venido el trueno más reciente, y se dio cuenta.
Aquello que había estado escuchando no eran truenos, si no golpes.
Vio los cuerpos de todos sus hombres diseminados por un claro, de una forma similar a la que encontraron en el campamento. Había troncos de árboles partidos en dos, y socavones y franjas de tierra enormes. El claro se encontraba en una pequeña pendiente, y sobre esta, un peñasco. El rey enmascarado distinguió dos figuras sobre la roca. Una sujetaba el cuello de la otra mientras la alzaba. Este último era uno de sus hombres, y el otro, la criatura. Aquel que habían venido a buscar.
-A... ayuda.
Su subordinado se revolvió un momento antes de que se escuchara un chasquido y se quedara completamente quieto. La criatura lanzó al cadáver a los pies del rey enmascarado, mientras este observaba sin inmutarse.
-Fui blando al principio. Que me manche las manos de sangre a menudo no significa que me guste hacerlo. Pero parecía que no aprendíais.-dijo la criatura observándole desde arriba.
-No te culpo. Pero déjame decirte que no habíamos venido a atacarte.
-¿Entonces porque todos estos parecían luchadores tan experimentados?
-Simple precaución, por si no querías atender a razones. ¿Porque me dejaste con vida solo a mi?
-Porque pareces ser el líder. ¿Qué quieres?
-Proponerte algo.
La criatura bajo de un salto para ponerse a su altura.
-¿Qué exactamente?
-Únete a mi.
La criatura alzó una ceja extrañado.
-Se que odias a los humanos. Te crearon para usarte como un arma, y luego te desterraron para cazarte como un animal.
-Cierto. Precisamente por eso vine aquí, no quiero tener nada más que ver con la civilización.
-¿Porque te limitas a esconderte de ellos? Mira tu poder. Como supongo que ya habrás adivinado, soy un yokai.
La criatura no dijo nada.
-Al igual que nosotros, la humanidad te odia y te teme. Mi organización siempre ha pensado en salir de las sombras y tomar el mundo humano para nosotros. Y tú, amigo mío, podrías tener un lugar especial en esa sociedad. Tal como yo lo veo, ya eres uno más de los nuestros. Eres un "monstruo" más.
El rey enmascarado esperó a escuchar su respuesta.
-¿Y que papel jugaría exactamente dentro de tu plan?
Sonrió debajo de la máscara.
-Aquí llega la parte que te convencerá. Debe ser horrible ser el único de tu especie. ¿Qué le pediste a tu creador? ¿Una compañera? Bueno, imagínate toda una raza como la tuya. Gente que no te aparte de su lado asqueada por tu aspecto.
-Sé perfectamente de lo que hablas.-le interrumpió la criatura.-Actualmente, se dice que mi nivel de poder es equiparable al de los licántropos y los vampiros.
-¿Cómo sabes eso?
-Porque he luchado contra muchos yokais. Lo que tú quieres, son los secretos de mi creación. Lo que tú quieres con eso, es un ejército. Lo que tú quieres, es un arma. Y al igual que los cazadores en la oscuridad hicieron en su momento, pretendes utilizarme. Y además, ¿sabes que he aprendido en mi corto periodo de vida, y que los miembros de ambas especies parecéis ser incapaces de comprender?
La criatura colocó su rostro frente al de el rey enmascarado, inclinando la cabeza dada la diferencia de estatura.
-Sois iguales que los humanos.
El rey enmascarado solo alcanzó a ver un puño frente a su rostro. La nieve se alzó como en una ventisca, cubriendo todo a su alrededor durante unos segundos. La criatura permanecía de pie en el mismo sitio, mirando a las ramas de un árbol.
-Eres bueno. Solo te he rozado.
Sobre una de las ramas, se hallaba el rey enmascarado, con una grieta recorriendo dicha máscara de porcelana, y un reguero de sangre bajando de su frente.
-Tú también. Solo me has rozado, pero me ha dolido, y mucho. Bueno, la verdad es que no importa. Esperaba que lográramos conseguirte vivo.
En un pestañeo, el rey enmascarado desapareció de la rama, y la criatura solo alcanzó a verle de reojo junto a él.
-Pero tu cadáver podrá decirnos todo lo que necesitemos.
La criatura notó como su esternón se rompía, al mismo tiempo que toda una fila de árboles comenzaba a caer como fichas de dominó, partidos en dos. El rey enmascarado permanecía con la mano extendida en la dirección de la caída de los árboles. Luego encogió la mano y comenzó a frotársela.
-Vaya. Es cierto lo que decían. Creo que hubiera podido romperme la mano de no ser que le golpeé con la palma.
El rey enmascarado solo observó la arboleda derruida.
-Hay alguien más aquí.
En el hostal de Marin, los cuatro chicos se encontraban en el restaurante, sentados en una mesa como si no pasara nada. En la habitación de al lado, las chicas decidían que hacer tras lo que Marin les había dicho.
-Ellos saben donde está Tsukune, así que será mejor que nos lo digan. O si no...-dijo Kurumu dispuesta a salir por ellos.
-Espera. Si saben que estamos aquí y han entrado de esta forma, es que quieren algo de nosotras.-le dijo Mizore parándola.
-¡No me importa! Lo único que me importa es que si le han hecho algo a Tsukune.-dijo sacando sus uñas.
-Si son nuestros enemigos, y vienen a hablar con nosotros, probablemente vengan a negociar.-dijo Fong Fong.-Casi siempre era así en los asuntos entre las familias Miu y Wong.
-¿Y que podrían querer pedirnos? No hay nada que poseamos que pueda tener valor.-dijo Ruby.
-¿Qué tal el otro de los dos shinsos que acabaron con Alucard?-dijo Moka mientras observaba al grupo en la mesa desde lejos.
Las demás quedaron mirando hacía ella por esta respuesta.
-Es lo único que puede llegar a ocurrirseme.
-Si estos creen que pueden chantajear a mi hermana, están muy equivocados.-decía Kokoa.-Les obligaremos a hablar, y... ¿Eh? ¿Hermana?
Todas vieron como Moka simplemente se acercó a su mesa, y se dirigió a ellos.
-¿Qué está haciendo?-dijo Kurumu mientras observaban desde el marco de la puerta.
Mientras en la mesa.
-Eh, este sitio no está mal. Sin alguna vez tenemos algún verano libre, tenemos que pasarlo aquí.-dijo Gabriel.
-Nunca cambias.-dijo la de pelo gris aburrida.
Luego alzó la vista a un lado, y vio a quien se acercaba.
-Dejadme esto a mí.-dijo Gabriel.-Eh, si no me equivoco, tú eres Moka Akashiya.
-¿Qué apostáis a que le hace atravesar la pared?-dijo la de pelo gris a sus amigos.
-Sí, soy yo. ¿Qué es lo que buscáis?
-Veníamos a hablar con el club de periodismo de la academia yokai.-dijo mirando hacía el marco de la puerta donde estaban las demás.
Fong Fong y las chicas entraron con Moka en el lugar.
-Nos hemos enterado de lo que ha ocurrido con los cazadores en la oscuridad, y venimos a ayudar.-dijo poniéndose de pie.
-¿Ayudarnos? Entonces decidnos que le habéis hecho a Tsukune.-dijo Kurumu encarándole.
-Podréis verle pronto. Por ahora aún se está recuperando.
-¿Recuperándose de que?-preguntó ahora Ruby.
-Bueno, que te electrocuten, te crucifiquen, y te drenen la sangre, tiene sus efectos secundarios.-dijo bromeando.
Kurumu no aguantó más y fue por él. Puso sus uñas sobre el cuello de Gabriel, mientras que este con una mano hizo un gesto a sus compañeros para que no se movieran. Los cuales no parecían tener intención de hacer, ya que no se inmutaron por la situación.
-¡¿Qué le habéis hecho a Tsukune?!-decía ella preocupada por el chico al que amaba.
-Vale. Primero, no fuimos nosotros quienes le hicieron todo eso. Segundo, probablemente le hayamos salvado la vida. Tercero, tú que intentas apuñalarme, y yo intento dispararte.
Kurumu notó entonces como algo frío presionaba su barbilla. Se apartó poco a poco cuando notó la pistola con la que le estaba apuntando. Las demás no sabían que hacer en esta situación. Excepto Kokoa, que actuando impulsivamente solo empeoró el momento.
-¡Si creéis que podéis con nosotras, estáis muy equivocados!
Hizo que Ko-chan se convirtiera en una espada, y se lanzó a por el rubio. Pero siendo incapaz de darse cuenta de como ocurrió, el filo de la hoja de su espada fue detenido por un cuchillo, que sujetaba la chica de melena gris. Tenía un cuchillo en la mano derecha chocando con su espada, y otro en la mano izquierda, sobre el cuello de Kokoa.
En circunstancias normales no hubieran conseguido cogerla desprevenida de esta forma, pero estos cuatro carecían de youki, por lo que eran simples humanos. Y unos simples humanos no podían representar un problema, ¿verdad? Eso acababa de quedar en duda.
-Eva, ¿qué demonios haces? Lo tenía bajo control.-dijo Gabriel.
-Sí, ya veo que tan bajo controlo lo tienes, que intentan decapitarte.-dijo ella burlándose de él.
-Agh. Mirad, cuando os he dicho que no vamos a pelear...-Gabriel se apartó de Kurumu, y guardó la pistola.-...es que no vamos a pelear.
Eva se separó de Kokoa mientras guardaba los cuchillos, y Ko-chan volvía a su forma original.
-Venimos a ayudaros. Estamos de vuestro lado.
Moka se acercó a él.
-¿Cómo sabíais donde nos escondíamos?
-Teníamos el móvil de vuestro amigo. También vuestros números. No tenéis idea de lo fáciles que habéis sido de rastrear. Deberíais haberlos apagado al menos.
-Si queréis que confiemos en vosotros, decidnos donde se encuentra.
-No podemos traerlo aquí, pero sí podemos llevaros si queréis, y de paso explicaros de que va todo esto. Pero es algo lejos, y no tenemos sitio para todos.-dijo mirando a las demás tras ella.
-Entonces iré yo sola.-dijo con seguridad.
-Ah, hermana. ¿No irás a ir con ellos, verdad? ¿Y si es una trampa?-le dijo Kokoa.
-Si se trata de una trampa lo resolveré en su momento.-le contestó su hermana.
-¡Espera! ¿Cómo sabes si puedes confiar en ellos?-dijo Kurumu.
-No puedo saberlo.
-Si alguna más quiere venir, tenemos sitio para dos más en la furgoneta.-dijo Edward aún sentado.
Las chicas y Fong Fong se echaron a un lado mientras Moka y aquellos extraños esperaban.
-No podemos dejar a Moka sola con ellos, pero tampoco podemos ignorarlos si dicen que sabe algo de Tsukune.-dijo Ruby.
-Entonces supongo que alguien tendrá que acompañarla.-dijo Mizore.
-Además, si Tsukune está con ellos probablemente necesite nuestra ayuda.-dijo Kurumu decidida.-Iré yo.
Cuando intentó acercarse a ellos. Mizore la agarró del brazo.
-¿Eh? ¿Qué haces?
-Dijeron que tenían sitio para dos más aparte de Moka. No pienso dejarlas a solas a ustedes con Tsukune.-le contestó la mujer de las nieves.
Kurumu solo sonrió por esto.
-Vamos a ir también nosotras. Para asegurarnos de que todo va bien.-dijo Kurumu.
-Por mi bien. La compañía femenina siempre es bienvenida.-dijo Gabriel.
-Por Dios, decidme que no va a ser uno de sus viajes en los que va a pasarse todo el rato intentando ligar con ellas.-dijo Eva.
-Sabes bien que va a ser así.-le dijo la rubia.
En la academia yokai, Kowarenai se encontraba parada frente a la entrada de la mansión del director. Un grupo de camiones comenzó a aparcar enfrente, y un gigante con pasamontañas y el brazo escayolado fue hasta ella.
-Comandante Ravage.-dijo ella.
-Comandante Kowarenai.-dijo él.
Un silencio incómodo se hizo presente durante varios segundos.
-Buen trabajo en la base temporal de Fairy Tale.-dijo la pelirroja sonriendo.-Una pena que huyeran dos de sus líderes, pero bueno, ya habrá otra oportunidad.
-Dime, ¿y tú has conseguido coger a alguno de los niños que se te escaparon?-dijo sin mutar su expresión.
Ella solo soltó una carcajada.
-Vosotros dos, decidle donde está su habitación.-dijo Kowarenai a sus oficiales.
-Me temo que no. El líder de la división en Japón ahora soy yo. Tus aposentos ahora serán los míos.
-¿Qué?-le contestó ella algo sorprendida.
-Ya me has oído. Cuando hayas acabado de mover tus cosas vendré. Ahora voy a vigilar el traslado de mis prisioneros.
Ravage se largó sin siquiera voltearse a mirarla. Ella miró como se marchaba con cara de incredulidad. Luego dejó salir una sonrisa, y se dirigió al despacho del director, que ahora ella usaba como el suyo. Cerró la puerta de golpe tras de sí, y cambió la expresión en su rostro por una de enfado.
-¡A él ni siquiera le importan sus dependencias! Dormiría perfectamente en una caja de cartón sin quejarse. Solo quiere fastidiarme.
-¿A quien le hablas?-le preguntó Lilith sentada sobre el escritorio.
-A mi misma.-dijo sentándose y frotándose los ojos.
-Necesitarías hablar con alguien de tus problemas. Eso ayuda.-le dijo el hada.
Kowarenai solo suspiró y se quedó mirando al techo.
-Pues igual tienes razón.
Kowarenai sacó del cajón su móvil, mientras Lilith la miraba raro.
-No era eso a lo que me refería.
-Si crees que voy a compartir mis problemas contigo, no te hagas vanas esperanzas.-dijo ella sonriendo.
Donde antes se sentaba la sacerdotisa de las nieves, ahora se encontraba Wilson. Se acomodaba en el trono mientras uno de sus hombres se paraba frente a él.
-¿Se encuentra cómoda la sacerdotisa en sus aposentos?
-Obviamente esta aún molesta con la situación, señor. Pero nadie en esta villa ha intentado rebelarse contra nuestra autoridad.
-Bien. Ya puedes marcharte.
-Ehm, señor. Con el debido respeto, hay una pregunta que necesito hacerle.
Wilson alzó una ceja.
-Pues pregunta, entonces.
El hombre suspiró.
-Señor, ¿qué estamos haciendo aquí exactamente?
-Mantener bajo control a las mujeres de las nieves. ¿No recuerdas el informe de misión?
-Sí, eso lo sé, pero... ¿Cuál es nuestro objetivo final?
Eso llamó su atención.
-El comandante Ravage destruyó una de las bases de Fairy Tale y acabó con sus miembros. La comandante Kowarenai se hizo con el control de un centro de educación yokai y obligó a huir a todos. Pero nosotros, señor, ¿qué vamos a hacer con las mujeres de las nieves?
Wilson se quedó pensando en ello unos segundos.
-Eso lo comunicaré cuando el líder supremo se ponga en contacto conmigo. ¿Algo más?
-Ahm... No señor, eso era todo.
El soldado salió de la sala inconforme con su respuesta. Wilson lo sabía. También sabía cual iba a ser el destino final de esa villa, y aunque fue allí con decisión, al llegar comenzó a plantearse sus métodos. El tono de llamada de su móvil lo sacó de sus pensamientos. Miró la pantalla un momento para ver el nombre, y después respondió.
-Hola, Kowarenai.
-Hola Wilson. ¿Qué tal todo por ahí?
Este miró a los lados un momento para asegurarse de que él era el único en esa habitación.
-Ishi, me he enterado de las órdenes del líder supremo. No me has llamado solo para charlar.
-¡Mierda, Marcus, siempre igual!
-¿Qué te ocurre?
Wilson escuchó un profundo suspiro.
-¿Alguna vez te has cuestionado las decisiones del líder supremo?
-Si me hubieran arrebatado mi puesto, también lo haría.
-No, no me refiero a eso... Aunque también.
-¿Entonces que?
-¿No te has preguntado porque te enviaron a capturar a ese chico antes justo de comenzar el ataque?
-Quieren algo de él. Soy un soldado, no hago preguntas.
-Ya, pero la cuestión es que ya íbamos a cogerle junto a sus compañeros en el ataque a la academia. ¿Porque arriesgar nuestro calendario mandándote a capturarle?
-Si toman una decisión así es porque Aono posee un gran valor estratégico.
-¿Tan grande como para movilizar a todo tu batallón?
Wilson no respondió.
-Y eso no es lo peor. ¿Qué hay de exponer a la organización al ojo público?
-Los yokais también se expusieron. Era lógico hacer lo mismo para jugar al mismo nivel.
-Y una mierda, Marcus. Jugaríamos con ventaja en las sombras, y ambos lo sabemos. Deja de justificar sus acciones.
Ambos quedaron en silencio unos segundos.
-No sabemos a donde demonios se dirige esta operación ahora, y somo líderes de división. Se nos debería informar de inmediato.
-¿Crees que el líder supremo nos está ocultando algo?
-¡Nos lo está ocultando todo!
-¿Y que pretendes que hagamos?
-Por ahora solo podemos esperar. Pero te he llamado para que estés alerta. Quiero saber que demonios pasa aquí. Te llamaré pronto.
-Ishi, no empieces de nuevo con...
Colgó antes de escuchar su respuesta. Wilson conocía bien el carácter de su compañera, pero algo de razón no le faltaba.
-"Esta operación ha seguido un curso altamente irregular."-pensaba.-"Las acciones a esta escala se preparan con años de antelación, y esto se ha lanzado adelante en tan solo diez meses. Está claro que esto es algo más grande que nos lo cuentan, pero no sabemos cuanto."
Wilson solo esperó sentado mientras se preparaba para meditar.
Una furgoneta negra se movía por un bosque. En el asiento del piloto y el copiloto estaban Gabriel y el moreno, y detrás estaban Eva y la rubia, junto a las chicas. En la parte de atrás de la furgoneta había dos bancos, en uno se sentaron Moka, Kurumu y Mizore, y en el otro las otras dos, frente a frente.
-Bueno. Llevamos 10 minutos en coche y ni una palabra. ¿No odiáis los silencios incómodos?-dijo Gabriel.
El chico a su lado miró para atrás un momento, y después negó con la cabeza. Gabriel solo suspiró.
-En fin, creo que no nos hemos presentado adecuadamente. Mi nombre es Gabriel Van Helsing.
-Van Helsing.-dijo Moka recordando lo que dijo Ruby.-¿Los cazadores de monstruos?
-Esos mismos. Pero tranquilas, no pienso cazaros a vosotras... Por ahora.-dijo con tono sugerente.
-Por el amor de Dios, alguien tiene que decirle que esos chistes suyos no le gustan a nadie.-dijo Eva.
-¡Eres tú la que no le gusta a nadie! La antipática de ahí atrás es Eva Kane, de... Bueno, ¿os suena de algo la leyenda de la maldición de Solomon Kane?
-No mucho.-dijo Mizore.
-Bueno, pues ahí tienes a otro linaje de cazadores de monstruos. El de mi derecha es Edward Hyde. Porque ahora eres Edward, ¿no?
-Sí, soy Edward. Henry está durmiendo.
-¿Quién es Henry?-preguntó Kurumu.
-Sería difícil de explicar. Pero creo que estáis familiarizadas con algo similar.-dijo mirando por el espejo a Moka.
Las chicas no entendieron que quería decir con eso.
-Y la otra que se sienta con vosotras es... Oh, ya empieza de nuevo.
Las chicas miraron al frente para ver que allí solo se encontraba Eva.
-¿Eh? ¿Dónde ha...?-dijo Kurumu mirando a los lados.
Moka solo observaba el mismo punto fijamente.
-En ningún momento se ha movido.
-Vaya, eso si que no me lo esperaba.-se escuchó la voz de la rubia.
Volvió a aparecer en el mismo sitio.
-¿Cómo haces eso? Solo eres humana. Y no detecto ningún youki saliendo de ti.-dijo Moka.
-Al igual que estos tres, mi familia tiene una historia muy peculiar. Soy Helena Griffin, un placer conoceros.-dijo haciendo un gesto con la mano.
-¿Cómo has hecho eso?-dijo Mizore.
-La mayoría de nuestro grupo somos humanos. Pero eso no quiere decir que algunos seamos totalmente normales.-dijo Edward.
-Lleváis diciéndonos cosas así todo el rato, y ni siquiera nos habéis dicho a donde vamos.-les dijo Moka.
-Es por simple seguridad. Además, ya hemos llegado.-dijo Edward.
La furgoneta aparcó, y los chicos bajaron para abrirles por detrás a ellas. Al bajar vieron una mansión rodeada por un bosque espeso. Junto a la entrada, había una moto aparcada, y una chica apoyada junto a ella. Mizore la reconoció como la que las atacó cuando estaban buscando a Tsukune.
-Alex, ¿dónde están los demás?-le preguntó Eva.
-Están dentro, con el abuelo. Hemos tenido un invitado inesperado.-luego miró a Mizore.-Tú. Me rayaste la carrocería.
-Porque intentaste estrangular a mi amiga.-dijo mientras picas de hielo salían de sus mangas.
-¿Intentar estrangular?-le preguntó Helena.
-Jason me dijo que las distrajera para que no estropearan el plan, y eso es lo que hice.-dijo ella convencida.
-En serio, tenemos que llevarla a clases de comportamiento social pero ya.-le dijo Edward a Gabriel.
-¿Porqué debía entretenernos?-preguntó Kurumu claramente desconfiada.
-Para que un amigo nuestro pudiera colarse entre las filas de los cazadores, y robar información.-le dijo Gabriel.
-Ahora mismo lo único que me importa es saber donde está Tsukune.-dijo Kurumu con una expresión de niña enfadada.
-Je, que forma más patética de comportarse por un hombre.-dijo Eva con una sonrisa.-Con todo lo que ha pasado, lo único que habéis hecho es pensar en él.
-¿Eso piensas?-le dijo Helena mientras Kurumu miraba enfadada.
-Sí, sabes bien que sí.
-Ya veo. Bueno, por cierto, Víctor llegó el otro día, y probablemente este ahora dentro.-dijo ella mirándose las uñas.
-Ah, Victor. Bien.
Cerró los ojos un momento mientras permanecía de brazos cruzados, y luego los abrió de golpe.
-¡¿Qué?! ¡¿Y me lo dices ahora andando yo con estas pintas?!-gritó de golpe con una cara parecida a la que puso Kurumu antes.
Luego se dio cuenta, y recuperó la compostura, haciendo como que no acaba de pasar nada.
-Je je je, típico de las tías.-le dijo Gabriel a Edward en voz baja, pero Alex les escuchó.
-Ah, por cierto. Hace un momento acabo de ver a Jason y Eli solos en en el salón.-dijo ella.
Ambos quedaron mirando un momento hacía ella. Después salieron corriendo y entraron de golpe en la casa. Moka, Kurumu y Mizore veían la escena con vergüenza ajena.
-Con lo peligrosa que parecía esta gente...-decía Mizore.
-... y la sensación de déjà vu que dejan.-terminó Kurumu.
Alex y Helena solo chocaron los cinco, y después se dirigieron a ellas.
-Por cierto, chica de las nieves. Si quieres saber porque Alex hizo aquello, digamos que tiene ciertos problemas para socializar.-dijo Helena.
-¿Qué hice mal esta vez?-preguntó ella extrañada.
-Incluso sin dejar consecuencias físicas, las acciones que por lo generalmente suelen hacerlo se toman bastante mal.-le contestó Eva.
-Oh... entonces lo siento.-se dirigió a ellas.
Las chicas seguían sin saber muy bien que debían pensar de esa gente. Pero eso no les sacaba de la cabeza su preocupación principal.
-A todo esto, ¿quién es ese invitado?-le preguntó Eva a Alex.
-No lo sé. No pregunté su nombre. Pero ya deberían salir ahora.
La puerta de la mansión volvió a abrirse, y salieron dos hombres caminando. Un anciano de pelo blanco, y otro hombre de melena y barba.
-¿Padre?-dijo Moka al verle.
-Moka. Me alegra ver que tú y tus amigas salisteis a salvo.
-¿Qué haces aquí?
-Agradecer al hombre que me dio el aviso del ataque.-dijo mirando hacia el anciano.
-Ah, veo que mis chicos ya os han ido a buscar.-dijo Abraham.
-Los demás se encuentran en un hostal. Solo vinieron ellas tres.-dijo Eva.
-Bien, bien.-luego desvió su vista hacia Moka.-Se nota que eres la hija de Akasha. Transmites la misma sensación que ella.
-Padre, sigo sin comprenderlo.-dijo Moka.
-No te preocupes. Esta gente son aliados. Vine aquí para empezar a organizar nuestro contraataque.-miró a Abraham.-Volveré al palacio, y comenzaré a organizar a la familia. Te dejo a mi hija y a sus amigas a vuestro cargo.
-No te preocupes, sabremos tratarlas.
Issa comenzó a alejarse entre los árboles. Moka pensó un momento en seguirle, pero Abraham interrumpió sus pensamientos.
-Os notó nerviosas.-dijo con una sonrisa.
-¿Porqué íbamos a estarlo?-le contestó Mizore.
-Porque estáis preocupadas por vuestro amigo. Issa me ha contado lo de vuestra peculiar situación con él, y estoy familiarizado con ella.
Moka, Kurumu y Mizore no sabían que contestarle. La forma en que dijo aquello les pareció un poco siniestra.
-¿"Peculiar situación"?-preguntó Alex, quien aún se encontraba allí con Eva y Helena.
-Imaginaos que ellas fueran nuestros chicos, y que el tal Tsukune fuera Elizabeth.-les contestó.
-Ah, vale. Mucho más claro.-dijo Helena.
-Supongo que ahora querréis ir a verle.-volvío a dirigirse el anciano a ellas.
-¿Dónde tienen a Tsukune?-dijo Kurumu dejando salir un poco sus uñas.
-Ahora mismo, no lo sé.
Eso hizo dudar a las chicas.
-La última vez que le vi, estaba en el cuarto que preparamos para él. Pero ahora no sé en que parte de la casa estará. Es una mansión muy grande. Por favor, pasad y buscadlo si queréis.
Eva, Helena y Alex entraron delante de Abraham, quien se quedó parado en la entrada a la espera de que las chicas entraran. Kurumu y Mizore dudaron un poco, pero cuando Moka se adelantó sin dudarlo mucho, ellas la siguieron.
El interior se encontraba bastante vacío de decoraciones. Todo estaba lleno de cajas a medio desembalar. Tenía paredes de papel y puertas correderas de estilo japones, pero los pocos muebles que había eran de decoración europea.
-Lamento el desorden. Hemos estado muy ocupados desde que llegamos, y apenas nos ha dado tiempo a organizar. Podéis entrar a esa sala. Hay un par de sillones si queréis sentaros. Iré a buscar a Tsukune mientras esperáis.
Abrieron la puerta corredera y Abraham cerró tras ellas. Luego vieron los sofás, y que había otra puerta que daba a un jardín interior. Se sentaron mientras miraban que no hubiera nadie allí.
-¿Qué pensáis?-dijo Mizore.-El padre de Moka confía en ellos, y han dicho que quieren ayudarnos.
-Yo no tengo tan claro que debamos confiar en ellos.-dijo Kurumu.-Son muy extraños. No sé el que, pero hay algo que me dice que no debemos fiarnos de ellos. ¿Y tú, Moka?
No estaba prestando atención. Miraba desde su asiento al jardín, dado que la puerta corredera estaba entre abierta. Allí pudo ver a un sujeto apoyado en una columna con los brazos cruzados, con una cicatriz diagonal cruzando su cara. Este le devolvía la mirada de la misma forma, con sus ojos verde y amarillo.
-¿Moka?-repitió Kurumu.
-La persona en el jardín.-dijo ella volviendo la vista hacía ellas.-Hay alguien en el jardín que me recuerda mucho al hombre de mis recuerdos.
Kurumu y Mizore miraron también, pero ya se había ido del sitio.
-¿Está el también aquí?-dijo Kurumu poniéndose de pie algo preocupada.
-No. Era otra persona. Pero me transmitía la misma sensación al mirarle que aquel hombre. Este era mucho más joven, de nuestra edad. Y su rostro no era como el de aquel. Tenía una gran cicatriz, pero no estaba desfigurado.-contestó ella.
-¿Entonces quien era?-preguntó Mizore.
-Se llama Victor.
La voz de Abraham las sacó de su conversación. Volvieron la vista hacía la entrada, donde vieron al viejo. Pero se quedaron mirando otra cosa. Al chico de ojos de vampiro parado a su lado.
-Tsukune...-susurró Moka al verlo.
-Moka...-hizo este lo mismo.
Se quedaron observandose mutuamente unos pocos segundos, pero pareció mucho más tiempo. Antes de que ninguno de los dos pudiera acercarse al otro, Kurumu saltó sobre él, abrazando su cabeza contra sus pechos como suele hacer siempre, mientras lloraba.
-¡Tsukuneeee...!-gritaba mientras caían al suelo.-¡Te hemos echado tanto de menos!
-Ah, Kurumu.-dijo apenas pudiendo respirar.
Una cuchilla de hielo se clavó en la cabeza de la súcubo.
-Tú, mujer. Ya nada más encontrarlo vuelves a asfixiarlo con tus pechos.-dijo Mizore.
Mientras ambas comenzaban a discutir, Abraham observaba todo extrañado.
-Siento la escena.-le dijo Tsukune frotándose la nuca mientras se ponía de pie.
-No hace falta que te disculpes. Me avergüenza decir, que mis chicos y yo somos bastante familiares con estas situaciones.-dijo el anciano.
Y ya está. Os agradecería que me dejarais alguna review (incluso si lo único que se os ocurre es una tontería de dos palabras) para motivarme a seguir.
Ahora el siguiente acertijo/pregunta:
"Sangre chupamos, en lobos nos convertimos, como hadas brillamos, y vacíos de interpretación estamos. ¿Qué somos?"
